AÑO XXVI (2.a EPOCA) NUM. 1260
AÑO XXVI (2.a EPOCA) NUM. 1260

SABADO 20 DE MAXO DE 1911

SEMANARIO INDEPENDIENTE

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9 FUNDADOR Y DIRECTOR: D. Juan Marqués Arbona. REDACTOR-JEFE: D. Damián Mayol Alcover. IV' REDACCIÓN y ADMINISTRACIÓN: calle de San Bartolomé n.° 17.-SÓL.LER (Baleares) *

Editorial
DESPUÉS DE LOS INFORMES
II
No ha recaído todavía, que sepamos,
acuerdo alguno de la Corporación muni¬ cipal sobre el segundo informe con qué
ha sido ésta ilustrada acerca de la mayor
ó menor conveniencia de prolongar la calle del Príncipe; pero es muy probable que no tarde en recaer, y que, por la ra¬ zón que el sábado último manifestamos, sea el temido «no ha lugar» la resolución definitiva que obtenga la demanda que porfiadamente venimos haciendo porque tenemos la seguridad de que encarna los anhelos de la pública opinión. No hemos desesperado aún del todo, sin embargo, por más que nos hagamos eco de las des¬ confianzas del público, de ver aquella atendida: dice un refrán que «mientras haya vida hay esperanza», y con espe¬ ranza, aunque débil, exponemos uua vez más hoy nuestro modo de pensar.
Emitió, como dijimos, este informe el señor Arquitecto de la provincia en cum¬ plimiento de lo que la Comisión provin¬ cial le ordenó, á petición también del Ayuntamiento de esta ciudad, y es, con¬ forme los mismos lectores de este perió¬ dico han podido apreciar, mucho más concreto que el de la Comisión de Obras, que examinamos yá; tiene una argumen¬ tación técnica muy superior, como era natural que tuviese; y se apoya sobre una base más sólida, á pesar de que, hablan¬
do con sinceridad, solo á uno de los tres, «bloques» que la forman, al primero, concedemos realmente algún valor.
Porque también nosotros, como el se¬ ñor Arquitecto, opinamos que es una lástima que los pocos edificios de anti¬ gua y típica construcción que en Sóller existen—entre los cuales debe figurar en primera línea Ga-n Mayol—no puedan
conservarse. Y lo lamentamos tanto más
cuanto vemos que las construcciones cur¬ sis de un gusto que no sabemos si llamar moderno porque se presta mucho á dis¬ cusión, han aumentado considerablemen¬ te en este último cuarto de siglo, invir¬
tiendo én ellas enormes sumas á diario
nuestros acaudalados paisanos un poco por emulación y un mucho por vanidad, sin que á ninguno de ellos, al intentar levantar para su uso esos soberbios pa¬ lacios «relucientes» que miran emboba-" dos los turistas, le haya dado por resuci¬ tar aquel arte sóbrio y elegante que cultivaron nuestros mayores, del que aquellas vastas y esbeltas mansiones se¬ ñoriales son un raro ejemplar, ni por restaurar siquiera convenientemente á ninguna de ellas, siguiendo el ejemplo de nuestro malogrado amigo D. Nicolás Magraner, que tan bien supo reparar, mejorándola, á la antigua Posada d' Es
Port.
Claro es, pues, que siendo ésta que acabamos de expresar nuestra opinión, habríamos de ver con buenos ojos no so¬ lo que se tratara de impedir, por todos los medios, que pudieran desaparecer de entre nosotros por completo esos monu¬ mentales edificios, modelos preciosos de la característica arquitectura mallorquí¬
na, que en tan reducido número posee¬

mos, sino que se protegieran además con el fin de que no pudiera entrar en ellos la cursilería de moda para profanarlos, como se ha hecho yá y hemos presencia¬ do con pena cuantos, amantes de la his¬ toria y del arte, ante esas venerandas re¬ liquias del pasado y por todo lo que sean glorias pátrias, nos solemos entusiasmar, Pero... sí, hay un «pero» que, aunque nos cueste hacer un gran esfuerzo, no podemos dejar de continuar, porque así entendemos cumplir en los momentos ac¬ tuales nuestro deber: el caso que se ha
presentado ahora es de índole tan espe¬ cial, que, á pesar de la manifestada opi¬ nión, de todas nuestras aficiones y de todos nuestros deseos, después de sérias
meditaciones nos sentimos inclinados aún
á proponer que se aplique esta vez aque¬
llo de «entre dos males el menor». Y el
menor conceptuamos es el sacrificar uno
de los edificios que, aunque escasos, po¬
seemos todavía en plural, antes que con¬ denar con un cierre defiuitivo y perdura¬ ble una calle, la más céntrica y destinada á ser muy en breve la principal arteria de la ciudad, que, por su situación y es¬ peciales condiciones, en Sóller existe tan solo en singular.
Porque no debe verse tan solo en la
prolongación de la calle del Príncipe el mejor ornato local de hoy y nuestro más hermoso paseo de mañana; nó: hay que tener en cuenta además que esta prolon¬
gación dá lugar—ó es su base mejor di¬ cho—á la saludable expansión urbana de la población por el lado en que ésta más la necesita, por la parte en que se halla más oprimido el caserío, por donde más se acentúa la irregularidad del perímetro ó en que tiene el casco un radio más li¬ mitado cuya dilatación considérase, más que necesaria, indispensable. Por esto es que no se ha de confundir la prolotilongación de la calle del Príncipe con la apertura de una nueva calle sobre el to¬ rrente Mayor, muy costosa también, muy expuesta á resultar un fracaso más que un éxito, de una estética muy dudosa, y
casi sin otra finalidad admisible que la de unir al centro, ó de acortar la distan¬
cia que del centro las separa, á las ba¬ rriadas del Fossarél y de la Torrentera.
Nó, de ninguna manera: la mejora única, la verdadera mejora, es la de pro¬ longar la calle del Príncipe, y no puede esto hacerse más que sacrificando una parte de la casa y corral de Ga-'n Mayol, pues que sin la línea recta no podría ha¬ ber realmente tal prolongación; lo demás, el otro proyecto, que no comprendemos el por qué ha querido mezclarlo con aquel el Ayuntamiento, son muchísimos los vecinos que lo consideran, como no¬ sotros, defectuosísimo, absurdo más bien. De todos modos, aún cuando ninguna de estas dos cosas se quiera que sea, su rea¬ lización no urge, su perentoriedad es nu¬ la, y hasta la necesidad de llevarlo á la práctica es tan secundaria, que bien pue¬ de incluirlo la Corporación municipal en aquella lista que conserva en cartera y
sacarlo á discusión... cuando San «Juan
baje el dedo, con lo que no creemos que sean muchas las prótestas que del vecin¬ dario por la demora haya de recibir.
Los otros dos razonamientos que, des¬
pués del que hemos examinado conside¬ rándolo de más fuerza, como al principio

dijimos, expone el señor Arquitecto pro¬ vincial, consisten: en expresar que el im¬ porte de la expropiación de la finca se
habrá aumentado á estas horas cou el
valor de los trabajos y estudios que pa¬ ra su utilización lleva hechos la Compa¬ ñía del Ferrocarril; y que resulta un gran desnivel entre la calle del Prín¬ cipe y el camino del Fossaret, que solo puede salvarse con una longitud de unos
ciento setenta metros.
El primero, como se vé, es cuestión de pesetas y céntimos solamente, y nada po¬
demos decir acerca del mismo toda vez
que nosotros, como el público, continua¬ mos completamente á obscuras. No co¬ nociendo cantidad ni dato alguno «posi¬ tivo», pues que nada se ha precisado has¬ ta el presente por ninguno de los que
han informado, el total valor de la expro¬ piación nos es desconocido también, y no
nos es posible por consiguiente hacer
acerca de la conveniencia «material» de
la mejora ningún cálculo. En nuestro concepto, debiera haberse empezado por
salir de uua vez de ese rutinarismo que
todo lo malogra, haciendo público con toda claridad el importe á desembolsar por el Ayuntamiento por la parte de fin¬ ca que expropiara, y luego la extensión del terreno propiedad del Municipio, dis¬ ponible para la venta de solares si, ade¬ más de la faja á calle destinada, queda¬ ba alguno. Cou ésto, hubiéramos podido todos hacer números y formarnos una idea, si no exacta, aproximada de la mag nitud del proyecto; sin ésto, este argu¬ mento del señor Arquitecto, como aquel
otro de la Comisión de Obras «del mu¬
cho coste» ó «de la falta de medios del
Municipio», carecen en absoluto de va¬
lor.
En cuanto á la diferencia de nivel, que podemos apreciar poco más ó menos por la pendiente que lleva la calle de Real, vemos que por más que el proyec¬ to haya de quedar con un pequeño lu¬ nar, en el que muchos de sus partidarios quizás á primera vista no repararon, és¬ te no presenta inconveniente formal que haga á aquel imposible ni que lo dificul¬ te mucho siquiera; y tal vez, estudiado con más detención, podría encontrarse el
medio de disminuir dicho desnivel modi¬
ficando la rasante del camino del Fossa¬
ret á partir del extremo superior de la calle de Real, con lo que quedaría tam¬ bién suavizada la áspera pendiente que
existe frente á Ga-n Siré. De todos mo¬
dos, aun con este desnivel, la tan suspi¬ rada mejora se podría realizar.
* **
Y reasumiendo cuanto llevamos apun¬
tado, digamos para terminar: que de ninguno de los informes con que el Ayuntamiento se ha ilustrado para deci-' dir si ha de procederse ó nó a la prolon¬ gación de la calle del Príncipe, se des¬ prende dificultad alguna de carácter téc¬ nico que sea bastante para obligarle a desistir... si es que realizarla había ja¬ más intentado. Queda reducido todo, por consiguiente, á la parte económica, y és¬ ta no es posible pueda resolverse con
acierto sin tener á la vista los datos que
ya hemos dicho que faltan, que nadie ha adquirido—que sepamos—, y que tam¬ bién para desistir ó insistir precisaría
conocer.

Del otro proyecto, del de la nueva ca¬ lle que arranque de un puente muy an¬ cho, de unos sesenta (metros lo menos, sobre el torrente Mayor, por más que en este segundo informe esté comprendido, de él no queremos hablar, ó ya más no queremos decir de lo que llevamos dicho; solo de la prolongación en línea recta de la calle del Príncipe nos hemos propues¬ to tratar, y ésta, si es posible, es lo único que pedimos, creyendo bien interpretar con ello la voluntad de la mayoría de los
habitantes de esta ciudad. Si no es po¬
sible, que se diga, y que se haga saber al público de un modo concreto el por qué no lo es, que una vez convencidos de la imposibilidad ya no hemos de vol¬ ver á porfiar, ni nadie ha de volver á acordarse después de la desilusión final de lo que á tantos ahora preocupa por¬ qué temen que luego, arrepentidos de la actual negligencia los administradores de los comunales intereses de Sóller, in¬
tenten como otras veces «la cura» cuan¬
do sea irremediable el mal.
Pero cuando la imposibilidad se prue¬ be, que no se substituya, por Dios, un proyecto por otro, que poco tienen de común: es preferible, á nuestro modo de ver, no reformar nada absolutamente á hacer una reforma que sea, más que de¬ ficiente, á todas luces perjudicial.
SECCIÓN LITERARIA
Iifl EfipEÍ^JVIITñ
IV
La carroza que Meseguer y sus herma¬ nas prepararon para llevarse á María Te¬ resa á la batalla de flores representaba un reloj de sobremesa. La esfera monu¬
mental estaba formada con dalias blan¬
cas, las cifras con claveles de un carmín obscurísimo, las saetas con alelíes, y to¬
do el cuerpo del reloj dorado con flor de manzanilla que imitaba al bronce y al cobre pulidos. Pero lo que provocaba la admiración general era la figura ergui¬ da sobre la cúspide: con rosas de varios
tonos estaba hecha la escultura del dios
niño: volaba sobre la esfera con su car¬
ne de rosas; una venda de jazmines le cubría los ojos, para que disparase sin conciencia el arco dispuesto á lanzar la flecha envenenada de pasión; una ban¬ da azul, rodeando la cintura, sostenía el carcaj; el viento, que levantaba la
marcha de los caballos, hacía ondear su
gallarda melena de mazorca. Al balcón'estaban las dos hermanas,
y al ver llegar el carruaje batieron pal¬ mas alegremente:
—¡Lindísimo, lindísimo! Antes de bajar María Teresa á reunir¬ se con los de Meseguer, abrazó áClaudina. que se quedaba cuidando de Don Roberto: fuá un abrazo cariñoso, largo,
intenso, ese abrazo silencioso que se
cruza en el momento de la partida cuan¬
do no se sabe cómo se volverá.
Claudina les vió alejarse sonrientes, alegres, junto al misterio seductor del
horario encantado, en un instante de
oro para el amor, y la victoria de Cupi¬
do dando al aire la carne de sus rosas en
lo más alto de la pompa fantástica, arrastrada por los nevados caballos con todo el arreo guarnecido de flores.
Cuando el estallido del petardo dió la señal convenida y los carruajes entraron eñ la pista de la Alameda, las hermanas

2

SOLLER

de Meseguer entablaron el tiroteo de 4 céntimos la pieza en Rusia; en Francia . diodía, persigue con todo rigor el frau¬
ramilletes y Daniel pudo hablar libre¬ me costaban á 11 céntimos y ya me con- | de y especialmente el de los vinos exóti¬

mente con Maña Teresa. La niña iba cideraba extremadamente explotado. cos, que por su competencia, pueden in¬

casi bonita: la coquetería de la hermana Ahora me resultarán á 20 céntimos: yo fluir en la baja de los vinos del pais. El

mayor había derrochado toda su gracia me consideraré robado. Prefiero irme á comercio español de estas plazas encuen¬

en adornarla. El se lo dijo:

otra parte.»

tra cada día mayores trabas para reali¬

— Está usted monísima.

»Y tus tres compatriotas han sido de zar sus negocios.

Y ella, toda temblorosa de rubor, su mismo parecer. Creo que muchos

Los cocecheros españoles en virtud de

presintiendo la confesión anhelada, no otros extranjeros se hallan en el mismo las dificultades que se presentan al co¬

supo cómo corresponder:

caso... Porque al que consiente en sol¬ mercio de estos mercados, deben procu¬

—No sé cómo pagarle tanta bondad. dar las dolorosas inverosímiles, en los rar, teniendo presente la legislación

—Correspondiendo á lo mucho que la palacios, parécele intolerable que se le francesa, enviar á este pais vinos natu¬

quiero.

aumente arbitrariamente el precio de rales bien constituidos.

María Teresa no podía responder con sus cigarrillos. Que un botillero se per¬

Una de las principales causas que mo¬

los labios; al pensamiento subían las mita hacer pagar seis reales por un ma- tivan y han motivado disgustos al co¬

pala bras. y desde allí contestaba que ella zagrán que había vendido siempre á cin¬ mercio son los vinos aguados. El cose¬

también le quería con todo aquel cora- cuenta céntimos, y si es de sus clientes chero y almacenista español, no deben

zoncito enfermo. Pero como la respuesta el mismísimo Rockefeller en persona ignorar que hoy los procedimientos quí¬

no vibraba en los oídos, y los ojos de cambiará de café al día siguiente.»

micos pueden descubrir adiciones peque¬

Daniel estaban lejos, siguió el jóven su

Esta psicología del «parroquiano» me ñas de agua en los vinos. A los falsifica¬

confesión:

parece muy justa. Hay abusos pequeños, dores se les aplica todo el rigor de la

—Si usted me quisiera como yo la «sustracciones» minúsculas, que no pue¬ ley, es decir multas y prisión.

quiero, me ayudaría á calmar esta in¬ den soportarse. Siempre la gota de agua

El ministerio de Agricultura francés,

quietud que me consume, esta inquietud hace desbordar el vaso...

con fecha 14 de Abril último, ha remiti¬

que usted debe conocer como la conoce

*

do á los Laboratorios Químicos oficiales,

su hermana, que evita mi presencia y se esconde cuando voy.á visitarlas, sin sa¬ ber el dolor que me produce, porque yo necesito decir á Claudina que la adoro
con...
No pudo terminar: las manos de Ma¬
ría Teresa soltaron el abanico de borda¬
do encaje y acudieron al pecho; se aho¬ gaba; una palidez de cera velaba la cari¬ ta dolorida y los ojos agrandados aguar¬ daban la dulzura del alma que residía
en ellos.
Tuvieron que salir de la Alameda te¬ merosos de que el ataque empezase an¬ tes de llegar á casa de Don Roberto. lianiel y sus hermanas se sorprendían de que al cabo de tanto tiempo y en medio de tanta distracción volviese á reprodu¬
cirse el mal. Y se extrañaban con la
misma frase: «¿Que le habrá pasado?» El inmenso gentío que se apiñaba en
el paseo vió alejarse el carruaje mien tras la tarde desfallecía.. El ajetreo de la
batalla había deshecho el bellísimo arti
ficio: tronchado el arco, caídas las rosas
del cuerpo como carne arrancada á tiras, rotas las saetas que marcaban la cifra encantada del horario... y entre aquel desastre de Cupido, iba enterrado el po-
brecito amor de María Teresa.
Antes de llegar á casa de don Roberto, anochecía... Muerto el sol, quedó, una ancha franja toda roja, como si el titán de la rebeldía para escalar el cielo le hu¬ biese abierto en una cuchillada ciclópea y el horizonte mostrase la sangre de su herida crepuscular.
Julio Hoyos.
CENTELLEOS PARISIENSES
(Traducción para el $<ÍLL£R)

Meses atrás, los periódicos anuncia¬ ron, en sitio preferente, que el soldado de caballería Pichón, de guarnición, en
Lunéville, había recibido una coz de un
caballo...
Ordinariamente, cuando un soldado está herido por su patoso, la prensa no dice nada, ni siquiera en la sección de noticias cortas. Pero hé aquí: el joven dragón pasaba por ser el hijo del minis¬ tro de Negocios Extranjeros. Así es'que, desde que se tuvo noticia del accidente, un inspector general del servicio de salud
se molestaba por ir á confortar al heri¬ do. al hospital militar de Lunéville.
En Paris, innumerables notabilidades
políticas y diplomáticas se inscribieron en el ministerio de Negocios Extranjeros sin pérdida de momento. Esta afluencia extrañó al Sr. Pichón, quien hizo anun¬ ciar que no tenía ningún hijo...
Al punto, el soldado de caballería Pi¬ chón. que era considerado como un per¬ sonaje de importancia, volvió á ser me¬ nos que nada... Y el inspector general, sintiendo haberse tomado la molestia,
exclamó:
—¡Si lo hubiera sabido!... Molestarme por un Pichón que no es más que un fal¬
so Pichón!...
Pero hé aquí que el dragón herido de¬
clara:
—Dispensen, hay dos Pichón: el mi¬ nistro y el senador por Finisterre. Yo soy hijo de este último...
Se desconfía, se toman informes... No
hay duda: Pichón es realmente el hijo de un «padre-conscripto», y ¡claro! vuel¬ ve á tomar de seguida gran importancia; pero esta vez ya no es más que un sub¬ inspector general que vá á visitarle. ¡Ah! ¡Vaya si se acordarán del «caballe¬
ro» Pichón en Lunéville!

una comunicación modificando el decre
to de 5 de Septiembre de 1907; dice asi:
«En vista de la información favorable
obtenida por el Comité de Higiene Pú¬ blica, podrá tolerarse y aumentarse la
dosis de ácido sulfuroso total de los vi¬
nos hasta 4-50 miligramos. Esta modifi¬
cación no se hace estensiva á las sidras
y cervezas.»
* **
Por este puerto continúan llegando algunas partidas de vinos exóticos, aun¬ que no tan importantes como antes. La calma es la nota dominante y los precios tienden á la baja.
Luis Arizmendi.
Cette, 15 Mayo 1911.
La vida política
Ni los negocios de Marruecos, ni el pro¬ yecto de Asociaciones han podido quitar in¬ terés al asunto de los consumos; el efecto del proyecto del señor Rodrigáñez ha sido el de
una bomba lanzada en medio del hemiciclo
del Congreso. De la futura ley de Asociaciones puede ha¬
cerse el juicio consignando que á la mayoría le parece poco, á la izquierda nada y á la derecha mucho; pero hay tal conciencia de que no ha de llegar á la Gacela, que apenas se discute una cuestión que tan trascenden¬ tales problemas contiene. En cambio ve to¬ do el mundo la amenaza que sobre sus bol¬
sillos se acaba de formular con motivo de la
supresión de los consumos y el propósito de cumplirla en un breve plazo. Este proyecto ha conmovido realmente á la opinión y se discutirá con calor en los cuerpos colegisladores, porque no será posible que por el solo fin de cumplir una promesa hecha á la iz¬ quierda se desbarate la hacienda municipal, se produzca el déficit y se cargue á los con¬ tribuyentes españoles con tributos realmen¬

Todavía la cuestión del tabaco.—La
igualdad en la milicia
Uno de mis lectores me escribió hace
algún tiempo: «El penúltimo invierno, en Niza, co¬
nocí á cuatro familias rusas. Las cuatro
tenían la firme intención de pasar el ve¬
rano á orillas del mar de la Mancha. Se¬
rá bueno decir que estas cuatro familias dán un contingente total de quince per¬
sonas. No conozco exactamente su situa¬
ción de fortuna, pero sí puedo certificar que, de los cuatro padres de familia, el que más he frecuentado, y que posee 60.000 rublos (160.000 francos) de renta,

Unamos, para terminar, esta historia
de lo más democrática, como se vé. á
aquella otra de un pobre diablo de cora¬ cero—un simple hijo de paisano, éste— que murió sofito dias pasados, por no haber podido su padre llegar hasta él. en el hospital militar de San Germán...
Clemente Vautel. (De Le Mntin). oooooooooooooooooooooooooooo
LA SITUACIÓN VITI-VINICOLA
333ST F'FLATSTCXA.
Las heladas del mes de Abril, no han

te insoportables.
Seamos francos: la situación del obrero á
quien se quiere alagar con esta ley va á empeorar notablemente.
No sabemos si como consecuencia de la su¬
presión de los consumos la carne y el pan estarán más baratos; lo que si sabemos es que el obrero tendrá menos dinero para comprar sus alimentos. Si nuestros grandes economistas necesitan para abaratar la ali¬ mentación del pueblo español disminuir los rendimientos del trabajo, más vale que de¬ jen las cosas como están, porque el proyecto del señor Rodrigáñez va á ser el proyecto del hambre pública.
Al recargar los inquilinatos, al encarecer la luz y al imponer otros tributos, lo que se hará es encarecer la producción de todas las

es con toda certeza el menos rico. Pon causado en los viñedos meridionales los cosas, y como los obreros ayudan á este en¬

gamos que estos rusos fastuosos y pró digos gastan entre los cuatro 60.000 francos al mes: estamos muy por lo bajo de la cifra exacta con toda seguridad. Hé ahí. pues, que desde l.° de Julio al 15 de Septiembre 150.000 francos vinien¬

daños que se habían anunciado en un principio. Las pérdidas son poco impor¬ tantes y limitadas á algunos viñedos muy precoces, sin que puedan influir en
la cifra total de la futura cosecha.
En la última quincena la vegetación

carecimiento con las huelgas y los aumentos del salario, llegará el momento en que sólo puedan vivir en España las personas regu¬ larmente acomodadas; la vida del trabaja¬ dor, la del empleado de poco sueldo y la del pequeño propietario será absolutamente im¬ posible.

do ó proviniendo de Rusia habrían que¬ de la vid ha hecho rápidos progresos fa¬

Esto mismo está ocurriendo ya en Francia

dado en Francia.
»Pues bien, señor, dos de estas fami¬ lias se han instalado en Ostende; las dos restantes en San Hélier.
»¿Y por qué? Por causa del aumento
de derechos sobre los tabacos.
»—¡Ah, pues nó! me ha dicho uno de

vorecida por el tiempo. Todavía no ha terminado el período
crítico de las heladas primaverales y por consiguiente continúa la espectación de cosecheros y comerciantes.
Las transacciones en general, se veri¬ fican lentamente y los precios tienden á

y este es el porvenir que en España nos amenaza si se continúa legislando para cum¬ plir programas y para contentar á los que gritan en la via pública.
Ya el señor Canalejas, ante los primeros efectos del parto del señor ministro de Ha¬ cienda, se ha apresurado á declarar que el
gobierno no tiene criterio cerrado en esta

estos rusos. Yo fumo mas de 40 cigarri¬ la baja.

materia y que se halla dispuesto á aceptar

llos al día; los pago un poco menos de á

La Asociación de Vinicultores del Me¬ cuantas enmiendas puedan mejorar la obra

del señor Rodrigáñez. El señor Canalejas ha declarado que el gobierno no tiene la pre¬ tención de haber acertado; si se presenta una fórmula mejor que la suya, la aceptará. Esta actitud de singular modestia es la conse¬ cuencia del asombro que ha causado en la opinión pública el proyecto del gobierno; el presidente del Consejo la ha percibido bien y procura calmar los ánimos con las prome¬ sas que acabamos de exponer.
¿Pero dónde está esta fórmula que, en va¬ no, se viene buscando hace ochenta años?
Demasiado conoce el señor Canalejas que
no hay ninguna, y bien sabido se tiene que, con todos sus defectos, el impuesto de consu¬ mos es mejor que todos aquellos que se pro¬ ponen para sustituirlo.
¿A qué, pues, insistir en esta idea? Ya lo hemos dicho: para contentar á los radicalis¬ mos, á los que creen que el gobierno vive por su benevolencia, á los que se consideran
á sí mismos como los más sólidos sostenes de
la situación, á los que son enemigos de la monarquía, de la sociedad y de la patria. Esta es la verdad y convendrá que todos va¬ yamos abandonando les equívocos y los eu¬ femismos para exponer la situación de las cosas tal y como la realidad las enseña.
En las manifestaciones del domingo ante¬ rior republicanos y radicales coincidieron para pedir á los poderes públicos una porción de concesiones absurdas, entre las que figu¬ ra la supresión del impuesto de consumos; con decir que la mayoría de esos manifes¬ tantes son enemigos de la actual organi¬ zación social y que aspiran á la constitu¬ ción de un Estado socialista cuyas lineas no han definido bien todavía, se convencerá cualquiera de lo que les importaría á los alu¬
didos manifestantes la forma de la tributa¬
ción en el actual régimen. Pero se hace ruido y el ruido parece con¬
mover al señor Canalejas porque ahora mis¬ mo, con motivo de eta manifestación y de la huelga de albañiles de Madrid, el presi¬ dente del Consejo ha dado á los periodistas
que le escuchan á diario una verdadera con¬ ferencia acerca de los seguros contra la in¬ validez del trabajo y de otras medidas que se están discutiendo en naciones importantes en beneficio de la clase proletaria.
Parece revelar esto que se va á seguir go¬ bernando no según lo exigen las necesida¬ des reales del país, sino según gustan los enemigos del orden, los que disponen de los elementos necesarios para producir el motín, los que á cada momento amenazan con per¬ turbar la tranquilidad piíbiica. Así va resul¬ tando que ya na se celebra en España un so¬ lo mitin político sin que se hable de apelar á la fuerza, ni hay ya quien solicite una me¬ dida ministerial ó legislativa sin acompa¬
ñarla de la amenaza.
Está sucediendo que ahora, cuando se ha¬ lla en el poder el señor Canalejas, cuando rige los destinos del pais un gobierno demo¬ crático, es cuándo se amenaza más en las reuniones públicas y cuando más se provoca al desorden y á la violencia. Pueden servir de modelo y prueba de esta afirmación los discursos que lleva pronunciados Pablo Igle¬ sias en mitins y manifestaciones, sea qual fuere el objeto con que se celebren; es este un fenómeno en que debe fijarse el señor presidente del Consejo, porque revela bien claramente lo que pretenden esos elementos á los que como demócrata se cree en el de¬ ber de dar satisfacciones. No espere de ellos la menor muestra de gratitud.
La consecuencia de esta política interior complicada con lo que en el exterior ocurre,
es que en el pais se ha producido una intran¬ quilidad latente de que son víctimas los mis¬ mos gobernantes, porque en el desaliento que se revela en sus palabras va la prueba del desasosiego de sus ánimos.
No se sabe lo que va á ocurrir con el pro¬ yecto de ley regulando el derecho de asocia¬ ción; no se sabe como quedará el malhadado proyecto de transformación de los consumos; no se sabe si se podrá plantear la ley del ser¬ vicio militar obligatorio; no se sabe lo que va á ocurrir en Marruecos; no se sabe si el señor Canalejas cuenta hoy con la larga vi¬ da ministerial de que alardeaba hace pocos meses; no se sabe en que actitud se hallan los llamados primates del partido liberal en¬ frente de la labor ministerial que acaba de presentarse á la deliberación de las Cáma¬
ras, no se sabe,en una palabra que es lo que en el espacio de dos meses puede ocurrir en la política española
Estamos hoy enfrente de un verdadero enigma.
Los partidos extremos se hallan cada vez más envalentonados; el gobierno se siente dé¬ bil ante las resistencias que pueda encontrar su obra política entre sus propios amigos y el pais'siente instintivamente la aproxima¬ ción de peligros que no puede determinar, pero que tiene por seguros ante el verdade¬ ro caos político en que hemos entrado.
Por lo pronto parece que hay un objetivo