ASO XXV (2.a EPOCA) NUM. 1218
ASO XXV (2.a EPOCA) NUM. 1218
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SABALO 30 BE JULIO DE 1910

SEMANARIO INDEPENDIENTE

FUNDADOR Y DIRECTOR: D. Juan Marqués Arbona,

REDACTOR-JEFE: D. Damián Mayo! Alcover.

REDACCIÓN y ADMINISTRACIÓN: calle de San Bartolomé n.° 17.-SÓLLER (Baleares)

SECCIÓN LITERARIA

con novio de su guapeza y más sabiazo que
el mismo señor cura?

—De esto quise hablar justamente. Ma¬

BLifífiCOS ñJVtOI^ES

nuel ha estudiado firme, y más avesado está á los hablares de la ciudad que á mis rusti¬

queces de campesina.

—¿Sabes tú? Padre me ha dicho lo que se

—¿Y que vá á importarle esto si bien te

tienen hablado con D. Vicente.

quiere?

—¿Mi protector?

—¿Me lo ha dicho por veutura que me

—El mismo. Y que no es pequeña cosa quiere?

ella; asi, así es de grande. ¿No aciertas?

—Bueno..., claro... Verdad es que Manuel

—No todavía, pero acertaré en cuanto me nada dijo...

la digas.

—¡Pero si casi no le conozco en el decir

—Es que me dá mucha vergüenza...

del trato! ¿Y lo creerás? Manuel, con ser tan

—¿Qué será ello, pues? —Voy á decírtelo. Pues..., nada, que al
volver Manuel de sus estudios me... ¡vamos,

bueno, no es..., como voy á decírtelo, no es de nuestra suerte y manera, y más que ca¬ riño es un gran respeto lo que me inspira,

que me da vergüenza, te digo! —¡Chiquilla! —Pues... que, vaya, que me casan con él,

que ni sé de qué manera hablarle y que..., vaya, que no voy á serle buena para novia.
— ¡Martinilla, Martinilla, cállate por Dios!

acabó Martina bajando sus hermosos ojos.

—¿Por qué lo dices?

Joaquinillo abrió los suyos como dos com¬
puertas, y de sentado que estaba á la vera de la chica, levantóse de un salto como si á la silla le hubiesen salido de improviso todas las zarzas del vecino bosque. • —¿Te dá pena, Joaquinillo?
Tardó éste en dar la respuesta todo el tiempo que invirtió su pensamiento en reco¬
rrer la historia de su vida.

—Porque temo alegrarme en demasía y luego la pena va á ser mayor aún.
—¿De veras te dará pena? —¡No dije esto! —¿Te arrepientes ahora? ¿Por qué te arre¬ pientes, Joaquinillo? ¿Quieres hablarme? —¡No, no y no! ¡Que no quiero hablarte, ea! Que ya lo dije, que decirlo quiero siem¬ pre, que yo no soy nadie para ti, y que Ma¬

Nada, que no había nada que decir. D. Vi¬ cente era su protector, su padre, aquella al¬ ma buena que le recogió un día del arroyo. . Y si lo disponía así, bueno sería ello.
—¿Pero qué te pasa, muchacho, que así quedaste de mohíno?
—Nada, Martina... Pensaba, si, esto es,
pensaba en el alegrón..., justo, en el alegrón que me diste con la nueva.
—Pues nadie lo creyera. ¿Finges, Joa¬ quín?
—De ninguna manera. La sorpresa sería, que no otra cosa, Martina. ¿Qué había de ser si no? Manuel es bueno, muy bueno. ¿Lo sa¬ bré yo? A su mismo lado crecí, como si el pobre huérfano protegido y el hijo del pro- . tector, hijos del mismo padre fueran. Con él compartí, allá en mi niñez, los juegos y las

nuel... y que tú... —Jesús, cómo te pones! ¿Te enfadas? — ¡Quiá!
—Pues lo parece.
—¡Que no; que no lo parece y que no quiero que lo parezca!, acabó Joaquín con la voz ahogada por la emoción.
—Pero calla, si estás llorando, tontón. —Mentirosaza... ¿Llorar yo? Mira, míra¬ me en los ojos... Pero no, no me mires así te digo. Ea, basta ya, adiós Martina. —¿Pero te vas ya? —Me voy, si. —¿Tan pronto?. Joaquín había ya desaparecido; y el sen¬ dero que lleva á la hacienda diría si eran de dolor ó de gozo las lágrimas que vertió Joa¬ quinillo, camino de la casona.

travesuras. Es decir, las travesuras no las

/X

compartimos jamás en un todo, puesto que si alguna cometió, nunca, ni aún siendo yo rapazuelo, quise que don Vicente á su niño la atribuyera, que solo para mí quería el castigo, aún sin tener parte en la culpa...
—Muy bien todo esto, Joaquín. Pero dime: ¿en verdad te puso contento la noticia?
—¿Por qué me lo preguntas, Martinilla? Bueno él, tú buena..., ¿á qué decir más?
—Bazón te sobra y puesto que padre así lo quiere... Pero...
—¡Pero qué! ¿Andarás ahora remilgosa

Oyóse á lo lejos el cascabeleo del carruaje que conducía al esperado Manuel. Abriéron¬ se de par en par las puertas de la casa, y en el umbral apareció la venerable figura de D. Vicente. Después de las naturales expan¬ siones del recibimiento y terminada ya la frugal aunque suculenta cena, habló á su hijo de los proyectos que con el padre de
Martina se traían.
—¡Pero qué prisa lleva en casarme!, ex¬ clamó Manuel alegremente.
—No la tuviera si Maruja, la criada, no

las hubiese dado por envejecer. Está la po¬ bre que ya no puede con ella. Desde la muerte de tu madre, que esté en gloria, la buena mujer ha hecho todos los esfuerzos
imaginables que en su alcance estaban para que en las faenas de la casa no echáramos de menos á aquella santa; pero Maruja ya no es aquella Maruja: tiembla, se cansa la pobrecica y, nada, que la casa está pidiendo brazos jóvenes y alegría nueva. Tii eres ya un hombre..., y Martinilla es un ángel.
—Tiempo ha que no la he visto, y antójaseme que he de hallarla aún en falda corta y sueltas las trenzas.
—¡Ah, pues si la vieras!... Pero calla; ahí se acerca Joaquín. Pídele á él noticias, pues no se pasa fiesta que allí no vaya, dijo don Vicente levantándose para ir á disponer las labores del siguiente día.
Hablaron con Joaquín de batidas de caza, pues ésta era la pasión del heredero; pero bien pronto vino á caer en la conversación
el nombre de Martina.
—¿Sabes, Joaquín, que quieren casarme
con ella?
—Lo sé, mi amo. —¡Quita allá con el tratamiento! ¿A que
viene ahora este «mi amo» tan feote? Pero
dijiste que lo sabias: ¿de dónde sacaste tú la
noticia?
—Ella misma filé quien me la dió. —Con alegría, por supuesto. —Sí..., eso es, con alegría. —¿Y cómo es ella ahora? Hace ya tiempo que no la veo. Era entonces una rapaza. Ha¬ bla, háblame de Martina. -j»Son aún rubios
sus cabellos?
Los ojos de Joaquín resplandecieron: —¿Rubios? ¡Quiá! Como la luz son; más aún que la luz del sol, todavía más que el oro mismo, tanto como oro y sol juntos ba¬ tiéndose á quien más reluce. —Hola, hola; bonita descripción me hicis¬ te!, exclamó Manuel riendo. ¿Y sus ojos? ¿Recuerdas tú el color de sus ojos? Joaquín vaciló esta vez, antes de contes¬
tar. Librábase en su alma una batalla en¬
carnizada y temía descubrirse. —Háblame de sus ojos, Joaquinillo, insis¬
tió Manuel, presumiendo ya la causa de la turbación de su amigo.
—Pues sus ojos... Sus ojos son así, muy de
color de cielo.
—¿Azules, pues? —Más que eso. Son como el cielo, cuando el cielo no es más que luz... Manuel fijó sus ojos en los del rapaz. —Pero ¿qué te pasa, Joaquinillo? ¿Vas á
llorar?
Joaquín no podía contenerse ya más. Su
corazón destrozado luchaba en vano . para
evitar que aparecieran al exterior los vesti¬

gios, de lo que en él acontecía. ¡Malditas lᬠgrimas!
Pero Manuel lo había ya adivinado todo, sin necesitar ser muy ducho para ello, y ten¬ tado estuvo de sacar á su amigo del trance en que se hallaba; y asi lo hubiese hecho de no quedarle una duda: ¿correspondía Marti¬ na al amor que Manuel adivinaba en Joa¬ quinillo?
Llegó en esto el domingo. Y esta vez, con¬ trariamente á su costumbre, Joaquín no lle¬ vaba trazas de prepararse para ir á casa de
Martinilla.
—¿No vas allí hoy?, le preguntó Manuel.
—Si lo manda mi amo...
—No, tu amo no te lo manda; te lo pide tu
hermano.
Cuando Manuel y Joaquinillo llegaron á la cerca, Martina estaba sentada en el ban¬ co de piedra adosado á la fachada de la casa.
Al ver llegar á los dos amigos sintióse tan sobrecogida, que apenas si pudo contestar las «buenas tardes» con que Manuel la salu¬
daba.
—¿Te doy miedo pequeña? El adjetivo le valió á Martinilla un tanto de presencia de espíritu. —¿Adivinas, pues, á lo que vengo, Mar¬
tina?
Ella enrojeció hasta las cejas y bajó los ojos.
Joaquín volvió la espalda y ya se disponía á alejarse, cuando Manuel le detuvo.
—¡Aguarda! ¡Qué prisa tienes! Verdad di¬ jiste al ponderar la hermosura de Martina.
Y como sorprendiese en los ojos de ésta una mirada que no dejaba lugar á duda, di¬ rigida al encogido Joaquín, emprendió el plan que había trazado de antemano.
—Oye, Martina: Joaquín viene á decirte
adiós. Se va de casa.
Si Joaquín quedó sorprendido ante tal sa¬ lida, mayor sobresalto le causó á la chica, la cual, presa de estupor, levantóse sin aun darse cuenta de ello, mirando con todos sus ojazos en el semblante del muchacho, mien¬
tras de sus labios temblorosos salía una ex¬
clamación que más que á eso semejábase á
un sollozo.
—¡Te vas! —Si, .se va, porque te quiere; y como tú no le quieres puesto que consientes en ca¬ sarte conmigo... —¡Jamás me lo dijo!, interrumpió Martina. —No te lo dijo porque harto adivinaba que tú no le correspondías. —¡Haberlo probado, pues!, gritó casi llo¬
rando la muchacha.
Joaquín empezó á comprender la treta de Manuel según su rostro iba tomando clarida¬
des de sol naciente.
—¿Le quieres, pues?, prosiguió Manuel.

Folletín del SOLLER -3-
EL VOLUNTARIO
—Ha muerto como un ciudadano, pen¬
saba Miguel, y cuando encuentren aquí
su cadáver le enterrarán como si fuera
el de un sospechoso. Miguel se había arrancado la escara¬
pela, pero herido en la cabeza no lleva¬ ba otra cosa que un pañuelo anudado en torno de su frente. Iba á alejarse cuando recordó que llevaba encima su carta de
miembro del club de Cordeliers, y sa¬
cándola de su bolsillo, rayó su nombre con un lápiz y escribió:
«Este se llama Roberto de Piennes y ha muerto siendo ciudadano de la Re¬
pública francesa, una é indivisible.» —Así lo ha querido,-se decía Miguel. Introdujo el papel entre los, crispados
dedos del difunto y se alejó, mirando siempre con ansiedad si no se movía el emigrado.
II
El Dom de Maguncia estaba muy lejos todavía. El voluntario, casi sin aliento,

y fija la vista en aquel campanario en que ondeaba vagamente una bandera tricolor, se apresuraba sacando fuerzas de flaqueza. Pareciale que hacia un ins¬ tante, cuando tenía que sostener al po¬ bre herido, estaba más valeroso y fuerte. Su cabeza le pesaba como sise hiciese de plomo, y sus piernas flaqueaban' más y
más á cada paso.
—Sin embargo, yo no quiero morir aquí, decía en alta voz Miguel Verdure...
Y adelantaba haciendo esfuerzos inau¬
ditos.
A veces también se detenía, pues creía oir voces, ruidos confusos como de carros
que rodan. Su herida le daba una espe¬
cie de delirio.
Y no obstante, todo por el contrario estaba en calma en aquella campiña, donde brotaban las primeras hojas. En las profundidades de aquellas llanuras, al otro lado del Rhin ¿quién había adi¬ vinado que había dos ejércitos dispues¬
tos á devorarse?... En el aire había co¬
mo cantos de pájaro ó zumbidos de in¬
sectos.
Miguel, extenuado, continuaba andan¬ do. pero el Dom parecía alejarse. El ca¬ mino era más largo de lo que el había creído. Aquellos sonidos de trompeta

traídos por el viento de la mañana le ha¬ bían engañado.
De repente le sobrecogió un cansancio inmenso. ¿Para que seguir andando? ¿Por qué no caer allí como el otro y co¬ mo tantos otros compañeros? Si los hú¬ sares de Cassel llegaban por allí en bus¬ ca de forraje, le arrastrarían, le llevarían á caballo á Maguncia. Era su única es¬ peranza. Lo que es continuar andando le era imposible. Miguel sentía en la cabeza un dolor espantoso, y le volvía la fiebre. Así fué que se dejó caer con un profun¬ do suspiro, murmuró alguna de aque¬ llas mágicas palabras que corrían enton¬ ces por la boca de los moribundos
No un húsar de Cassel, sino un joven de Maguncia llamado Otto Schwartzen. fué quien encontró á Miguel Vrndure
tendido en medio del camino. Otto aque¬ lla mañana había salido á herbanzar por
la parte de Laubenheim: vió aquel cuer¬ po sangriento y cerciorándose de que respiraba todavía, prodigó los primeros cuidados al herido y advirtió á las avan¬ zadas francesas que un voluntario mori¬
bundo necesitaba socorro.
Al instante salieron unos hombres con
una camilla, en la cual llevaron á Mi¬
guel al hospital de sangre.

Pero el cirujano que estaba de servicio presentó objeciones para recibir al mo¬
ribundo.
—Las salas están atestadas de heridos,
les dijo; llevaos á ese al Dom, ó bien que alojen á Tos heridos en las casas. Me pa¬ rece que bien pueden ayudarnos un poco.
—Ciudadano, contesto Otto, que iba
en la comitiva, teneis razón.
Y haciendo una señal á los soldados,
añadió:
—Venid conmigo. Habiendo hablado así Otto. les llevó
á la esquina de la plaza de Gutemberg, que no distaba mucho, y se paró ante una casita cuya puerta abrió llamando:
— ¡Magdet! Una vieja se asomó á la ventana y
echó un vistazo á la calle con aire asus¬
tado.
—Soy yo. Magdet, dijo Otto, y os trai¬ go un herido.
La anciana bajó á toda prisa. —Avisad á la señorita de Smeyer, con¬ tinuó el joven: mi habitación es dema¬ siado pequeña para que pueda servir de hospital, y se que Isabel se mostrará buena y caritativa con un ciudadano cualquiera; sobre todo con un francés. Miguel Verdure había recobrado el co.

2

SOLLER

—No lo supe hasta que mi padre me habló de usted, contestó Martina con la voz aho¬ gada por la emoción.
—Deja eso. ¿Quién se acuerda deístas co¬
sas?
. --¡Cómo! ¿No va usted ya á querer casar se conmigo?, exclamó alegremente Martina.
—Pues, menuda gracia la que me hacen tus alegrones, niña. A.eso le llamo yo cala¬ baza monstruo, dijo Manuel riendo, de todo
corazón.
Joaquinillo no oía nada ya. Bastante tra¬ bajo se daba, embebecida el alma y el cora¬ zón saltándole cómo cabrito en pradera, co miéndose con los ojos el rostro sonrosado de
su amada.
—Ea, niña, ¿no te pones muy alegre, muy alegre?, concluyó Manuel.
Martina balbuceó:

Sois almas luminosas
de los seres pequeños que alumbráis silenciosas
el hilo de los sueños.
Luces de primavera, del campo en abundancia, cuando brillabais, era en mí lejana infancia.
Entonces si, estrellitas* de mi cielo caído, luminosas móngitas
de lo desconocido:
Alumbrasteis mi vida,
constelasteis mi frente de esa luz desvaída tan deliciosamente.

—Padre va á enfadarse.
—Esto corre de mi cuenta, dijo Manuel. Además el pleito está ganado de antemano puesto que Joaquinillo, ahí donde le ves, se¬ rá propietario, en cuanto se case, de la huer ta del ribazo, la mejor de la hacienda.
—¿Qué dice ahora?, exclamó Joaquinillo. —Lo cierto; en dote la tenías. Y en cuan¬ to al tuyo, Martina, no será pequeño el ale¬ grón que le daremos á tu padre en cuanto vea que no lia de soltar una pieza. Y todos contentos, pues también mi padre se habrá salido con la suya: en casa te quería, Marti¬ na, y á ella te vendrás. Martina clavó sus ojos de luz en los muy comilones de Joaquinillo; y como si á un tiempo un pensamiento mismo cruzara por sus entendimientos, exclamaron á la vez: —¿Y cómo vamos ár pagar á usted tanta
felicidad?

Lucecitas queridas de mis noches lejanas, apagais vuestras vidas; ya cerráis las ventanas.
Mongit.as silenciosas, procesiones mongiles, apagais presurosas los pequeños candiles;
apagais la fragancia de la noche florida, 1a, noche de la infancia, la mejor de la vida!
Mario Verdaguer.
ENTRE NOSOTRAS

—Algo carilla va á costaros, amigos mios Y tomando á entrambos por las manos, les dijo casi al oído y no sin una miaja 'de emo¬
ción:
—Queriéndoos mucho y queriéndome á
mi un poco. José M.a Folch y Torres.
LAS LUCIÉRNAGAS
Premiada en los Juegos Florales de Palma.
Al lado del camino, como ignotas mongítas
de un monasterio oculto
de ritos panteistas; he visto las luciérnagas pasar como estrellitas
al lado de la senda
penosa de mi vida.

Llegó ya el buen tiempo y tnuéstranse las parisienses dispuestas á aprovecharlo. Su preocupación es grande al arreglar sus baú¬
les decididas á abandonar París por unos
cuantos meses; pero antes de marchar no
olvidan una visita á casa de sus modistos
para consultarles el traje que durante el viaje deben llevar, el que deberán ponerse al llegar al punto destinado para el veraneo y el que para asistir al casino ó dar un paseo por la playa seria más á propósito llevar.
Los modistos, •siempre sonrientes, se apre¬ suran á complacer á sus lindas clientes y les aconsejan, como es natural, las mil y mil ex¬ travagancias posibles de imaginar.
Ahora bien ¿no sería mucho más conve¬ niente que las parisienses en vez de vestir al gusto de sus modistos y de usar tan extrava¬ gantes y ridiculas modas consultasen su si¬ lueta, su ropero, su fortuna y se vistiesen á su propio gusto? ¿Será que no dispondrán de gusto propio y necesitarán ir guiadas pol¬
lina mano más acostumbrada al arte de bien
vestir?

Ellas como una fiesta
de luces muy lejanas, fiesta de los humildes, de las pequeñas almas,
han constelado el campo
con sus pupilas claras; 1 uciérnagas nocturnas, ^lamparillas colgadas,. asi en la noche tenga
llena de luz mi alma.

De todos modos, sea cual fuere su manera de pensar, en nada de esto deberíamos imi¬ tarlas, tanto porque las extravagancias, exageraciones y ridiculeces en esa lo han de parecer más y no cuelan, como porque con seguridad cada una de vosotras está conven¬ cida, como yo, de que de la moda debe una tomar solamente aquella parte más elegante que hace mejor resaltar la mayor ó menor belleza de que el cielo la dotó. Y á propósito,

Luciérnagas perdidas al lado del camino,
sois estrellas cablas

ya que de ridiculeces y extravagancias ha¬ blo, no puedo dejar de manifestaros que días pasados al subir el Boulevard Malesherbes
llamó mi atención una multitud extraordina¬

de un cielo mortecino.

ria rodeando un automóvil. Me acerqué (cu¬

riosidad femenil).y vi á una señora elegante¬ mente vestida que hacía sobrehumanos es¬ fuerzos para subir al automóvil, pero que su falda le impedía cumplir su deseo; después
de cinco minutos de esforzarse en vano, no
tuvo más remedio que suplicar al chauffeur la subiera, á lo que el joven accedió gustoso. La hilaridad fué general.
De manera que-siguiendo la última moda

no podemos subir á un coche; tenemos que ir siempre á pié, y si la casa que habitamos no tiene ascensor... tendremos que quitar¬ nos la falda á la, entrada para permitirnos subir la escalera. Antes, nos contentábamos con llevar las faldas ligeramente ceñidas en las rodillas por una lisa franja, mas hoy es más abajo que quiere la moda lo estén, y el bajo de nuestras actuales faldas tiene ¡un
metro veinte centímetros! los suficientes pa¬
ra medir el suelo con .los piés, como hacen los muchachos sollerenses en el antiguo jue¬

go de pelota.

Aqui teneis, lectoras, un modelo de este género visto en el «Prado Catalán». Es de tela rosa, rayada cereza á lineas espaciadas, forma túnica; no tiene más que veinte centí¬ metros de manga, va escotado y estrechán¬ dose por medio de las costuras de los lados hasta que en el bajo tenga... los ya expresa¬
dos un metro veinte centímetros.

Este traje... no os lo aconsejo, por su¬

puesto.

Manzanilla.

París, Julio de 1910.

ley que autoriza la creación de una lote¬ ría de veinte millones de francos, cuyo producto se destina á la- creación de un Sanatorio, que admitirá á los soldados
convalecientes de enfermedades graves
ó de traumatismos, así como á los quin¬ tos recientemente incorporados á filas cuya salud sea delicada ó esté amenaza¬
da. Este Sanatorio se edificará en el lito¬
ral del Mediterráneo, y. á ser posible, en una meseta poco elevada y cercada de vegetación, en las cercanías de una gran línea ferroviaria y con facilidades de transporte.
Otro rey que quiere volar
Deseoso el rey de los belgas de seguir el ejemplo de su colega el czar de los búlgaros ha decidido hacer un vuelo en aeroplano* para lo cual ha pedido al aviador Lamine que tenga en Kiwitz-lesHartelt listo su aparato volador para que en el mismo le acompañe en una excur¬
sión aérea el citado monarca.
Las islas Canarias

ECOS MUNDIALES
Aeroplano correo
El yanqui es el hombre de las iniciati¬
vas atrevidas. Las últimas catástrofes
aeroplanescas, que muestran todavía en
mantillas el arte de la aviación, á pesar de los esfuerzos de un número reducido
de aviadores inteligentes y diestros, no les hace abandonar la idea de ser los pri¬ meros en utilizar los aeroplanos para la conducción de despachos y correspon¬ dencias. Un Mil acaba de ser depositado
en la Cámara autorizando al Postmaster
para ejecutar los ensayos necesarios. Las torres de que generalmente están
provistos los edificios de Correos habrán de ser cambiadas en la forma, para que puedan ser fácilmente utilizadas como sitios de aiterrissage por los futuros ve¬ hículos postales.
El retiro de los diputados
Los diputados franceses retirados están de enhoramala; alarmada la Cámara por el número excesivo de pensiones que ha¬ bía necesidad de pagar,\\ha resuelto dis¬
minuir su retiro de 2.400 francos á 1.800
por año. Los pobrecitos se quejan, y con razón, de. haber gastado sus pulmones en defensa del país para ser después de
esta manera retribuidos.
Lotería de veinte millones

Parece ser que el Gobierno se halla dispuesto á rectificar su conducta en lo que se refiere á la política que hasta aho¬ ra se ha seguido en Canarias.
Las últimas elecciones, en que en Te¬
nerife fueron derrotados ruidosamente
los candidatos del Gobierno, saliendo
únicamente diputado el señor Cobián, por el apoyo que le prestaron las fuerzas
de Unión Patriótica, ha decidido al señor
Canalejas, con muy buen sentido, á no oponerse ante la voluntad augusta y so¬ berana del pueblo, procurando atraerse á su lado á esas fuerzas populares, en
vez de combatirlas tenazmente, como lo
había venido haciendo hasta las pasadas
elecciones. De esta forma, el Gobierno
conjura la parte más difícil del proble¬ ma. dando satisfacciones á la opinión pública.
El Sr. Canalejas, á quien no hemos de regatearle nuestro aplauso por sus acertadas medidas en pro de aquellas islas, en la interpelación que el diputa¬ do por Tenerife Sr. Domínguez Alfonso le hizo el otro día en el Congreso, acce¬ dió también á la petición de dicho dipu¬ tado ampliando el cuestionario abierto como información para resolver el pro¬ blema canario, asegurando al mismo
tiempo que sería un hecho muy pronto
la creación de los dos nuevos distritos
solicitados por el Sr. Domínguez Alfonso con el fin de que en el Parlamento ten¬ gan representación las islas menores del archipiélago canario.

El Senado francés ha enviado á la Cá¬
mara de los diputados un proyecto de

nocimiento en el camino, pero fué para desmayarse de nuevo.
Cuando volvió en sí estaba tendido en
una cama, donde rápidamente Magdet había puesto las mejores sábanas que tenía, y una vez que abrió los ojos sin¬
tió como una sensación de bienestar. Aún
tenía delante aquel paisaje indeciso de una fresca mañana de primavera: el lar¬ go camino solitario, Maguncia en lonta¬ nanza. deseado término, á que no llega¬ ría nunca. Y he aquí que de repente se encontraba en un cuartito alemán, don¬
de todo relucía con el aseo, esa sonrisa
de las cosas, donde los grandes armarios de encina reflejaban el sol de la calle, donde la péndola de esos relojitos de ma¬ dera de la Selva Negra parecía haber
contribuido con su ruido á la dulzura de
su sueño. Todo resplandecía alegre¬
mente.
Miguel dejó escapar un suspiro de sa¬
tisfacción. el susoiro infantil de los do¬
lientes. y como si hubiese sido una que¬ ja á ese ruido, apareció un joven alto, rubio y delgado, seguido de una joven
que se acercó á su cabecera 3' con suave voz. con acento germánico, le preguntó si padecía.
—¡Yo! exclamó Miguel sin responder.

Y la miraba,. Era una persona esbelta» cuya vestidura esculpía su pecho y la hacía mas encantadora. Su larga cabe¬ llera negra caía por ambos lados de su
semblante, de una blancura de nieve.
La joven miraba con atención al herido, y sus grandes ojos negros rebosaban bondad y ternura.
—¿Pero en donde estoy'? preguntó Mi¬ guel: ¿por qué no me encuentro en el hospital?
—Los franceses han sido rechazados
por las tropas alemanas y se han reple¬ gado sobre Maguncia. Estáis en casa de la señorita de Smeyer. ciudadano, res¬ pondió el joven, en casa de unos buenos patriotas alemanes que quieren como vos la libertad universal y desean la
concordia entre todos los hombres.
Otto Schwartzen había hablado con
una energía singular, con la altanera voz de un tribuno. Y sin embargo, de todas aquellas palabras vibrantes y ge¬ nerosas. solo estas habían penetrado en
la mente del herido: la señorita de
Smeyer.
—¡Señorita! decía, y la seguía miran¬ do con su febril mirada, y la joven sin bajar los ojos, respondía á esta mirada

de sorpresa con una sonrisa que quería
decir:
— Estad persuadido de que os salvare¬
mos.
La herida de Miguel no era grave, aunque le daba con bastante frecuencia accesos de fiebre. En estos casos se agi¬ taba, quería hablar, se lanzaba fuera del lecho, en donde Otto trataba de suje¬ tarle; y luego cuando volvía en sí y se encontraba en aquella apacible casa, en¬ tre sábanas perfumadas, con la señorita de Smeyer á la cabecera, que cuidaba de él y le observaba con su mirada profun¬ da. experimentaba muy luego una sen¬ sación penetrante, se sentía como baña¬
do en una nueva atmósfera. Una sema¬
na antes corría por los campos, pernoc¬ tando al azar délas jornadas, y ahora en aquella hospitalaria mansión creia ha¬ llarse bajo el techo materno, en el negro y querido aposento de la calle de Viei-
lles-Haudriettes.
—¿Qué tal os encontráis? preguntaba muy á menudo la anciana Magdet con su voz baja, y á Miguel le parecía oir el acento de su madre, cuyas cenizas guar¬
daba la tierra en un cementerio de Paris.
—¿Sabéis en lo que pienso señorita? dijo una mañana á la señorita Smeyer;

pienso en los pobres soldados que no
han tenido la suerte de salir heridos co¬
mo yo. Veo que en la guerra los más afortunados son precisamente aquellosá quienes les tocan las balas.
Poco á poco Miguel recobraba fuerzas, sentía, digámoslo asi. que su herida se cicatrizaba. Levantábase á mirar por la ventana como desfilaban las patrullas, y escuchaba el estampido del cañón: con
ansia deseaba volver á las filas.
—No. no. le decía Otto Schwartzen,
aun estáis muy débil. • Alarmábase Miguel sobre todo con los
progresos del sitio. Todas las tardes te¬ nía que traerle Otto las noticias del día y todas las mañanas las de la noche. Es¬ te era su mejor remedio. Los tiros pare¬ cían tener un eco doloroso en el pecho del herido, y cuando estallaba el fuego de la fusilería, su pulso era más fuerte y más precipitado.
—¿Tanto os gusta la guerra? le pre¬ guntó una vez Otto Schwartzen, con
una voz conmovida.
J. C.
(Continuará)

SOLLER

3

El atentado contra D. Antonio TRaura

Maquiavelismos
Otra vez la obra de los defensores de
las ideas ultramodernas ha resbalado en
sangre; otra vez el principio de la justi¬ ficación de los medios según los fines perseguidos, principio proclamado en el
Parlamento por un hombre que se dice apóstol de ideas nuevas y libertadoras, ha estado á punto de producir cruentos efectos en la persona del ilustre tribuno
D. Antonio Maura.
Vergüenza causa más que indignación, el hecho de que un hombre de tan pre¬ claro talento como el jefe del partido conservador haya de estar á merced del puñal de un asesino. Se comprende que en un hombre normal y firme de espíritu da pasión política llegue á todos los ex¬ tremos, hasta á acaudillar un movimiento revolucionario; pero no se explica en un hombre normal y de sano temple la ins¬ tigación al crimen personal: tales insti¬ gaciones y tales amenazas no han sido, no pueden ser nunca sino el fruto de morbosidades psicológicas; no han sido ni pueden ser nunca el resultado de un ideal político ni de elevadas tendencias sociológicas: solamente pueden obedecer como móvil al vil odio que impulsa el
brazo de un asesino.
Sin duda en la conciencia de los que
siendo honrados militan bajo las bande¬ ras del socialismo, se habrá operado uu movimiento de repulsión hacia estos pro¬ cedimientos delictuosos, que si de algo han de servir ha de ser de marca igno¬
miniosa en la historia de nuestros par¬ tidos avanzados.
Todos aquellos que á título de enemi¬ gos del régimen ó de los partidos mode¬
rados no sientan un movimiento de hon¬
rada protesta contra la vil tentativa de asesinato de que fué víctima I). Antonio Maura, y contra la innoble instigación vergonzosa del leader de los socialistas; todos los que á ambas cosas busquen atenuaciones y paliativos, fundados en no importa que fines perseguidos por no importa que hombres de partidos, no
tienen ni tendrán nunca derecho á ta¬
char á nadie de reaccionario; ellos, los afectos al más primitivo, al más atávico maquiavelismo.
Vendrá la ley penal, dura é inflexiva, á castigar según justicia al autor mate¬ rial del bárbaro delito; pero el orden so¬ cial perturbado no podrá sentirse satis¬ fecho, mientras los verdaderos autores de este crimen continúen, al amparo de la más amplia de las libertades, sem¬ brando la semilla de que brotan los Artal y los Posa; mientras los criminales incitadores cobardes sigan llamando ase¬ sinos á sus propias víctimas.
La conciencia hourada de la mayoría de los españoles ha protestado y sigue protestando de los delitos de Pablo Igle¬ sias y de Posa. Nosotros también pro¬
testamos desde las columnas del Sóller
y esperamos que estas protestas esteri¬ licen la obra de los que aun llaman á Es¬ paña inquisitorial y teocrática y no retro¬ ceden ante el crimen para llegar al logro de sus maquiavélicos propósitos.—C. M.
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Viaje del Sr. Maura
En nuestro último número adelantá¬
bamos á nuestros lectores la noticia, lle¬
gada aqui por teléfono, de que el ilustre jefe del. partido conservador Sr. Maura
había sido victima de un atentado en
Barcelona. Hoy ampliamos detalles del vil atentado, que ha producido clamores de protesta general en toda España.
El señor Maura, salió de Madrid el

viernes por la mañana en el rápido de Barcelona, para desde Ja ciudad condal embarcarse en seguida en el vapor «Miratnar» que había de conducirle á Palma.
En el anden de la estación esperaban
al Sr. Maura las autoridades de Barce¬
lona, distinguidas personalidades perte¬ necientes á los partidos conservador y li¬ beral, nutridas, representaciones de im¬ portantes entidades económicas y co¬ merciales y numerosos correligionarios del Sr. Maura, presentando el anden ani¬ madísimo aspecto.
A las once y cuarenta minutos llegó el rápido de la Corte.
Al entrar el tren en agujas resonó un nutrido aplauso, seguido de entusiastas vivas al señor Maura y al político hon¬
rado.
Acompañaban al expresidente del Con¬ sejo de ministros su distinguida esposa, sus dos hijas, su hijo Honorio y su se¬ cretario particular, don Prudencio Ro-
vira.
En el mismo departamento iban tam¬ bién el diputado á Cortes señor Sagnier y don Alfonso Oliveda. quien fué á la es¬
tación de San Vicente á recibir al señor
Maura.
Desde Madrid venían también en el
rápido el inspector de policía don Nicacio Rocha y los agentes don Arcadio Ca¬ no y don Félix Santiago.
El atentado
Al parar el tren se acercaron al depar¬ tamento en que viajaba el señor Maura, el señor gobernador, las demás autori¬ dades y las restantes personas que ocu¬ paban el andén, formando un compac¬
to grupo.
Acallados los aplausos que saludaron la llegada del ilustre jefe de los conser¬ vadores, don Antonio Maura se dispuso á bajar del coche, siendo los primeros en estrechar su mano y abrazarle D. Sebas¬ tián Simó y D. Ricardo Terrasa.
Descendió del primer estribo, y en el momento en que sentó un pie en el an¬ dén. cuando todavía apoyaba el otro en el segundo estribo, sonaron tres detona¬ ciones de arma de fuego, que se sucedie¬ ron con gran rapidez.
Un grito de mujer que salía del com¬ pacto grupo de personas, en el preciso momento de hacer el primer disparo,
fué el aviso del criminal atentado. El
que lo había proferido fué la distinguida dama Da. Margarita Maura de Domenge. sobrina del Sr. Maura, que furiosa se abalanzó sobre el criminal gritando in¬ dignada.
La confusión que al oirse los disparos se produjo fué indescriptible, pero justo es confesar que no se perdió la serenidad.
El periodista mallorquín don Enrique Vives, que se hallaba á algunos pasos del criminal, pudo casi instantáneamen¬ te aprisionarle la muñeca é impedir que disparara los restantes tiros, pues logró apoderarse del arma.
El señor Maura, ligeramente pálido, pero sin perder por un momento la im¬ ponderable serenidad de que hizo gala durante toda la noche, sacudióse ligera¬ mente con la mano izquierda el brazo derecho, y procurando desprenderse de los que solícitamente se agrupaban á su alrededor, dijo:
—Dejadme, dejadme, señores, que es¬ toy herido.
Y separándose de los que le rodeaban,
subió otra vez al coche, donde su señora é hijas, con la ansiedad y trastorno que son de suponer, se le echaron encima
abrazándole estrechamente.
Una de sus hijas le puso la mano en el brazo herido, retirándola vivamente toda ensangrentada.
Reconocido inmediatamente el señor
Maura, le apreciaron dos heridas, una en el brazo derecho y otra en la pierna del mismo lado, que al parecer no ofre¬ cían gravedad y que de momento le permitieron marchar por su pie al auto¬ móvil que le esperaba fuera de la esta¬
ción.

A consecuencia de la agresión, resultó

Entre las contadas personas á las que

también herido don Alfonso Oliveda, se permitió visitar al señor Maura recor¬

que, como hemos dicho, acompañaba al damos á los señeres Monegal y Ventosa.

señor Maura desde San Vicente.

El señor gobernador no abandonó al

El señor Oliveda sufrió una herida de señor Maura hasta la hora de zarpar el

bala en el muslo derecho, con orificios vapor.

de entrada y salida. El capitán del «Miramar» don Ricardo
Terrasa. que al oir las detonaciones in¬ tentó con su cuerpo cubrir el del señor Maura, recibió un pequeño rasguño en la cara, producido por un proyectil que
le atravesó el sombrero.

Llegada á Palma
A poco más de las doce llegó á Palma el «Miramar». Esperaban en el muelle
muchos miles de personas, que con anciedad deesaban conocer el estado del
Sr. Maura y ovacionarle entusiasta¬
mente.

El agresor

Puesta la plancha en el Miramar, pe¬

Si rápida y casi imposible de prevenir netraron en el buque los parientes que

fué la agresión, no lo fué menos, como tiene enPalm a el Sr. Maura, pasando á

queda dicho, la acción de los que rodea¬ saludarle únicamente, con el llanto en

ban al señor Maura para detener al au¬ los ojos, algunas de sus hermanas, las

tor de aquélla, pues fué desarmado y de¬ que saludaron al propio tiempo á la se¬

tenido inmediatamente.

ñora esposa del señor Maura, doña Cos-

El agresor acorralado, sujeto por in¬ tanza Gamazo, y á sus hijos dou Hono¬ numerables manos que agarrotaban sus rio, doña Maria y doña Susana.

carnes, fué sacado á duras penas del ' Después de la familia del señor Maura,

compacto grupo que le rodeaba, costan¬ do grandes esfuerzos á la policía el sal ¬ varle de las iras del público.
Conducido al extremo del andén fué

pasaron á bordo del Miramar z\\ limo, se¬ ñor Obispo. Dr. Campins; el Alcalde, se¬ ñor Alemany y el secretario del Ayunta¬ miento, señor Pons; el Capitán general

seguido por numeroso público en acti¬ interino, señor Pérez Clemente; y otras tud tan nostil que hubo un momentoen distinguidas personalidades, siendo re¬

que los agentes de la autoridad parecían cibidos todos por la señora de Maura.

impotentes para contener la avalancha

Como el estado del señor Maura le im¬

que se les echaba encima.

pedía moverse, el automóvil de su pro¬

Afortunadamente se fueron calmando piedad subió la plancha hasta el buque,

los ánimos, logrando la policía sustraer lo cual se consiguió gracias á la pericia

al detenido á toda agresión.

del chauffeur, un leal servidor, que pres¬

Llámase el agresor Manuel Posa Roca, taba servicio en la Presidencia del Con¬

de veinte años de edad, natural de Bar¬ sejo al ocuparla el señor Maura y luego

celona y de oficio repartidor de entre¬ renunció para servir á éste. Colocado el

gas.

automóvil en la cubierta del Miramar,

Es de regular estatura, de aspecto fué sacado el señor Maura, en hombros,

simpático, cara larga, nariz aguileña y de la cámara, por distinguidos correli¬

ojos grandes. Llevaba traje oscuro de gionarios. Fué una emocionante escena.

americana.

El público, en el cual recrudeció enton¬

Aprovechando la aglomeración de ces la indignación del atentado, nocesa-

gente, se había acercado al Sr. Maura, y ba de dar vivas á Maura.

pasando entre el grupo de los que le es¬ Colocado el Sr. Maura sobre el colchón

peraban y la línea de vagones, se apro¬ en que fué sacado de la cámara, en su

ximó tanto á D. Antonio que realizó la automóvil, arrancó éste plancha abajo.

agresión casi á quema ropa. A un metro El público, entusiasmado frenéticamen¬

y medio todo lo más de distancia se aga¬ te tributó una delirante ovación al hijo

chó el agresor y disparó los tres tiros,

ilustre de Mallorca. El público rodeó el

Era socio de !a Casa del Pueblo y se vehículo, caminando paulatinamente,

le cree instrumento inconsciente de los á duras penas. El señor Maura con¬ políticos que últimamente han arrecia¬ testaba á los frenéticos vítores de sus

do en su campaña contra el Sr. Maura. paisanos con el pañuelo. Al pasar el

A bordo del «Miramar»
Después del ligero reconocimiento que
se hizo al señor Maura en el mismo de¬

automóvil del Sr. Maura por las calles, resonaron también aplausos, en especial ,al hallarse frente á La Peña, donde se
detuvo breves momentos. El Sr. Maura,

partamento del tren, y viendo que las heridas no ofrecían peligro inminente, marchó aquél por su pie al automóvil

dirigiéndose á los que ocupaban los bal¬ cones del casino conservador, les dijo:
«Hasta otro día».

que le esperaba fuera de la estación.

El Sr. Maura, desde el muelle se tras¬

En el mismo carruaje subieron los se¬ ladó á Alquería d' Avall, hermoso pre¬ ñores gobernador. Simó, director de la dio de D. Manuel Salas, sito en Buñola,

«Isleña Marítima», y Domenge, sobrino del señor Maura, y á toda velocidad se dirigieron por el paseo de Colón á la
Puerta de la Paz.
El señor Maura subió á bordo del «Mi¬
ramar» apoyado en los señores Simó y Domenge.
El señor gobernador dió el brazo á la señora del expresidente.
A bordo del Miramar acudieron los

á donde se trasladaron después, en otros automóviles su distinguida familia y el joven señor conde de Gamazo. sobrino político del-señor Maura, llegado tam¬
bién en el Miramar y que se propone
igualmente pasar una temporada en el referido predio.
* **
Desde su llegada á Mallorca el señor
Maura ha recibido muchos millares de

doctores Cardenal y Carreras, quienes
reconocieron las heridas del señor Maura,
curándole, auxiliándoles el diputado por
Mallorca don Juan Valenzuela.
Como hemos dicho, tiene una en la
pierna derecha con orificio de entrada y salida y otra en el brazo del mismo lado. Afortunadamente no ofrecen gravedad, pues por una feliz coincidencia los pro¬ yectiles no lesinaron el hueso ni ningu¬
na arteria.
El señor Olivella fué también trasla¬
dado á bordo y curado por ambos (|pctores; presenta una herida en el muslo iz¬ quierdo. de pronóstico reservado.
Como la noticia del atentado circuló

telegramas de protesta contra el villano atentado de que fué objeto á su paso por
Barcelona.
Entre las numerosísimas protestas re¬ cibidas figuran las de SS. MM. los reyes don Alfonso, doña Victoria y doña Ma¬ ría Cristina y de las demás personas de la Familia real española; de SS. MM. los Reyes de Portugal; del jefe del Gobierno, señor Canalejas, y de los demás Minis¬
tros, del jefe del Gobierno francés señor Briand y de los primates conservadores.
* **
El estado del señor Maura es satisfac¬
torio. La herida del muslo está comple¬

rápidamente, fueron muchas las perso¬ tamente cicatrizada. En cuanto á la del

nas que acudieron á enterarse del estado brazo, será más lenta, pero presenta

de los heridos, pero por prescripción buen aspecto, según manifestaciones de facultativa no se permitió subir á bordo. los médicos que le asisten.

Mochas dejaron sus tarjetas.

4

SOLLER

ECOS REGIONALES

MAURA

I la derecha, la admiración y el en-
I tusiasmo batieron alas invisibles

sobre la muchedumbre y las manos

Siendo el principal objetivo de juntáronse instintivamente para

idea; Son tan pocos los que tienen su idea cuando esa idea es abnegación! Aquellos ni¬ ños eran pobres. ¿Como podían visitar la Ex¬ posición de Palma? Y debían visitarla, para que la vida de los pueblos empezara á, in¬

ella se cometieron, impropias de hombres ci¬
vilizados.
¿Quién tiene la culpa de tales atrocidades? A mi poco entender no la tienen ni los or¬ ganizadores de la fiesta ni las autoridades,

esta sección el que repercuta en aplaudir y un viva entusiasta brotó vadir su espíritu después de inundar sus porque gracias á la pronta intervención del

ella cnanto revista interés para
nuestra Mallorca, sólo el nombre del Sr. Maura puede lioy encabe¬ zarla; nombre repetido con profundo

al unísono, ensordecedor de todos
los labios.
Yo considero ahora al Sr. Maura

grandes ojos. Porque estancarse en la tra¬ dición y en la rutina era realmente hacerse reo de lesa humanidad. El era guiador de los primeros pasos de la vida.
El maestro Balaguer no pidió ayuda á na¬

señor Alcalde las cosas no tomaron mayor
revuelo, pero si tienen la culpa (no está en el caso citar aquí nombres) unos cuantos descabellados, faltos de toda cultura, y más dignos de estar en contacto con las fieras que

respeto, cuando no con admiración en la plácida quietud de «S’ Al¬ die. Todos los gastos de la excursión corrían con los hombres civilizados.

por todas las personas de nobles sentimientos, de ideales levantados;
nombre que absorbe ahora la aten¬ ción, no sólo de España sino tam¬ bién del extranjero, y que por lo mismo justo es que absorba prin¬ cipalmente la de Mallorca.
La vida del ilustre estadista ha

quería», reponiéndose rápidamente, rodeado de la solicitud y del cari¬ ño de los. suyos; considero su alma
de verdadero artista solazándose ante
las bellezas de aquella privilegiada y riente campiña; me lo figuro en
la calma de la noche estival per¬
fumada con agrestes efluvios de

de su cuenta, el tren, la comida y todo cuan¬ to fuese necesario para el mejor éxito de aquella gran empresa. Desde aquel instante quedó transfigurado. Yo ya no pregunto pol¬ lo que pudo costarle la excursión. Eso no va¬ le nada ante el arranque noble y generoso
del verdadero educador.
Lo que interesa es el signo espiritual, el punctum saliens de un carácter, el primer movimiento de una orientación. Moralmente,

Menorca

El Corresponsal.

Al objeto de poder competir en la econo¬ mía de precios de calzado, que las grandes fábricas extranjeras de esta industria arro¬
jan continuamente sobre todos los mercados, con las que no puede nivelarse la mano de obra que elabora el calzado en nuestros ta¬

estado en peligro inminente; sólo la Providencia divina pudo sacarle
en bien del crítico trance, en que
se ha visto, y esta reflexión pro¬ duce en la opinión sensata un es¬ calofrío y el terror propio del náu¬
frago cuando le disputa el oleaje una de las tablas á que logró asir¬

montaña, armonizada coa el tinti¬ neo de las esquilas del ganado y el monorrimo cantar de los grillos,
evocando dulces recuerdos de la ni¬
ñez; y ahora precisamente es cuan¬
do más admiro al Sr. Maura y
cuando entiendo se pone más de manifiesto el envidiable temple de

ese maestro es una gran figura. Imaginad lo que puede hacer en su escuela un hombre
de esta naturaleza si le dan medios para
elevar su cultura y desarrollar sus grandes aptitudes pedagógicas. Suponedle libre de las garras del cacique y aletando por un inspector que ame de veras su oficio. Supo¬ nedle recompensado por el Estado con una distinción honrosa. ¡Ah! ¡Cuantas veces se
habrá concedido la cruz de Alfonso XII á

lleres, se instaló recientemente en Ciudadela una gran fábrica de dicha industria, que ocupa un considerable número de brazos, sin causar perjuicios á los centros manufac-
tores. Esa fábrica elabora el calzado con ma¬
quinaria, que funciona á impulso de una fuerza motriz de 24 caballos, siendo muy no¬ tables la perfección y consistencia del calza¬ do, que, desde la plantilla hasta el remate de la obra, confecciona la potente acción de

se; pues ¿qué no cabe temer en su alma; pues ante el descrito cua¬ méritos de inferior calidad! Aquí, la Cáma¬ automatismo apropiado. Cuatrocientos pares

esos tiempos de desquiciamiento so¬ cial y de horrores anárquicos en todos los órdenes, si desaparecen las volunt ides enérgicas, los patri¬ cios abnegados, los verdaderos hom¬
bres de Estado?

dro de placidez y beatitud ha de
ser sin duda mucho más costoso el
sacrificio hecho en aras del patrio¬
tismo de volver de nuevo á la lu¬
cha, á la vida pública fecunda en
sinsabores.

ra de Comercio le ha felicitado cariñosamen¬
te y ha transmitido de oficio al Ayunta¬ miento y al gobernador la complacencia con que ha visto un acto tan hermoso de altruis¬ mo y de abnegación, y la Prensa lo ha hecho constar con verdadero regocijo.
Yo quiero que El Mundo lleve á los hoga¬

de calzado puede confeccionar diariamente
esa fábrica.
En Cindadela, la industria mencionada ocupa la mayor parte de los obreros, y sus fabricantes V operarios se han distinguido, de muchos años acá, por sus preciosas y bien acabadas manufacturas. En Mahón y en Ala-

Deplorables y funestos son el contrasentido y la anomaiia de las
leyes que castigan, y con razón, al

José M.a Tous y Maroto. Palma 29 Julio 1910.

res de la corte y á las manos del ilustre pe¬ riodista que hoy está al frente del ministerio de Instrucción pública este gran ejemplo de vocación pedagógica, este noble impulso de

yor se halla también muy extendida esta industria; pero en Ciudadela constituye el nervio principal y la gran arteria.
Mahón cuenta con otros elementos de vida,

criminal que oculta en su domici¬
lio materiales ó instrumentos para
construir bombas, y en cambio de¬
jan que impunemente se preparen

%%%%%%%
Un

maestro heroico

un gran carácter, que, nacido en el pecho de un hombre humilde, de un pobre maestro desconocido y mal pagado, le envuelve, para nosotros, en la espléndida aureola de lo que es abnegación y sacrificio.

y sostiene otras industrias, como la fabrica¬ ción de algunos tejidos, y modernamente objetos navales, con su fábrica de fundición. Alavor participa más de la vida rural, como los demás pueblos, siendo muy viticultores

los atentados y se incite al asesi¬ nato á la luz del día, en pleno mi¬
tin, más todavia, en pleno Parla¬ mento. Sensible y muy sensible es

El jueves de la pasada semana el maestro de María don Tomás Balaguer bajó con 72 alumnos á Palma para visitar la Exposición.
El catedrático del Instituto de Palma don
Baltasar Champsaur ha dedicado á este he¬

B. Champsatr.

sus aparceros. La industria del calzado en Ciudadela
mantiene todas las demás, salvo la agrícola, que no prospera, y la de ladrillos, que está
en decadencia. Recientemente se ha intro¬

el que se tolere que sean explota¬ cho un articulo bajo este titulo en el diario

das las masas inconscientes y que
se encienda y atice el fuego de su odio, apelando á la vil calumnia.
Los que odian á Maura, los que ven en él á un tirano, á un déspota,

madrileño El Mundo, del cual gustosos re¬ producimos los siguientes párrafos:
Es un pobre maestro de un pueblo de Ma¬ llorca. Tiene allí su colmena de pequeñuelos, un centenar de cabecitas todo ojos y todo charla rumorosa. Se llama Tornas Balaguer.

sólo le conocen á través de las enor¬ Es lo único que conozco de el. De ese enjam¬

midades contra él propaladas por sus enemigos, y esos tales ni le co¬

bre de educadores disperso por nuestros lla¬ nos y nuestras montañas, ¿quién conoce el nombre siquiera? Sesenta ó setenta años

nocen, ni tienen derecho á juzgarle, bastan para que no quede uno. Se desvane¬

como no puede apreciar los rasgos de una fisonomía el que sólo pudo contemplarlos á través de un espe¬
jo grotesco que los deforma.

cen entre las sombras. Horas de angustia, de miseria y de olvido fueron la trama de su vi¬ da. El cacique los despreció, el partido polí¬ tico sancionó el desprecio y la sociedad se
encogió de hombros. Pasaron, pero su alma

Los obreros que odian á Maura queda y perdura en el alma de los niños, en

no saben que él ha dado leyes fa¬ donde ellos vertieron el germen de la idea,

vorables dárselas

para ellos como no sabrían
sus más decantados reden¬

I j

la primera orientación de la conducta. Y tras aquel enjambre llega otro enjambre y
se entabla de nuevo la eterna lucha que

tores; los que pregonan la tiranía tantas juventudes gasta y tantos entusias¬

de Maura ignoran que nunca como durante su gobierno se gozó de
plena libertad para exponer toda suerte de ideas, hasta aquellas que

mos aniquila. En Palma se ha levantado un pequeño pa¬
lacio para su Exposición regional, frente á su más preciada joya arquitectónica, la Lon¬ ja de Sagrera, á la orilla del mar, sobre un

al traducirse en hechos siembran el fondo de mástiles y de chimeneas. Entre los

luto y la desolación. Maura representa el orden, el
dique á la corriente devastadora

dos edificios y obra de muy pocos días, se ha construido un delicioso paseo sembrado de focos eléctricos que bañan en vivísima clari¬ dad la agitada muchedumbre. Toda la rica

que avanza, y he aquí explicado variedad de productos de Baleares, en pin¬

el secreto del odio á muerte que torescas instalaciones, se abre en el interior contra él sienten ciertos elementos. del pequeño palacio como abanico de nácar
y raso pintado por Watteau. Una pasarela

Crónica Balear

ducido una nueva industria, que se ha ex¬
tendido en toda esta isla: la construcción de

monederos de plata. Ocupa esa nueva indus¬

San Juan

tria á muchos brazos, particularmente del sexo débil, ganando .muy buenos jornales.

El día 25 del actual, tuvo lugar en esta vi¬ lla una manifestación de cultura, organiza¬ da con el fin de arraigar y fomentar entre el pueblo la afición á la enseñanza, y prepa¬ rarle y animarle á la vez para secundar los grandes planes que patrocina aquel Ayun¬ tamiento, á saber: la creación de una Escue¬ la graduada y la construcción de un soberbio edificio para una Escuela Modelo.
Al acto, que resultó un verdadero mitin,

Esos monederos de plata, de caprichosas y artísticas formas, se extraen para Alemania, Francia é Inglaterra, habiendo ocasiones de no poder dar abasto á los pedidos.
Es motivo d e rebosante satisfacción para
los amantes del país, donde abrieron por vez primera sus ojos á la luz, verle despertar y sacudir su apatía y aplicar fuerzas y aptitu¬ des, entusiasmos y energías á ese pedazo de tierra que nos sustenta.

asistió un enorme gentío, que empezó á con¬

gregarse en los alrededores de la Casa Con¬ sistorial, mucho antes de la hora señalada
para el comienzo del mismo. Los niños y niñas de las escuelas públicas

|

Uno de los modernos inventos, que ha te¬ nido grande aceptación y utilidad práctica en Menorca, es el sistema de locomoción por
automóviles. Si bien carece la isla de li¬

y privadas de la población presenciaron también el simpático acontecimiento.
Este dió principio á las seis de la tarde. Usaron de la palabra, el alcalde D. Juan
Gayá, el joven poeta D. José Rosselló; el se¬ ñor párroco D. Juau Niell y el Vice-Presidente de la Diputación Provincial D. Mi¬

|

neas férreas, porque las dimensiones de la isla son asaz cortas (mide 46 kilómetros de
longitud y unos 14 de anchura media), la población escasa y el comercio interior casi nulo; en cambio, como todos los pueblos de Menorca están enlazados por excelentes ca¬

guel Rosselló Alemany; quienes, en sus res¬ pectivos discursos ensalzaron la importancia y trascendencia del acto, haciendo ver la ca¬ pital necesidad de la cultura popular y ezcitando al pueblo á que secunde con entusias¬ mo las iniciativas de la Corporación munici¬ pal. Dedicaron calurosas frases de alabanza al carácter laborioso y progresista de los moradores de San Juan, á cuyas dotes se

rreteras, cual no las hay en otros pueblos más florecientes, esto permite que puedan substituirse las ventajas de la comunicación ferroviaria por la automovilista. De ese be¬ neficio de rápida comunicación se utiliza pa¬ ra el servicio de correo interior, disponiendo la Compañía encargada de ese importante servicio de cuatro magníficos automóviles destinados á este objeto. Con una marcha

debe su floreciente estado.

prudencial, se recorre hoy en dos horas el

* **

de silueta delicada une los dos edificios. Cir¬
culan por ella los vestidos claros y los gran¬

Todos los oradores fueron aplaudidos; y
como final del acontecimiento fueron obse¬

trayecto de 44 kilómetros, que media entre Mahón y Ciudadela, cuando antes, con el co¬

La recepción tributada aquí al ilustre jefe del partido conservador resultó emocionante, entusiasta.
No he de extenderme, ahora, en
pormenores y detalles referentes al acto, pero sí he de consignar que al aparecer sobre la cubierta del Miramar el Sr. Maura, tendido sobre

des sombreros de esbeltas mujeres, envuel¬ tas en ondas de luz. El aire tiene un ligero pico salobre, venido del fondo de la gran ba¬
hía, en cuyas aguas, por las tardes, se tien¬ den las velas de innumerables barquillas. Ningún cielo tan azul ni tan puro como este. De vez en cuando, el olor de los pinos de Bellver llegan en ráfagas hasta el gentío, que lo respira con deleite. Una voz dulce pa¬
recía decir: «Venid todos á verme con mi

quiados los alumnos de las escuelas.
Al hacer constar en estas columnas nues¬
tra sincera felicitación á los organizadores de tan simpático acto, no podemos menos de presagiar, como consecuencia del mismo, opimos frutos para la cultura de aquel mori¬ gerado pueblo, cuyo adelanto celebramos.
Fornahitx

che-correo, se empleaban seis pesadísimas horas en el mismo trayecto. La introducción de esa mejora ha sido sumamente ventajosa
para Menorca. Con ella no solamente disfru¬ ta de un beneficio rápido de transporte, si que también de más pronta comunicación postal. . Aparte de esa Compañía de automóviles córreos, Menorca, con sus 39.041 habitantes, posee más de veinte vehículos de ese mismo

un colchón llevado por varios de sus íntimos; al verle sonriente y
sereno saludando con la mano iz¬
quierda, pues la herida recibida en el brazo impedíale hacerlo con

vestido de fiesta.»
Y el maestro del pueblo de María fué tam¬
bién á verla con su hermoso vestido de fiesta.
Pero no fué solo. Se llevó un enjambre de setenta y dos niños, alegres y ligeros, como una gran bandada de mariposas. Tenia su

La fiesta que en honor de San Jaime or¬ ganizaron unos cuantos jóvenes de la locali¬ dad los días 23 y 24 del actual, no hay que negarlo, fué un grandioso fracaso, que per¬
durará imborrable en la memoria de los
fornalugenses por las barbaridades que en

sistema, que son propiedad de particulares, y de corporaciones militares unos pocos

SÓLLER

5

o* m> DEL AGRE DE LA TERRA •m

PROCESSÓ DE POBLE
(De Lluchmayor)
Era á 1’estiu; un decapvespre calorós en que fins y tot el-sol sol s’era fet pesat.
De tant en tant passaven, com g'lopades de negror dins una gola de focli, un remell elevoyes, de cares ruades y boques seiisa dents, amb el cap inclinat cap á la térra rossegant els peus per dins la pols, caminan! a'tropelladament pels seus anys vers 1’ esglesia que les cridara amb repicar maretjador.
Les joves, una mes una manco, eren á fer horeta. Les excepcions seyen á la vora del portal de les cases, dins la faixa d’ ombra qus se retajara rectainent carrer arall, com una trinxa de paper moradenca qu’ hi hagués posat un infant.
Assegudes en cadires baixes conrersaren tranquilament, pererosament, amb la tranquilidat augusta de 1’ ánima qui harent cumplit amb son dever frueix 1’ excelsitut de no sentir desbaratat el bategar del seu cor, amb la peresa dirina d’ esperar qu’ el temps passi perque si, sens casi sentir el rissos que 1’ orat-je deis ensomnis broda á 1’ esperit.
Poch á pocli, la faixa d’ ombra s’ era feta mes ampia. Casi ja arribara á les cases de
1’ enfront. El carrer era mes animat. Passa-
ren ninetes petitetes, petitetes, beu arregladetes, massa arregladetes, amb capells que no los estaren gens bé, de que protestaren
els seus rissos aresats a la llibertat mes ab¬
soluta; altres amb la manteta posada. Nine¬ tes d’ ué que duren tant d’ or com pesaven: els cordoncillos de sa niara y de sa tia y d’ una reinada que no tenia fies. En duren peí eos á manera de tinturó, en duyen peí coll y en duyen per les mans, com á brassaroles. Y totes amb les mans estiradetes, decan¬ tares del seu eos, amb un ciri ben garnit de floretes de cera y un bon mocadoret de punt, passaren per derant nosaltres, y al passar se miraren de dalt á baix, mos miraren de coua d’ ull, y seguien carrer arnunt cap á 1’ esglesia.
Sensa músiques, ni cantichs, ni tambors, s’ acostá el cap de la processó. Les cáses s’ eren ubertes de tot perque fossin omplertes de suaritat y de bendicions. Les aceres eren plenes de gent. No m’ en raig temer fins que fou al nostre derant. La processó passara
silenciosa com una aleñada d’ embatol.
Primer de tot renien una partida d’ hornos, d’ edat casi tots, duguent ben drets com els seus esperits, els penons, casi tots rermells, casi tots color de sanch, cada un d’ una for¬ ma diferent, pero tots alts, ben alts; tan alts que guaitaren per demunt les cases anti¬ gües. Eren les darreries d’ una rassa d’ ho¬ rnos sans de eos y d’ esperit que flori trenta ó quaranta anys enrera..
Després les nines de la costura de les mon¬ jes. Era la festa de Sant Vicens y les monjes de la Caridat, son molt apreciades en el po¬ blé. ¡Son, tan bones y fan tant de bó! Allarores, casi no raig mirar les nines que se¬ guien majestátiques, rigides, una darrera s’ altra, en dues files. Sois mirara les monjes que repartides entre les nines anaren passant com el gloria-patris d’ un rosari. Dones

santes qui porten una aleñada de consol á la cambra del ma-lalt. ¡Den ros beneirá!
Una d1 elles al passar ran de nosaltres me¬ ra mirar detengudament. Sa vista sa posa demunt la mera cara, y jo raig baixá els ulls. Va fer una capada á la jore qu’ estara
al meu costat. Nosaltres ne ferem una altre.
¡Qui sab lo que se pensá de mi! ¡Es tan antipátich un estern!
Tres nines airtísanient vest-ides passaren—
¿Qu’ es aixo? raig dir.— Son les tres Virtuts respongueren—Fé, Esperanza, Caridat: les tres branques d’ un rosér celestial qu’ lia de florir sempre dins los nostres cors.
Passá Sant Vicens; passá el clero, y á da¬ rrera de tot un gran estol de reyes, resat el rosari, com apenados, com entristides. ¡Qui sab si derien recordar temps de mes alegría, temps en qu’ encara no harien florit les flors que ja fá temps s’ han secades! Des-
,pres, res.
Si. Qualca cosa; qualca cosa de bestial, d’ irritant, qu’ es entrat arui dins els pobles de la nostra térra. L’ impietat deis jores y deis hornos, 1’ impietat fins y tot- de les dones qu’ han deixat els seus sentiments y delicadeses á dins 1’ atmósfera malsana del taller, que s’ han despulla! de totes aquelles beneitures y ara s’ en riren, s’ en riren fort per fer empagaliir ais corarts y fer encendre en 1‘ indignació ais esperits qu’ encara creuen.
Una onada d’ amargura inradí lo meu cor. Y jo, qu’ al passar la processó, distret, no haría unit la mera pregaría á la prega¬ ría de tots le raig oferir ben fonda perque mai, rnai, ni els meus ulls ni els ulls deis qu‘ estim mes que jo se saparin del cel ont lluhen consoladores la Fé, 1‘ Esperansa y 1‘
Amor.
Joan Capó.
L’ ESGLAVETA
Premiada en els Jocs Floráis de Palma.
L’ Esglayeta es una rila
de rorera de camí:
plena de sol se perfila
damunt un cel de satí.
La relia fila qui fila
seu derora un rell molí.
Blau d’ esponera s’ enfila el parral esmeragdi.
Un caprespre hi som estat: espigara arreu el blat, sagnara en flor la roella;
renía ’l temps més gentil y es descloria 1’ Abril com un ’inmensa poncella.
Guillermo Colom Ferrá.
0090000000000000000000000000
Vuyts y nóus
No puc arribar á creurer qu’ un solleric (y mes si riu ausent) que se grata sa butxaca per rebrer el Sóller, lleró, quant li arriba, no ’l llegesca Tot, ó casi tot lo manco. Aixó que diuen alguns, per darse tó, de que no-

més s’ enteren d’ es registre civil, y, es din que tenen póques feynes, devegades de sa crónica local... ¿que voleu que vos diga! heu trób una mica massa grós y no ’m pód arri¬ bar á passar p’ es cañó.
¡Vaja un comensament! ¿no ’s ve? Ydó tota aquesta música celestial 1’ he fet just per ¡dir que no creg qu’ á ’n aqüestes hóres n’ hi haja cap d’ ets meus paysans lect-ors d’ es setmanari (per alió de qu’ aquest n’ ha parla! diferents vegades já), qui ignór qu’es nóstro estimat rector ha pujat amb un pie dos escalonS de s’ escala de categories eclesiástiques que oeniénsa á coroneta y acaba... ¡á papa!
Si, dos, perque ha estat nombrat canónge, qu’ es una dignidat bastant mes elevada que sa qu’ abans ocupava dins es clero, y endemés mest-rescóla, qu’ es un’ altra dignidat dins es mateix capit-ol del qu’ ha entrat á formar part.
Lo qual vól dir: que si molts li han donat s’ enhórabóna per aquesta tant señalada dis¬ tintió, n’hi h avien de donar dues en llóe d’ una, qu’ es lo que jó fas ’vuy que, encara qu’ amb un póc de retrás, d’ aquest assumpto m’ he pogut ocupar.
Ydó ja ’u sab, señor Maimó: dues enhóresbónes de part meua, una per cada un d’ ets graus honorifics qu’ acaba de pujar, y crega que ’n teñe d’ ets seus honors—que consider
de lo mes ben merescuts—una vertadera y
molt gran satisfacció, tant, que si no fos perque teñe pór de sortir d’ es botado, amb un nóu salt, feria també sa meua felicitació extensiva á S. L el Bisbe d‘ aquesta diócesis p’ es bón acért que, segons es meu entendrer, ha tengut, en nombrarlo.
Peró, jó som franc; tothóm heu sab. En mitx de s’ alegría que teñe de veurer un amic que molt apreciv elevat, dignificat, p’ ets seus própis mérits, sent, com unes pessigoyetes á ’n es cor, mitx de sossobra, mitx de pena, v aixó fá que sa meua alegría no sia cumplida. Estic per assegurar qu’ á molts, á casi tots ets sollerics, los passa lo mateix qu’ á mí.
Sí, perque ets nóus eárregs obliguen á ’n el señor Maimó á deixarmós, á viurer separat y lluñy de nóltros, y es c-lar que tota so¬ parac.ió es dolorosa p’ ets qui s’ estimen, tant més quant major sia s’ afécte qu’ uneix á ses persones que s’ han de separar. Per altra part, es qui será nombrat en propiedad per sustituirlo, ¿estará adorna! de ses mateixes bónes qualidats qu’ á ell 1’ adornen? ¿sebrá ó voldrá seguir ses seues pet-jades, qu’ á Sóller tothóm ha alabat y admira? ¿tendrá igual gust é igual fortalesa per continuar s’ obra grandiosa que mos deixa aquell sensa aca¬ bar? ¡Qui’u sab!... Esperém que sí; peró, mentres no coneguem es sustituí, quedarn amb sos dubtes, y amb s’ intranquilidat consegüent.
Per de próinpt-a estam dins un’ interinidad que no sebem si será curta ó llarga, y cap de ses interinidats ha estat may... res definitiu, per no dir un’ altra cósa. Fins v tot á moltes beates aquesta fá, pór, perque per ella ja tornen quedar tant endidalades cóm se
trobaven abans d’ esser nombrat el señor
Maimó: haurán de tornar á- dir «el señor ecó¬
nomo» el’ assi endevant, y aquesta es una de tantes paraules dificultoses á quina pronunciació sa llengo de sa gent ranei no se pód

arribar á, girar. Jó ’n coneg qui, desde que repicaren ses cam panes y s’ escampa sa bón a nova, fan próves y exercicis, y res encara han pogut conseguir: devegades sur! cómo¬ do, altres cornado, altres comeré, altres... ¿que sé jó? qualsevól cósa menos lo que deuría liaver d’ esser. Y es que tambó teniin fots una certa tendencia á *dir malament lo que
amb ses mateixes ó amb menos dificultáis
diriem bé si hi posassem esment. ¿No ’u re¬ para!—y ara d’ un llóc vaitx á s’ altra—que son molts ets sollerics qui, malgrat s’ ús que sólen fer de sa lletra u quant parlen, que molts de pies 1’ afiquen allá ahont no hi deuria estar y tot (hómws, estwrnells, tarw.ngers, dwmátigues, etc., etc.), ara, desde que mos foraden sa montaña, per dir «es túnel» mos enflóqjuen «es tonel»? ¿Y de ’hont surt ó amb quin fí s’ ha fet á ’n es mallorquí aquesta innovació? ¡Anauhó á aclarir!...
Peró no-res, deixem anar sa paya y torném á ’n es grá. Importa molt perque sa pena que s’ alegría mos aminva sia menor, qu’ el señor rector qui mos deixa no mos deixi may del tot-; que desde sa seua nova posisió, encara que elevada, no mos pérda mav de vista; que per moltes altres ocupaciones y preocupaciones que tenga, jamay mos olvid: tot lo contrari, que pens sovintét, en nóltros, que mos fassa ses visites espessetes (es ferro¬ carril mos acostará més, ben prest, si Deu heu vól), y qu’ amb sos uys fiexos sempre en sa seua obra no acabada, en sos seus projéctes no encara totalment realisats, fassa desv-ara qualque escolt á s’ oreya d’ es qui sia nombrat per quedar aquí á ’n es seu llóc. Perque importa, 1’ bey demanam de molt bón cór tots ets qui hem estat fins ara feligresos seus; y cóm coneg á fondo sa seua afabilidat y ets seus bóns desitjos, esper, sé cért millo dit, que mos escoltará y mos vol¬ drá complaurer,
Jó Mateix
Crónica Local
Se llevó á feliz término la peregrina¬ ción proyectada al Santuario de Nuestra Señora de Llnch que, como anunciamos oportunamente, tuvo lugar el domingo
último. Con este motivo se congregaron en la llar de Mallorca como la denominó
un poeta, un millar de personas. El pro¬ grama que ya conocen nuestros lectores se cumplió al pié de la letra.
Hubo una nota muy característica y simpática: la bendición del segundo mis¬ terio de Dolor, costeado por las Hijas de
María de esta ciudad. La ceremonia la
verificó el señor Rector, pronunciando en aquel acto un notablesermóu, hacien¬ do ver que aquel monumento que acaba¬
ba de bendecir era un testimonio solem¬
ne de nuestra fe, piedad y amor. Por aclamación filé acogida la idea de
enviar uu telegrama de adhesión á Su

Folletí del SÓLLER -3-
FLOR DE CART
—Amen, Angelina!—contestá el jove timidament, tombantse sobre el coll del ase per davallar y tréure-li aygua.
Ella repará 1’ acció del adolescent: —No devallis, jo t’en treuré—y agafá la cadena del Pou, fent giscar la corrióla y posantse a abocar poalades dins 1’ abeu-
rador.
Duya al cap un mocador de llista formant teuledeta, y una bufanda vella p’ el coll ab los bees deranters doblegáis per amunt y subjectes ab una agulla sobre 1’ encoxinament del pit en suau formació.
En sos brassos tous y núus fins al coizo s’ hi marcava lleugerament 1’ esfors mus¬ cular. A cada brassada, damunt les ondulacions grasses del dórs, hi llenagava la trunyella sedosa y llarga, de refleigs daurats, fascinadora com una serpent.
En Belluguins repetia d’ eyma el siulet
tremolós.
Quant 1’ ase acabá de beure, un’ habili¬ dosa estirada del cabrestre, ofegant 1’ ini¬
ciativa d’ un moviment de reculada per

girar y tornarsen, el retengué en el me-
tex siti.
—Qu’encare bateu?—li preguntá la jove girantse a ell, mostranli sa cara acalora¬ da 3T sana com una poma marinera.
—No; despuysei férem ses acabayes,— y després d’ una pausa:—Y voltros?
El jove devant n’ Angelina se sentia corprés, emocionat, ab extremiments de tamarrell devant la mirada fonda, torba’ dora y misteriosa de la mar bonansa.
—Noltros? — exclamá ella esclafint en
una rialla fresquíssima, com una cascata
de cromatismes sonors.—No sabs que sa
nostra barquera es d' espigolayes? Sí, ell ja ho sabia, peró, qu’ havia de
dir?
L’aset, agreit a la confidencia deis dos adolescents, no movía péu ni cama. Unicament ab lo cap pegava qualque mosquetjada, tot remenant la coa értica y aspre com una manada de carritx. Del morro de bax homit y penjant s’ escorrien baves y gotetes d’ aygua.
Ella torna tréure una poalada y ompli la gerra. L‘ agafá per les anses, la tombá y redressá instantaniament fent caure, singlotant, 1’ aygua sobrera, feu una capsana amb lo devantal, y se posá la gerra sobr’ el cap a la manera arabesca.

Ell 1’ esguardava ab admiració plena de desitjos inconeguts.
—Parla, homo; parex que contemples V amor de les tres taronges!
Sí; ell la contemplava a 1’ amor, no 1’ amor mágica de les tres taronges., sino
1’ amor real de sos somnis d’ adolescent.
—Que vols que’t diga?—y mastegava el capoll d’ un brot d’ alfábaga posat en la
comisura deis llavis.
Ella també en portava un de brot d’ al¬ fábaga a la boca. Dreta, ab un bras pen¬ jant alloure, y 1’ altre formant ansa, ab lo dórs de la ma apoyat sobre la cadera, semblava talment una figura bíblica. Ses galtes acalorades perletjaven de suor; ses pipelles mits-clucades per la fortor de llum, velaven les ninetes verdoses, de vert-marí, fulgurant esguarts d’intensi-
tat torbadora.
—Que vuy que ’m digues? Digués lo que vulgues; m’ agrada sentirte.
Un calfret d’ ánsies dalitoses feu vibrar
tot 1’ esser del adolescent.
—De quant no has vist es Bisco?
Ses-pretensions d’aquest, insistents y descarades els derrers diumenges, torturaven en Belluguins qui abans de llansarse a-les-totes en plena mar jovenívola

sentia necessitat d’esvair tot'ombra de
recel y gelosia. —Es Bisco? «Arrux; passa fora ca pe-
lut!» No m’ en parles que ’m fa óy. Una verdor de calápet entelá el rostre
del aludit amagat dins la pica, y la jove
oblidantse ’n de tot continuá ab indiferén-
cia palpitant d’ ánsies: —Que no tornarás? —Sí; toü-d’-una qu’ hauré dexat s’ ase. —Bé, idó; mos vorém mes tart—y feu
com que partir. —Dus pressa ferm... --Oh, no! No fris cap mica! peró com
pareys un ensensat... Dins 1’ interior del jovenet s’ hi operá
una transformació rápida, inconscient: —No endevines de que passaría gust? —Qui sab! —D’ aydarte a dü sa gerra ansa-per-
ansa.
La timidesa del petit evolucionava cap
a 1’ atraviment.
—Homo; no costa gayre!—y ab un mo¬ viment ayrós, pie de gentilesa se descarregá la gerra presentantli un’ ansa,
Salvador Galmés y Sanxo
(Se continuará)

6

SOLLER

Santidad y dar cuenta detallada al Iius- me hemos podido observar en ciertas de¬ que ocupa la nave central, y, apenas trascu¬ do por el clero y pueblo el canto, en las

trísimo Sr. Obispo de los actos realiza¬ nuncias que llevamos hechas, y por eso rrido un año, le cabía la suerte de ver ben¬ funciones litúrgicas, se hace según la mente

dos.
El telegrama enviado á Roma por el
Rvdo. señor Maimó ha merecido de .par¬

muchas veces quedan en el tintero las quejas fundadas que nos asisten.
Se publican unas Ordenanzas Muni¬

decir el importante órgano, completamente restaurado, enriquecido con multitud de re¬ gistros nuevos y variados que lo hacen uno de los mejores de la isla.

de Pió X.
Si el piílpito le era familiar, no menos se adoptaba á su persona y carácter las catequesis tan recomendadas por el Pontífice

te del Santo Padre la contestación que cipales modelos, y la mayor parte de las

Convencido de que el arte cristiano^ influ¬ reinante. Si. desde la promulgación del de¬

sigue y que copiamos para satisfacción
de.los que tomaron parte en este acto
piadoso. El telegrama va dirigido al se¬

veces quedau incumplidas. Se publican bandos recordando aquellas y dictando medidas de higiene y buen gobierno, pa¬

ye notablemente en la piedad, dada la con¬ dición actual del hombre, que nada penetra en su corazón sin que entre por alguno de los sentidos, tuvo-siempre verdadera pasión

creto de su Santidad ordenando la creación de estas conferencias doctrinales al alcance
de todos los fieles, el Sr. Maimó sin dejar un solo día, ha venido predicando á grandes y

ñor Arcipreste y dice:

ra que el vecindario las tenga en cuenta, por las obras de los verdaderos maestros. Lo pequeños las sublimes enseñanzas conteni¬

«En medio amargaras hora presente
Su Santidad se ha interesado con mucho
consuelo hermosa manifestación de fe

y lo que más queda incumplido es preci¬ samente lo que atañe al Municipio. Véa¬
se sino el estado del lavadero de la calle

prueba los esfuerzos que realizó para la res¬ tauración de las imágenes y sustitución de algunas de mal gusto con otras de verdade¬ ro mérito, amén de las nuevas adquiridas;

das en este precioso librito denominado «Ca¬ tecismo» logrando entretener agradable¬ mente á los niños y hacerse interesante á los
grandes. Xuiíca se le vió cansado en la mi¬

y piedad numerosos peregrinos reunidos del Príncipe, que despide un hedor in¬ como también de algunos cuadros pintados sión de predicador; y era tal el celo que de¬ Santuario Lluch y agradeciendo filial soportable por los residuos de agua y al oleo y que serán mirados siempre con res¬ mostraba en la dirección do las diferentes

homenaje envía á todos Bendición Apos¬ tólica.—Cardenal Merry del Val».
La recaudación voluntaria de las cuo¬
tas de contribución territorial, urbana é industrial correspondiente al tercer tri¬ mestre del actual año de 1910, tendrá lugar1 en esta ciudad, en la casa de cos¬ tumbre de la calle de la Rosa, en los días 3 al 7 del próximo mes de Agosto.
Entre los decretos últimamente firma¬
dos por S. M. el Rey, figura uno rehabi¬ litando el título de Marqués de Casa
Desbrull á favor del Sr. D. José Fran¬
cisco de Villalonga Zaforteza.

materias fecales que quedan en el suelo
y cuya limpieza debiera cuidar el Muni¬ cipio. Véase también como se realiza muchos domingos la limpieza de la pla¬ za, en donde se alza una nube de polvo. Véase como por todas partes los mucha¬
chos campean por sus respetos y arman
continuas algarabías molestando á los vecinos que no pueden permanecer tran¬ quilos en sus propias casas. Véase como
existen montones de tierras en las vías
públicas. Véase como el herrar las bes¬ tias se efectúa en plena calle de la Vic¬ toria, con gran molestia para los vecinos. Véase como á diario pululan por estas

peto aún bajo el punto de vista artístico.

congregaciones parroquiales, que hubo día

Ese amor al arte cristiano fué tal vez lo que predicó cinco sermones.

que ocasionó uno de los más grandiosos pro¬

El amor que sentía hacia la Virgen Purí¬

vectos que ha emprendido el Sr. Maimó. Sa¬ sima era de todos conocido y la confianza

bedor de que existía una figura de mérito de que le inspiraba su valimiento ante el trono

la Bienaventurada Virgen María que yacía de Dios. Xo hace mucho tiempo que puso ba¬

olvidada en el lugar que no le correspondía, jo la inmediata protección de la Virgen Ma-

muy pronto quiso restituirla al culto bajo la .dre á todos los sollerenses y con el permiso

denominación de Santa María la Mayor, y del Sr. Obispo, erigió en la parroquia, canó¬

para fomentar la piedad de los fieles, consa-' nicamente, varias congregaciones mañanas

gróle un ejercicio todos los jueves de cada para los parroquianos en sus diferentes esta¬

semana. El deseo de colocar en punto con¬ dos, edades y sexos. Y, cuando esto no fuese

veniente á tan preciosa joya, tan rica en mé¬ bastante, lo predicaría claramente la pere¬

rito intrínseco é histórico, que está tan in¬ timamente relacionado con la historia patria

grinación á Lluch por él iniciada y dirigida, acudiendo esta vez, como en todas las oca¬

y religiosa de Sóller, la que recibió culto en siones, á su llamamiento, y llevando á los

los dos templos parroquiales como se des¬ pies de la Reina coronada de Mallorca, el

prende de algunos apéndices de la Histor ia de Sóller del Sr. Rullán, que algunos nota¬

próximo pasado domingo, un millar de per¬
sonas.

Bastante animada vióse la fiesta po¬
pular 'que los vecinos del barrio del Con¬ vento celebraron el domingo y lunes' úl¬
timos.
Se sacrificó un buey, que filé reparti¬ do entre los copartícipes, y durante las
veladas de ambos días hubo baile al es¬
tilo del país y música por la banda
«Unión Sollereuse», notándose con tal motivo bastante animación en aquellos
sitios.
En la mañana del miércoles fondeó en

calles mendigos forasteros, á pesar de prohibirlo las Ordenanzas Municipales y
de haberlo recordado frecuentemente no¬ sotros; etc. etc.
¿Tienen ó no remedio todas esas co¬
sas? Nosotros creemos firmemente que sí, que debiera corregirse todo eso, pero fal¬
ta que quien pueda quiera hacerlo. El ve¬ cindario, como censura ahora el abando¬ no, aplaudiría entonces el estricto cum¬ plimiento de las disposiciones dictadas.
La despedida del Sr. Maimó

bles arqueólogos remontan su antigüedad a 1 siglo XIII, y, según cálculos bieii basados fué traída por el Rey D. Jaime I, de buena me¬ moria, y regalada á la parroquia y más que por todo esto, notable por haberla venerado nuestros padres y haber sido testigo del epi¬
sodio más notable de nuestra historia pre¬
senciando la desigual batalla de nuestros máyóres contra los moros y la consiguiente victoria, fué sin duda la causa motiva de la realización del grandioso proyecto del en¬ sanche parroquial y reforma de la fachada para colocarla en un sitio digno de su histo¬ ria y de su mérito artístico. Me afirma en esta creencia el que la imagen de esta figu¬
ra fuese colocada en la clave de la nueva
bóveda y se destinaran á las obras del ensan¬

Tiene además el Sr. Maimó un don que es en él peculiar, y que conocieron enseguida cuantos le trataban de cerca, y es la in¬
tuición con que veía las cosas. Con la ma¬ yor facilidad, debido á su clara inteligen¬ cia, se compenetraba ele los asuntos como leía en el fondo de los corazones y les resol¬ vía sin inmutarse, con la mayor prontitud y seguridad.
La Sacristía parroquial guardará también
escrito el nombre del Sr. Maimó: los diferen¬
tes temos de diversos colores y casullas para el uso diario son en número considera¬ ble; y para que no faltara nada, antes de marcharse, ha echado los cimientos de una biblioteca v museo parroquiales en una de
las salas construidas ad hoc en las recientes

nuestro puerto el vapor «VilladeSóller»

che las limosnas que se recogían en .el cepi¬ obras realizadas.

procedente de Cette y Barcelona, siendo portador de variados efectos y buen nú¬
mero de pasajeros. Dicho buque saldrá nuevamente para
los mismos puertos mañana domingo por
la noche.
La Diputación Provincial de Baleares
ha acordado costear este año dos colo¬
nias escolares, una de niños y otra de niñas; la primera de las cuales quedó instalada ya el jueves en el edificio de Santa Catalina del puerto. La otra se

El próximo lunes, á las once, quedarán di¬ sueltos los vínculos canónicos que un día unieron al Sr. Maimó con la ig'lesia parro¬
quial de Sóller; pero no por esto se romperán ni aflojarán siquiera, los vínculos de la cari¬ dad con que está unido á los sollerenses, por¬ que estos ni pueden romperse ni debilitarse siquiera. La Caridad no muere.
Marchará mañana por la tarde, después de la repartición de premios á la porción es¬ timada de su grey, los pequeñitos, que asi¬ duamente lian asistido á la explicación de la Doctrina Cristiana, y, el día siguiente, se le pondrá en posesión de la nueva Prebenda con que fué agraciado, en la Santa Iglesia

llo, que eran considerables, y habérsele de¬ dicado una de las cepillas adquiridas con las
obras de referencia.
Las dificultades eran insuperables; pero la Divina Providencia que cuida de los sucesos
y de los tiempos suscitó una ocasión para que se realizara tan bello ideal que era ca¬ lificado de hermoso sueño, aún por los más
animosos, que desconocían cuanto puede un
carácter tenaz y emprendedor aí lado de un pueblo que ama lo suyo. Vino el 50.° aniver¬ sario de la proclamación dogmática de la Purísima Concepción de María Inmaculada y deseando el Sr. Maimó cooperar á los de¬ seos del Papa, tan repetidamente manifes¬
tados, de que sería muy. grato á su corazón,

En cuanto estuvo de su parte fomentó aun las empresas materiales que habían de dar vida á la ciudad.
Respeto al celo con que desempeñó la mi¬ sión que se le confiara al desposarse con la Iglesia de Sóller, no me considero con dere¬ cho á juzgarlo. Son cosas del dominio públi¬ co y ellas por 'si mismas dan claro testimo¬ nio. Por otra parte el público ha fallado ya y cuanto dejara escrito, no habría de ser bas¬ tante para hacer cambiar de juicio á nadie.
Braulio.

instalará en el Lazareto.

Catedral Basílica, cesando en aquel instante si para conmemorar dignamente tan fausto

Dirige la colonia de niños el Profesor D. Jaime Fornaris, acompañado de los auxiliares D. .losé Ferrá Vich, D. Bar¬

en el ejercicio de su jurisdicción parroquial. Once años ha regido esta iglesia de Sóller,
y durante este relativamente corto espacio de tiempo, le hemos visto realizar en el tem¬

acontecimiento, se levantaran monumentos imperecederos de amor y piedad á la Reina de los Cielos y tierra, resolvió, con voluntad eficaz, traducir á la práctica la idea que

En la iglesia parroquial. — Mañana do¬ mingo, día 31.—Se celebrará fiesta solemne
con motivo de bendecirse dos preciosos cua¬

tolomé Mir Alemany y D. Melchor Je- plo parroquial obras de verdadera importan¬ tantas noches le había impedido conciliar el dros de bajo relieve, en donde hay las - figu¬

vara Caldentey.
Forman la citada colonia dieciocho
alumnos de Palma, cuya edad oscila en¬
tre los diez y trece años.
El Sr. Fornaris, organizará como en años anteriores, excursiones á los sitios más pintorescos de esta comarca, y visi¬ tará nuestras principales fábricas, á fin de que los niños puedan hacerse cargo de la maquinaria y demás utensilios de
las mismas.
Frecuentemente recibimos quejas de

cia que están patentes á todos. Ellas predi¬ carán á la posteridad de una manera muda, pero elocuente, el amor que tuvo al pueblo que espiritualmente fué confiado á su cuida¬ do; y que, durante su estancia en Sóller, no ha permanecido ocioso.
La fama de que venia precedido despertó,
al conocerse oficialmente el nombramiento
para el Curato de Sóller, natural expecta¬ ción, y al oir .su primer discurso, que, ha¬ blando én términos hoy en uso, podríamos decir exposición de su programa, pero que yo denominaré manifestaciones de su amor, caridad y deberes para con nosotros que cumplir, por el voto unánime de cuantos le oyeron, se le concedió el dictado de predica¬

sueño y dar enseguida comienzo á las obras. El reputado maestro Sr. Rubio, bajo cuya
competente dirección se verificaban las obras de la Catedral Basílica, trazó el plano. El limo. Sr. Obispo, colocó «1 día de San Bartolomé la primera piedra, se abrieron los cimientos que debían contener la monu¬ mental fachada; y si no le ha cabido la glo¬ ria de verla terminada, no ha sido por haber
perdido el tiempo, sino por la magnitud de las mismas, realizando en cuatro años esca¬ sos lo que muchos, por no decir la totalidad, creimos bastaba para ocupar la vida de un hombre. ¿Como ha realizado el milagro? no lo sé, lo confieso ingenuamente.
Se debe igualmente á la iniciativa del se¬

ras de Santa Margarita y de Santa Apolonia. Vírgenes y Mártires.—A las nueve y media, se cantarán las horas menores, y después tendrá lugar dicha bendición. Cantado el Te-Deum, seguirá la Misa mayor con sermón por el Rdo. Sr. Arcipreste, quien dará inme¬ diatamente después la Bendición Apostólica, con indulgencia plenaria, á todos los fieles asistentes, por delegación del Romano Pontí¬ fice Pió X. A la tarde, después de la explica¬ ción del Catecismo, se verificará la distribu ción de premios á los niños y á las niñas por
su asistencia á dicho acto.
En la iglesia del Ex-convent'o.—Lunes,

faltas ó abandonos que se notan en los dor elocuente y sacerdote celoso.

ñor Maimó la restauración de la iglesia del día l.° de Agosto.—Al anochecer, se canta¬

servicios municipales y algunos se ex¬ trañan de que no las acojamos en nues¬ tras columnas, suponiendo que nos ligan cqn nuestros gobernantes municipales
lazos más ó menos interesados. Aute ta¬
les suposiciones protestamos enérgica¬

Uno de los primeros cuidados fué ponerse en contacto con el pueblo á quién amó ense¬ guida de conocerle con la caridad del Evan¬ gelio, é identificarse con el carácter de sus moradores. Parecido á nosotros en el espí¬ ritu patriótico y emprendedor, se convenció bien pronto que con tales hombres se podía ir á cualquier parte.

Hospital cuyas obras realizadas bajo su in¬ mediata dirección, están á la vista de todos.
Cultivó con notable aprovechamiento las ciencias eclesiásticas y lo prueba evidente¬ mente la nota de nomine discrepante (por unanimidad) que consiguió en los ejercicios
habidos en el Seminario Central de Valencia
para obtener el grado de Licenciado en Sa¬

rán solemnes completas, en preparación á la
festividad de Ntra. Bra. de los Ángeles.
Martes, día 2.—A las nueve y media, Ter¬ cia y la Misa mayor, en la que predicará don Antonio Juan Mora Pbro. A la tarde, se can¬
tarán solemnes vísperas.
En el oratorio de las MM. Escolápias.—

mente y dejamos bien sentado que nues¬

Consecuencia de esta compenetración d e grada Teología. Obtuvo también una de las En obsequio del divino Niño Jesús de Praga.

tra independencia no se vende á nadie ni por nada.
Lo que sí sucede que, como conocemos

voluntades, fué, á no dudarlo, el haber em¬ prendido multitud de obras que exigía la importancia del pueblo, algunas de las cua¬ les, aunque las hubiese concebido D. Miguel

mejores calificaciones en el concurso diocesa¬ no abierto para la provisión de curatos sien¬ do designado por el Sr. Obispo para el de es¬
ta ciudad.

—Mañana, domingo, á las siete y cuarto ha¬ brá Comunión general con plática por el re¬ verendo P. Lucas de S. José Carmelita; por

la proverbial desidia de los que mandan, Bennásar, no llegó á realizarlas por haberle Esto no impidió que pudiese dedicar pre¬ la tarde, á la tarde, á las 6, el ejercicio del

muy en contraposición por cierto con las sorprendido la muerte ó tal vez por conside¬ ferente atención á las ciencias liberales prin¬ día 25 con sermón por dicho orador, imposi¬

doctrinas de las personalidades del par¬ rarse impotente ante la magnitud de ellas. cipalmente á la música. A él se debe la res¬ ción de Medallas á los Cofrades del Niño

tido conservador, amantes del cumpli¬ miento de la Ley, no tenemos esperanza en ser escuchados ni atendidos, confor¬

Poyrespeto y consideración á su predecesor, terminó primeramente las que faltaban en la esbelta torre campanario; dotó más tarde á la iglesia parroquial de la artística araña

titución á su primitiva pureza del canto gre¬ goriano y el haberse desterrado para siem¬ pre rutinas que jamás debían haberse tolera¬ do. Gracias á su acción constante y secunda¬

Jesús de Praga, terminando con la adoración de la imagen.

SÓLLER

7

EN EL AYUNTAMIENTO
Sesión del día 22 de Jidio
La presidió el Alcalde señor Mora, y asis¬ tieron á ella los Concejales señores Colom (D. José), Forteza, Frontera, Magraner, Colom (D. Miguel), Enseñat, Castañer Arbona, Morell (D. José) y Alcocer.
Fué leída y aprobada el acta de la sesión
anterior.
Dióse cuenta de una solicitud promovida por D. Juan Ferrer Noguera, en nombre propio y como encargado de sus convecinos, moradores de la importante barriada de «Cas Panarés», en la cual expone que para proveerse del agua necesaria para su ali¬ mentación, tienen necesidad de acudir á la
fuente situada frente al molino llamado de
«Can Riutort», en la calle de la Alquería del Conde, cuya distancia es de consideración, por tener que dar la vuelta por la calle del Lavadero, y termina suplicando al Ayunta¬ miento, en la representación que ostenta, se
sirva colocar una fuente de vecindad en la
referida barriada. Enterada la Corporación, considerando justas y atendibles las razones aducidas y de fácil realización la instalación de la fuente que se pide, acordó acceder á lo solicitado y que la Comisión de aguas señale
el sitio donde ha de ser colocada.
Se autorizó á D. Juan Frontera Sastre pa¬
ra demoler y volver á reconstruir unas co¬ lumnas para sostén de un parral adosado á la casa que posee en la calle de Santa Te¬
resa.
Previa lectura de las respectivas cuentas, se acordó satisfacer», á D. Miguel Oliver 66T2 pesetas, para adornar \_la Casa Consistorial,
con motivo de la visita del Exmo. Sr. Minis¬
tro de Fomento á esta ciudad; á los señores The Remington Typervicter y C.a 40 pesetas, por una mensualidad de la máquina de es¬

cribir; á varios individuos 7’50 pesetas, pol¬ Escolar y buscar los dos alumnos para for¬

la destrucción de animales dañinos; á Jaime mar parte de ella.

Cifre 5070 pesetas por carrizo suministrado

Para comodidad del tránsito público, se

para manutención de los caballos del muni¬ acordó proceder al arreglo del piso de la ca¬

cipio; á D. Guillermo Barceló, 34’50 pesetas lle de Real.

por comisiones á Palma, realizadas por per¬

También se acordó construir varios trozos

sonal del Ayuntamiento para agenciar asun¬ de alcantarilla en la calle de la Luna, para

tos municipales y á D. Pedro A. Coll 59’50 , empalmar con la existente, á fin de dejarla

pesetas por la confección de tres trajes para l completamente terminada.

la guardia municipal.

No habiendo otros asuntos de que tratar

Día 11.—Juana M.a Arbona Deyá, de 67 años, viuda, calle de la Luna.
Día 12.—Margarita Galmés Campomar, de 33 meses, Cuartel de la Guardia Civil.
Día 19.—Jaime Noguera Sefra. de 33 años, viudo, m.a 68.
Día 21.—Maria Enseñat Castañer, de 60
años, casada, Alquería del Conde.

Dióse lectura de una comunicación firma¬ se levantó la sesión.

da por el señor Vice-Presidente de la Exce¬ lentísima Comisión Provincial, solicitando co¬
mo otros años, autorización para instalar
una colonia escolar de niñas en el edificio

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Ste^istro Civil

SÓLLER
SEMANARIO INDEPENDIENTE

«El Lazareto» del puerto. La Corporación enterada, acordó acceder á lo solicitado.
Se enteró la Corporación de una comuni¬
cación de la Dirección General de Correos y
Telégrafos, en la que se manifiesta haberse acordado llevar á cabo desde luego la incau¬ tación por parte del Estado, de la estación telefónica municipal, para convertirla en es¬ tación telegráfica de servicio completo, acep¬ tando los ofrecimientos de este Ayuntamien¬ to acordados en sesión de 25 de Mayo último.
Se dió lectura á una comunicación del se¬
ñor Alcalde del Exmo. Ayuntamiento de Palma, manifestando qué aquella Corporaración, secundando los deseos de la Junta lo¬ cal de Instrucción pública, había acordado

Nacimientos
Varones 4.—Hembras 0.—Total 4.
Matrimonios
Dia 6.—Vicente Sastre Colom, soltero, con Lucía Colom Colom, soltera.
Dia 7.—Pablo Castañer Morell, soltero, con María Mayol Morell, soltera.
Dia 9.—Juan Fornés Ramis, soltero, con Antonia M.a Bennassar Joy, soltera.
Día 19.—Jaime Orell Alcover. soltero, con Jerónima Casasnovas Arbona. soltera.
Día 21.—Joaquín Pastor Arbona. soltero, con Concepción Colom Gomila. soltera.

Precios de Suscripción
En España 0‘50 pesetas al mes.
En Francia y demás naciones de Europa.
© Francos anuales.
En América ÍO pesetas anuales.
PUNTOS DE SUSCRIPCIÓN En Sóller.— En la Administración, calle
de San Bartolomé, 17.

organizar una colonia escolar de niños en el magestuoso Castillo de Bellver. Invita á este Ayuntamiento, lo mismo que á otros de la isla, á designar dos alumnos de las escuelas públicas de esta localidad, para formar par¬ te de la expresada colonia; cuyos nombres le han de ser comunicados, á más tardar, el día 25 del corriente. La Corporación entera¬ da acordó acoger la idea con cariño; trans¬ mitir al Exmo. Ayuntamiento de Palma las gracias más expresivas por la predilección que le ha merecido esta localidad, designán¬ dola para tener representación en la Colonia

Día 21.—Juan Fontanet Frau, soltero, con María Colom Beltrán. soltera.
Día 23.—Gabriel Socias Abraham, soltero, con Catalina Bonet Gamundi, soltera.

En Francia.— Maison Marqués, 62 Rué Vietor-Hugo.—Levallois Perret.
En Puerto-Rico.— Sres. Marqués Herma¬
nos.—Arecibo.

Defunciones

Ejí Palma.—Sres. Fondevila y Alomar,

Dia 5.—Francisca Bernat Llinás, de 3

Brossa, 37; Librería.

años, calle de Isabel 2.a

¡ Se desea vender Dia 8.—Catalina Castañer Castañer, de
76 años, casada, «El Seller».

dos muías,

Dia 9.—Esperanza Bisbal Llaneras, de 70 i una de siete años y la otra de doce. En

años, viuda, calle de S. Juan.

| esta imprenta darán razón.

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