m XIX.—2.a EP0CA.-NUM. 887
m XIX.—2.a EP0CA.-NUM. 887
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SABADO 2 ABRIL DE 1904

SEMANARIO INDEPENDIENTE

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Fundador y Director-Propietario:

.Redactor en Jefe:

Sóller: Administración.

D. JUAN MARQUÉS ARBONA.

D. DAMIAN MAYOL ALCOVER.

Francia: J. Marqués Arbona,—Rué Montmartre, 26, Paria.

REDACCION Y ADMINISTRACION: Calle de San Bartolomé, n.° 17

América: Sres. Marqués, Delgado y C.a—Arecibo—(Puer¬

to-Rico).

~L» Redacción 1—. ,e hm, «.Mari, de lo.

-*§D SÓLLER (Baleares) *—
^ se pubUq».n ,ta ü», mviómmo, l-ldal, a signo determinado. De lo. c,»e <«1 lleven.

PRECIOS DE SUSCRIPCIÓN:

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Sección Literaria

que me llevase consigo mi hijo Ramón, el que tengo en Madrid, y con este moti¬

vo escribióme una carta y me fui con él

la LEY DE LA VIDA

á la Corte.
Mi hijo Ramón ha vivido desde muy

. Regresaba yo de caza una tarde tan

sediento y fatigado, que antes de llegar

al pueblo adonde iba, y distante de él
-como un kilómetro, me detuve ante cier¬

ta humilde casa para que en ella me

dieran de beber y ocasión de reposar.

Llamé á la puerta, que estaba cerrada, y

al momento salió á abrirla y recibirme

ana anciana que, como si me conociera

y adivinase mi necesidad, me dijo al

verme:

—Entre usted, señor; éntre y siéntese

donde guste.

Dijela yo lo que deseaba y satisfizo mi sed con presteza y curiosidad, pero sin

dejar de hablar un momento, en tanto

que yo miraba aquel rostro suyo que
parecía de estrujado pergamino, á fuer
de amarillento y rugoso; su pelo, blanco

y enmarañado, come de lana; y su cuer¬ po, enjuto y derecho y cubierto de lim¬

písimos guiñapos. —Aquí me tiene usted—dijo la vieja—

viviendo completamente sola, contenta

y en espera de la hora de la muerte. Co¬ mo ya soy muy anciana y nada tengo
que hacer en este mundo, aguardo- con tranquilidad el momento de marcharme
al otro, lo cual sospecho que suceda an¬

tes de que termine el año.
Observé tal naturalidad en estas ex¬

presiones. tanto despego hacia la vida é
indiferencia por la muerte, y un sentido
tan frío é imparcial de las cosas del

mundo, que permanecí absorto, mirando

á la vieja, sin saber qué decirla.

—Yo, señor—añadió la anciana,—soy

dueña de esta casa en que vivo, y no

tengo en ella más .parientes que estos árboles del patio, que son mis hijos, por¬

que yo los he plantado. —¿No tiene usted más hijos que é3tos? —Ah, sí, señor; tengo un hijo y dos

hijas, pero lejos de aquí. —¿Por qué no vive usted acompañada

de alguno de ellos?

—Pues

verá usted

Estuve vi¬

viendo algún tiempo con mi hija Basili-

sa, que es la mujer del guarda de una

dehesa que está en aquellos montes que

desde aquí se ven azules. Tienen una humilde casa entre aquellas altas breñas

y peñascales, y más que del jornal mez¬ quino, viven de lo que caza Tomás, que
así se llama el marido de mi hija. Cuan¬

do llegué á su casa, Basilisa me recibió

con alegría, sus hijos con extrañeza y

Tomás con disgusto; pero como ella

pensaba tener en mí quien la ayudara, los niños quien los divirtiese y el amo de la casa quien cuidase de los cerdos,

no me pusieron muy mala catadura en
un comienzo. Sin embargo, cuando vió

mi hija que mis manos temblaban de¬

masiado para coser, los niños que mi

voz era harto desabrida para cantar, y

mi yerno que mis piernas se movían in¬
cierta y perezosamente al andar, comen¬

zaron todos á dolerse del pan que yo co¬

mía y á mirarme con peores ojos que á

una muía coja.

Sucedió al fin que uu día, estando á la

puerta de la casa merendando uno de
mis nietecitos, cruzó por allí el perro

hambriento de un cosario y arrebató á

la criatura el pan que terría entre las

manos. A los gritos del niño acudió el

padre, mientras que yo. alzando mi ca¬

yado y con pasos inciertos y temblones,
intenté alcanzar al perro inútilmente

para castigar su ratería; pero Tomás,
en vez de agradecer mis buenas inten¬

niño separado de mí; aprendió á ayudar á misa, fué monaguillo, le protegió el cura, y ahora es empleado del Banco de España, y habla mucho de Bolsa y de bolsillo, por lo cual yo creo que debe te¬ nerlo muy repleto. Allí me recibieron con mucha alegría, especialmente mis nietecitos, porque los niños de las ciuda¬ des son más cariñosos que los de los pueblos; pero mi nuera, que es una se¬ ñoritingo, muy espetada, al ver que yo decía algunas veces rediez y cuerno y otras palabras que tengo la costumbre de usar, se empeñó en que no había de decirlas porque sus hijos no tuviesen ocasión de aprenderlas, y aun pretendió enseñarme algunos vocablos finústicos y relamidos, á los que nunca pude acos¬ tumbrarme, porque yo soy muy natural y muy llana y me gusta llamar al pan, pan, y al vino, vino como Cristo nos en¬
seña.
Con todo esto, si yo hubiera podido
llevar las cuentas de la casa y ser una
especie de ama de llaves, para descanso de mi nuera, á quien gustaba mucho pingonear por las calles, seguramente no me hubiera ella tomado tanta ojeriza; pero llegó al extremo de no dejarme sa¬
lir de un cuartucho sin ventana que me
habían destinado, porque decía tener asoo y repugnancia de que yo anduviera por la cocina. ¡Ya ve usted, repugnancia de mí, que soy má* limpia que los am¬ pos de la nieve! Sin embargo, todo lo llevé con paciencia por mí hijo y por mis nietos y por no volverme otra vez á mi casa de Villaquieta; pero un día en¬
tré en la sala á referir á mi nuera cierta
diablura de los niños, cuando me la en¬
contré que estaba hablando con dos señoronas muy peripuestas eon sombrero y plumas. Tan pronto como me vió mi nuera, sin dejarme replicar, me dijo con mucha altanería:—Yaya usted á su cuarto y no salga de él, porque ya le tengo dicho que habiendo visita no quiero que venga por aquí. No había hecho yo más que salir de la sala, cuan¬ do oigo que mi nuera dice á las señoronas:— Esta vieja es la madre de la cocí ñera, que á Madrid ha venido á que la vean los médicos y se hospeda, por des¬ gracia, en mi casa.—En seguida me volví furiosa y á gritos repliqué.—Ni soy madre de la cocinera ni tu^a tampo¬ co, ni ganas, sino que soy madre del amo de esta casa, que es mi hijo Ramón; pero ya que te avergüenzas de mí, esta misma tarde me marcho á Villaquieta. á mi casa, donde yo soy el ama y no me gruñe nadie.—Con lo cual ella quedó corrida y yo desahogada, y me vine al pueblo, como le dije; pero antes quise despedirme de otra hija que tengo en un convento d© monjas.
Aquélla salió á recibirme á través de unas celosías; me habló con tono frío y místico; me aconsejó que fuese buena, que me encomendase á Dios; y, al toque de una campana, desapareció á lo lejos^ sin darme siquiera conversación, que es lo menos que se le puede dar á una
madre.
Ya ve usted, pues, cómo no puedo vi¬ vir con mis hijos, y cómo no me queda otra cosa que hacer sino esperar la hora
de la muerte..
—Con efecto, respondí, veo que no tiene usted más hijos que éstos que ha plantado usted en el patio.
—Ni aun esos; porque antes los rega¬

ciones, me dijo con desabrimiento:

ba y cuidaba yo por mi mano y me da¬

—Deje al perro, seña Bernarda, que al ban todos sus frutos como me dan toda

fin y al cabo el animal no ha hecho más que lo que usté hace, que es comerse el pan de mis hijos.
—No me lo dirás dos veces—le res¬

su sombra; pero ahora he de valerme de un vecino, que á cambio de regarlos y podarlos se lleva más de la mitad de lo que producen, puesto que yo no sirvo ni

pondí yo;—y cogiendo el hato, sin des¬ aun para espantar los gorriones, que se
pedirme de mi hija, me vine áVil.laquie- ríe» de mí y en mis barbas se comen la
ta. La pobre Basilisa. que me quiere y fruta madura, dejándonos á media ra es buena, logró coa ruegos y súplicas . ción. No puedo servir á los demás, ni

tengo medios para que los demás me sirvan; por todo lo cual deduzco que, si morir es muy triste, es más triste toda¬ vía vivir demasiado. ¡Esa es la ley de la
vida!
Despedíme de la vieja, agradecí su cortesía y salí de allí pensando que aque¬ lla rústica mujer había coincidido con aquel célebre filósofo de la antigüedad que dijo:
«¡Cuán triste sería la vida si no exis¬
tiera la muerte!»
Rafael Torromb.
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LA MUÑECA
¡Dios mío, estoy asustada! Se pone esta muñequita
cada vez más delgadita... Es claro ¡no come nada!
La he de llevar al Doctor
para que vea qué tiene. ¡Irene, ángel mío, Irene! ¿me quieres mucho, mi amor?
Con sus fieros manotones
se hace; por fuerza, querer; pero da mucho que hacer y bastantes desazones.
Que si llora, que si grita, que si tendrá mucho frío... ¿Te ríes? ¡Yo no me río! ¡Qué preciosa manecita!
He pasado mil desvelos por esta bribona... ¡Mala! Papá siempre la regala confites y caramelos.
¿Que si los come? No tal, en su vida los probó;
he de comérmelos yo
porque á ella le harían mal. Su estómago delicado
no admite dulces tan ricos...
¡Con estos picaros chicos hay que tener un cuidado!
Con sus indisposiciones no se gana para sustos; ésta no da más disgustos, gracias á mis precauciones.
¿Verdad, monona, verdad?
Es un ángel esta chica.,.
¡Si vieran cómo se explica! ¡Tiene una precocidad!
Ella todo lo comprende y todo lo da á entender... ¡Si parece una mujer! ¡A mí, á veces, me sorprende!
Cuando quiere conversar, ¡hace señas tan graciosas!... También pide ciertas cosas qne no me atrevo á nombrar.
En fin, es una monada, ¿verdad, ricura, que sí? Lo que me preocupa á mí es que se ponga delgada.
¡Es tan grande mi temor de que se enferme, Dios mío! Hoy, qne no hace mucho frío,
se la llevaré al Doctor.
¿Que no quieres? ¡Bueno está! ¿Confites? Luego compramos.
Vamos á vestirte, vamos...
¡Qué gusto da ser mamá!
Vicente Nicolau Roig.
A JUANA
El campo es un edén, que tú completas.
La solitaria selva en esta umbría
Parece qne ha formado sus violetas Con todas tus virtudes, Juaua mía.
Eu el cielo la aurora esplendorosa Como tu fresca juventud, fulgui-a: Hay relación secreta y misteriosa Entre un bello lugar y un alma pura.
La esfera azul y el valle floreciente Brindante al par sus alegrías santas: El cielo es aureola de tu frente, El vergel es alfombra de tus plantas.
Cuanto florece en la extensió ntranquila Un rayo busca de tus bellos ojos, Porque brilla sin nubes tu pupila, Porque brilla tu frente sin enojos.

Y es tan dulce el fulgor de tu hermosura, Que al pasar por los bosques escondidos,
Cantando asoman en la sombra obscura Las tiernas cabecitas de los nidos.
T. Llórente.
Apicultura
TRABAJOS EN EL COLMENAR
ABRIL.—Entrados ya en franca pri raavera, los trabajos de este mes tienen bastante importancia y los cuidados han
de ser más asiduos en el colmenar.
En todas las comarcas templadas ésta es la época de la enjambrazón, la cual exige una asidua vigilancia, ya para im¬ pedirla suprimiendo los alvéolos de rei¬ na, ó bien para recoger los enjambres que salgan de las colmenas. También pueden hacerse enjambres artificiales di¬
vidiendo las colonias demasiado fuertes,
teniendo siempre presente el axioma de no dejar enjambres pequeños.
Si á causa de fríos ó mal tiempo las abejas no pueden salir á la pecorea, cúidese de que no les falte miel ó polen en
la colmona, dándoseles en todo caso ar tificialmente, pues de lo contrario po¬ drían perecer.
Procúrese que no falte sitio á las abe¬ jas para trabajar, dándoles los cuadros con cera necesarios ó mejor estirados, si es qua no se han , puesto todos de una vez, porque siendo ya abundante la flo¬ rescencia en muchos puntos, sería lásti ma que las abejas no pudieran aprove¬ charla por incuria del apicultor, y que la reina se viera imposibilitada de desa¬ rrollar toda su puesta por carencia de al¬
véolos libres.
Continúese haciendo los trasiegos de colmenas antiguas á las movilistas, para de este modo obtener ya de los enjam bres resultados prósperos este mismo
año.
Los trabajos de este mes son de los que más importancia tienen para el por¬ venir de los enjambres, y por ello no ha de olvidarse ningún pormenor para faci¬ litarles su desarrollo y no malograrles la cosecha de primavera, base de su existencia durante el verano. Si algún enjambre se halla aún ocioso, habrá que estimularle, bien desoperculándole algún panal de los que haya en la colmena ó ya dándole la alimentación estimulante.
Téngase en cuenta que nos referimos á las comarcas templadas, pues si bien en las regiones cálidas ya han salido los enjarabres nuevos y se ha hecho la reco
lección de la miel del romero, en cambio
en las frías todas estas operaciones irán
retrasadas. M. Pons
Variedades
ULTIMAS PALABRAS DE REYES
©n ©1 leolio d© muerte
Han sido muchos los reyes que en to¬ da su vida jamás hablaron con tanta
sinceridad como en sus últimos momen¬
tos; en todos los países ha habido algún monarca que ha esperado á estos solem¬
nes instantes para reconocer sus errores
ó sus faltas. Felipe III, en su lecho de muerte, volvióse á uno de sus ministros y le dijo: «¡Buena cuenta vamos á dar á Dios de nuestro gobierno!» Las últimas palabras de Carlos IX de Francia, ator¬ mentado por el recuerdo de la Saint Barthelemy, fueron: «¡Cuánta sangre! ¡Cuántos crímenes! He obrado mal; que Dios me perdone!»
La historia de Inglaterra conserva las últimas frases pronunciadas por algunos de sus reyes, que tampoco debían tener la conciencia muy tranquila. La reina Isabel murió exclamando: «¡Todas mis posesiones por un momento do vida!»

«¿Puede esto durar todavía?», preguntó al morir Guillermo III; y Ricardo III gritó en su agonía: «¡Traición, traición!»
Estas palabras contrastan con las del
gran Carlos V, que al morir en Ynste con serenidad y resignación conmovedoras, alargó la mano para coger un crucifijo, y diciendo: «Ya es tiempo, ¡Jesús!» ex¬
haló el último aliento.
Otro rey de España, Fernando el San¬
to, tuvo una muerte igualmente cristia¬ na; considerando que el morir era el acto más glorioso de su vida, sus últi¬
mas palabras fueron para ordenar á los sacerdotes que entonasen un Te Deum, y al comenzar el canto )dejó de existir. También es digna de mención la resig¬ nación de Luis XV de Francia, que al ver á sus cortesanos llorando junto á su lecho de muerte, les ^preguntó: «¿Por qué lloráis? ¿Creíais que yo iba á vivir siempre?» Y luego añadió: «Creía que; el
morir era más difícil».
«Un rey debe morir de pie», dijo al
terminar su vida Luis XVIII de Francia.
Jacobo V de Inglaterra, que cuando es¬ taba agonizando recibió noticias del na¬
cimiento de su hija María, la famosa María Estuardo, dijo ¡proféticamente: «La corona vino por una mujer, y se irá por una mujer».
Muchos soberanos se han preocupado más de los demás que de sí mismos en sus últimos momentos.1 Ejemplo: Ale¬ jandro I de Rusia, que después de excu¬ sarse con su servidumbre por las moles¬ tias que su larga enfermedad la había
ocasionado, dedicó sus últimas frases á
su esposa, diciendo con profunda ternu¬ ra: «Debes estar cansada, Isabel».
Estas palabras recuerdan la frase «¡Po¬ bre Carlota!» que pronunció el empera¬
dor Maximiliano en el momento de ser
fusilado.
Otros monarcas se han sentido incli¬
nados al perdón de las ofensas, y sus frases postreras han respirado la más no¬ ble generosidad. Nuestro gran Carlos III, al preguntarle el patriarca de las Indias si perdonaba á sus enemigos, respondió: «¿Pues había de aguardar á este trance
para perdonarlos? Todos fueron perdo¬
nados en el acto de la ofensa.» No fue¬
ron estas, sin embargo, las últimas pa¬ labras que pronunció, pues aún tuvo tiempo para bendecir ásu familia y para contestar á su confesor, que le aconseja¬ ba pidiese á Dios la salud corporal: «La que deseo y pido es la espiritual, que la del cuerpo y todo lo de este mundo me
importa poco».
Ricardo I de Inglaterra también murió
perdonando, acababa de ser herido por una flecha de Bertrand de Gourdon, y al ver que éste había sido hecho prisionero, le dijo entre el estertor de la agonía: «Joven, yo os perdono»; y volviéndose á sus criados les ordenó: «Quitadle sus ca¬ denas, dadle cien chelines y dejadlo ir
libre».
Luis XVI de Francia, no vivió lo bas¬
tante, para terminar su última frase. «Franceses—gritó desde el cadalso,—
muero inocente de los crímenes que se
me imputan; pedid á Dios que mi san¬
gre no caiga sobre Francia. Si...» Un re¬
doble de tambores le interrumpió, y
aunque se dice que pidió á gritos que se le dejase continuar, fué imposible oirle una palabra más. Antes de un minuto
había dejado de existir. También en el
cadalso, Carlos I de Inglaterra murió sin terminar una frase; se volvió al obispo de Londres, y después de decirle: «Acordáos..,». se detuvo como para pensar si debía continuar ó no, y presentó su ca¬ beza al verdugo.
Las últimas palabras de algunos reyes contemporáneos, también se han hecho
célebres. Alberto, el esposo de la reina Victoria de Inglaterra, dijo: «He tenido riquezas, y dignidades, y poder; pero si no hubiese tenido más que eso, ¡cuán infeliz habría sido!» Y las palabras con que Alfonso XII pasó á mejor vida, fue¬
ron: «¡Qué conflicto, qué conflicto!».

Colaboración
LA FIESTA DEL ARBOL
Establecida ya la costumbre de verifi¬ car paseos escolares con carácter agríco¬
la, en casi todas las escuelas elementales -de la Isla, lo cual nos releva la tarea de 'anunciar que se halla arraigada enlodas das escuelas públicas y privadas de ésta localidad, práctica que honra á -nuestro
.profesorado, cae por su peso el estable¬
cimiento de sociedades escolares protec¬ toras de la humanidad desvalida, de los
¿animales y de los árboles, cabiéndonos
. i a satisfacción de haberla visto estableci¬
da y funcionar en la Escuela dirigida «por el ilustrado y sabio profesor D. An¬ tonio Ferrer Fuñáis, ejemplo que no du¬
damos imitarán en breve los demás pro¬
fesores, pues nos consta que muchos de ellos no solo están dispuestos á piantaer'dos, si que también sientan los prelimi-nu res para llevar á cabo tan notable progreso pedagógico.
'Hace ya muchos años que, preocupa¬ dos por una materia tan importante, en 4a educación del niño, para arraigar en
xsu corazón los nobles sentimientos de la
caridad y de la honradez, publicamos un ‘ libro titulado Ensayos de Agricultura y íJPrehistoria, que para el efecto que per¬ diguen nuestros profesores, podrá serles ■de alguna utilidad para la reglamenta-
-ción é instrucción de sus alumnos en
dicho ramo; y por si puede servirles en .algo, tenemos el gusto de ofrecer un ejemplar del referido libro á cada uno -de nuestros profesores, libro que espera~mos se dignarán aceptar como pequeño obsequio del autor, sin más molestia que la de mandar por él, caso de no serles posible recibirlo personalmente por nues¬
tra mano.
Pasando al tema que encabeza el pre¬ sente escrito, diremos: Que al niño no le bastan las impresiones que recibe du¬
dante su asistencia á la escuela aunque
Jas lecciones dadas por el Profesor revis¬ tan el carácter intuitivo, para cimentar ■ sus conocimientos de modo que, al lle¬ gar á la edad adulta, le sirvan de base la carrera, arte ú oficio que emprenda; necesita impresiones sensacionales apro¬ piadas á su edad, que formen un com¬ pendio de toda su instrucción y se materializen en alg*un objeto que en parte le pertenezca y haya de verlo con frecuen¬ cia. Para ello se instituyó La fiesta del Arbol, cuyo origen se pierde en la oscu¬ ridad de los tiempos y viene celebrándo¬
se en todas las naciones civilizadas.
No la describimos porque idea bastan¬ te clara podrán formarse nuestros lecto¬
res con la lectura del Real Decreto que
ponemos á continuación, dado por nues¬ tro joven Rey, estableciéndola oficial¬ mente en toda España; nos limitaremos
Á recomendar su lectura á los señores
que forman la Junta Local de Instruc¬ ción Pública para que exciten al Ayun¬ tamiento á que ponga el mandato en ejecución, con la seguridad que sus administrados han de recibir con aplau¬ so una innovación que marca un verda¬ dero progreso social y crea un estimulo ' que aguijonea á la infancia en el deseo de portarse bien y obrar en todo con juicio, rectitud y honradez en público y en familia, borrando de éste modo la
natural tendencia á la destrucción de
cuanto pudo formar, por breves instan¬ tes, el mayor de sus placeres, aprendien¬ do á respetar la propiedad agena en to¬ dos los conceptos que abarca la expre¬
sión.
José RullAn Pbro.
* **
.La parte dispositiva del Real Decreto :del ministerio de Agricultura y Obras públicas que ha firmado S. M. el II del
corriente mes dice así:
«Artículo l.° La Fiesta del Arbol ha¬
brá de tener por objeto, además de los fines educadores que persigue, la siem¬ bra ó plantación de árboles en un trozo de monte público ó en lugar adecuado
de sus cercanías, la formación de alame¬ das ó las plantaciones lineales á lo largo
de los caminos y de los cursos de agua, Eegún lo aconsejen las condiciones de cada término municipal.
Artículo 2.° Las autoridades, corpo¬
raciones y particulares que deseen orga¬ nizar y propagar la Fiesta del Arbol podrán constituir á este fin Juntas loca¬ les que se entiendan oficialmente, para el mejor logro de sus propósitos, con los ingenieros jefes de los distritos foresta¬ les, procurando que formen parte de ellas, en cada población, el alcalde, el médico que lleve en ella más tiempo de residencia, el cura párroco y el maestro de Escuela de mayor categoría y el pri¬ mer contribuyente.

Artículo 3.° Los ingenieros jefes de los distritos forestales facilitarán, por cuantos medios estén á su alcance, la misión de las Juntas locales, y designa¬ rán, de acuerdo con ellas, lo sitios en cada término más indicados para cele¬ brar la Fiesta del Arbol y las especies arbóreas que convenga fomentar. La dirección superior de este servicio estará á cargo de la Inspección de Repoblacio¬ nes forestales é icticolas, de la que de¬ penderán los distritos forestales para to¬
do cuanto con él se relacione.
Artículo 4.° Los ingenieros jefes cui¬
darán de establecer viveros en los mon¬
tes públicos ó, en su defecto, en sitios adecuados para suministrar plantones á las Juntas locales y Asociaciones de los Amigos de la Fiesta del Arbol que lo so¬ liciten con destino á la misma, sin per¬ juicio de dedicar también á este fin de los viveros existentes, siempre que las
atenciones del servicio lo consientan.
Igualmente procurarán recolectar semi¬ lla y proporcionarla á dichas Juntas y Asociaciones con igual objeto, al que podrá ser destinada además la de las sequerias ya establecidas, cuando su abun¬ dancia lo permita.
La concesión de semillas y plantones será siempre gratuita, y su transporte de
cuenta de los solicitantes.
Cuando los ingenieros jefes no pue¬ dan satisfacer los pedidos de esta clase que reciban, indicarán á los interesados el mejor medio de obtenerlos del co¬
mercio.
Artículo 5.° Por cada quinientos piés de especies arbóreas que hsyan prospe¬ rado de los sembrados ó plantados en la
Fiesta del Arbol, tendrán derecho las ci¬
tadas Juntas y Asociaciones al premio de 50 pesetas si hubiesen obtenido gra¬ tuitamente las semillas y plantones, y 75 si los hubiesen adquirido del comer¬
cio. Estas cantidades deberán invertirse
en el pago de los gastos ocasionados por la Fiesta del Arbol y en premiar á los niños que más se hayan distinguido por
su amor al arbolado.
Artículo 6.6 Los ingenieros jefes de los distritos forestales elevarán, antes del dia 31 de Marzo de cada año, una ligera Memoria, en la que darán cuenta de los trabajos realizados en el anterior, relati¬ vos á la Fiesta del Arbol, y precisarán los nombres de los que más hubiesen contribuido á propagarla. La Inspección de Repoblaciones forestales é icticolas
resumirá estas Memorias en una gene¬
ral, que presentará á la Dirección de Agricultura, Industria y Comercio antes
del día 30 de Junio.
Artículo 7.° El ministro de Agricul¬ tura. Industria, Comercio y Obras públi¬
cas comunicará al de la Gobernación el
nombre de los alcaldes y médicos que más se hayan distinguido por su celo á favor de la Fiesta del Arbol, y por igual razón, al de Gracia y Justicia y Obispa¬ dos respectivos, el de los curas párrocos, y al de Instrucción pública el de los maestros de Escuela, á fin de que se ha¬ ga constar este servicio como mérito en su carrera. Igualmente propondrá para recompensas honoríficas á las Asociacio¬ nes de los Amigos de la Fiesta del Arbol y á los particulares que hubiesen sobre¬ salido por su eficaz protección á dicha
fiesta.
Artículo 8.° El ministro de Agricul¬ tura, Industria, Comercio y Obras públi¬
cas dictará las instrucciones necesarias
para el cumplimiento de este Real De¬
creto.
Artículo Transitorio. Este Real Decreto
se pondrá en vigor en cuanto se publi¬ que en.la 6-aceta de Madrid, excepto en la parte que exija aumento de gastos, en la que quedará en suspenso hasta tanto que se consigne en los Presupuestos ge¬
nerales del Estado crédito para aten¬
derlo».
LA SEMANA
BJJeovioión. d© Cristo
A la mañana del viernes, salía inmen¬ sa muchedumbre por la puerta de los huertos de la célebre ciudad de Jerusalén, en seguimiento de un hombre que llevaba á cuestas una gran cruz de madera, y
tan debilitado iba á causa de los azotes
que le habían propinado, que los sayones vieron la imposibilidad de que aquel hombre pudiese continuar su carrera. Acertó á pasar un labrador llamado Si¬ món, que venía de sus haciendas, y fué obligado por los soldados, á llevar la cruz de aquelhombre extenuado.
Prosiguió su camino el lúgubre corte¬ jo, Jesús iba delante, seguíanlo Simón con la cruz, los ministros de justicia y una gran muchedumbre que se agolpaba
detrás.

Entre los concurrentes y curiosos ha¬ bía unas mujeres de Jerusalén, las cuales á pesar de estar prohibido á los hebreos derramar lágrimas de compasión por los ajusticiados, ál ver á Jesús en aquel es¬ tado tan mísero y abatido, no pudieron menos de condolerse de él, deshaciéndose en llanto, y despidiendo amargos sollozos y dolorosos alaridos.
Entretanto la comitiva proseguía el camino. Al llegar al pié de una pequeña altura ó collado llamado vulgarmente Gólgota, el centurión dio la señal de pa¬ rarse, y á su voz hicieron todos alto.
Mientras que la muchedumbre tomaba posiciones para presenciar el espectáculo que iba á ejecutarse, fué ofrecido á Je¬ sús un brebaje de mirra amarga y vino. Jesús la probó, pero no habiéndole gus¬ tado no quiso beberlo.
La oleada de la gente se había ido apiñando mas apretadamente en torno de Jesús y de sus compañeros; un silencio sepulcral se derramaba en el concurso; los ojos y la atención de todos se fijaban en el reo; y los soldados, atentos á su faena, iban haciendo los preparativos ne¬ cesarios á la ejecución del suplicio. Hi¬ cieron un hoyo, fijaron en él la cruz; despojaron á Jesús de sus vestiduras, con agudísimo dolor, pues estaban pegadas á la carne cuajada de llagas, y tuvieron que arrancarlas con violencia. Así desnudo,
fué forzado á subir al madero de la cruz;
alargó los brazos, tendiéndolos á uno y otro lado del palo transversal. Los sayo¬
nes con fuertes martillazos hacían tras¬
pasar un clavo en la palma de ambas manos de Jesús, rompiendo nervios y venas y manando la sangre en abundan¬
cia. Rebatieron tan fuertemente los cla¬
vos que quedaron tan asidos que pudie¬ ron sostener todo el cuerpo de Jesús. Después, igualmente le taladraron los pies.
Una vez, suspendido en el aire Jesús, quitáronse las escaleras, recogiéronse las sogas, los martillos y demás instrumen¬ tos. Mientras tanto las llagas de Cristo, bañadas del ambiente abrasador, se inñamaron rápidamente. Dilatadas las he¬ ridas, resentidos é irritados los nervios, y todo el cuerpo horrorosamente agitado y convulso, iba creciendo por instantes la viveza y la terribilidad del tormento. De esta manera estaba Cristo, desan¬ grándose gota á gota, y debilitándose por momento, oprimido y acongojado el cora¬ zón, desflaquecida la cabeza, abrasados sus ojos con las lágrimas, y el cuerpo desgarrado y calenturiento y plagado de llagas, de heridas y dolores. Y mientras que así penaba en el patíbulo de la cruz, y á su pié veía á su madre desolada en llanto, decía, dirigiendo la vista al cielo: «Dios mío, Dios mío ¿porqué me has de¬ samparado?»
Y expiró. Y Cristo, el Redentor de los ciervos, el libertador de los esclavos y el amigo de los pobres, fué azotado, vilipendiado, crucificado, martirizado y muerto porque
predicaba: «Bienaventurados los pobres de espíritu; bienaventurados los mansos;
bienaventurados los que han hambre y sed de justicia; bienaventurados los mi¬ sericordiosos; bienaventurados los de limpio corazón; bienaventurados los pa¬ cíficos. No matarás; no adulteraras. Amad á vuestros enemigos. No queráis atesorar para vosotros tesoros en la tie¬ rra; no podéis servir á Dios y á las ri¬ quezas; guardaos de toda avaricia; mas fácil cosa es pasar un camello por el ojo de una aguja que entrar un rico en el rei¬ no de los cielos. Lo que queréis que los hombres hagan con vosotros, hacedlo
también vosotros con ellos».
«Dios mió, Dios mío ¿porque me has desamparado?» dijo Cristo al experimen¬ tar la negra ingratitud de los hombres; y después añadió el célebre «no saben lo que hacen».
Meditemos. *
SOBRE LA ESTAKCIA BE Mr. LEON R0LLA1
3EDTST SÓLLiBR
A su debido tiempo publicó el Sóller la noticia de la llegada á este pueblo del distinguido naturalista francés, que vino con el objeto de dedicarse al estudio de los hongos de esta región. La circunstan¬
cia de haber entrado en relaciones con
dicho señor desde su llegada á este pue¬ blo, me ha permitido ver algo de sus tra¬

bajos, que al principio solo me inspiraron curiosidad, pero mas tarde ya me intere¬
saron penetrado de su verdadera impor¬
tancia. Mis conocimientos en la materia, no me permiten apreciar en todo su va¬ lor el alcance de esta clase de investiga¬
ciones y mucho menos dar cuenta exacta
de ellas al público, Pero así y todo las
considero de tanto interés y tienen por otra parte tan grande importancia para los agricultores de Sóller, que no vacilo en decir cuatro palabras sobre ellas, si¬ quiera sea esto á título de simple curioso ó aficionado. Hay que advertir ante to¬ do, que los estudios de botánica y espe¬ cialmente el estudio de las criptógamas, .no son estudios puramente especulativos sin ningún fin práctico; sino que por el contrario, está demostrado hoy en día que entre otros fenómenos, muchas enferme¬
dades tanto del reino animal como del
vegetal se deben á plantas parásitas. Las enfermedades del naranjo llamadas mal de goma, podredumbre de las raíces, la ne¬ grilla ó mascara etc. tienen este origen. Mas dejemos estar estas consideraciones y hablemos del Sr. Rolland.
Es este señor de edad ya madura y de trato sumamente simpático y afable; y como hombre científico, es el tipo del hombre laborioso y dedicado por comple¬ to á la ciencia. Bien lo han podido notar los que le han visto por nuestros campos
con sus arreos de naturalista en busca
de ejemplares que estudiar, pasando ho¬ ras enteras á veces, ante un ejemplar de difícil diagnóstico; ó metido en su gabi¬
nete de estudio, delante de su microscó-
pio y rodeado de hojas, troncos, raíces, y demás materiales de estudio, ó bien con el lápiz en la mano trazando de mano maestra el dibujo de un ejemplar intere¬ sante. Porque hay que advertir que el
Sr. Rolland además de conocer á fondo
la especialidad que cultiva, es un buen dibujante, lo que le permite, además de coleccionar los ejemplares que recoje, sa¬ car de ellos dibujos en colores, no sola¬ mente de la parte visible de la planta, sino también de sus órganos microscópi¬ cos, lo que da una idea exacta, acabada, del individuo, y puede servir en todo tiempo de medio de-comprobación en ca¬ so de duda. Con lo dicho se comprende que no es el Sr. Rolland un naturalista mas ó menos erudito, sino que además, es un verdadero trabajador en el campo de la ciencia, un hombre en una palabra que bien sea confirmando hechos ante¬ riores ó bien descubriendo especies nue¬
vas, hace ciencia personal, si puede uno
expresarse así. Y ahora me preguntarán los lectores.
¿Qué investigaciones importantes en ge¬ neral ha realizado el Sr. Rolland? ¿Ha tenido la fortuna de descubrir alguna especie nueva? Ya he dicho al principio, que hablaba como un simple curioso y por lo tanto, ni puedo apreciar en todo
su valor el resultado de estos estudios,
ni aunque algo apreciara de ellos, tengo autoridad para hacer su exposición y crítica. Algo hay sin embargo que inte¬ resa á los sollerenses y de que hablaré. Pero antes quiero decir que durante el tiempo que el Sr. Rolland ha estado en Sóller ha recogido unas 250 especies de hongos y que á su regreso á París, repa¬ sará las observaciones que aquí ha he¬
cho, concluirá los estudios que aquí no ha podido terminar y hará la clasifica¬ ción completa de todos sus trabajos, y á fines de año probablemente, publicará dichos trabajos que aparecerán en el Boletín de la Sociedad micológica de Francia. Entonces los inteligentes po
drán hallar allí el material científico
acumulado durante el tiempo que ha permanecido en Sóller y juzgar de su im¬ portancia, y ¡ojalá! entonces alguien con mas autoridad que la mía, se decida á escribir algo sobre el particular.
He dicho que entre los trabajos del Sr. Rolland, los había que interesaban á nuestros agricultores y, efectivamente, dicho señor ha descubierto en algunos naranjos enfermos, un hongo, el Armi¬ liaria mellea, que es causa de uua de su enfermedad y sobre el que voy á dar al¬
gunos detalles. Este hongo es común en varios países
y ataca diferentes clases de árboles, co¬ mo el pino, la morera, el manzano, etc. en los cuales produce la podredumbre de sus raíces. Su presencia sobre el naranjo
no ha sido descrita hasta el presente.
Esta clase de hongos nacen cerca de los árboles, generalmente amontonados for¬

mando cepellón y son de color amari¬ llento, pero lo que tienen de particular y es lo que causa daño al árbol, son unas prolongaciones radiculares llamadas Rhi-

zomorfas, que penetran en las raíces vi¬

vas del árbol, se ramifican por entre su

corteza y producen su destrucción.

23156..°°Losnaranjosencuyasraícesseen¬
contró este hongo, estaban situados,
| unos en Can Cuera, detrás del Convento, 1 y otros en un huerto cercano al eemen-
I terio. Todos los individuos eran de pió
J franco y eran jóvenes, pues no habían
adquirido su completo desarrollo. Exte- |
riormente presentaban ios caracteres ge¬
nerales de un naranjo enfermo; decai¬
miento de la vegetación y hojas escasas
y amarillas, pero ningún otro signo re¬
velador. Este se encontró en las raíces

que una vez descubiertas se presentaron

con su corteza reblandecida, podrida á trechos y con el cuerpo del delito entre sus fibras, esto es, unos cordoncitos á
manera de raicillas de color negro-oscuro
que se extendían á lo largo de las raíces
del árbol se llamificaban formando aibo*

niaciones y eran sin duda alguna la cau¬ sa que había producido su descomposi¬
ción.

Esta enfermedad diagnosticada por el

señor Rolland, ha sido confirmada por el

Dr. Delacroix, Director del laboratorio í

de Patología vegetal de París y el trata- i

| miento recomendado por dichos señores,
es el siguiente:

¡ Arrancar los árboles muertos y

recoger escrupulosamente todas las raíces

que deberán ser quemadas en el mismo

...

m

sitio.

Recolección y destrucción de los i hongos en otoño y lo más pronto posible de su aparición, antes de la madurez de

sus esporos. No es conveniente sembrar un
nuevo árbol en el mismo sitio donde hu¬ bo otro atacado.

4» Al presentarse un naranjo ataca¬
do sería conveniente rodearlo de una zan¬

ja bastante profunda á fin de evitar la

propagación del mal.
Sería conveniente ensayar si el ingerto sobre pié agrio daría resultado
contra esta afección como contra el fusa-
rium limoni.

Como la humedad favorece eu
alto grado el desarrollo de este y otros parásitos, es conveniente procurar la de¬ secación de los terrenos muy húmedos y evitar los riegos muy repetidos en ve¬

rano.

Hasta aquí lo que se refiere ai Armi-
liaría mellea. Ahora se me ocurre hacer

resaltar, sobre todo para los que tengan que plantar huerto nuevo, la importancia cada vez más demostrada, que tiene la elección de pié agrio y el evitar por me dio de zanjas llenas de cascajo ó por otros medios, la excesiva humedad de

nuestros terrenos, como medios ambos de defensa contra varias enfermedades

temibles.

Y ahora que nuestros agricultores ten¬ drán conocimiento de este nuevo peligro

para sus huertos, procuren conocer el mal y atacarlo cuanto antes, porque an¬ tes de su desarrollo es cuando es posible

á poca costa esterminar el mal y evitar

su propagación. Sirva de ejemplo lo acon¬
tecido con la plaga del Aspidiotus. Si
cuando comenzó, hubieran estado los agri¬ cultores en general más ilustrados sobre

su causa y sus efectos y hubieran escu¬ chado la voz de los pocos que predicaban se emprendiere una enérgica campaña

para estinguir el mal en su origen, otra hubiera sido probablemente la suerte de
los huertos en general y se hubiera evi¬
tado el gasto de muchos miles de pesetas que hoy se emplean en bombas y petró¬ leo para combatir los efectos de esta plaga.
Réstame enviar desde estas columnas

la expresión de mi gratitud al Sr. Ro¬ lland por las molestias que se ha tomado
estudiando esta nueva afección de nues¬

tros naranjos y el desinterés con. que me ha facilitado los datos que acabo de ex¬

poner.

M.

Crónica Local
En la Sociedad recreativa «La Unión»
punto á donde converge todo lo que de
bueno y notable se encierra dentro y fuera de la población, hemos tenido oca-

SOLLER

Q

sión de admirar un hermoso retrato al
óleo que por su exactitud, figura y gran parecido, revela desde luego la experta mano del famoso pintor que, por fortuna nuestra, tuvo á bien ver la primera luz en este fértil y florido valle. El retrato
es del sabio cuanto virtuoso sacerdote D. José Rullán, hecho, por encargo de D. Juan Puig, por nuestro paisano y amigo O. Pizá. El Sr. Puig antes de abandonar la vara de Alcalde que, muy á gusto de sus administrados, empuñó
durante el bienio finido en Diciembre
último, se cuidó de crear una galería de varones ilustres y colocar en primer tér¬ mino al que fué preclaro hijo del valle D. Bernardo Nadal, Obispo de Mallorca;
en segundo al hijo adoptivo D. Antonio Maura, en la actualidad Presidente del Consejo de Ministros, y á propuesta del mismo Sr. Puig, en la sesión celebrada
el sábado último se acordó el nombra¬ miento del tercer varón ilustre del pue¬
blo, que por unanimidad recayó en la persona del notabilísimo historiador de Sóller, D. José Rullán y Mir, Pbro. No contento el Sr. Puig con que la obra ini¬ ciada bajo sus auspicios sufriera inter¬
mitencias ni menoscabos, ha hecho algo más, encargó el retrato del susodicho Sr. Rullán al pintor Pizá, pagólo de sil bolsillo propio, y últimamente lo ha re¬
galado al Municipio para que pueda figu¬ rar dignamente al lado del de los señores Obispo Nadal, y Maura, que pronto el
de este último, estará también termina¬ do. Nuestra enhorabuena, Sr. Puig, que hacemos estensiva á sus dignos compa¬ ñeros de consistorio, que aprobaron la
proposicióu por este señor presentada.
El lunes 4 del actual de 8 y media á 9 de la noche, la Comisión encargada
admitirá en la sala del «Círculo Solle-
reuse» las palomas que se presenten á fin de verificar en la mañana siguiente, desde Palma, la primera suelta prepara¬ toria para el Concurso que más tarde debe celebrarse entre Ibiza y Sóller.
Las funciones religiosas del domiugo de Ramos y Semana Santa se han cele¬
brado este año con la acostumbrada so¬
lemnidad y con arreglo á lo anunciado
en la sección de cultos de nuestro ante¬
rior número. Todos los actos estuvieron concurridí¬
simos, prueba de la religiosidad del pue¬
blo sollerense.
Con un cargamento de carbón mineral para la fábrica «El G-as» entró en este puerto, el martes, el vapor noruego Ur¬ da, que procedía de Newcastle. Ayer, viernes, efectuadas ya las operaciones de descarga, abandonó estas aguas, saliendo
con dirección á Valencia.
La función dada en el teatro de la
Defensora Sollerense, el domingo último por la noche, vióse bastante concurrida, habiendo merecido muchos aplausos la
labor de os artistas.
A cambio de los días desapacibles, llu¬ viosos y nevosos de la anterior semana, los de la presente han sido primaverales; ha lucido el sol con todo su esplendor y la temperatura se ha mantenido benigna.

Los campos presentan un hermoso as¬ pecto.
Ayer salió para Madrid, donde han fijado su residencia, la señora madre, hermanas y hermano de nuestro particu¬ lar amigo D. Antonio de la Rosa, Admi¬ nistrador de Aduanas del puerto de Só¬ ller. Deseárnosles feliz viaje y que guar¬ den grato recuerdo de su estancia en
este valle.
En nuestro último número, dábamos la noticia llegada á nuestros oidos, de que á las procesiones de Semana Santa, y con el fin de darlas mayor lucidez, asistirían las dos Bandas de música, existentes en la localidad. La noticia, forzozo nos es el tener que rectificarla; no ha resultado exacta, pues una sola fué la que acompañó al Cristo crucifica¬ do, durante el paso por las calles. El motivo de que no asistiera la otra nos lo hemos procurado, y según se dice, fué porque el Ayuntamiento acordó re¬
partir, por partes iguales, la cantidad, con tal objeto presupuestada, entre la una y la otra Banda. Esto, según el cris¬ tal con que se mira, es perfectamente legal, para unos, y no del todo ajustado á la razón, según otros. Nosotros en la presente cuestión, entre Tirios y Troyanos, opinamos de distinta manera. En primer lugar, hubiéramos empezado por acatar el mandato del Sr. Alcalde; en vez de quedarnos en casa, y más tratán¬ dose de funciones religiosas, á donde nunca debieran llegar las pasiones y ren¬ cillas, hubiéramos asistido á la procesión en el lugar que por antigüedad, cuando no por otras razones, nos correspondía, y terminada la función entonces y sólo enton ces nos habríamos apresurado á exponer nuestras quejas, en respetuosa instancia, al Sr. Presidente del-Municipio, con el fin de que se dignara abonar la diferencia entre la exigua cantidad cobrada en el presente año y la que, desde tiempo in¬ memorial, se había pagado. Et voilá tout.
Insignificante ha sido el número de reses lanares presentadas estos días en el mercado de la plaza de Estiradors. Los carneros se cotizaron al precio de
35 céntimos la tercia.
Ayer mañana fondeó en nuestro puer¬ to el vapor Villa de Sóller que proceden¬ te de Cette y Barcelona fue portador de algún pasaje y variada carga. Este bu¬ que zarpará para los mismos puntos de itinerario mañana domingo por la noche.
Esta mañana, á las once, las cam¬ panas, que habían permanecido calladas durante estos días, fueron echadas al
vuelo tocando á Gloria. Los Judas tiro¬ teados han sido pocos.
Recibimos días pasados de un amigo nuestro las siguientes líneas, que trans¬ cribimos, al propio tiempo que enviamos á la familia de la finada Sra. Bujosa nuestro mas sentido pésame.
A los 83 años de edad, víctima de una corta dolencia, ha fallecido en Valence
(Francia), el día 15 del corriente mes de
Marzo, nuestra compatriota la virtuosa Señora D.a Margarita Bujosa y Tecglos,
Viuda de Palou.

El sepelio verificado el día siguiente ha servido para demostrar una vez más la unión de los mallorquines residentes en Francia y las muchas y merecidas simpatías que han sabido granjearse en Valence D. Juan y D.» Margarita Palou de Arbona, hijos de la finada.
Presidían el duelo el Sr. Palou y el Sr. Arbona con sus hijas é hijos, acom¬ pañados de los Sres. D. José L. de Ontiveros, Vice-consul de España, Bauzá, Martí, Montaner y Castañer que residen en Valence, seguidos de toda la colonia en masa, de los que recordamos entre otros muchos á los Sres. Bernad, Planas, Vivas, Cuart, Miró, Seguí etc. No solo figuraban en el numerosísimo cortejo todos los españoles residentes en Valence, sino que también de diferentes puntos
de Francia han acudido muchos mallor¬
quines para rendir este último tributo á la más anciana de las compatriotas que habitaba en esta región. Entre ellos re1 cordamos á les Sres. Gabriel Reynés, de Crest; Pablo Reynés, de Montelinar; Pons y Frontera, de Avignon; Amengual, de Tournon; Bujosa y otrros varios de St Vallier; Castañer y Miró, de Vienne; Bauzá, Martí y Vicens y otros cuyos nombres no recordamos, de Lyon; Miguel y José Bernad, Pedro Antonio Bernad, Pascual y otros varios de Grenoble; An¬ tonio Castañer y Jaime Castañer de Voiron; Bermengo, Casasnovas, Palmer y toda la colonia de Romans.
Entre las numerosas y artísticas coro¬ nas que adornaban el coche fúnebre se destacaban las de los hijos y familia de la finada y una magnífica de los miem¬ bros ya nombrados de la colonia que re¬
side en esta ciudad.
Desde la casa mortuoria se dirigió la comitiva á la Catedral, suntuosamente tapizada de terciopelo negro con galones de plata, en el centro de la cual se levan¬ taba un soberbio catafalco, y desde allí al Cementerio, en donde le fué dada cristiana sepultura al cuerpo de la señora Bujosa en el artístico mausoleo que po¬ see la colonia mallorquína en esta ciu¬
dad.
—1—»■■ ■ ■'
AYUNTAMIENTO
Sesión del día 26 Marzo de 19 Oá
Presidióla el Alcalde Sr. Joy y asistie¬ ron á ella, convocados por segunda vez, los Concejales señores Mora, Castañer, Joy (Jaime J.). Colora. Puig- y Estades.
Fué leída y aprobada el acta de la se¬
sión anterior.
Dióse cuenta de una comunicación del
Sr. Gobernador Civil de esta provincia relativa á un recurso interpuesto contra un acuerdo de este Ayuntamiento ne¬ gándose á cubrir el trozo de acequia de la fuente de «S’Olla» comprendido entre
la fábrica de acerrar de D. Pedro A. Ma-
yol y molino; en la cual dispone, de acuerdo con lo informado por la Comi¬ sión provincial y Arquitecto de la pro¬ vincia, que las obras necesarias para cubrir el tramo de acequia de que se tra¬
ta en la forma ordenada, sean costeadas
por los causantes del ensuciamiento de las aguas que conduce dicha acequia; ó sea por una parte el Ayuntamiento co¬ mo representante del municipio y por otra por todos aquellos particulares que, estando situadas sus fincas aguas arri-

ba, del extremo inferior de la porción de acequia que se manda cubrir las aprove¬ chan directamente como desagüe sucio; viniendo obligado el Sindicato de Rie-. gos á permitir la ejecución de las obras de referencia. Enterada la Corporación acordó quedará sobre la mesa.
Dióse á D. Jaime Pizá Mayol y á don Cristóbal Castañer el permiso que para verificar obras particulares tenían solici¬
tado.
Se autorizó el traspaso de la sepultura número 427 á favor de D. Pedro Marqués
Borrás.
Se enteró la Corporación de una co ¬
municación del Naviero de la «Marítima
Sollerense» participando que el almacén del puerto número 5 ha quedado deso¬ cupado. . dejándolo á cuenta de este Ayuntamiento.
Se acordó verificar varios pagos. Teniendo en cuenta el mal estado en
que se encuentra, por su deterioración, el decorado del salón Capitular le este Ayuntamiento; la Corporación acordó proceder á su nueva decoración.
El Sr. Puig presentó la proposición siguiente: «Magco. Sr. Al proponer en
el mes de Diciembre último la creación
de una galería de varones ilustres de esta villa (cuya proposición fué aceptada por el Ayuntamiento), se propuso figu¬ rara en ella el retrato del sabio y virtuo¬ so sacerdote D. José Rullán y Mir, el campeón de la cultura y progreso de es¬ te pueblo en sus diferentes aspectos.— Convencido de que las cualidades y mé¬ ritos que adornan y realzan tan benemé¬ rito hijo, le hacen acreedor en grado superlativo á la distinción que se otorga á todos los varones que merecen el bien de la población á la cual dan sus frutos
y dedican sus energías; el que suscribe, queriendo rendir un pequeño tributo de admiración al preclaro talento del señor Rullán, encargó la confección de su re¬ trato al notable pintor D. Cristóbal Pizá, cuyo retrato, concluido ya, tiene el ho¬ nor de regalar al Ayuntamiento, para el fin indicado, esperando de la nunca des¬ mentida y proverbial hidalguía de la Corporación, se servirá admitirlo sin reservas, no viendo en ello, más que una pequeña muestra de la mucha admira¬ ción que merece el señor Rullán.—Sóller 26 de Marzo de 1904.—Juan Puig.» La Corporación en su vista y considerando muy merecedor al Sr. Rullán de la dis¬ tinción propuesta, acordó declararlo hijo ilustre de esta población, aceptando su retrato, regalado por el Sr. Puig, á quien se dieron las más expresivas gracias, por su generoso proceder.
El señor Presidente manifestó que el encargado de D. Joaquín Aguiló, pro¬ pietario de la casa n.° 14 de la plaza de
la Constitución, le había visitado en
nombre de dicho señor para exponerle poco más ó menos lo siguiente: Que el señor Aguiló había sabido que el Ayun¬
tamiento ó el Alcalde habían hecho exa-
miuar por persona facultativa las obras que está verificando en su casa n.° 14 de la plaza de la Constitución, cuyo exámen considera significa desconfianza sobre la solidez que puedan ofrecer; Que
también había sabido circulaban rumo¬
res sobre la legalidad de las mismas, constándole positivamente que todas las verificadas en su casa, están no obstan¬
te, ajustadas á la ley: Que por más que conste á dicho señor que el dictámen emitido lia sido muy favorable hasta el punto de haber sido conceptuadas, por el facultativo, de una solidez absoluta;

no quiere que el Ay untamiento ni Sóller pueüu abrigar ninguna duna ni tenga
la más mínima íuquieiuu acerca ue
ellas, por lo cual olreee ul Ayuntamiento su derribo y solicita la alineación que le corresponde con arreglo ai piano de la carretera ó de la plaza: Y que no tan solo ofrece el derribo de las obras y edificar á la linea que le corresponda, siiio que, si para conveniencia del municipio y para ornamentar la plaza de la Constitu¬ ción, fuese necesario otro sacrificio, re¬ tirándose más de la Jinea que marca el plano, está dispuesto, desde luego, á hacerlo en obsequio á esta población.
Enterado el Ayuntamiento de las an¬ teriores manifestaciones y estimando en lo que vale tan desinteresado despren¬ dimiento que honra y enaltece muy mu¬ cho al Sr. Aguiló, á la par que obliga á la Corporación municipal y al pueblo de Sóller á la gratitud más profunda hacia dicho señor por su rasgo de generosidad á que no estamos acostumbrados; acor¬ dó aceptar sus ofrecimientos, tribután¬ dole el más entusiasta voto de g'racias por su alteza de miras y noble proceder.
íso habiendo otros asuntos de que tra¬ tar se levanto la sesión.
CULTOS SAGRADOS
En la iglesia parroquial.—Mañana domingo, día 3.—A. las cinco y media, se cantarán maitines y laudes, verificán¬ dose después la procesión del Encuentro
de Jesús Resucitado con su Santísima Madre. Terminada la procesión, se dará
principio á la solemne oración de cua¬ renta horak en obsequio del misterio de la Resurrección del Señor y del glorioso
Patriarca S. José, cantándose la misa matutinal. A las nueve y media, se can¬ tarán horas menores y después la misa mayor, en la que pronunciará el panegí¬
rico el Rdo. P. Pedro B. Nadal. Por la
tarde, después de vísperas y completas, tendrá lugar el ejercicio mensual en ho¬ nor del Sagrado Corazón de Jesús; y al anochecer, maitines y laudes solemnes.
Lunes, día 4.—Exposición á las seis con misa matutinal, A las nueve y media horas menores y la misa mayor con ser1 món por el mismo orador. A la tarde, vísperas y completas; y al anochecer, maitines y laudes.
Martes, día 5.—Continuarán las cua¬
renta-horas, siendo la exposición á las seis, y después tendrá lugar la solemne procesión para administrar el Sacramen¬
to de la Eucaristía á todas las personas
que, por falta de salud, no pueden acudir al templo para cumplir con el precepto pascual. A las nueve y media, se canta¬ rán horas y la misa mayor. A la tarde, vísperas y completas; y al anochecer, se cantarán maitines y laudes, verificándose después la reserva, precedida de proce¬ sión y Te-Deum.
Viernes, día 8.—A las seis y media*
se cantará la Misa votiva de la Inmacu¬
lada Concepción de María en el altar de
su capilla, verificándose á continuación el ejercicio mensual en honor del mismo
misterio.
En la iglesia de S. Francisco.—Ma¬ ñana domingo, día 3, siguiendo la eos1 tumbre establecida en esta iglesia, des¬ pués de terminada la función en la
parroquia, será trasladada procesional¬
mente, la veneranda figura de la Virgen*
é inmediatamente empezará la misa
mayor. Por la tarde, reunión general para los terciarios con platica por el
Rdo. P. Pedro B. Nadal Pbro.
Lunes, día 4 por la tarde, solemnes completas. Martes, fiiesta en honor de la figura del Santo Cristo. A. las 9 y media tercia y la misa mayor con música y ser¬ món que predicará el Rdo. P. Pedro B.
Nadal Pbro.

(26) FOLLETÍN
LA VÍRGEN DE LAS LILAS
mire usted, mire usted mis hijos: los tres están como tres rollos de manteca; hasta el chiquito, que ha nacido después que
usted nos abandonó.
—Yo no les abandoné, querida Juana
—repuso Magdalena, enjugándose las lágrimas que habían arrancado de sus ojos ¡os cariñosos extremos de sus anti¬ guas amigas: yo era aquí feliz... sí... aquí es donde más dichosa he sido.
—¿Por qué no se vuelve usted, pues? —¡Porque no puedo ahora! —¿Luego llegará'un día en que po¬
drá?—exclamó Juana, cuyo talento era muy penetrante.
—¡Tal vez!—contestó Magdalena con una sonrisa que tenía mucho de doloro-
sa y triste. —Tanto mejor—dijo Juana, dejando á
su niña más pequeña en los brazos de la señora Ménica y tomando las manos de Magdalena;—tanto mejor, hija raía; está
visto que el aire de los salones hace á
usted daño y la entristece.
—¡Es verdad!—murmuró la joven,

—¿Que es verdad? ¡ya lo creo! no hay más que verla para conocerlo; todos los días lamentamos Francisco y yo el ha¬ ber perdido á usted, y más ahora que, gracias á los consejos de la señora Méni¬ ca, no regañamos ya; usted acabaría de
hacerme á mí buena.
Sonrióse Magdalena ante la enérgica sencillez de la esposa de Francisco, y luego fa abrazó para despedirse de ella.
—¡Adiós!—le dijo:—voy á rezar un poco en mí cuartito y ante el Crucifijo que recibió el último suspiro de mi po¬ bre padre.
Juana rompió á llorar. — Señorita—dijo,—mi querida señori¬ ta, su hermana de usted quizá no la hará dichosa; en ese caso, vuélvase con noso¬ tros que tanto la queremos. —Sí, sí, véngase usted á nuestro lado
—añadió la señora Ménica.
—Aquí la cuidaremos á usted mucho, señorita, la mimaremos y nada le falta¬ rá—dijo á su vez la gruesa Nicolasa, ma¬
dre de Rosa.
—¡Lo sé, lo sé, amigas mías!—repuso Magdalena, arrancándose con pesar de los brazos de Juana; les doy gracias, y no les digo adiós porque pienso volver!
—Hasta la vista, pues, señorita.
—Hasta la vista.

Y Magdalena, haciendo una última señal de despedida á las buenas vecinas, bajó la escalera y se halló de nuevo en
su tiendecita.
—Aquí está la llave, señorita Magda¬ lena-dijo Rosa, que ya había vuelto á sentarse y cosía con afan.
Magdalena tomó la llave y abrió una puertecita situada á las espaldas de Ro¬ sa, hallándose en el pobre cuartito donde se había refugiado después de la muerte de su padre.
El extremado aseo que se advertía en
él, demostraba el cariñoso esmero de la nueva modista. Todo brillaba de lim¬
pieza. Allí estaba la mesa de su padre, sosten
niendo aún algunos pedazos de metal á medio grabar; allí el grande y hermoso Crucifijo sobre la antigua papelera em¬ butida, y teniendo á los pies los ramos de lilas hechos por Magdalena; allí, en
fin, la cestita de su labor, donde aun
había á medio coser algunos gorritos de
tul.
La joven experimentó, al encontrarse allí, un triste pero íntimo placer; pare¬ cióle que aquella atmósfera reanimaba su corazón transido por los pesares y, desde hacía algunas horas agobiado por crueles presentimientos.

Magdalena no podía dudarlo: por la vez primera de su vida era amada con pasión, y el hombre que la amaba era el esposo de su hermana.
Parecíale que allí la amparaba la som¬ bra protectora de su padre, y que dor¬ miría tranquila y sosegada en aquel le¬
cho donde él había dormido su último
sueño.
Arrodillóse delante del Crucifijo y oró durante algún tiempo.
Luego se levantó tranquila y serena, tendió una última mirada por el aposen¬ to, y salió cerrando con dos vueltas de la llave, que entregó á Rosa.
Se dirigió de nuevo hácia el fondo de la humilde tienda, y se detuvo enfrente de la repisa que sostenía el jarrón de lo¬
za lleno de lilas artificiales.
—¡Adiós!—murmuró la doncella, fi¬ jando en las flores una mirada de triste¬ za y de amor;—¡adiós, flores mías! yo volveré á buscaros, sí! ¡yo volveré! ¡en tanto que viví á vuestro lado, fui ino¬ cente y pura! ¡vosotras érais sin duda el amuleto santo que ahuyentaba de mi el soplo del mal! ¡desde queras he perdido, las pasiones más desastrosas m@ han ro¬
deado, y hoy amenazan desencadenarse contra mi existencia!... por eso me des¬ pido de vosotras con lágrimas... mas

también por eso os digo: yo venceré en la árdua lucha que sostengo con mi des¬ graciado destino... ¡yo volveré!
Magdalena pronunció estas palabras con un acento lleno de fe profunda y de convicción; se enjugó los ojos, y dando por última vez la mano á Rosa, salió de
su tienda.
Mas apenas se encontró en la calle, re¬ trocedió asustada; inmóvil en la acera, triste y apoyándose en el puño de oro de su bastón de la India, estaba el Mar¬ qués.
Al verla, se adelantó hácia ella con un movimiento lleno de ansiosa alegría; pero Magdalena hizo un ademan tan
digno y noble, que él se apartó dos
pasos.
Magdalena, sola y con paso mesurado, tomó de nuevo el camino del palacio de su hermana, y el Marqués la siguió co->
rao su sombra.
Cuando llegaron era la una de la
tarde,
XIV
Pablo y Magdalena subieron juntos la escalera, para no dar que sospechar á
los criados.
En su primera antecámara se pararon

m

SÓLLER

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