AÑO I—NUM. 16,
AÑO I—NUM. 16,

24 OÜTVlñlE DE 1885,

PERIÓDICO SEMANAL DE INTERESES MATERIALES
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DESASTRES.

(Continuación.)

Olvidábamos decir que el puente y acueducto de Cari Moyana, tendido sobre

el torrente que nos ocupa, fué arrasado liásta en sus cimientos: que el puente de
madera inmediato á Can Porreé en el de

Biniaraix, sé halla atravesado en una de las fincas dé allí cercanas, y que el huerto Can Garrit, inmediato al puente de Ca ¡as

Animas y propiedad del concejal D. José Morell (a) Bach, fué destruido en gran

parte por el torrente, y en lo que resta depositaron las- aguas arena y piedras en abundancia y una infinidad de árboles, muebles rotos y animales. Allí, engan¬
chado en un melocotonero, se encontró

un jergón, y al pié precisamente del mis¬ mo árbol una cómoda, procedentes am¬
bos muebles de un mismo cuarto de la

derrumbada casa de Cas Fiols.

Yolviendo al punto en cuestión las

aguas desbordadas del torrente por
ambos lados, derribaron las paredes de sostén del puente para formar después dos corrieiites, una á la derecha, que ha
destrozado la carretera en una ostensión

de más de cien metros, al propio tiempo

que asaltaba la propiedad de D. Luis Pons y Gallarza, donde hizo destrozos considerables, arrancando gruesas pare¬
des para seguir sus devastaciones en el Camp d- m Mayo!. Can Font, Cas Ferré y vecinos colindantes. La segunda corrien¬

te siguió su cauce hasta la propiedad de
I). Damian Canals, colindante con la con¬

fluencia, arrasándola por completo y po¬

niendo en peligro la vida de su propie¬

tario,' 5

:7

Como si estos caudales no fuesen sufi¬

cientes! La Fedrola, fuente que solo deja
ver sus caudalosos manantiales en casos

de grandes lluvias, se presentó á contri¬
buir á la catástrofe, é inundando la pro¬

piedad Can Guixa rebosaba sus aguas

por la puerta de entrada incomunicando el paso y corriendo á devastar los pocos terrenos que los torrentes colindantes habían respetado en la propiedad de don
Juan Canals.
Llorando, y destrozado nuestro cora¬ zón por las desgarradoras impresiones que la vista de tanta desolación nos ha causado, hemos recorrido el cauce de cinco torrentes, capaces, cada uno de por sí, de destruir la huerta baja.—La con¬ fluencia de los torrentes secundarios, pa¬ ra colmo de desgracia, se verifica en lí¬ nea vertical ala descrita por el torrente mayor, accidente muy singular en geolo¬ gía, cuyas leyes exigen que se verifique siempre en un mismo sentido. Tan sin¬ gular fenómeno de desagüe, en una concu¬ rrencia de fuerzas tan poderosas, había de producir una conflagración, cuya con¬
secuencia natural fué la destrucción de
las bellas fincas de D. Juán Canals y de
D. Damian Canals Mart convertidas en
cauce, confundidos sus linderos y con¬ vertidas en arenales las pocas hondona¬ das que respetaban las corrientes.
Consecuencia del indicado fenómeno, fué que las aguas se dividiesen en tres dilatados cauces, el uno para romper en Cas Manascal, otro para devastar las fin¬ cas cercanas á Can Jusep d’ es Molí, j Can Tabalet, para seguir su álveo natural, re¬ bozando á cada paso, y convertir la huerta en un tempestuoso mar desbor¬
dado.
Lo descrito hasta aquí no es más que el principio del fin. Ni la pluma, ni el pincel, son capaces de pintar los cuadros de horror que se presentan á la vista.
¿Cómo describir una huerta de más de seis kilómetros en cuadro, convertida en torrentes que arrancan de cuajo hasta los árboles seculares, arrastran los plantíos, abren profundas cimas en medio de cam¬ pos que ostentan ricas hortalizas, para dejarlos convertidos en lagos,’ baten con
titánica fuerza los muros de multitud de
casas en ella esparcidas, cuyos morado¬

res, sorprendidos de improviso, apenas logran: alcanzar las habitaciones altas á donde les sigue en su persecución el de¬ vastador elemento? Fortuna que en Só11er las casas se construyen con una soli¬ dez á toda prueba, de lo contrario, ape¬ sar de los auxilios prestados á sus mora¬ dores, las víctimas se contarían por mi¬
llares.

En la imposibilidad de presentar un
cuadro con el detalle de todos sus térmi¬

nos y distribuir las tintas con el subido color que: reclama la obra, examinemos algunos do los infinitos grupos en el mis¬
mo contenidos.

De las ricas y bien cultivadas propie¬ dades de Cas Manascal, de Can Guida y
colindantes, no queda más que el recurdo de lo que fueron. Ocupadas por el mismo cauce, destruidos sus potentes y sober¬ bios muros: de contensión y de defensa, arrancados los naranjos, difícilmente pue¬ de el espectador abrirse paso por enme¬ dio de vastos arenales, flanqueando ele¬ vados montes de cascajo, para llegar al intrincado laberinto formado por los tro¬ feos de la devastadora corriente, allí
abandonados. Gruesos troncos de olivos

y de algarrobos seculares, de álamos, do

higueras, de moreras y de nogales, enla¬

zados Con infinidad de naranjos y limo¬

neros, forman impenetrables calles, en

cuyas sinuosidades se perciben algunas

trizas de tela y de artesa, únicos restos

de las ropas y del ajuar contenido en las

casas derrumbadas y arrastradas por el

devastador elemento, que se salvaron del.

naufragio.

■ ■■ .•

Siguiendo el nuevo cauce, so hallan la

propiedad Can Fuíy y siguientes hasta

Can Baronet, donde no se ven más que lo¬

dazales, lagos y charcos-de tres y cuatro

metros de profundidad, torrentes y pe¬

dregales, en los puntos que más rica tie¬

rra de laboreo ántes presentaban. En uno

que otro punto se divisan manchas ver-

mejas que advierten al curioso" especta¬

dor que las arenas que pisa cubren dila-

2

SOLLER.

tados pimentales próximos á la sazón para retribuir los desvelos del infatigable hortelano; ni es estraño por mucha que sea su cautela, hundir algún pié en el grueso fruto cucurbitáceo escondido por gruesaB capas de guijo, en lo que fueron
estensos calabazates.
Si bien, en Can Puig, las aguas que no cabían en el campo rebozaban en el to¬ rrente mayor para comunicarle nueva fuerza con que seguir devastando la ori¬ lla opuesta hasta saltar por sobre la ba¬ randilla del Pont de sa Má, quedaba un caudal que, unido á las de la VUlalonga y del Rafal, fué suficiente para destruir á su paso altas cercas de gruesas paredes, de¬ jar una profunda cima en el camino ve¬ cinal de Can Fumat, y convertir en torren¬ tes y pedregales las ricas fincas allí esca¬
lonadas hasta Can Pét-los donde las aguas
formaron otra conflagración que puso en inminente riesgo á aquellos vecinos, si¬ tiados de improviso por tres impetuosas ■corrientes. Aquí es imposible dar idea de
los destrozos causados en la carretera y
á una y otra parte de la misma hasta lle¬ gar á La Mola. Todo queda destruido y
arrasado.
Ras aguas del torrente del Jayot, ha¬ llando su paso atascado, y engrosadas
con los desbordes del torrente mayor que habían destruido la rica finca de Can Pos-
teta, rompen la colosal y potente cerca
del huerto conocido con el indicado nom¬
bre T es Jayot, y lo arrasaron hasta Cas Fedrinet, cuyos moradores fueron soco¬
rridos mediante un bote subido á cuestas
desde el mpelle por la dotación del es¬ campavías, marineros y pescadores del
puerto. i Qué imponente lago formaron las
aguas derramadas en las huertas que acabamos de indicar, con las que llenaban los estensos campos de Sm Salas, Can Ahí, Son'Llampayes, etc.! Dudamos que desde la época cuaternaria, en la cual nuestro valle sufrió inundaciones inconcebibles, las soberbias rocas de Binidbrm y de La Mola que limitan la estensión de la huer¬ ta por una garganta de más de medio kilómetro, hayan servido de muro y de¬ tenido el paso á tan colosal masa de agua, como si quisiesen pedirle cuenta de sus devastaciones y vengar tanta in¬
solencia.
Los que conocen la topografía del arra¬ sado valle, saben que la indicada gargan¬ ta dá origen á la fértil vega del Camp de sa Má, donde se producen las frutas y hor¬
talizas más ricas, sabrosas y tempranas
de la isla; pues, atascada el agua caida en todo el término de Sóller y de Fomalutx, formaba allí una corriente con un caudal, sinó mayor, al ménos parecido al que lle¬ van los ríos de primer orden, en sus grandes avenidas. Aquí las casas quedan completamente aisladas por la corriente, inundadas hasta las habitaciones altas, destituidas de todo auxilio, especialmente la de Son Llampayes que no pudo recibir

socorro hasta el día siguiente, doce horas después de haber cesado la tempestad.
Devastado el Camp de sa Má, sin dejar‘ en algunos puntos, como Can Bernadét, Can Garau, Can Turba, etc., señas, siquie¬ ra, de haber sido cultivadas sus tierras y arbolado con el esmero é inteligencia con que saben hacerlo aquellos moradores,
las aguas caiañ en el mar, tormando im¬ petuosa cascada, en toda la estensión del arenal ó playa entre la torre de Alcaide y el Lazareto, que mide cerca de un kiló¬ metro de largo.
Aunque nuestra descripción se limita á simple bosquejo, dejamos para el cuerpo de ingenieros el detallar los miles de me¬ tros cúbicos de arena, depositada en las inmediaciones del muelle, sin perdonar al nuevo dragado, ni describimos los per¬ juicios causados á los propietarios de Can Repich por el avance del mar que se ha posesionado de un campo en la estensión de muchas hectáreas: en este punto no
sería fácil acertar el detalle.
En todos los desastres queda siempre un ¡al ménos!, y sin embargo, ni este con¬
suelo nos resta en la inmensa desgracia que lloramos. No podemos decir ¡al mé¬
nos nos ha dejado el olivar! porque, si muchos olivos y algarrobos permanecen en su puesto, los más caerán al embate del primer vendabal que se desencadene.
Los que conocen la topografía del valle, saben muy bien que las empinadas y encrespadas laderas de los aéreos mon¬ tes que circuyen nuestro término muni¬ cipal, están ocupadas por el cultivo del olivo amenazado de muerte por la depre¬ sión de los aceites, que no lleva visos de mejorar. Saben que ninguno de los oli¬ vos allí cultivados, deja de estar sosteni¬ do por soberbios muros de sostén que, manteniendo la tierra como en el aire, forman bancales escalonados, cuya con¬ servación merma á sus propietarios en más de una tercera parte de los produc¬ tos. Saben que, en los puntos donde el subsuelo no es de pelada roca, está for¬ mado por capas de guijo de mayor ó menor ¡tamaño, pertenecientes al terreno cuaternario mediano, nada ventajoso á las condiciones físicas y químicas que re¬ clama la agronomía para establecer culti¬ vos de lucrativo rendimiento, motivo por
el cual nuestros olivos son tan perezosos
en producir. Saben que, en esta ladera tan abrupta, son infinitos los pliegues y repliegues que, enlazándose cual sistema nervoso, forman collados, hondonadas y valles de derivación, hasta constituir ver¬ daderas cuencas que reciben el agua de lluvia, escapada de las albercas y banca¬ les que defienden á los olivos. Saben que en tiempos normales las tierras embeben el agua y que los arrastres son poco fre¬ cuentes, aunque no escasean los derrum¬
bamientos.
Pues bien: á los que todo esto saben les diremos: Que durante la tormenta, los
pliegues daban paso en su talvech á cau¬

dalosas fuentes, los collados á riachuelos, las hondonadas á torrentes, los valles á cataratas y las cuencas á verdaderos ma¬ res que, al unirse en el centro de la huer¬ ta, causaron los destrozos que tantas lᬠgrimas han hecho y harán derramor á los propietarios.
Los que hayan saludado la física sa¬ brán que el agua en movimiento obra por su peso y como palanca en razón de su altura y volúmen y que aumenta sus fuer¬ zas de empuje según la mayor abertura del ángulo descrito por el plano inclinado que forma el suelo con una línea hori¬ zontal. Contemplen ahora los arrastres de tierra, quijo y rocas que forzosamente habían de promover tantas aguas encau¬ zadas, y cuantos estragos no habían de ocasionar en albercas y bancales, á me¬ dida que iban reuniendo sus fuerzas. Cuantos olivos y aígarrobos seculares se quedan sin tierra para sostener sus raices y sin humus ni sustancias asimilables pa¬ ra mantener la vegetación. Cuantos de estos corpulentos árboles caerán al menor empuje de los vendábales, tan frecuentes
en Mallorca durante la estación del in¬
vierno y cuyos destrozos tenemos que la¬
mentar todos los años. Si grandes son los males que lamentamos en los cauces y en la huerta, no son menores los que debemos llorar en los olivares, aunque
no presenten sus esqueletos tan descar¬ nados y horrorosos.
En nuestra enojosa escursión por el valle déla desgraciada villa deSóllerí por sus olivares y algarrobales, únicas fuen¬ tes de vida que restaban á estos morado¬ res, sitios que, por su amenidad, constituian ántes nuestros paseos favoritos, he¬ mos descrito á vuela pluma, los desas¬ tres causados por una tormenta de que no hay memoria en la historia de este pueblo. A tener que particularizar todos los males causados por el elementó de¬ vastador, no bastaría un libro de abul¬ tado volúmen, y este semanario es de corta estensión para dar en él largas re¬ laciones; más, por si acaso nuestros la¬ mentos llegasen al pié del Trono donde se sienta el magnánimo Alfonso XII, le ex¬ pondríamos además que no queda un solo aqueducto en pié: Que las acequias ma¬ dres están completamente destrozadas y que las de derivación para el riego de nuestros campos han desaparecido junta¬ mente con las calzadas que salvaban to¬ dos los desniveles. Le expondríamos que las pocas tierras de cultivo y árboles que se han librado de la catástrofe, quedarán sin poder recibir en el próximo verano, él benéfico riego que ántes retribuían con ricas hortalizas y sabrosos frutos: Que
nos hallamos incomunicados con el case¬
río de Biniaraix y con el pueblo de Fornalutx, y que ambos lo están con Palma: Que muchos propietarios no han podido
visitar todavía sus destrozadas haciendas
por ser imposible salvar los precipicios que han labrado las aguas al destruir los

SOLLER.

3

puentes y caminos vecinales: En fin: le diríamos que nos aflige una gran desgra¬
cia: que lloramos sumidos en la más es¬ pantosa miseria: Que solo Dios, su bon¬ dadosa mano, y la caridad nacional, pue¬ den aminorar tantos males, remediar tan¬ tas necesidades, consolar tantas afliccio¬ nes, y que en ellos esperamos.
La Redacción.
HEROICIDADES.
(Continuación.)
En la premura con que hubimos de confec¬ cionar el número anterior, cometimos un sin número de omisiones, falta de que se habrán hecho cargo nuestros abonados; pues, en me¬ dio del trastorno general, las desagradables impresiones que habíamos sufrido, el senti¬ miento de dolor que nos embargaba y la falta de datos organizados que se necesitan para escribir una relación concienzuda, no podía suceder otra cosa. Ahora que se nos ha hecho notar el vacío, tenemos el gusto de consignar que D. José Morell, teniente tercero de Alcal¬ de, desde las primeras horas de [la catástrofe, hasta que hubo desaparecido el peligro, traba¬ jó ai frente de una multitud de buenos patri¬ cios que, derribando puertas y paredes pene¬ traban en las casas inundadas para salvar per¬ sonas en peligro y prestaban cuantos auxilios se les pedían.
Los rasgos de valor y heroísmo practicados en momentos tan solemnes, sólo Dios los sabe. Muchos quedarán ocultos por la modestia de sus autores que, despreciando los vanos elo¬ gios del mundo, sólo quieren recibir el premio en la otra vida que nos ofrece Jesucristo al decir: estaba triste y me consolasteis.
jQué desprendimiento, que abnegación se necesita para aguantar una lluvia torrencial y meterse en las aguas desbordadas, y salvar precipicios abiertos á cada paso, y vencer la impetuosidad de la comente! ¿Quién es capaz de pintar con sus vivos colores los arriesgados y hasta temerarios actos de valor de aquellos intrépidos? Unos atados con una cuerda en la cintura, y, amarrándola de naranjo en naranjo, para que les sirviese de punto de apoyo, pasan al sitio del peligro, y, á su regreso, llevan á cuestas á una anciana mujer. Otro, que lle¬ vando á una niña de corta edad en hombros, ésta le coge por la garganta, le clava los dedos como si fuesen uñas de gavilán y le pone en peligro de ahogarse, más por falta de respira¬ ción que por el agua-que le llegaba al pecho. Otro-que, salvada la distancia, arregla los apa¬ rejos para trasportar al aire por medio de cuerdas, en cuévanos y cestas las personas que no podían salvarse nadando.
Más ¿por qué continuar detalles, se nos dirá, sin nombrar las personas que tanto se distin¬ guieron?—Porque en la imposibilidad de juz¬ garlos en su verdadero valor no es fácil enu¬ merarlos por orden de mérito y en ello podríamps herir susceptibilidades, cuando, por otra

parte, la historia de aquellos lances corre de boca en boca y sabemos que se ha dado á la autoridad superior lista detallada de todos aquellos valientes, acompañada de una memo¬ ria descriptiva de tan angustiosos como arries¬ gados sucesos, cuyo documento publicaremos en su día para satisfacción de los interesados, lo mismo que la citada lista que, para evitar compromisos, reduciremos á órden alfabético. Sin embargo, cometeríamos grande injusticia si dejásemos de estampar en lugar preferente los nombres de los hermanos Guillermo y An¬ tonio Bennaser, sobre todo el primero, apodado Faroles quienes, desde las primeras horas del día hasta que ya nadie peligraba, sin más escitación que la que les hizo la caridad, y su magnánimo corazón, estuvieron salvando vi¬ das, sin pensar en el riesgo que corrían de perder la suya en aquellos actos, á veces teme¬ rarios. ¿Le pintaremos, al Guillermo, estenuado de fuerzas, sin haber probado alimento al¬ guno, en el acto de dejar sus pantalones enre¬ dados entre las ramas y zarzales arrastrados por la corriente, quedándose en simples calsoncillos y hechándose á nado para llegar al punto donde peligraban muchas vidas y lu¬
chando con la corriente hasta salir con su in¬
tento? Para esto se necesita mía pluma de que no disponemos y cuanto dijésemos sería pá¬
lido ante la realidad de los hechos. Sóller de¬
berá eterna gratitud á estos dos héroes de la caridad y á sus dignos compañeros que, si bien menor número de veces, espusieron la vida para librar á sus hermanos de las garras
de la muerte.
¿Y el Clero, donde estaba en tan críticas
circunstancias?—El Clero se hallaba en su
puesto: reunido en el templo desde las prime¬ ras horas de la mañana, iluminadas las imá¬
genes del Corazón de Jesús, de San José y de San Bartolomé, expuesto el Lignum Crucis, rezadas las oraciones prevenidas por la Iglesia en semejantes casos, oraba postrado ante el que domina los elementos, suplicándole apla¬ case sus iras y levantase la vara de su Índigo nación tan justamente descargada sobre noso¬ tros por nuestros pecados. Solo dos sacerdotes no ascritos en la Parroquia, faltaron á algunos actos: éstos eran el Sr. Rullan y el M. I. señor D. José Oliver, canónigo, de los cuales, el pri¬ mero recorría la villa reclamando auxilio y el segundo no se hizo esperar, al saber, por las escitaciones de aquél, que había vidas que pe¬ ligraban; y con recursos y consejos y escitacio¬ nes contribuyó, como el que más, á que no
faltasen medios de salvamento.
La devota figura del Sto. Cristo del Conven¬ to estuvo expuesta todo el día y llena de gente su capilla, prueba de los favores que déla pro¬
tección del Altísimo habían alcanzado sus de¬
votos durante las horas de aflicción.
¿Y la Guardia civil?—La Guardia civil no falta jamás en los puntos de peligro; y nosotros debemos añadir que doce personas deben su vida á los denodados Froilan Calabia Diego, sargento segundo.—Antonia Gracias Pol, guar¬ dia primero.—Jaime Buchens Homs, guardia segundo.—Juan Juliá Berger, id.
¿Y la dotación del escampavías? ¿Y los ma¬ rineros y pescadores residentes en el puerto?

Todos ellos, al ver el peligro, cargaron con dos botes y flanqueando la montaña de la Mola acudieron á salvar á los infelices que, al verles,
les tendían sus manos en demanda de socorro.
Veintisiete personas fueron arrebatadas á las oles por los denodados:
Ramón Rotjer y Juan, con su embarcación
la Veta.
Antonio Moranta y Juan. Antonio Socías y Vicens.
Vicente Tocho.
Juan Vicens y Garau. Guillermo Casasnovas y Vicens. José Vicens y Alcover. Juan Casasnovas y Vicens. Miguel Melis y Balaguer. Guillermo Pons y Vicens.
Baldomero Estarellas.
Gabriel Rotger y Juan. Manuel Perez, cabo de matrícula. ¿Y los propietarios, y los industriales y los comerciantes, y los artesanos?—Todos se por¬ taron como buenos y nadie faltó en el puesto que le correspondía. Sóller puede enorgulle¬ cerse de que el corazón de sus hijos late toda¬ vía impulsado por la inmensa fuerza de la ca¬ ridad que los padres infiltran en la cristiana educación de sus hijos.
(Se concluirá.)

SUSCRICIÓN para socorrer á las familias pobres, víctimas
de la inundación de Sóller y Fornálutx.
Pesetas. Cts.

Suma anterior. . „ . 385 »

I. L.

5 '»

D. Mateo Morante de la Torre .
D. Damian Morell y Muntaner .

5» 15 »

Suma. . . . 410

>

Suscrición abierta en la Rectoría.

Pesetas. ct*.

El M. I. Sr. D. Pedro José Llom-

part, Canónigo.

250 »

El M. I. Sr. D. Tomás Rullan, Ca-

nónigo y Vicario General.

50 »

IX Miguel Bennaser, Ecónomo. , 50 »

> Jaime Sastre, Vicario.

10 »

» Gabriel Oliver, id.

15 »

» Antonio Bauzá, id.

15 »

» Lorenzo Rullan, Pbro.

10 »

» Antonio M. Pons, id.

15 »

» Antonio Canals, id.

10 »

» Antonio Casasnovas, id. Excmo. Sr. D. Pedro Ripoll. D. José M. Quadrado y esposa. D.a Bárbara Morell y Creus

50 » 250 »
50 » 20 »

Suma. . . . 795

»

4

SOLLER.

CORRESPONDENCIA PARTICULAR DEL SOLLER.

mo igualmente todos los caminos vecinales se

Damos las más expresivas gracias á la be¬

hallan deteriorados é intransitables, y es de néfica Junta de Socorros por las frases lison¬

Sr. Director del semanario Sóller

toda urgencia la inmediata recomposición, pues jeras que tributa á nuestra humilde publica¬ de lo contrario, ahora que estamos en la reco¬ ción y por el celo y actividad que viene desple¬

Fornalutx 22 Octubre de 1885.

lección de aceitunas ¿cómo es posible transpor¬ gando desde los primeros momentos en la difí¬

Muy Sr. mió y amigo: Imposible es el in¬ tar sus apreciados frutos los numerosos pro¬ cil y delicada misión de atender á las necesi¬

tentar siquiera describir el desgraciado cuan¬ pietarios d‘ es Marrois, S‘ Oliveret, S‘ Cabana y dades más urgentes.

to lastimoso estado de este pueblo ante la otros puntos, siendo absolutamente imposible

horrorosa catástrofe del día 15 del corriente. A causa de la abundantísima lluvia, del día
antes del siniestro, los dos torrentes principa¬

poder pasar? Dios quiera que el Gobierno
atienda cuanto ántes nuestras fundadas razo¬
nes y alivie algún tanto los indes crriptibles

La expresada Junta quedó constituida del modo siguiente:

les que circuyen casi todo él ‘ término de For¬ males bajo de cuyo peso gime nuestro desven¬

Presidente.

nalutx y dan principio uno en la falda del Puig Mayor y JBon-naba y el otro que se forma de las aguas que recoge de S‘ Oliveret, la Cabana y Es Marrois; salieron de sus cauces en varios puntos, destruyendo y arrastrando á su paso todas las plantaciones, huertos, techumbres en¬

turado pueblo. ■ Soy de Y. afino, amigo y compañero.
El Corresponsal.
——
Hemos recibido una carta de nuestro parti¬

El Sr. Alcalde D. Damian Magraner. Depositario.
El Sr. Ecónomo, D. Miguel Bennassar.
Secretario.
El del Ayuntamiento D. Miguel Lanuza.

teras, frondosos naranjos, limoneros, olivos y cular y apreciable.amigo D. Ricardo Salvá, lá

Vocales.

multitud de ganado de cerda y lanar. Un cuadro de desolación y miseria ofrece
nuestra población, como lo demuestran los prin¬

que á pesar de ofender su modestia publicamos á continuación, sin comentario alguno porque no los necesita. Hombres del temple del señor

D. Juan Can ais, juez municipal. » Juan C.olom, teniente de alcalde. » José Morell, teniente de alcalde.

cipales detalles del siniestro que hemos podido apreciar. Al unirse el inmenso caudal de agua de los dos torrentes cerca de S‘ Eticaría, derri¬
bó en su destructora marcha los muros que
servían de sostén al puente denominado de Can Gelat, no quedando en toda la estensióii de más de una hectárea, terraplenes, cercas, ni paredes contiguas. Lo propio ha sucedido en el Molí demunt, cuya familia y las de. S‘ Hort demunt, Can Gelat, y es Pont, gracias á los heróicos esfuerzos de algunos vecinos que acu¬ dieron inmediatamente á su auxilio, se libra¬ ron de una muerte segura, pues las casas en que moraban ofrecían inminente peligro de ser arrolladas por la terrible corriente.
El torrente de Na Pallicera, ha imitado á sus compañeros, derrumbando algunos banca¬ les y ofreciendo continuo peligro á la casa d‘ es Puado y Can Barqué, de la que arrastró una
porción y dejó la restante deteriorada. Bajando las aguas con ímpetu violento han
destruido y convertido en verdaderos arenales los hermosos huertos de NAubereta, S‘Hort vey, Es Camp, y ensanchándose por momentos sus cauces, arrastraron los muros que sostenían la carretera que nos une con esa de Sóller, inter¬ ceptándola de tal modo que es imposible el tránsito de carruajes y de caballerías. Los des¬

Salvá hacen siempre más llevaderas las cala¬ midades que nos afligen.

Sr. Director del Sóller.

Léjos de Palma he sabido toda la calamidad que hoy aflije al poético caserío de Sóller, al ciuü profeso
entrañable cariño.

Soy pobre y á la verdad en ninguna ocasión de mi vida lo he deplorado tanto. La necesidad impone él deber de que todos busquemos remedio al dolor y á la desgracia.

Diga á la Junta de Socorros que cuente con el líquido haber que como Alférez de Infantería de

reemplazo,, del Estado percibo. La caridad dejará cerner sobre los campos su be¬
néfico rocío, y á su contacto los eriales recobrarán su eterno verdor. Sóller será otra vez feliz, tengan

sus hijos esperanza en esta sublime virtud, que se¬

guro estoy ha de trocar las lágrimas de hoy en son¬

risas de ternura y agradecimiento mañana.

Su amigo,

Ricardo Salvá.

Palma 18 Octubre 1885.

i*

COMUNICACIÓN
1)15 LA
Junta de Socorros para los inundados de Sóller.

» Pablo Mayol, concejal. » Gabriel Oliver, vicario. » Antonio Bauzá, vicario. » Juan B. Enseñat, propietario. » Damian Canals. propietario. » Miguel Arbona, propietario. » Antonio Pons, director de la sucursal clél Cambio Mallorquin. D. Antonio Enseñat, director de la sucursal
del Crédito Balear.
D. Francisco Forteza, del comercio. » D, Guillermo Bernat, del comercio. » Ramón Casasnovas, industrial.
La Junta celebra sesión todos los dias y son
innumerables los infelices á quienes ha soco- • rrido; pero estos socorros solo pueden satisfa¬ cer apremiantes necesidades del momento, pues son escasos los fondos de que se dispone y es inmensa la extensión de la miseria que reclama un pronto ausilio. Los donativos se acuerdan en plena sesión, con toda la prudencia y tino que las circunstancias exigen, cuando se halla bien probada la necesidad del socorro. Vista así en detalle la miseria ocasionada por la inundación, espantan las consecuencias de esta catástrofe, que de cada día va pareciendo, más desastrosa y cada vez entristece más el ánimo.

perfectos causados por el pequeño torrente de Se Corretjera, han quedado reducidos á socavar las paredes de los huertos contiguos, destruir
la carretera hasta el estremo de hacerla in¬
transitable; y arrastrar cual débiles pajas al¬ garrobos, olivos, olmos, etc., yendo á aumentar el torrente'mayor cerca de Can Caxal, destru¬ yendo el muro que servía de sostén á la carre¬ tera y haciéndola desaparecer por completo

El Sr. Director de este periódico recibió el siguiente oficio:
«La Junta de Socorros constituida, para atender a las más apremiantes necesidades de las pobres vícti¬ mas de la inundación de Sóller, tiene la honra de manifestar á V. en nombre de estos desgraciados la expresión de su. profundo agradecimiento por las palabras de generosa simpatía que les ha dirigido el periódico Sóller y por la iniciativa que ha to¬

Es de todo punto indispensable que se resta¬ blezca sin demora la circulación interrumpida entre las diferentes barriadas de este pueblo y sus inmediaciones. Si nuestro Ayuntamiento se halla, en la imposibilidad material de atender á esta necesidad, gestione activamente cerca de quien convenga para que se remedie el mal en los límites de lo que permitan las circunstan¬

hasta la cása de Can Tasco.

mado en la noble empresa de remediar en lo posible cias del momento. Uno de los puntos á que sé

Los desastres y los daños que hemos relata¬ do Sr. Director, lio son suficientes para que se forme una idea‘del aspecto lastimoso que pre¬ senta Fornalutx, limitándonos por hoy á tra¬ tar aquellos más generales.
No concluiré ésta sin hacer ántes mención
de la triste y difícil situación en que se en¬ cuentra nuestra Corporación municipal en

los efectos de tan espantosa catástrofe. En medio de la desgracia que deploramos, nos
cabe la satisfacción de ver el ejemplo dado por el Gobierno, por nuestras autoridades civiles y religio¬ sas, y muchos particulares en el ejercicio de la cari¬ dad; los nobilísimos propósitos que animan á varios representantes del país y el apoyo incondicional de la prensa, dispuesta hoy como siempre, á prestar su
valioso concurso á toda noble empresa.

debiera atender ante todo, es el puente de la
Alquería del Compte, que Une á Sóller con toda su huerta alta y con Fornalutx. Es de urgentí¬ sima necesidad que puedan pasar carruajes por este puente, cuyo destrozo causa los mayores trastornos é incalculables perjuicios á lina ter¬ cera parte de esta población.

frente de las apremiantes necesidades que le

Sóller 21 Octubre de 1885.—El Presidente de la

ha ocasionado la inundación. La carretera, co¬ Junta, Damian Magraner,»

SÓLLER.-Imprenta de Juan Marqués.