Csíudíos Tíulíanos

Csíudíos Tíulíanos
IRevísta cuatrimestral


de investigación Xulíana Y flbedievalístíca
publicada por la


"JlDaíoríccnsís Scbola Tíullístíca"
Tnstífuto internacional del


"Consejo Superior de investigaciones Científicas"


S U M A R I O


E S T U D I O S


R O B E R T D. F . PRING-MILL, El número prímitivo de las dignidades en el lArte
generali pág. 129


R A F A E L BAUZA BAUZA, Doctrinas jurídicas internacionales de Ramón LluU . pág. 157


N O T A S


P. ANTONIO OLIVER, C. R. , El tUibre del Orde de Cavalleria» de Ramón LluU
y el íDe laude novae militiaet de San Bernardo pág. 175


S. GARCÍAS PALOU, fiFué Ramón LluU el primero en usar las expresiones <teolo-
gía positiva! y tteólogo positivoi? pág. 187


FERMÍN DE URMENETA, El Pacifismo luliano pág. 197


T E X T O S


L . P É R E Z MARTÍNEZ, Los fondos manuscritos lulianos de Mallorca . . . pág. 209


B I B L I O G R A F Í A


I. Sección de obras medievalísticas, pág. 227. - II. Sección general de obras científicas, pág. 235 .


C R Ó N I C A


Estado actual de los trabajos de la edición crítica de las OPERA OMNI A LATINA del Beato
Ramón Llull, pág. 242 .


Vol. II, Fase. 2 PALMA DE MALLORCA (España) Año II : 1958




P U B L I C A C I O N E S
de la MAIORICENSIS SCHOLA LULLISTICA


Pesetas


Miscellanea LuUiana, (In memoriam Rev. Dom. Salvatoris Galmés, Vol. I.
2 2 8 págs., 2 4 ' 8 x 18 '2 cms. (Contiene el curriculum vitae del Reverendo
Sr. Galmés, resumen de su labor lulística, oración fúnebre, nronunciada
por el Magister P. Fray Rafael Ginard Bauza y estudios de PLATZECK,
O. F. M., GAIFFIER, S. J . , MENDIA, O. F. M., VAN STEENBERGHEN,
SERRA RÁFOLS, SALVA, T. O. R., PROBST, SCIACCA y SABATER
MUT, S. J . ) 70


Studia Monographica, Volúmenes III, IV, V, VI, VII-VIII, I X - X , X I , XII-XIII ,
XIV Cada volumen: 30


Studia Monographica, Vol. X V , S. GARCÍAS PALOU, Las imágenes creadas de
la Trinidad increada, en los escritos de Ramón Llull (En preparación).


J . H. PROBST, Le Bienhereux Ramón Lull, Chevalier par herédite et par
vocation 15


J. U. mOBST, Le Bienhereux Ramón Lull nefutpas Kabbaliste. . . . 15
BARTOLOMÉ SALVA, T. O. R. , La cronología catalana en la Edad Media y


la fecha del martirio del B. Ramón Llull 15
BARTOLOMÉ SALVA, T. O. R. , Qualiter Fidei articuli sint ratione demons-


trabiles ex Beati Raymundi Lulli senlentia 15
J . H. PROBST, Langage imagé et symboles du B. Ramón Lull . . . . 1 5
J. TAYÍRÉ, El darrerquinqueni de la vida de Ramón Llull (1311-1315) . . 15
A. P H . BRDCK, L'Listitut lulliste de Mayence au XVIII' siecle . . . . 15
T. Ck'RM.^Í\& Y KBTÍPM, La Ética de Ramón Llully elLulUmo . . . 15
S. GARCÍAS PALOU, San Anselmo de Canterbury y el Beato Ramón Llull . 15
M. MASSUTI fOBRAS LULIANAS de): La luz del Doctor, instrumento de


apostolado. — La teoría luliana de las mareas. — Una teoría medieval sobre
la marea. — Ramón Llull y la brújula. — Ramón Llull y la Alquimia. —
Un vol., 144 págs 4 0


J . MOLAS, La poesía de Ramón Llull i l'amor cortes 15
R. SUGRANYES DE FRANCH, Ramón Lull, Docteur des missions . . . 15
A. GOTTRON, Une messe lulliste au debut du XVIII-" siécle . . . . . 15
F . DE B. MOLL, A'oíei per a una valorado del léxic de Ramón Llull, 5 0 págs. 25
S. GARCÍAS PALOU, La fecha de composición del iLibre de Blanquerna'. . 15
B. Raimundi Lulli OPERA LATINA (Fase. I (1952) , 11 (1953-54) , 111 (1954) .


Los tres fasciculos: 5 0


Dirigir los pedidos a: E S C U E L A LULÍSTICA MAYORICENSE
Apartado 17, Pa lma de Mallorca (España)


D I C C I Ó N A R I
CATALÁ-VALENCIA-BALEAR


larentario lexicográfico y etimológico de la lengua catalana en todas sus formas literarias y dialectales, recogidas de los
documentos y textos antiguos y modernos, y del habla viva.


Obra iniciada por Mn. Antonio M.* Alcover y continuada por
F. de B. Molí, Magister de la ^Maioricensís Schola Lullística*.


Constari de 10 tomos. Disponibles, actualmente, loi volúmenes I I I - V I I , a 5 0 0 ptas. el volumen; y el V I I I , a 6 5 0 ptas.
(Para el extranjero: 33 de aumento). En curso de publicación, tomo I X .


En preparación: tomo X y la reimpresión de los volúmenes I y II .


EDITORIAL MOLL - Plaza de España, 86 - Palma de Mallorca (España)


PEfÓSHO LEGAL M. ¿36 - 19J8 _




EL N U M E R O l>H[,\HTI\ O D E L A S D I G N I D A D E S E N


EL <\KVE G E N E R A E >


I V


Kbte primer artíciiJo sol)rc el número de. las diirnidades tiene por
objeto, eomo dijimos antes, buscar iiiia explicación para la sene
cuaternaria de dieciseis dignidadi's que hallamos en todas las versio-
nes del Arte jreneral de la ])rimera época. l.,as (res primeras secciones
de este artículo. [)ublicadas en el postrer fascículo de Estudios
Litlinnos, I. fueron tan sólo una introducción a nuestro problema,
['udimos destacar la importancia del lema, enfocándolo a la luz del
<concepfo del número como plano del cosmos»*- que parece estar en
el fondo de toda la numerología medieval, v un estudio de tratados
lulianos sobre dos de las cuatro ciencias iiiatem;íticas nos reveló que.
por lo menos en estas dos. el Beato no dejaba de compartir las ideas
de muchos de sus contemporáneos sobre la íntima asociación entre
las ciencias matemáticas y la astrolos'ía. ^'imos. por una parte, en el
Trnc/alii.s .\ovii.s de Astroiiomia que su sistema astrolóírico se basa
sobre una técnica de dcvictio elemental, jrracias a cuyas aplicaciones
«metafóricas» podría cobrar el Arte, scirún Salzinirer. de manera que
las virtudes Mevencen' a los vicios v la verdad «deveiice» al error»:**"
en la Nova Gcoinclria. por otra parte, \imos que para J.lull la fieo-
metría —lejos de ser un estudio euclidiano— parecía estar en primer
liisrar al servicio de la filosofía natural, de la astroloüía y de la medi-
cina, en cuanto les servía a las (res para representar e investifrar
en «figuras» visibles las relaciones de los cuatro elementos v de los
signos y planetas. Si la estructura del universo que examinaba en la
astronomía y la geometría dependía de sus teorías elementales, difícil


" V. I'". HoPPEH, V. II. 20 .


«one can work ihc Art, as Salziiiper ^ âv;-. so lliat virtucs «ilcvictí vice.'; and
Irulh «flevictss error»; A ATKS. y. 15.H.


2?




130 P R I N G - M I L l ,


" V. 11. 9 .
" V. n. 12.


Las letras «alicd» c o n s t a n en la ligiira 17 d r la idición, las jotras
< líFGIIlKLM.N'OPQIÍS'l's se lian a ñ a d i d o a la li^nra pura lacilitar el análisis de su
eonetriiceión. Importa notar <|iie la liirnra de Mii.i.Ás ^'Al.I.ICHOSA se dif'crí'neia del origi-
nal ( 2 2 » , f. l (iv) en ( res respcelos: (1) en la orifrjnal, la letra «a^ no consta en el
Iriángnlo snj)erior ni en el inf'eriin- lani|)oco, pero el texto jiistitiea plenamente la alri-
Imclón de estas dos cámaras al f u e g o , v por lo tanto lie adoptado la modificación del
editor en este particular: (2) en la lignra original constan cuatro letras adicionales,
cuyo fin confieso (|ne me escapa, suprimidas por el editor sin mencionarlo en el a])a-
r a l o crítico: una «ai donde aparece nuestra F, una «(|» verticalmente debajo de la «a»
% al nivel de la punta inferior de la figura, una ih» donde a|)arece nuestra 11, \ una


rs correspondiente a la <i|i> verticalmente ilebajo de esta «l i» ; (3) en la figura de
Mn.i.Xs VAI.I.ICIIOSA liav una bisectriz vertical representada por inuí línea interrumpida
<|iie va de nuestra V, a M (pasando por SQT) en lugar de la lÍEiea continua SQT de la
figura original, lal c o m o la reproducimos.


sería suponer que los números -establecidos ya desde siglos antes
romo la esencia constitutiva de las cosas — , podrían dejar de estar
relacionados para Llull con estas teorías. Eii aquellas tres primeras
secciones de este artículo, sin embari;o, a[)cuas se dijo nada d(;i
aspecto numérico de estas teorías: aspecto con el cual nos hemos de
encontrar en esta cuarta sección, en seíjuida que empezatnos a buscar
una explicación del número primitixo de las dijrnidades en el Arte
general.


Las dignidades son ios pruicipios transcendentales del sistema
liiliano: constituyen lo cognoscible de Dios: son sus iiistninientos
creadores, estando reflejadas en todo aspecto de su creación, y forman
por consiguiente^ parte de la estructura esencial del universo eiiter<(
(estructura al mismo tiempo del ser y del conocer): organizadas en la
primera figura del Arte, la Figura A. constituyen los principios l'un-
danientales del ais iiivenieiidi \'enUil('.iii. Ya vimos en la primera
sección de este artículo que su núinei-o no es constante en las obras
no dependientes de la estructura d<';l Arte general —ni en las que se
escribieron durante su primera época.*" ni en las de la segunda época
t a m p o c o - p e r o en la Figura A de la primera época hay siempre
dieciséis (así como siempre hay nueve en la Figura A de las Artes
[losteriores). Estas Artes de la primera época nunca nos dicen porqué
se les basó sobre una serie de dieciséis princij)iüs: y, ya que el núme-
ro no parece ser una parte esencial de la doctrina de las dignidades
en sí. conviene buscar la razón fuera de esta doctrina. Recordemos


28




KL NÚMERO PniMITIVO DE LAS DIGNIDADES 131


" V. «Obresí, XVI , p. 19.
cübre.s», .XVI, lani. 10.


8" «Obres», XVI. lani. 11.
-Obr^s.,, XVI, lain. 12.


29


qiic, a pesar de la variación en el número de las dignidades en otras
obras, estas Artes de la primera época no fueron las únicas obras de
aquel período que se escribieron sobre una base de dieciséis princi-
pios. Ijlull escribió, de hecho, naJa menos cpie cuatro obras sobre
una base de dieciséis principios (jue no eran Las dignidades entre el
Ars Magna primitiva (c. 1272) \ eX Arl demostrativa {c. 1275): Co~
niensaments de teologia. Liber Principiorum Pliilosop/iiae. Líber Prin-
cipioriini Jiiris y Liber Principiorum Medicinae [Núms. 6-9, v. Avinyó
pp. 40-49] —o sea los cuatro «libri principiorum» publicados por
Salzinger en el primer tomo de la edición maguntina junto al Jrs
Magna primitiva v su primera amplificación, el -írs Universalis o
Lectura super Artem Compendiosam [N." 2 ] - .


Las series de dieciséis principios que constituyen la base de los
tres primeros «libn principiorum» aparecen de nuevo en las figuras
suplementarias del Art demostrativa. Los principios de la Figura deis
romensaments de tkeoiogia son «esséncia. vida, dignitat [o digni-
la.tz],*'' actu, forma, relaci('). ordinació, acció, articles, manamens,
esposició, L " entenció. 2." entenció. glüria, pena, evum».*** Los prin-
cipios de la Figura deis comensaments de filosofia son «1 ."causa.motus,
ángel, orbis, forma, materia, natura, elemens, apetitus, potencia,
abitas, actus, mistum, digestum, conpost, a l t e r a c i ó » L o s principios
de la Figura deis comensaments de dret son «forma, materia, dret,
comú, especial, natural, positiu. canónic. sivil, costumal, tesorical
[i. e. derecho teórico^, pratical. nutritiu. conparatiu, antic, nou».""
•Xo es necesario detenernos (MI largas investigaciones sobre las mate-
rias de estos (res tratados : de principios» para ver. como se despren-
de del simple examen de estas tres listas, que el número de dichos
principios es tan arbitrario en los tres casos como parecía serlo
en el caso délas dignidades. Pero todavía nos (|ueda otro de los <libri
principiorum»: el Liber Principiorum Medicinae.


VA\ este caso el número de principios se explicui por un aspecto de
la teoría elemental que ¡Miss Yates no ha analizado en su artículo, y al
cual apenas hemos aludido hasta ahora: la teoría de los grados ele-
mentales. Ya sabemos que la medicina luliana se basa sobre la doc-




132 P R I N G - M I L L


trina tradicional de los cuatro humores (manifestaciones fisiológicas
de los elementos): pues bien, cada humor puede estar presente en ei
primero, segundo, tercero o cuarto grado en una «complexión» huma-
m i (como también en las plantas, cuyas propiedades curativas depen-
den precisamente de esta relación que tienen con la constitución
temperamental del hombre) v el conjunto de los cuatro grados de
cada uno de los cuatro humores forma la serie de dieciséis principios
{|ue rigen las operaciones del Liber Principioruin Medicinae. FA mi-
mero no podría estar más íntimamente relacionado con la materia, y
de todos los libros lulianos basados sobre una serie de dieciséis prin-
cipios éste es el único en el cual el número tiene una relación más
que casual —o impuesta— con la materia que organiza.


La doctrina de los cuatro grados de intensidad en la inanifestaciíni
délos elementos no es. desde luego, una invención de Llidl: remonta
a G a l e n o , y bahía sido empleada por todos los médicos posteriores
del mundo griego y del mundo árabe. En el Islam, había producido
un sistema —en realidad una serie fie sistemas alternativos— de medi-
cina graduada, cuya manifestación más conocida en la Edad Media
era quizás la obra de Al-Kindi (siglo IX) traducida por Gerardo de
Cremona (siglo XII) bajo el título De Medicinarían Cornposilaruní
Gradibus ¡nvestigandis Libeilus.^'- Ya se pueden notar ideas pitagóri-
cas en la obra de Al-Kindi, y los aspectos numéricos de la teoría se
fueron desarrollando más todavía posteriormente bajo la influencia
indudable de la numcrología pitagórica."" Si recordamos la iniportan-


üe Simpliriiirii .\lediranieiitorum 'I'eniperanieiUalis Fucullatibus Libri \I. V, 27:
(•it. J'. KBAUS, Jabir ibn llayyun. Contribution ñ t'hisloire dr.t idees scienlijiqíics daii.'i
l'Islam, II ( i . labir ot la scicncc. f^recqiic:,) [Caircí, 1942] , p. 1!19, ii. 4 .


Texto ar!Íi)igo. eon tradiu-rióii frani-esa y eonientario, en L. GAurniEii, hiU'-
rédents Greco-nrabes de la psyrho/iliyxií/iie (Beyroutli, 1939) . VA texto latino, IACOBUS
Ai.KiNDus /)c Reriiin Gnidihus. aparece como un snplenieiito a Mesue Opcrtí en la edi-
ción de Kslrasi)urgo de 3531 , las de Padova de 15.^6 y 1,564. las de Venecia de 155B y
1.579, y la edición de I.yons de 158-i (v. D. CAMPBEM., Arnbian Medicine and its In-
Jluence on ihe Middle Ages, London 1926, 1, p. 64) .


Sobre todo en una obra alquíniica probablemente del siglo X , el Kilab al-
Mimum [Libro de la lialanza], {jue lleva el nombre de Jabir ibn Hayyan (siglo VIII),
(11 el cual (;ada elemento tiene cuatro grados v siete subdivisiones (dando un total de
2ii X •* = 112 posiciones). El sistema numérico del A7ía6 al-sunium no corresponde al
Uiliano (ni consta ([ue se tradujera el Kitnb nl-sumum al latín en la Edad Media), pero
el hecho de (jue se emplearan las veintiocho letras del alfabeto árabe para denotar las
veintiocho subdiviones de cada elemento presenta por lo menos un paralelo interesan-


30




KL NUMERO PRIMITIVO OK LAS DIG.MnADKS


cia del 1, 2, 3 y 4 en el sistema pitagóriro. y la importancia que se
atribuía al hecho de que sumasen 10. notaremos los dejos de este
pitagorismo en el aspecto numérico de los grados. Cuando Llull habla
de las cuatro complexiones en el Líber Principioritm Medicinae resul-
ta que cada una consta de un elemento en el cuarto grado, otro en
el tercero, otro en el segundo, y el otro en el primero (total diez
grados). Emplea, además, una técnica representativa en la cual los
grados se representan por puntos (como los núniej-os en la leLractys):
«qualiter quatuor complexionum liabente in humano corpore deceiu
puncta producta per additionem quatuor, triunj, duoruní et unius».^'
Un aspecto importante de la teoría de los grados, aunque no esté
directamente relacionado con nuestro problema central, es el de su


t


/
b P a yií


/
/ T ,1 •


Fig. 5 - Figiiia (le IIII gradus eleiucntorum,'*


le con el empleo luliano de u n a notación alfabética para calcular combinaciones ele-
mentales. N'éase KHAUS, t. c , cap. \ (La Ütéorie de hi halancei, pp. 187-303, para un
estudio detenido de la teoría jabiriana: v E. .1. Hoi.MVAao, Aldiemy (Peuguin Books:
Peiican .\ 348 ; Londres, 19.37), pp. 66-80 , para un sninario claro y conciso.


Desgraciadamente no hay ninguna representación grálica de esta índole en el
mismo Líber Priitcipiorum Mediciniie, aunque tengo entendido ( p o r comunicación de
Miss Yates) que las hay en el Líber dr Le\'ilale et l'oiulcrositatc Elenwniorum [N." .')8,
probablemente 1293] que sólo se ha publicado en Opera Medica (Palma, 1752) . Por no
haber podido consultar esta edición —no parece h a b e r ningún ejemplar en Inglaterra,
ni consta en la Bibliotheque Nationale ni en el Vaticano [YATES, p. 167]— me ha sido
imposible seguir este aspecto de las teorías lulianas más lejos de momento. F.l IJber
exponeiis figurarii Elemenlalem Arlis Demonslrulivnf [N." 25 , c. 1275, pub. Maguntina
IV] tampoco representa los grados [lor puntos, p e r o los describe así (v, n. 101).


31




134 •niiN<;-,MiM.


valor relativo, y \ ale la pena intentar aclararlo un poco para faci-
litar la tarea de futuros investigadores, ya que la Awi'rt Ceoinciriu nos
ofrece ciertos dalos que no constan ni en el Arbre de srienrin ni en el
Líber exponen); Fíguram Elenienla/em Arlis Deinonstralíme 25 ,
c. 1275] y cuyo significado no ha sido analizado hasta ahora. Va sa-
bemos que la Aoi-a Geometría contiene dos figuras asociadas con los
grados, la fígi/ra de gradíbiis elenicntonun (fig. 6) y \a figura de ííll
gradus elemenl.orum (fig. 5 ) : mirémoslas de más cerca.


La yi^wm f/e////o-/"a(/«A-(fig. 5) representa «uiiam planctam que
est in 4.° gradu caloris sicut.. . piper»,"'' el cual c'ontiene 4 grados de
calor, 3 de se([uedad, 2 de humedad v 1 de frío. Issta serie de
4-|-3-j-2-[-1 es(á representada (esta vez) no por puntos sino por áreas
geométricas. A primera vista la forma de la ligura es muy curiosa,
pero se ha obtenido de una manera bastante fácil: consiste en una
figura anterior, la figura iríanguloruní el (¡itadranguloruní, que se
había construido mediante la divisiéin de un triángulo equilátero EIM
en nueve «camcris equalibus per c o n t i n c n t i a m » a la cual se ha
añadido una cámara más.' ' ' Los cuatro triángulos eijuiláteros «a» son


Fig. 6 - Figura de gradibus elenientoruui.


»5 Nova Geometría, \>. 71 .
Ib. , p. ó.").


" Para construir la figura trínrigulorum el rjuadranguloruin se dividen los lados
del triángulo equilátero EIM en tres parlejí iguales: E F , F l l , fll; IK, KL, 1-M: MN,
l\0, OE. Trazando la línea OF se produce el triángulo equilátero E F O , y tic 1« misma
manera se producen los triángulos llllv y NLM trazando KIl y NL. El rectángulo
F U E N se produce uniendo F a N' y II a E, v se dí'seompone en los cuatro pequetlus


32




Kl. .\l':.MKH() t'ltiMlin O r)K I.AS OICM DADKS I .S.")


rectángulos por medio de las dos l)iseclriccs PR y ST. Para construir ahora la Jigura
de IIII gradas elementoriim, hasta trazar las líneas OF v KH hasta que se encuen-
tren e n G.


Emplea las letras del .\BDC de la figura de mi.rlioiie. v. n. 62.
Nova Geometría, p. 69 .


i d e lioc dabimus exemplum in huius moduní: In grano piperis ignis e.sl in
quarto gradu caloris, térra in tercio gradu siccitalis, a e r in secundo grado humiditati?.
aqua in primo gradu frigiditatis, unde ratione huius damus igni in grano piperis u n a n í
domum de XXIIII domibus, aliam domum damus I e r r e , alianí aeri, aliain aqne. F,l
hoc facimus ratione eorum siniplicitatis, post hanc dacionem facimus aliam dacionem
et divisioiiem de X.XIlll domibus in hunc modum: in pipere damus quatuor domos
igni quia in pipere est in quarto gradu caloris. ct I e r r e damus 111 (|uia in pipere esl in


33


los ciiati-o grados del fuego, los ti'cs reclángidos c » son los tres
grados de la tierra, los dos triángulos obtnsangulos d)» son los dos
grados del aire, y el euarto i-ectángulo es el grado solitario del agua.'"*
A base de esta figura podríamos suponer que los cuatio grados esta-
rían relacionados entre sí por una progresión aritmética según la serie
1,2..3,4; pero miremos la figura de gradibus eLementoriiin (fig. 6 ) ,
anterior a \& figura de UJI gradas en la Nova Oeomelria.


Según su texto correspondiente esta fiígura de gradibus - c o m -
puesta de «.\Xlin domos equales»— sirve


'<ad significandum assituacionem graduum ¡n quibus existunt ele-
menta in elementatis, sicut in grano piperis aut alterius plante in
quo aliquid elementum est in qnarto gradu».''''


Para explicar su aplicación Llull se sirve del mismo ejemplo del
«grano piperis» cuya representación acabamos de estudiar en la otr;i
figura. En este caso, hay que distribuir los veinticuatro domos entre
aquellos 4 grados de calor, 3 de sequedad, 2 de humedad y 1 de frío,
y Llull lo hace de la manera siguiente: en primer lugar, un domus
corresponde a cada elemento «ratione eorum simplicitatis>, lo cual
deja veinte; de estos veinte, diez se distribuyen a los cuatro elemen-
tos según la serie 1,2,3.4 que corresponde al 1." , 2.", 3 . " y 4 . " grado
en XA figura de IIII gradas; y luego se vuelve a repetir este procedi-
miento con los diez domos restantes. Si luego smnamos los domos que
corresponden a los cuatro elementos, hallamos que
al fuego, que está en el 4 . " grado, le corres])onden 1-j—4-]-4 = 9,
a la tierra, que está en el 3 . " grado, le corresponden i-|-3-l-3 = 7,
al aire, que está en el 2." grado, le corre;jponden l-|-24-2 = 5 ,
y al agua, que está en el 1 . " grado, le corresponden l - j - l + l = 3.*""




136 I>Hh\0-MILL


Obtenemos, por lo tanto, una dislribueión de ios 2-t domos entre ios
cuatro elementos según ia serie 'A,'•>.7: lo cual parece indicar valores
relativos para los cuatro grados elementales de 3, 5, 7 )' 9 respectiva-
mente. S i fuera así (y falta consultar textos que no me fuei-on accesi-
bles para averiguarlo)^"' esta serie de valores pudiei-a ser importante
cuando se intente 'establecer la liliación de las teorías elementales
lulianas, ya que es sobre todo con r(>specto a ios valores riílativos de
los grados que se diferencian los diversos sistemas de medicina gra-
duada que hallamos en el Islam.'"- VA mismo Beato nos dice |)or qué
hubo de haber precisamente este número total de domos en la ligura:
^liabet XXIII l donu)s ad siünilicanduní W l l l l horas diei iialui-alis


tercio gradu siecitatis, ot aeri dainun duus doiiiu? (|ULa in |il])('ic e.-l in secundo gradu
huiniditatis, el aque ilanius alianí doniiiin ([ula in priiTio gradu f'rigidilalis. Kl de alii-<
X doniibus lioc idern. Et ideo in pipere ignis lialiet I\ d o m o s , tena \ II, aci- <|uin(pic
et aqua III, unde racione liuius piper condicionatum est secunduiii divisioiiem (puuu
diximiis, et ignis in ipso est doniinus, et post igneni térra est domina». II)., |). 6').


La primera parte del Líber c.vjiitiii-iis lígiiraiii Ltemenlalcm Arlis Demoiistra-
tivaf, «De quatuor Gradibus Elenienlorum:), no parece s(ducionar el problenuí a pesar
de lo detallado de su exposición de las subdivisiones de los respectivo-í elenu'uli>s en
los cuerpos elementados, ya que desgraciadanu'nte no establece un sistema de valores
matemáticos para las subdivisionc-' de distintas categorías, ."̂ i lomaiims como ejenqilo
un compuesto de la misma constitución que a<[uel sgrano |)iperisi, el 4 . " grado del
fuego ídividit se in se.x parles, quaruní tres Iribuil lerrae, el duas ai'-ri. el unam acjiíae.
ista sex partes vab'nt quatuor púnela valentía uiiuin gradual ignis»; la tierra, (]ue está
en el 3 . " grado, también se dividí- en seis partes, jiero estas si-is sólo tvaleni tria
puncta.»; el aire, en el 2 ." , se divide en cinco partes (no todas igualirs entre sí); v <1
agua, en el \ . " grado, se divide en tres, cet istae tres partes valeni iinum jiunctuin»
[p. 2 de la edición, paginada iudependienlenieiile, en el cuarto lomo de la edición
maguntina]. El número de [larles de dislintos valores no di-linidos se va elevando
conforme se analizan las plantas coléricas de los tres grados inferiores, y no me ba
sido posible establecer sus valores relativos a base de los datos expuestos.


Al-Kindi cita, para contradixirla, la opinión de ([ue, id valor relativo de los
grados corresponde a la serie .3,6,7,8 (opinión basada sobre el supiii:sto de (|ue el
equilibrio consistía, por ejemplo, en cuatro partes de calor y cualro d(! frío, v <[ue el
|)rinier grado de calor supondría la sustitución de una [ )arle de frío poi' una de calor
de manera que habría cinco partes de calor y tres de fr ío , y así sucesivamente) [trad.
Cautliier, o. c , p p . 68-69] . En su propia opinión, sus valores tenían (|ue estar en una
progresión geométrica de 2 ,4 ,8 ,16 de manera (|U(; cada grado sucesivo sería el doble
del anterior (su[)one que h a y (jue lomar el I como la base equilibrada, ([ue por ser el
2 el [irinicr número des[)ués del 1 tiene (|ue ser el valor del primer grado, y que lo
<|ue tiene que permanecer invariable n(j es el intervalo sino la relación entre grados
sucesivos) [v. CACTUIEII, o. c , |)p. 24, 61] . Avi;aaoi:s atacó esta ojiinión (Ui su Culligcl,


34




M M I Í R O PIUMIIIVO L)K LAS IMÍiMDADKS 137


([uc equales sunt».^"'^ Va sabemos (jue la di\isi('jn del día en veinticua-
tro horas sirve principalmente <:per co (pie I astronomia sápia jutjar lo
signe segons sa hora» . " " Por lo tanto |)arcce <[Lie esta serie luliana de
3 ,5 ,7 ,9 tiene que responder a necesidades astrológicas, pero no me
ha sido posible hasta ahora averiguar la naturaleza de la correspon-
dencia. La explicación de esta figura termina señalando su utilidad en
la medicina y el placer (pie |)uede liroporcionar a los fil(')soíos natu-
rales:


<llec figura sic declárala signilicat giadacionem et composicioiiem
elemenlorum quem hahent in substaiiciis elementatis. et est ligara
valde utilis pro mediéis ut cuín ipsa gradare scianl medicinas et
est delectabilis per naturalibus cpii scire desideranl modum seciiii-
dum ([iiem elementa intrant composicionein ."'^'
f^ejando aparte tanto el problema de los valores relati\(is y su


cone.viiin astrohígica como las ajilu aciones iiii'dicas de la doctrina de
los grados, para nuestro propósito basta haber establecido la natura-
hiza elemental de la única serie de dieciséis principios cuyo número
parece responder a las nec'esidades de la materia expuesta. Ĵ a natura-
leza cuaternaria de esta serie de priiicipioniiii medicinae depende de
la naturaleza cuaternaria de la teoría tradicional de los cuatro ele-
mentos, y el número de aquéllos no es más que el número que se
produce cuando se cuadra el número de los elementos para atribuirle
a cada uno tantos grados como elementos existen: cuadrar un número
lo extendía sin modificar sus jirojiiedades originales (principio que
tendremos que recordar otra vez al tratar de las nueve dignidades de
la segunda época).'*"' ¿Cuáles eran, piu^s. las jiropiedades de este nu-
mero que se había cuadrado!'


prefiriendo la progre.sion aritniétioa l,L',.'),4 con igualdad de irilérvalo y no de relación
[v. CAIITIHKH, ít. c , pp. 28-36J. La tccjría más cuiiiplicada (\ al mismo licinpu la más


pitajiórica en t̂ ii nunieroloj;ía, l'ué la del kitub al-suiniiin (v. ii. S+i,
que emplea la scr¡r I,:!,."),!): estas cilVas (que suman 17) se i-n-
cuentran repelitlas veces en las obras ja'iirianas. junlu con el 2f!,
lodos derivados evidciKeniciite del ccuadrado inágicoi constiluído
por los números de 1 a '* (cl 28 es el í^nainiin del cuadrado, cons-
tituido por el 4,9,2.7,(>: y la seiie !,.'1,'),8 representa las cuairo
cifras del cuailrado restanli-) f 1 IOI.MVAIU), O. C p|). 74-7.')'.


4 9 2


.~> 7


1 0


104
A'oi'íi Oeomelria, p|i. 68-69 .
Arbre de sciencia, «Obres^i, Xl l . p. 117 cit.
Xm'a CpDiiiclrin. p . ()9.
lloi'Fi-ii. O. c . p p . 82, 100, 102.


35




I-ilS l ' l i l N O M M J .


Timeo, 31B-.32(:.
i b . , 32B ; HEATH relaciona este punto con Euclidc.s, V I H , 11 y 12 (Sni THOMAS


l lEArii , Tlnrteeu Books of Elidid, I I , p . 294) .
V. el c o m e n t a r i o de F. M. Coa .NroiU). en Plnlo's Cosinolopy (1937) p p . 4.'')-.32.


p a r a un e s t u d i o d e t e n i d o del p r o b l e m a .


"» Timeo, 3 2 B .
Ib . , 32C.
' ; f ) b r e s » , .\I, p , 27; la d e m o s t r a c i ó n o c u p a u n a [ lágina e n t i : r a .


I'JI luiniiiro (le los elementos no carecía de significado, ni para
Llull ni para sus pred('C(\sores. Platón hal)ía procurado establecerlo
de una manera necesaria en el 'rinieo. y Llull hace lo mismo - a u n -
([ue de otra manera— en el Arbre de ••icihicia. La argumentación de
Platón'"' es algo compleja: tiene que haber fuego para que lo que
llega a ser sea \isible. y tierra para (|uc sea tangible: pero dos cosas
aisladas no se pueden unir de una numera satisfactoria sin una terce-
ra, y la fornuí sólida (o sea tridimensional) del universo necesita no
un solo elemento intermedio sino dos. «ya que los sólidos siempre
están unidos no por un intermedio sino por dos».'"** iNo hay para qué
meternos en los aspectos inatemálicos de esta demostración,'"" según
la cual la relacicín entre estos cuatro elementos tenía que ser además
una proporción geomc'-trica continuada —«de modo que. tal como el
fuego está relacioiuido ul aire, así lo está el aire al agua, y lal como
(vl aire está relacionado al agua, así lo está el agua a la t ierra»—""
para que así se llegara a constituir «el cuerpo del universo, consi-
guiendo la concordancia gracias a la proporciiin. de las cuales adqui-
rió Amistad, de modo que llegando a unidad consigo mismo devino
indisoluble por cualquiera que no fuese quien lo había u n i d o » . ' "


Aunque la manera en que Llull establece el número de los ele-
mentos por razones necesarias en el Arbre de sciencia sea muy distin-
ta, también tiene que ver con la organización armónica del universo:
«son quatre per co que cápien en ells differé.iicia coiicordan(;,a e con-
trarietat» - o sea el primer ternario definitivo de los principios relati-
vos—, «car si eren tres o menys. no y cabrien. e si eren .v. elements,
seria lo cinqué superduu»."- Recordemos nuestra primera figura
(v. fig. I): hay diferencia de un elemento a otro por razón de la di-
ferencia entre las parejas de ciuilidades que les corresponden, pero en
el caso de los elementos contiguos la diferencia es de concordancia
(ya que el aire, p. e. , recibe como cualidad apropiada el ei\\<M- propio


36




M\\II;I!II I'HI.MI r i \ ( ) DK I.AS DIGNIDADI;.'-


1 i-¿
111


11).. 1. c.
\ . 11.


.\orí/ (rt'tiiitt'tnit, [». ()(). fil.
<:{)l)rc.s-. \ l . pp. 27-2;! .


3?


de] fuego) mientras (jue en el caso de elementos diametralmente
opuestos la diferencia es de contrariedad fya cpie ambas cualidades
del uno están opuestas a las del otro: el calor \- la se(]uedad del fuego,
p. e., al frío y la humedad del agua). Si solo hubiera tres elementos
podría haber concordancias, pero por razón de la contigüidad de
todo elemento con ambos di? sus companeros no podría habcsr contra-
riedades (mientras que cualquier elemento adicional sobraría ya que
no se le necesita para estalilecer la posibilidad de contrariedad). I'"l
metimiento de aquel ternario en el iiiii\crío requiere, por lo tanto, la
existencia de cuatro eienientos - «e no inenvs ni mes» — : recordemos
que fué «per co car los elements son (juatre e no menys ni M E S » que
estaban "disposts a ésser íigurats en lo.-- iMenientats en ligura quadran-
gular circular e triangular» las ligaras cava naturaleza investiga-
mos al estudiar la jVova (,'eornelrlii.


Por lo tanto, tal como Icnía que liabei' precisamente cuatro ele-
mentos según Platón para explicar las tres dimensiones espaciales,
así los tiene que haber según Llull para explicar la presencia de estos
tres principios relativos en el universo creado. ^ a que no podrían ser
ni más ni menos sin contradecir la existencia ol)ser\-ada de sdifferén-
cia coiicordam^-a e contrarietat» para Llull. v í a naturaleza «sólida» del
universo para Platón, el número de ios elementos es en sí uno de los
factores estructurizaiUes en la obra de la creación en ambas teorías:
manifestación del número como foriiibildcnder Faktor dea Gotlliclien
Schópfungswerhes, en aquella frase de Curtiiis.'^' V este número d(̂
los elementos es indispensable también, en la teoría luliana. para la
manifestación en los cuerpos elementados de las tres figure generales
ad omnes figuras«les quals tres ligares son necessáries a ésser en
los elements a s s i t u a d e s » F a c t o r estructurizante en cuanto a su
manifestación de aquellos tres principios relativos, también lo es en
cuanto a su responsabilidad para la organizacicin geométrica del
inundo material.


Estas, pues, son las propiedades del cuaternario elemental que se
reproducen —extendidas por el procedimiento, pero sin modificación
alguna— en la serie de los dieciséis grados elementales. Pero ¿qué




140 IMtlN'G-MII.I.


Ya que no hay otra razón aparente para adoptar el número de
dieciséis para las dignidades, investiguemos la posibilidad de que
fuera la doctrina de los grados elementales la que lo sugirió y que
— por lo t a n t o - impuso una estructura cuaternaria sobre el conjunto
del primitivo Arte general, al mismo tiempo cjue sobre todo el uni-
verso en cuanto éste aparece sometido a la técnica investigatoria de
esta Arte. Como ejemplo tomaremos, no el Ars Magna primitiva, de
difícil consulta por sólo estar impresa en la edición maguntina, sino
el Art dernoslrativa [N." f 8 , c. 1275] - l a primera revisión importante
del y\ r̂te— accesible a todos en su texto catalán en la edición palme-


" ' Edición maguntina, 1, Librr l'rinciinonim Medicinae (paginado independien-
temente) p. .5, cit. Wrus p. 1.30.


38


tiene Cjue \er todo esto con nuestro tema? Lo mismo que la técnica
de devictiu, la teoría de los grados sería de interés exclusivamente
cientííico si no fuera q u e s e nos asegura q u e tiene posibilidades «me-
tafóricas» que la relacionan con el Arte general. Kn el Líber Princi-
piorinn Medicinae se nos dice:


«Est 111 hac -Arle -Metapliora, ut per lioc, quod secundum Gradus
et Triángulos et alias Distinctiones in liac .Arte dictuní est, possint
etianí intelligi ea, quae de alus scientiis existunl, sicut deTheolo-
gia, Jure et Philosophia naturali (̂ t alus, per quas intellectus exal-
tatur in intelligendo». '^


Esta aseveración tiene alinidades con lo que s e nos dijo de los fines
de la geometría, pero es a un tiempo más específico y de mayor en-
vergadura. En primer lugar, demuestra la dependencia de los tres libri
principionini «de Theologia, .Ture et Philosophia» del Liber J'rincipio-
ruin Medicinae, con el cual ya sabemos que concurren en el nt 'imero de
sus principios. En segundo lugar, afirma que mediante esta aplicación
metafórica «possint etiain intelligi ea, quue de uliis scientiis existuni*.
lo cual es precisamente uno de los fines del Arte general. Para ver
cómo se ha de entender esta afirmación tendremos que estudiar el
.Arte general de dieciséis dignidades.




KL NUMERO PRIMITIVO DE LAS DIGNIDADES 141


sana de las «Obres de Ramón Lull» Vol. XVI. Recordemos, antes de
adentrarnos en sus complejidades, que tenía por fin principal (como
el Ars Magna ])rimitiva también) el jiroselitismo:


«Aquesta Art és per entenci() d endressar aquells bomeiis (pii son
en error, los quals no an art ni doctrina con venguen a ^eritati
cor esta Art és comuna a gentils jueus crestians e sarraíns e a totes
gens de qual que secta sien, e asó és per so cor los comensaniens
de la Art son coinuns. per los quals comensannms pot ésser cone-
gut ([iial poblé és en veritat ni (pial és en error, e és donada doc-
trina con lo poblé ([iii és en veritat pot. per ajuda de Déu, adur a
\eritat lo poblé (jui esta en error contra veritat».''**


Podrá demostrar la verdad de la religión cristiana v el error de los
infieles, convirtiéndoles al catolicismo y corrigiendo su error: lo hará
mediante el empleo de sus coincnsanicns. y será capaz de hacerlo
porcjue éstos son comunes a todos v el Arte que está fundada en ellos
tiene por lo tanto f[ue ser «comuna... a totes gens». Para el manejo
(le aquellos comcnsanicns Llull emplea una notación alfabética v una
serie figuras combinatorias, v tendremos que considerar estas últi-
mas de más cerca poripie es por las figuras que el .4rte se relaciona
directamente con la teoría elemental.


Dejando aparte las tres figuras suplementarias de teología, filosofía
y derecho, hav —como ya dijimos a n t e s - una serie de dieciséis
figuras en el Art denioslraliva, catorce de las cuales «reproducen o
recuerdan esencialmente las figuras equivalentes del Ars Magna pri-
mitiva»." ' ' Si se las cuenta de la manera como las cuenta Llull.
estas dieciséis figuras no constituyen más que nueve, siete de las
cuales se desdoblan en una pareja constituida por una primera figura
v una .veg-o«« /í^í//'«,- contándolas como nueve, y añadiendo a estas
figuras básicas del Arte general las tres «figures de coniensamens» que
representan su aplicación a ciencias particulares, obtenemos la serie
de «.xij . figures > en las cuales «és departida» la primera Distinción.'"-"


.Obres», XVI , p. 112.
"» Ck, I, p. .S99.


«Obres», XVI , p. 7. .Vun eonlániiolas eoriio las cueiila Llull, hav dieeisiíis en
la edición maguntina, peni más vale no complicarnos el asunto en esta ocasión consi-
derando toda la serie descrita en la Introductoria Artis üemonxtrativae [N." 20, Magun-
tina, III] en cuyo duodécimo capítulo se expone una figura común fiícla ex duobus T.
además de exponer en otros lugares una figura ¡nfiueiitine (cap. 20 ) . una figura fiíiiiiin
(cap. 21) y una figura derivaíionuní (cap. 19) .


39




142 PRINfí-MII , ! ,


Pero si miramos bien aquellas mu'\ e figuras básicas, venios (¡ue l a s
(los que no se desdoblan no son //ÜV/ZY/.V en el mismo sentido que las
demás, ya (jue sólo consfan de una leira en un círculo: la \ azul d e
la verdad y la Z roja de la falsedad. La ultima d e las siete (jue se
desdoblan constittiyíí la pariija (|iie no liguraba en el •//'.v Magna p r i -
mitiva, y es en cierto sentido la más imporlaiite de todas: es Vá jigura
f/emo.ilraliva (o «.ix." figura»). Uesiimen v c(unjjendio de l Arte gene-
ral, esta última figura básica est;í compuesta de las ocho anteriores
(integradas de una manera t a n complicada e n su forma primera
que é.sta no consta en las fuentes de la edición palmesana, la cual
se hubo de contentar con su tlescripcnin en el texto) . ' " '


De las siete figuras dobles, la sexta es una ligura elemental. En
las otras seis ¡larejas la primera figura es siempre circular v la scgona
consta de tantas camhres como |)ares s(> pueden formar de los princi-
pios de la primera (combinando cada principio consigo mismo y luego
con todos los otros, uno por uno. para que pueda representar explíci-
tamente todas las combinaciones que están implícitas en la primera).
lín el caso fie la figura elemental la primera figura, no es circular sino
cuadrangular: es una representacií'm de todas l a s posibles combina-
ciones de los elementos y está basada directamente sobre la teoría d e
los grados . ' " Su significado y su aplicación no sî pueden captar con
leer tan sólo el _///•/ dcmnatraliva: tendríamos (pie estudiar detenida-
mente (y aquí no hay tiempo para hacerlo) el Lihcr e.rponen.s Figuram
ElemenLaiem Arti.'i Demonsiral.ivue. el cual empieza p o r justilicar la
presencia de esta figura e n el 7/7 f/emosiraliva diciendo:


'<Elem(ínta sunt ipuitiior principia r e r i i m naturalium. de (piibiis
ómnibus omne corpus sub liinari circulo naturaliter constituitiir:
ut auteni de ipsis el d e operationiiuis e o r i i m in corporibus |)hvsicis
luibeamus notitiam. j jer (piain possimus proprie \el etiam inela-
p/iorire responderé ad laclas (piesfiones. sunt figiirata in hac prae-
sítnti Figura /)emoi/.s/r(i/ivae Irlis ipsa (jiiatuor e l í M u e n t a juxta
gradus aclivos et pa.isii'as eoriiiii


«Obres», XVI, p|>. 18-1<).
«La primera llftura ('s (|uailrani;ulai-. :.i'g()iis rpie ajiar en In C D m e n s a m e n l de


la Art i; és eonjujsta de fue, aer, aygiia, térra, avent en sí .iiij.<: ligures, e en easeuna
á .xvj . cambres, a signiliear con bis elemeiis están en misti('), e (̂ on entren en conposi-
ció per digesti('), e con . j . element senyorega alire segons com[)leccions e bumorss,
ib. , p. 16.


40




Er, NUMERO PRIMITIVO DE LAS DIGNIDADES 143


A pesar de esta diferencia entre la forma de la primera figura elemen-
ta! y las otras primeres figures, la segona figura elemental (íig. 7) se
parece en todo a las otras segones figures; y en el presente artículo nos
limitaremos a considerar el papel que jueira esta segona figura en el
Art demostrativa yiara establecer la inqiortancia de la figura eleincnlal
en (ístas Artes de la primera época.


foc aer aycua t é r r a


foo aer aygua t é r r a


foc aar aygua


aer t é r r a


foc aer


aygua t é r r a


foo


t é r r a


•"•¡¡r. 7 - .SejioEía l igura c l c m c n l a l . ' ^ '


Cuando se nos dice de una manera líeneral en el Art demostrativa
(|ue «a sourc questions és al robada esta Art» se añade <;les (pials
([uestioiis covenen ésser soutes segons (|ue ó signifi({ueii les cambres
de la elemental ligura e de la .ix." f i g u r a » v la segona figura ele-
mental \ VA segona jigura demostrativa^-^'>^in\. de liecho, dos de las
figuras más empleadas en el Arte.'^' La segunda Distinción. < De con-
dicions», se limita a rondicionar estas dos segones figures:


Kdicic'iu niagunlina, l\ , paginado inde[H'n(l¡cnlcniontc, p. I; cil. más in r.i-
li'iisí). AviNvó, p. 71 .


No se lian reproducido los colores de la ligura original, aunque son iinpor-
lantes dentro del contexto del Arle, porque no afectan a nuestro arguinenlu en esta
ocasión.


«Obres», XVI , p. L I O .
•2« Ib. , lám. 9-a.
'•̂ ' Esta segona ligura eienieiilal del Arl demoslrati<-a había aparecido antes en una


forma más sencilla como la segunda Figura T del Ars iíniversalis [X . " 2 ] , y la primera
figura elemental del Art dcniaxtraliva había sido la segunda Figura T del Ars ^fagna
primitiva. Las relaciones entre la teoría elemental v la Figura T - una de las liguras más
esenciales al .4rte— habían sido, por lo lanío, muv estrechas en versiones anteriores,
pero su diferenciación en el Arl demostrativa nos ayuda a entender la naturaleza del
lazo entre esta teoría y la combinatoria del Arte general.


4 1




144 P H I N O - M I T . T .


«Af|ii('sta (listincció ('s departida en . i j . " parlz. La primera part és
de les condicions qiii s eovejien a la segona jigiira (demental: la
sepona part és de les eondieions (pii s eovenen a la segona figura
demostrati\a. On eti estes . i j/ ' ligures se eonteiieu les eondieions
[el tcxio latino diré o/iiiic.s roiu/i/lo/icsí d esta Art».'"' '


La manera de arondirionar las cnnthrcs de estas dos figuras consiste
en irlas careando ron los rmrf) feíTiarios de principios de la Figura T
(ternario por t(>rnario y. dentro de rada ternario. ])rincipio por prin-
cipio):


mctent la /. en les camhres de les . i j . " figures damuiit dites per
condicionar a(pielles r;nnhres. per tal que per lurs condicions sien
roiuhcionadcs les allres camhres (|ui siin de (i..t././i..i\]\z. [o sea
las caiiihn'.s de todas las demás figuras hásicasi


1̂ 1 acondicionamiento de las otras figuras sigue. |)or lo tanto, el mo-
delo del acoiidiciíuuimieuto de estas dos. Pero ha\- más: dentro de
esta segunda l)istinci(in. i'l aroiidicii)namirnto de \i\ xcírona figiirn
f/c'i/iostraliv(i depende del arondicionamieiito previo de la scgona
figura r/cnic/tia/. Miiemos esta dependencia de más rerra. porque la
(•xj)licacióii (]uc Llull nos da de ella es inlei'esante.


Rl acondicionamiento de la primera parte, que sólo re(]uiere la
discusión de diez lanihrcs. sir\c de hecho crimo propedéutica al acon-
dicionamiento de las coinhinacioiies de la scgona figura dcniosirativa.
([ue consiste en \eintiocho canihres en las cuales se van aparejando
las letras (y ¡lor lo tanto, implícitamente, las figuras) a. s. /, u, .c. r v r-.
No es solamente yjorque sean IIKÍHOS numerosas [\. por lo tanto, más
fáciles de exponer compli'lamente) que las romhiiiaciones elementa-
les sirven romo modi-lo para las comhinaciones superiores, sino pre-
cisamente porque smi inferiores (y, por lo tanto, más fáciles de com-
prender) estando relacionadas ron el peldaño más bajo de, la escala de
los seres. Las ronihinarionrs eirmentales se manifiestan en el mundo
material y sensible mientras (jiie las otras perleneren al mundo inte-
ligible, y las rombiiiariones elementales sirscn romo inlroducrióii a
las otras, segiin IJIUII. porcpie la sensari('ni \ ¡ene antes (pie la míe-
lección : i ' " '


al)


í ( ) l ) res . . |,. 21!.
'•"> Ib., loe. cil.


V. tambi(''n AHNAII DK VII.ANOVA: <.(iiiiii ciriinis vera cogiiilio a sensii oriatur el
bis < n i a e sensií)ilia siiiil lial)eal oi'luin, neee.ssario ipsa sensibifia del)ent gratiose et


42




E L NUMERO PRIMITIVO DE LAS DIGNIDADES 145


«cor sensualmcnt sentim e cor entellectualment entenem, e cor
primerament sentim e puxes entenem, per asó volem primerament
condicionar la primera part, qni ab sensualitatz se cové, e puxes
condicionarem la segona qui ab intellectuitatz se cové».'^'


Dentro del marco del Art demostrativa, por lo tanto, las operaciones
combinatorias que se pueden hacer con los elementos parecen servir-
le al Beato como modelo para las que se han de hacer con los demás
principios de su Arte «cor primerament sentim e puxes entenem»; y
le sirven de hecho al Beato no sólo como modelo para las operacio-
nes que se han de hacer con los otros principios del Arte sino también
para las que se hacen con las series de dieciséis comensamens de tkeo-
iogia, comensamens de filosofia y comensamens de dret, en las otras
tres obras escritas sobre una base cuaternaria más o menos al mismo
tiempo que el Librum Principiorum Medicinae. Como va hemos visto,
Llull añadió lo esencial de aquellas tres obras (aunque en forma muy
abreviada) al Art demostrativa «per so que la Art ne sia pus gene-
ral»;'*^ si no añadió otra figura suplementaria de los comensamens de
medicina fué porque no había para qué añadirlos de una manera tan
superficial y postiza, ya que los comensamens de medicina son los
mismos comensamens de su teoría elemental, y éstos ya están en el
fondo del Arte incorporados en la doble figura elemental.


Me parece que estaríamos justificados, en este punto de nuestras
investigaciones, al afirmar que el mecanismo combinatorio del Art
demostrativa (y. por lo tanto, de todas las artes generales de la pri-
mera época, ya que todas obran más o menos de la misma manera y
todas presentan figuras elementales) está modelado directamente sobre
el sistema combinatorio elemental. La cuaternidad de esta combina-


pffir.aciter demonstran invenihns et adiseentibus. ei im tune inlellectus disrurrens per
ea abstrahit multa media et multas conclusiones. Unde per sensibilia venit intellectus
ad cognitionem inscnsibiliuní ct occultorum et arduornni et subtilium, ut declaralur
per totum proeessuní theologiae et per totum processum medicinae». Repule Generale.i
Curalionis Morborum, Doctrina VI, cit. THORNDIKE, o. C , II, p. 848 n. 1 . V . A^oca
Geometría, pp. 84-86 , v. n. 79 supra.


.Obres», .XVI, p. 23 .
Ib, , p. 19. Estas tres fiíiuras son a la verdad .iegone.<í figures compuestas con


la ayuda de figuras circulares omitidas en .Obres» XVI [y. liim. 10, n. 1 ] . Miss Yates
las reproduce [Pl. 11] al lado de dos figuras circulares de los elementos, en fotocopia
de un manuscrito latino que estudió en París (Ribliotheque Xationale, Ms. lat. 16 .
113 , f. 72 r ) .


43




146 PRING-MII .L


toria del Arte en su primera época dependería, por consiguiente, de
la cuaternidad de la combinatoria elemental tradicional, y esta de-
pendencia habría conducido a la imposición de una estructura cua-
ternaria sobre cuantos aspectos del Arte fuesen estructurizables a
gusto: entre ellos, el número de las dignidades. Hay no sólo dieciséis
dignidades, sino también dieciséis letras en el alfabeto déla Figura S,
dieciséis principios en la Figura X, dieciséis principios en cada una
de aquellas tres figuras suplementarias y dieciséis rnoiis —o modos de
aplicar el Arte —en la tercera Distinción «De entenció». En la Figura
V, en cambio, hav catorce principios —las siete virtudes con sus siete
vicios correspondientes- y los debe de haber porque Llull no había
querido modificar el número tradicional (aunque sí lo hará en la
segunda época, cuando termina por estructurarlo todo sobre la base
ternaria del número nueve).


En la Figura T tampoco tenemos dieciséis comensamens, pero el
caso es algo distinto: mientras que la Figura V no es más que un
sujeto dentro del .4rte, investigada analógicamente por el acondicio-
namiento de sus cambres según el modelo del acondicionamiento de
las cambres de la segona figura elemental, la Figura T es el instru-
mento esencial del Arte sin el cual no se pueden acondicionar ni
investigar ninguna de las cambres de cualquier figura. Y la Figura T
es, por su propia naturaleza, esencialmente una figura ternaria. iMc
parece muy importante recordar que, a pesar del plano cuaternario
de las dignidades, el Arte general de la primera época dista mucho de
olvidar lo que Llull ha llamado, en el Libre de demostracions [N.° 5.
c. 1275], '" ' ' «la unitat e la trinitat que Déus ha posada en les creatu-
res a significar Ja sua trinitat e unitat». ' ' " Lo que no es trinitario es
la Figura A de la primera época, con su serie de dieciséis principios
absolutos; la Figura T, basada sobre una serie de triángulos (cinco, y
no tres como en el Jrs Inventiva l eritalis y posteriormente), siempre
fué ternaria, y siempre fué esencial a la operación del Arte.


Hasta en el Liber J'rincipioram .Medicinae, la serie de dieciséis
principios que son los grados no basta para operar su medicina
graduada: los grados no se pueden manejar sin tres triángulos, y se
nos asegura que «sicut enim martellus et tenaculae sunt instrumenta


Para ,su fecha, v. art. cit. n. 6, pp. 245-246 .
«Obres», X V , p. 36 .


44




E L NÚMERO PRIMITIVO DE LAS DIGNIDADES 147


Ed. cit. , p. 4 .
Ib. , loe. cit.


45


in arte fabrilis ita Gradus et Trianguli sunt instrumenta Medicinae».^''
Estos trianguli son precisamente tres de los cinco triángulos que
están en el centro de la Figura T de la primera época, y son -además —
los mismos tres que van a constituir los ternarios de principios rela-
tivos en la Figura T de la segunda época del Arte: DifferenLia -\-
Concordantia -\- Contrarietas, Principium -f- Médium -\- Finis, y
Majoritas -\- Aequalitas -\- Minoritas. Ni hay que olvidar lo que
vimos antes: el hecho de que la misma cuaternidad de la teoría de los
elementos dependía, para Llull, de la naturaleza del primero de aque-
llos tres ternarios.


Miremos de más cerca el papel que juegan los grados y triángulos
en el sistema del Liber Principiorum Medicinae, viendo lo que Llull
tiene que decir en el capítulo «De Intentione, secundum quam Gra-
dus et Trianguli sunt in ista arte»:


«convenit, quod Medicus sciat per mixtionem medicinarum sim-
plicium et herbariun augmentare, diminuere et aequalificare alias
Gradus cum alus, et sciat principiare, et cognoscere principium,
médium et finem Graduum; et convenit, quod sciat diferentiare,
concordare et contrariare Gradus ad invicem tali modo, quod sua
artificialis operatio et operatio naturalis ad conservandam sanita-
tem et destruendam infirmitatem convenient et concordent» .'̂ ®


Manejados juntamente en la medicina, los grados y los triángulos
sirven para hacer los cálculos elementales, sin los cuales no se puede
asegurar que la operación artificial del médico complementará la
operación natural de los cuerpos celestes sobre los humores del
enfermo (la técnica de devictio, p. c . . presupone no solamente la
teoría de los elementos sino también el empleo de los tres
triángulos). Dijimos «manejados juntamente», pero mejor sería decir
que Llull emplea sus triángulos para manejar los grados: I J IUII nos
explica esta relación entre los grados y los triángulos con la ayuda de
dos analogías más:


«sicut Corpus humanum est subjectum Artis Medicinae, ita Gradus
ipsorum A.B.C.D. subjectum et materia Artis Triangulorum exis-
tunt: qui Trianguli ita tnoveiit ad causam finalem artificialiter




148 P R I N G - M I L L


V I


.41 parecer, tenemos ya la contestación a nuestra pregunta inicial,
acerca del porque del numero primitivo de las dignidades en el Arte
general: hay dieciséis dignidades porque la estructura numérica de la
Figura A refleja la estructura numérica de la figura elemental, y la
refleja porque las operaciones que se han de hacer con la Figura A
(como con las demás figuras del ^Vrte con la sola excepción de la
Figura T) están modeladas sobre las operaciones de una combinatoria
elemental. Pero esta contestación no es más que una contestación
parcial: todavía cabe preguntar con qué justificación Llull ha hecho
esto, y para qué fin. y hasta qué punto esta estructuración cuaterna-
ria que se encuentra en su Arte, afecta la estructura de su visión del
universo fuera de aquel contexto. Para solucionar estas preguntas
secundarias, tendremos que volver a la segona figura elemental.


A\ describir la segona figura elemental en la primera Distinción
del Art demostrativa, Llull la encarece de la manera siguiente:


• Ib. , loe. cit.


" « «Obres», XVI, I». 23 , cit.


46


Gradiis, sicut materia formas de potentia in actum ad causam
finalem movet naturaliter»
Recordemos ahora que cuando se aplica la técnica del Liber Prin-


cipiorum Medicinae metafóricamente a otros campos es siempre
«secundum Gradus et Triángulos [el subrayado es mío]», sea en los
Comensaments de teologia, el Liber Principiorum Philosophiae, el
Liber Principiorum .Inris, o en la misma Arte general. Todas las figu-
ras análogas a la figura elemental son, como ella, sujetos para ser
investigados metódicamente mediante su acondicionamiento por los
triángulos, «metent la J , ' ' ^ y se signe que todas las operaciones
combinatorias que se practican en el Art demostrativa sobre una base
elemental dependen tanto de la naturaleza ternaria de la Figura T
como de la naturaleza cuaternaria de la Figura A. «Sicut corpus hu-
manum est subjectus Artis Medicinae», hasta las dignidades se some-
ten a un arte triangular.




E L NÚMERO PRIMITIVO DE LAS DIGNIDADES 149


" » Ib. , p. 17.
Miss Yates ha indicado que mediante las liguras elementales del Art demos-


trativa se puede llegar a las dignidades [pp. 132, 149] , pero ya que no habla de la
diferencia numérica entre las dignidades de esta Arte y las de BCDEFGHllv no las
relacionó de una manera numérica.


47


«Esta figura elemental és molt necessária a saber en esta Art, cor
per ella a hom endressament a aver conexensa de les altres figures;
cor en les obres naturals son significades les obres intrínseques e
extrínseques de a.s.u.»^^^


Estas letras a.s.u. pueden representar tres figuras (la a. de la Deidad,
la s. de las potencias del alma, y la u. de los vicios y las virtudes),
pero también pueden representar lo que éstas representan, y nos
conviene averiguar su sentido preciso para poder apreciar el verdade-
ro significado de este encarecimiento. No se nos dice que «esta figura
elemental és molt necessüria a saber en esta Art» solamente «cor per
ella a bom endressament a aver conexensa de les altres figures» (lo
cual solo justificaría referir «les altres figures» al modelo de la figura
elemental como a su modelo mecánico, en cuanto a la manera de
representar combinaciones de principios); sino que se nos dice que
«per ella á hom endressament a aver conexensa de les altres figures»
porque «en les obres naturals [v. g. las operaciones combinatorias de
los elementos] son significades les obres intrínseques e extrínseques
de a.s.u.>


Ahora bien: si a.s.u. solamente indicasen sus figuras respectivas,
lo que se nos estaría diciendo sería que la figura elemental nos puede
ayudar a comprender las otras porque lo que aquélla representa sig-
nifica las operaciones mecánicas de éstas; esto sería invertir la depen-
dencia de éstas sobre aquélla (la única relación posible si tan sólo
estuviesen modelados sobre aquélla de una manera mecánica). Pero
si las letras a.s.u. se refieren no a las figuras —aisladas de su conteni-
do— sino a lo que éstas representan, entonces el argumento cobra
pleno sentido: lo que se nos estaría diciendo sería que la figura ele-
mental puede ayudarnos a comprender las otras figuras, no porque
éstas dependan de aquélla sino porque lo que aquélla representa sig-
nifica lo que éstas están representando. O sea que las combinaciones
elementales que se pueden estudiar en el mundo material «significan»
para Llull -ref le jan, ejemplifican, manifiestan- las operaciones in-
trínsecas y extrínsecas de la Deidad (que lo c r e ó ) , " " aquellas del alma




15Ü P R l N G - M I L L


humana (que lo observa) y las de la filosofía moral (en la cual se
considera el estado y la conducta de los hombres). Las significan per
analogiarn, y es por esta razón mucho más transcendental que pueden
servir para ayudarnos a estudiarlas inetaphorice loqiiendo. No es nada
sorprendente que Llull vea las operaciones de los elementos, dentro
de su sistema plenamente ejemplarista, como ejemplificaciones de
«les obres intrínseques e e.xirínseques; de Dios; también lo son, natu-
ralmente, las operaciones de las tres potencias del alma (imagen tra-
dicional de la Santísima Trinidad) en la Figura S, y también lo serán
las operaciones de la figura moral. Y si «les obres naturals» significan
las obras de s. y u., no será porque las signifiquen directamente, sino
porque todas las tres «signifiquen les obres intrínseques e extrínse-
ques de a.*; es porque las tres guardan la misma relación analógica a
Dios que se puede argüir analógicamente de una a otra, aplicando la
combinatoria, (jue se había desarrollado para estudiar «les obres natu-
rals» en el estudio de niveles superiores que basta entonces no habían
estado sujetos a una investigación tan rigurosamente «científica».


En vista de lo expuesto, me parece justificado afirmar que el uni-
verso investigado por el Arte general luliano, en cuanto aparece
estructurizado por la Figura A y mientras ésta estaba constituida por
dieciséis dignidades, es un universo construido por Llidl sobre el
modelo de la constitución elemental del mundo material. La estruc-
tura cuaternaria de los elementos habría sido proyectada hacia arriba,
a través de los sucesivos niveles de la escala de los seres, hasta que
se llegara a atribuirla al mismo Dios en cuanto éste era representable
por la Figura A del Arte. El plano de sus dignidades —los principios
creadores de la Deidad— habría sido inferido de la más baja de sus
múltiples manifestaciones; y habiendo sido inferido de esta manera,
se le haría responsable respecto de toda aquella sene de sus repro-
ducciones sobre los diversos escalones de la creación.


La combinatoria cuaternaria de las teorías elementales ha impues-
to su propia base numérica sobre el Arte, y su número —factor es-
tructurizante (como vimos) del mundo material — , deviene así un
formbildender Fahlor no sólo del Arte sino también de la visión del
universo que esta Arte nos ofrece. Llull habría llegado, por lo tanto,
a ese arquetipo estructural de la creación que es su Figura A por el
escrutinio de su proyección sensible; pero cabe preguntar hasta qué
punto Llull llevaría esta estructuración cuaternaria del universo de


48




E L NÚMERO PRLMn;iV0 DE LAS DIGNIDADES 15Í


«Obresi, X Y I , p. 112, cil.
Ib. , p. 17.
Para un estudio del empleo retórico de ejemplos, proverbios, semblanzas y


SU Arte. Mientras creía que los elementos manifestaban su Creador
de becho y que podían ser empleados eficazmente para argüir per
analogiam (si no creyera en esto no lo bubiera hecho), me parece
indudable que hay que contestar que el número de dichos elementos
aparece como factor estructurizante en el Arte, no por razones necesa-
rias sino por razones más bien prácticas. Si no fuera así, y las
dignidades fuesen dieciséis por razones —aunque elementales— nece-
sarias, tendrían que ser dieciséis en otros lugares también, y no sola-
mente cuando están ligadas a la combinatoria del Arte general.


También podemos argüir que si fuera por razón de su cuaternidad
qu(! «les obres naturals» significan «les obres intrínseques e extrínse-
ques de a.s.u.í, esta cuaternidad se hubiera tenido que imponer no
solamente sobre a. y s. (como de hecho fué impuesta) sino también
sobre el sistema de los vicios y las virtudes en modificando su
número tradicional. Y ya que Llull se atrevió a modificar este núme-
ro después, no habrá sido por ninguna razón de inviolabilidad que lo
dejó de modificar entonces; sino que por una parte tenía el mérito de
ser tradicional, mientras que por la otra no había evidentemente
ninguna necesidad de modificarlo para que su sistema combinatorio
elemental pudiese obrar analógicamente con toda eficacia en el
eanipo de la moral.


Ahora bien, aunque me parece que hemos logrado establecer la
dependencia de la combinatoria del Arte general sobre la combinato-
ria elemental, todavía cabe preguntar joara (¡ué fin quiso construir su
combinatoria sobre esta base, ü sea, si miramos el Arte dentro de su
contexto apologético otra vez, cómo todo esto le iba a ayudar a «en-
dressar aquells honiens qui son en e r r o r » . ' " Tendremos que volver
de nuevo a aquella descripción de la segona jigura elemental, en la
primera Distinción del Art demostrativa. Esta descripción termina:


«per aso [o sea porque «les obres naturals signifiquen les obres.. .
de a.A-.í/.>] son dades en esta Art senblanses exemplis e metáfores
en diverses maiieres per la elemental figura, segons les condicions
de la segona distinció»


Y se nos explica la importancia de tales «senblanses exemplis e iiieta-


49




152 l'HhN(í-:\yLI,


«A la doctrina de soure questions se covenen metáfores e senblan-
ces [el texto latino añade et exeinpln\ per tal que enfre lo respon-
dent e aquell qui fa la questió sia caritat justicia; e per aso ans
que respona a la questió se covc a les vegades donar alcuna metá-
fora de la elemental figura, la qual se co\enga ab la conclusió per
so que aquella sia conul comensament a am.i j . los disputans»;'^*


o, como dice en otra parte,
«per tal que a aquell qui és en z. [falsedad] bom fassa atorgar les
metáfores [texío laúno: inetaphoras et e.ienipla] ésser en [ver-
dad], e que per aquelles bom 1 aduga a convenient o a inconve-
nient per possíbol o per inpossíbol»
Las metáforas elementales tienen, por lo tanto, una doble función


en la apologética luliana: por una parte, pueden servir de captalio
benevolentiae, pero por otra - y esto es mucho más importante — , tie-
nen una verdadera función demostrativa gracias a la significación de
lo superior por lo inferior. El procedimiento parece poder resumirse
de la manera siguiente: redúzcase el problema per analogiam a téi-mi-
nos elementales, resuélvase el problema elemental resultante según
la combinatoria elemental, y apliqúese la solución per analogiam al
campo del problema original ;"" y así se habrá resuelto el problema
original de una manera necesariamente lidedigna a cualquiera que
haya admitido la solución que se dio en términos elementales al pro-
blema elemental y aceptado la validez de la analogía. Conviene notar
que la fuerza demostrativa de la metáfora depende enteramente de la
recognición de que «les obres naturals» signilicaii las operaciones


metáforas por el Beato, v. JÜRDI HUUIÚ, t L' expressió litcrüria en labra de Ramón
Llulh, en Obres essencials de Ramón Llull, vol. I (1957) , pp. 1Ü5-1Ü7. Acerca ile los
ejemplos elementales dice: «La naturalesa i sos elements li parlaven.. . un doble lien-
guatge i d'aquest maridatge de sínibol i realitat broUaven les semblances que tant he
ponderal» (p. 1Ü7): lo que nosotros estamos haciendo no es más que precisar la es-
tructura de este «doble Uenguatge». Era la presencia de tales «semblanses exemplis e
metáfores» en lUampicrna [N." 31 , c. 1283] y Félix [N." 36 , c. 1286] - a m b o s escritos
durante la primera época del Arte general— la que condujo a Miss Vates a destacar la
importancia de lo que ella llama el «ejemplarismo elemental» [p. 1 5 1 ] de Llull para
la comprehensión de estas dos novelas (novelas que casi siempre se habían estudiado
desde im punto de vista exclusivamente literario, biográfico o moral).


Bajo la rúbrica «Soure», p. 117.
Bajo la rúbrica «Disputar», p. 120 .
V. las solucions a las siguientes «questions qui son de les cambres de la .ix.*


figura»: Núms. 4 , 12, 13 , 15 , 20 , 22 y 25 , pp. 133-142.


145


14Q


50




KL NÚMERO PRIMITIVO UE LAS DIGNIDADES 153


'^' V . Miss YATES: «Lullian logic.. . niav, in realitv, be . . . a inetlioci of c.xpositioii
rather llian of inquiív, or a diagram of proportions liaving analogies with other pro-
portions», art. cit. , p. 165. Hasta quií punto estaría influido el Beato por las interpre-
taciones místicas de la alquimia, que también remontaban hacia la Deidad sobre la
base de una cond)inatoria elemental, no me es posible juzgar, pero me parece proba-
ble que influyera en algo en el desarrollo de la combinatoria analógica luliaua.


51


superiores; aceptada la existencia de esta relación analógica, la
demostración per analogiarn será aceptable, y una vez que se baya
otorgado la metáfora ésta podrá servir de «conu'i coinensament» para
conducir al hombre (¡ue está en z. a y.


Si esto es así, ¿qué hay que decir de los casos en que no se emplea
una metáfora elemental? Me parece que no existe gran diferencia a
este respecto entre las demostraciones per analogiarn y las que se
hacen por los medios del Arte, cuyo sistema ha sido construido sobre
el modelo de la combinatoria elemental, gracias a la significación de
las obras de a.s.n. en «les obres naturals». Estas demostraciones por
el Arte del Art deino.ilralh'a, ¿no tendrían que ser reducibles, todas
ellas, a términos de una metáfora elemental, la cual —otorgada —
demostraría la verdad superior de una numera convincente?" ' .Me
parece que gran parte de la pretendida eficacia apologética de las
demostraciones superiores debería depender precisamente de esta
dependencia del Arte sobre las ciencias naturales: ya que la teoría de
los elementos, en cuanto a sus esenciales, estaba sostenida por todos
los hombres doctos, tanto del mundo judío como del mundo islámico
— muchos de los cuales aceptaban además una versión mística de la
alquimia — , esta nueva técnica parecería ofrecer un campo inmenso
de posibilidades apologéticas. Llull habría descubierto un método
— al parecer enteramente prác t i co- de argüir desde una teoría tradi-
cional sobre la estructura física de la materia (terreno comúin a él y a
los infieles) en el campo de las ideas teológicas de cuya verdad quería
convencerles. Sus ideas teológicas, sin embargo, como p. e. la doc-
trina de las dignidades divinas, no dependen de esta combinatoria en
la cual se les emplea: y sus dignidades eran —para Llull— principios
evidentes, cuya evidente verdad también sería admitida como «comú
comensament».


Recordemos, para terminar, que esta Arte que hemos estado exa-
minando brotó de la tan renombrada «iluminación» del Beato en el
monte de Randa: aquella «illustració diuinal donant li orde e forma




] 54 PRTNG-MlLt.


de fer los dits libres contra les errors deis infaels», en las palabras de
la Vida coetania}^^ Ahora bien, la doctrina de las dignidades es sin
duda principio y fundamento del Arte como de todo el pensamiento
luliano, pero esta doctrina no la recibió en aquel momento de visión
transcendental: ya la había concebido mucho antes:"^ lo importante
de aquella «illustració» tiene por lo tanto que haber consistido en
ver cómo esta doctrina podría servirle de base para una arte demos-
trativa. Su Arte es arte combinatoria, y para los Unes de una combi-
natoria tuvo que lijar la serie de sus principios fundamentales: y si
tanto la limitación del número de las dignidades como los procedi-
mientos de la combinatoria resultante y su estructuración cuaternaria
fueron concebidos a la luz de la combinatoria elemental, ¿no estaría-
mos justificados al conjeturar que lo esencial de aquella «illustració»
consistiera en haberse dado cuenta —como de golpe y con toda la
fuerza de una revelación —, de que se podrían emplear los métodos de
la combinatoria elemental para argüir per analogiam de Dios y del
mundo inteligible y moral?


«Elementa sunt quatuor piüncipia rerum naturalium... : ut autern
de ipsis et de operationibus eorum in corporibus physicis babea-
mus notitiam, per quam possimus proprie vel etiam metapliorice
responderé ad factas questiones, sunt figurata»'""^


y, representados en la figura elemental, entran de pleno en el Arle:
bastaba elaborar un sistema combinatorio sobre esta analogía para
obtener uii sistema en el cual las dignidades cobrarían fuerza demos-
trativa.


Este primer artículo ha intentado exponer algo de las relaciones
entre el Arte general y las teorías elementales expuestas por Llull en
otras de sus obras. La existencia de relaciones de esta índole, y su
importancia para la comprehensión del Arte, es la tesis central del
artículo de Miss Yates, y aquí me toca precisar las diferencias entre
nuestros puntos de vista. Miss Yates llega a decir que el Arte está


E(l . FRANCESC DE B . MOLL (Palma, 1 9 3 3 ) , p. 1 5 .


V. CA, 1 , pp. 3 5 7 - 3 5 8 para la posición de esta doctrina en el Libre de con-
templado.


»» V. n. 1 2 3 .


52




ÉL NÚMERO PRIMITIVO DE LAS DIGNIDADES 155


«patteriied on elemental astrologyj, art. cit. , p. 1 5 4 .
YATES, p. 1 2 7 . Lo que le pareció más curioso de la nueva «astronomía» de


Llull fué la manera en que la influencia de los signos y planetas se identificaba con la
de los «principios designados por las letras BCDEFGHIK [i. e. en la segunda época]
en el Arte luliana» (p. 1 2 4 ) . En el segundo de estos artículos se va a hablar de un
principio general segiin el cual BCDEFGHIK se manifiestan a todo nivel de la escala
de los seres; por importante que sea el caso astrológico (ya que la conexión entre los
cueq)os celestiales y los elementos dominaba todo el mundo sensible), sigue siendo un
caso que se hace más coraprehensible en vista de aquella regla general. Esta regla,
como el Tractatus Novus de Astronomía que suscitó el problema para .Miss Yates, per-
tenece a la segunda época.


" » YATES, pp. 1 3 2 , 1 3 9 , 1 4 9 , 1 5 6 .


YATES, p. 1 5 0 .


«modelada sobre la astrología elemental»/*' pero no pudo hallar una
explicación muy precisa de la trabazón que las unía: quiso enfocar el
problema por un estudio previo del Tractaíus Novus de Asironomia,
Y se había interesado en la astrología luliana porque se sentía con-
vencida de que el secreto del funcionamiento del Arte se debía de
hallar precisamente en «la conexión entre BCDEFGHIK y ABCD».'*-
Pero BCDEFGHIK es el alfabeto de la segunda época, y a pesar de
citar el Ari demonstraliva varias v e c e s , M i s s Yates ha trabajado
principalmente con el Arte definitiva, cuando la doctrina de las dig-
nidades se había establecido sobre la base numérica de nueve. Creo
que fué por esto que no pudo aclarar cuanto quisiera las relaciones
entre el Arte y la teórica elemental.


Aunque tengo que confesar que este punto no se me ocurrió
cuando tuve el gusto y el privilegio de leer el artículo de Miss Yates
antes de que se publicara, al empezar a investigar este problema por
mi propia cuenta me pareció que, para hallar la verdadera «conexión
entre BCDEFGHIK y ABCD», se tendría que remontar primero de
BCDEFGHIK a BCDEFGHIKLMNOPQR, o sea que se tendría que
investigar la naturaleza de las relaciones entre las dignidades y los
elementos en aquellas versiones del Arte en que ambas teorías fun-
cionaban sobre la misma base numérica. Todavía queda mucho por
hacer: habrá que investigarse no sólo la aplicación metafórica de la
técnica de la deí'iclio sino también aquella de la doctrina de los grados
(implícita en la primera figura elemental) y convendrá estudiar tam-
bién - c o m o ha indicado Miss Y a t e s - , ' " los procedimientos circu-
lares, cuadrangulares y triangulares del Arte; pero espero haber podi-


53




156 PhING-iMlLL


do demostrar de una manera más decisiva la naturaleza elemental de
la combinatoria luliana en el texto que hemos estudiado. El número
primitivo de las dignidades en el Arte general parece, a primera vista,
de poca importancia, especialmente cuando se recuerda la fluctuación
de su número en otras obras: pero fué la evidente arbitrariedad de esta
serie cuaternaria lo que nos permitió establecer el origen elemental
de su cuaternidad en este caso, mientras que la fluctuación continua-
da de su número en las obras no ligadas a la estructura del Arte nos
demuestra que esta estructuración elemental de la teoría de las digni-
dades no trascendía las necesidades prácticas del Arte general.


R . D . F . PRI .NG-MILL


ÜXFUICL


54




DOCTRINAS JURÍDICAS INTERNACIONALES DE
RA^MÓN LLULL (')


I


SOCIEDAD INTERNACIONAL


1) Concepción de la organización del Mundo en ¡a Edad Media.


En nuestros días se entiende comunmente por organización inter-
nacional el principio de orden regulador de la coexistencia de los
Estados nacionales, una organización en la cual estos Estados conser-
van su soberanía y cuya finalidad primordial es mantener la paz y


(*) B I B L I O G R A F Í A


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en la antigüedad y en la Edad Media acerca de la organización del
mundo estaba «basada esencialmente sobre el principio de la subor-
dinación: subordinación de reyes, príncipes, pueblos, ciudades y




DOCTRINAS JURÍDICAS INTERNACIONALES 159


N . \\iKHVS¿o\\aK\: Jlaniori Lull et l'idéc de la Cité de Dieu. Quelqiies noiiveaux
écrits sur la Croisade; Miscellíinia LuMiana, Barcelona, 1 9 3 5 .


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B . n'Ai.os MONER: Idees Lublianes de Comunitat Universal; Mi.scellania Pat.xot
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M. PnODOi.i.ERs: Doctrinas l'aeijislas de Raimundo Lulio en relación con la Coniu-


didad Internacional; Anales de la Universidad de \'alencia, 192.3-192().


' L. LUDKHMANN: Les t'rccurseurs de rOrganisallon Internationale. |)áps. 2 1 - 2 2 .


Para los romanos, civis romanas equivalía a rivis mundi: Cicerón enseñaha que
1(1 mundo entero no forma más que una sola ciudad»; Séneca decía: «nosotros abar-
camos dos repúblicas e.n nuestro ánimo, una grande (jne es propia de lodos v que
comprende a los dioses v a los hombres. . . , v otra ([ue es la que nos ha dado nuestro
nacimientoj; Marco Aurelio comparaba las distintas naciones a los edillcios particula-
res de una ciudad (autor y obra citados).


'' R . BEGOUT: La doctrine de la guerre juste de Saint .iuguslin a nos jours,
pág. 5 3 .


T. v .1. CARRERAS i .4RTAU enseñan que la idea v el recuerdo del imperio romano
([ue tanto atrajo a Dante en su De Monarchia y a otros ilustres pensadores de la época.


Estados al centro de un solo dominador; los imperios sirio, persa,
macedónico y romano, como más tarde el imperio de la Edad Media,
apuntaban hacia una organización del mundo, pero la querían realizar
por la dominación de todos a uno solo». '


En la mentalidad de toda la Edad Media el ideal del imperiiiiii, de
la unidad de la cristiandad bajo el papa y el emperador, ocupó un
lugar importante, contribuyendo a hacerlo revivir durante los siglos
XI y Xl l dos acontecimientos fundamentales: el poderío creciente
del papado y el intenso desarrollo del estudio del Derecho romano,
iniciado en Bolonia; y arraigó tan hondo esta concepción, que con-
servó numerosos y ardientes partidarios aun después de mediados del
siglo XIII, en que la fuerza imperial es definitivamente destrozada, y
después del siglo XIV, en que la influencia de los papas va debilitán-
dose.'-' En suma, esta Edad no hizo más que prolongar la actitud polí-
tica, el estado de espíritu de la antigüedad frente a la idea de organi-




160 RAFAEL BAUZA Y BAUZA


zación internacional, expresión bien anacrónica para la época en
estudio, puesto que no existía aun la idea del Estado nacional; pero,
aun sin cambiar mucho el principio político de dominación y de


también fascinó a Llull (Historia de la Filosofía Española, Filosofía Cristiana de los
siglos Xni al XV, t. I, pág. 624) .


Recuérdese que San Agustín postuló como único tipo de gobierno la Monarquía
imiversal, y que su doctrina, tuvo una importancia tan grande en la evolución históri-
c a , que fué el soporte intelectual de la cristiandad medieval, en la cual existió u n a
Monarquía universal, el Sacro Imperio Romano-Germánico, bajo la dependencia supe-
rior del Pontífice. Y España trató de reconstruir históricamente el ideal agustiniano,
intentando con Carlos I el restablecimiento del Imperio y con Felipe II la instauración
de una Monarquía universal.


D.VNTE Ai . IGHIF .m (1265-1321) dio cima a la formidación doctrinal más rigurosa y
acabada de la teoría de la monarquía imiversal: para Dante todos los reinos se enmar-
can en una unidad superior, a la que llama monarquía temporal —«principado único
V sobre todos los demás en el tiempo o en aquellas cosas medidas por el tiempo» — ,
en la cual el poder del monarca universa! se ejerce a través de los distintos príncipes.
Este emperador, «teniéndolo todo y no pudiendo desear más», mantendrá «contentos
a los reyes en los límites de sus reinos, de modo que tengan paz entre sí»; lo cual
equivale a concebir al Emperador de los hombres como un verdadero dios terrestre
(Obras y pasajes citados).


.\demás, el ideal de unir a toda la Cristiandad bajo el papa y el emperador lo
encontramos igualmente reflejado en los escritos de los defensores de la supremacía
del poder espiritual sobre el temporal y de los de éste sobre aquél.


El imperialismo papal del preclaro franciscano inglés, ROOERIO BACON (¿1210-1292) ,
expuesto en el Opas Majas, una de las grandes obras que nos ha legado la Edad Me-
dia, no es más que el siguiente: el papa es el vicario de Dios sobre la tierra, el obispo
soberano que, en lo temporal y en lo espiritual, posee la plenitud de poder; es como
un dios terrestre. El Romano Pontífice es el legislador supremo que está por encima
del Emperador y de los Reyes; a él está sometido todo el género humano. Un Dios
único —afirma el Doctor admirable— ha creado el universo; un Papa único distribuye
la ciencia a la humanidad. (R. LANDUV: obra citada, págs. 61-87. - A. .^GUinaE Y R E S -
PAI.DIZA: La Ciencia Positiva en el Siglo XIII. Rogerio Bacon).


SAN BUENAVENTURA (1221-1274) enseña que, al igual que Cristo, el papa tiene las
dos espadas: es el rey de reyes y el obispo de obispos. Mas, a estos dos poderes, tem-
poral y espiritual, el papa no los ejerce de la misma manera: la espada espiritual está
en manos del papa: la temporal está confiada al emperador, quien debe manejarla
según y conforme la voluntad de la Iglesia. Como Dios quiere la unidad del mundo
cristiano, n o puede consentirse que la humanidad se establezca bajo una doble jerarquía:
la del papa y la del emperador. Existiendo un jefe único superior a los demás, se evita
la lucha entre éstos, que de otra forma no tendría solución posible. Por todo ello, es
que la humanidad debe estar perfectamente unificada, asemejándose a una pirámide,
de cuya cúspide, que es el papa, fluye toda autoridad, tanto temporal como espiritual;




DOCTRINAS JURÍDICAS INTERNACIONALES 161


In autoridad que el emperador reci!)e del papa, la transmite, descendiendo por grados,
a los reyes y harones (B. L.\NDRY: obra citada, págs. 2 3 - 4 9 ) .


El imperialismo y monismo papal de Gir, DE ROMA o EGIDIO ROMANO ( 1 2 4 7 - 1 3 1 6 )


representa la acentuación teórica máxima de la supremacía papal en el sentido teocrá-
tico, es decir, del poder temporal universal del papa (teocracia). En su De Ecclesiasti-
cn Polestale enseila que el papa es el poseedor de las dos espadas, la tínica fuente de
autoridad, el juez supremo de la humanidad tanto en el orden espiritual como en el
temporal; tanto la jurisdicción espiritual como la temporal baja del Romano Pontífice,
gradualmente, hasta el último sacerdote y el último seglar. Para fundamentar su doc-
trina, este tratadista se sirve de los argumentos corrientes en las polémicas anteriores,
como por ejemplo; así como la luna recibe del sol la luz que nos trasmite, así el empe-
rador recibe del papa su potestad; y del mismo modo que los cuerpos inanimados
están sometidos a los animales y éstos a los hombres, así también los diversos poderes
temporales (imperio, reinos, señoríos) están naturalmente subordinados al poder reli-
gioso. Y . refiriéndose a la teoría de ¡as dos espadas, señala que la doble naturaleza del
hombre, compuesto do alma y cuerpo, exige una doble protección: de la espada espi-
ritual y de la espada temporal: ahora bien, como el espíritu gobierna el cuerpo, la
espada temporal ha de estar sometida a la espiritual, y no de modo indirecto, como
en la concepción de Sto. Tomás, sino directamente — teoría de la ̂ oíejías directo in
temporalihus - ( B . LANDRV: obra citada, págs. 1 2 9 - 1 5 6 . - A . TRUYOL SERRA: monografía
últimamente citada).


La idea más importante del papa I.NOCENCIO III ( 1 1 9 8 - 1 2 1 6 ) fué la de organizar la
cristiandad como una vasta confederación, de la cual él sería el jefe, y reunir todas las
fuerzas vivas como en un haz, a fin de acudir en una gran cruzada a la liberación de
los Santos Lugares (.\. BOÜLENGER: Historia de In Iglesia, pág. 3 0 1 ) .


El franciscano gallego, ALVARO PELAVO ( 1 2 7 5 - 1 3 5 3 ? ) , ostenta la representación his-
pánica en esta gran polémica medieval entre el Pontificado y el Imperio, mantenien-
do, en sus obras De Slatu et Planeta Ecclesiae, Speculuní liegnun y Collyrium Adversas
Huereses, una enérgica postura favorable al poder pontificio. El Papa —dice Pelayo—
recibe su poder directa e inmediatamente de Dios v tiene la plenitud de poder sobre
la tierra: un poder universal espiritual y temporal; estos dos poderes, eclesiástico y
civil, son partes integrantes de una potestad, tienen el mismo fin y objeto, siendo el
poder temporal el medio del espiritual; sin el consentimiento, al menos implícito, del
papa no puede existir jurisdicción alguna ni del emperador ni de los príncipes. El
Romano Pontífice es juez universal, apelación última de todas las causas; hasta los
gentiles, paganos y bárbaros dependen, en cierta manera, del Vicario de Cristo desde el
momento en que están sometidos a la ley natural, y el Pontífice puede castigar toda fal-
ta a ella. Es así el papa universalis nionarclia toíius populi Christiani et de iure totius
mundi: Papa sed quasi Deus in terris. Mas, es conveniente que el papa confíe la ejecu-
ción de la jurisdicción temporal al emperador y a los reyes, y, ambos, papa y empera-


subordinación, añadió un cimiento moral de resplandor incomparable:
el cristianismo. La Iglesia, orguUosa de figurar en la lista de los uni-
ficadores de la especie humana, no exigía, como Roma, la desapari-




162 RAFAEL DAUZÁ Y BAUZA


dor, deben conservar sus propias jurisdicciones, sin confundirlas, aunque subordinada
la temporal a la espiritual.


Para Pelayo, el emperador es la más alta dignidad humana, estando colocado por
encima de todos los reyes, debiéndole estos obediencia, a excepción de los reyes de
España, porque ellos conquistaron sólo sus tierras al enemigo y nunca fueron parte de!
Imperio. El emperador es el defensor de la Iglesia, el vicario del papa para lo tempo-
ral; por lo que el Pontífice debe ratificar, expresa o tácitamente, la elección imperial.
A la Santa Sede le incumbe el supremo derecho de inspección sobre los soberanos
temporales v la facultad de amonestarles y aun privarles de sus dominios si fuese ne-
cesario (E. DE HINOIOSA: Influencia que tuvieron en el Derecho público de su patria los
filósofos y teólogos españoles anteriores a nuestro siglo, págs. 6 6 - 6 8 . — L. GARCÍA ARIAS:
Adiciones sobre Historia de la Doctrina Hispánica de Derecho Internacional, pp. 3 4 6 - 3 4 8 ) .


En el mismo comienzo del siglo XIII , cuando el pensamiento árabe empieza a ser
conocido de los doctores cristianos, el emperador FEDERICO II DE ALEMANIA (1215-1250)
se apasiona por el Oriente, y la oposición irreductible entre Averroes y el Cristianismo
deja de ser puramente especulativa para traducirse en hechos; Federico II, el cimpe-
rator semper augustus» como se hacía llamar, quiere imponer a sus estados de Italia
el régimen en vigor en el mundo musulmán; con lo cual la doctrina de Averroes se
hace doctrina de gobierno, queriendo hacer revivir de este modo el viejo imperio
pagano. Lo que agradaba a Federico II, de Averroes y de la civilización árabe, era la
ciencia enteramente racional; una sociedad sin papa y bajo la exclusiva dominación de!
poder civil. Este emperador niega al papa todo derecho frente a la autoridad imperial:
la Iglesia, según él, no posee ninguna jurisdicción temporal; ni el Romano Pontífice ni
los obispos deben ser reyes o príncipes. Con la desaparición de la Iglesia, como cuerpo
político, la tranquilidad renacerá en Europa, las revueltas y guerras que los clérigos de
Roma suscitan perpetuamente hallarán su fin (B. LANDRY; obra citada, págs. 119-122) .


JUAN DE JANDUN y MAHSILIO DB PADUA, al monismo papal de Gil de Roma oponen


un monismo imperial, y propugnan la teoría de la soberanía del pueblo y la teoría
conciliar. Ambos escritores, después de mostrarse partidarios de la unidad mundial, al
afirmar que así como es único el corazón del animal también debe ser único el jefe de
la sociedad, en e! Defensor Pacis intercalan el siguiente texto; «el supremo legislador
humano no es otro sino la universalidad de los hombres - civium universitas - o l a
parte más notable de ellos — valentor pars— , a quienes se aplican las leyes; pero como
la universalidad de las provincias o la parte más notable de ellas ha transferido esta
autoridad legislativa al pueblo romano, por razón de la superioridad de su fuerza y de
su valor, éste ha obtenido v aun tiene hoy el derecho de dictar leyes para todas las
provincias del mundo. En fin, si el pueblo romano ha transferido a su príncipe el
poder legislativo, es necesario afirmar igualmente que este poder pertenece al príncipe
de los romanos»; «el emperador». Los autores del Defensor Pacis predican el principio
laico de la sumisión de la Iglesia al Estado: una autoridad rival se levanta frente al
legislador y jefe de la ciudad, el papa; el clero carece de poder coactivo, hallándose


ción de los Estados particulares y su absorción en el Imperio, sino
que ella enseñaba simplemente que la Cristiandad, este cuerpo místico,
debía realizar el super-Estado, el gobierno cristiano supremo, el cual




DOCTRINAS JURÍDICAS INTERNAC10NAI.ES 163


sometido, como un estado más, a la autoridad del legislador romano; el papa no es
sino el vicario del emperador en Roma. Cristo no es im princeps, sino un medicus de
los fieles puesto que vino al mundo para lihrarnos del mal; es la autoridad de un mé-
dico, y no la de un rey, la que posee la Iglesia, la cual, fiel al Evangelio, no debe
ejercer ninguna jurisdicción. Y , porque todos los sacerdotes son iguales en el orden es-
trictamente espiritual e igualan en dignidad al papa, la instancia suprema en lo pura-
mente eclesiástico es el concilio universal; el Romano Pontífice no tiene autoridad
ninguna sobre los obispos, ni es sucesor de Pedro; el episcopado es de institución hu-
mana ( B , LANDBV: obra citada, págs. 1 5 7 - 1 7 7 . - E . DE HINOIOSA: obra citada, pág. 6 5 . -
A. TRUY'OL SERRA: monografía iiltimamente citada).


^ Recuérdese que durante los siglos X y XI el sistema feudal estuvo en todo su
apogeo: la soberanía estaba repartida entre innumerables señores feudales, grandes y
pequeños, en continuas luchas fratricidas. El cambio no se operó hasta las dos décadas
siguientes; los reyes de este periodo - Felipe Augusto y San Luis, en Francia; Enrique
II y Enrique III, en Inglaterra; Fernando III, en Castilla — ahora se sienten príncipes
libres y absolutamente independientes.


* Llull es autor de una obra con título muy parecido al del opiísculo de Dubois;
Quomodo Terra Sancta recuperari potest, aunque de contenido distinto, como veremos.


debía estar por encima de los gobiernos particulares e imponer el
respeto al derecho, para conseguir de este modo un régimen de paz y
bienestar general; la religión cristiana debía constituir el casus foede-
ris, el cimiento político-moral-espiritual en que soñó San Agustín.
Esta concepción cristiana tenía la ventaja de armonizarse con la divi-
sión política característica de la sociedad europea en los tiempos de
la feudalidad: no existiendo aun el sentimiento nacional, el cristia-
nismo reinaba en casi todas las partes del mundo de aquel entonces,
y hacía notar la falta de una cabeza situada por encima de las sobera-
nías particulares y, en consecuencia, superior a la sociedad feudal de
los mil miembros, primero, y de los nuevos Estados, después.'


2) Precursores de la organización internacional.


Cuando la Edad Media tocaba a su fin y el Estado nacional surgía
de entre las ruinas de la concepción medieval de monarquía universal,
el legista francés, abogado normando y consejero del rey de Inglaterra
Eduardo IV, FIERRE DUBOIS (¿1250-1321?), lanza la idea de una organi-
zación internacional, que es tenida, por casi todos los tratadistas de
Derecho internacional público, como el primer proyecto de Sociedad
de Naciones aparecido en la Historia. En su opúsculo De Recupera-
tione Terrae Sanctae,* publicado entre los años 1305 y 1307, Pedro




164 RAFAEL BAUZA Y BAUZA


' En cuanto a la competencia política de esta asamblea, a su composición, a sus
tareas y a su procedimiento, todo está en la mayor vaguedad (L. LEDERMANN: obra ci-
tada, págs. 32-40 . — A. NussBAU.M: Historia del Derecho Internacional, pág. 50 ) .


* Así, en 1462, el rey de Bohemia, Jorge Podebrand, intentó ganar al rey Luis XI
de Francia para una alianza contra los turcos, según el plan preparado por MAHINI,
aventurero francés consejero del rey de Bohemia, y cuyo plan de federación entre los
dos reyes debía ampliarse a otros Príncipes. Y, en 1518, Enrique VIII de Inglaterra y
Francisco I de Francia firmaron un tratado en el que se preveía una liga contra los
turcos y contra cualquier otro agresor, a la que fueron invitados todos los demás
Príncipes cristianos.


' «Puesto que el emperador — dice Llull — no reúne aquel poder que solía tener
cuando los Césares de Roma reinaban, y se ha llegado a la casi igualdad de poder
entre los príncipes y las ciudades, el imperio está dividido en muchas partes y han
surgido muchos príncipes y muchas comunidades ciudadanas; y por esto hay guerras y
discordias en el mimdo, y en éste falta un poder universal que ayude a amortiguar
aquellas discordias y guerras producidas por los hombres malos» (Arbre Imperial, cap.
III: De les Branques, epígrafe 1: De Barons. Edic. Obres de Ramón LluU, X I , Mallor-
ca, 1917, 308-309) .


Diibois, como postulado previo a una nueva Cruzada para la recupe-
ración de Tierra Santa, defiende el establecimiento de una paz uni-
versal en toda la Cristiandad mediante un Concilio general de todos
los Prelados y Príncipes seculares, con sede en la ciudad francesa de
Toulouse, convocado y presidido por el Papa, pero correspondiendo
al Rey de Francia proponer la convocatoria de esta asamblea — con-
cile, le llama Dubois—


El discípulo de Sto. Tomás de Aquino admite la suprema autori-
dad del Papa en el plano espiritual, pero en el terreno político no le
considera más que un primiis ínter pares. Y un aspecto llamativo de
este proyecto es la eliminación de la prerrogativa imperial: Dubois
pensaba francamente en una posición de hegemonía para Francia.


En los siglos posteriores, otros autores concibieron la idea —y la
propusieron para aquellos momentos políticos— de una federación o
coalición de Estados dirigida a luchar contra los turcos.^


3) Doctrina luliana.


Ramón Llull estaba convencido de que la inexistencia de paz, en
gran parte era debida a la falta de un poder universal que ayudase a
amortiguar las guerras y discordias, a mantener en amistad y concor-
dia a los numerosos Príncipes y comunidades políticas surgidas con
la decadencia del Imperio romano. ' Mas, este poder universal no po-


8




DOCTRINAS JURÍDICAS INTERNACIONALES 165


' Este es el calificativo, expresivo y oportuno, dado por el P. ANDRÉS DE PALIMA
DE MALLORCA al cardenal Tu solus altissinius Jesudirisle por su misión esencialmente
pacificadora.


° «Pare Sant!, dix lo Cardenal a TApostoli: Com puríem ordenar nostres missat-
ges a tractar pau enfre les comunes? L'Apostoli li respós e dix que los missatges anas-
sen per les comunes espiant qual comuna ha tort contra l'altra; e l'Apostoli tractii
cora una vegada l'any cada potestat vengues a un loe segur on fossen totes les potes-
tats, e que segons forma de capítol, que's tractas amistat e correcció deis uns ais
altres, e puniment de moneda fos en aquells qui no voldrían estar a dita deis definidors
del capítol. On, per l'ordenament que feu l'Apostoli segons la forma damunt dita,
esdevenguen les comunes en pau e en concordia» (Libro 1\ , cap. 95 , epígrafe 5 . Ed.
Obres de Ramón Llull, vol. LX, Mallorca, 1 9 1 t , 367-368) .


día ser realizado ni por el Imperio romano,porque había desaparecido,
ni por la fuerza imperial, destrozada por la naciente idea de indepen-
dencia nacional; el poder espiritual del Papa era el único poder aglu-
tinante que quedaba; y Llull lo supo armonizar con la realidad del
ambiente y con el espíritu de libertad que es característico del pueblo
en que nació, ideando un concilio universal de reinos convocado
anualmente, presidido por el Pontífice y con poder coercitivo sufi-
ciente para cumplir su misión. Así, en su Libre de Blanquerna, el
Doctor Iluminado pone en boca del «Cardenal de la Paz»* las siguien-
tes palabras:^ «¡Padre Santo!, dijo el Cardenal al Pontífice, ¿cómo
podríamos ordenar nuestros mensajeros para tratar paz entre los paí-
ses? El Papa le contestó y dijo que los mensajeros fuesen a las comu-
nidades y procurasen inquirir cuál de ellas tiene quejas y agravios de
la otra; después él trataría como anualmente cada potencia acudiese
a un lugar señalado o seguro, a donde concurriesen todas las demás
comunidades, para que, según forma de capítulo, se tratase amistad y
corrección de unas a otz-as, y pena pecuniaria hubiese para aquéllas que
no se aviniesen a las resoluciones de los definidores del capítulo. De
donde, por el ordenamiento que hiciese el Santo Padre, en la forma
arriba indicada, viniesen las comunidades en paz y en concordia».


Este texto luliano es suficientemente explícito.
a) La forma que debía adoptar la Sociedad de Naciones, ideada


por Llull, era la de un capítulo —segons forma de capítol—, no siendo
nada de extrañar porque ella es la más antigua y la más eclesiástica.


b) La autoridad encargada de convocar y presidir la asamblea
era el Romano Pontífice, porque, en opinión del Bienaventurado
Maestro, a él le compete la ordenación espiritual del mundo, sobre




i 66 R A F A E L BAUZA Y BAUZA '


El Dr. PnoDsr enseña que «las opiniones —de L l u l l - acerca del poder espiri-
tual y del poder temporal son absolutamente las de la más antigua tradición:
el jefe religioso, el Papa, representa al Espíritu Divino sobre la tierra, y,
c o n arreglo al principio de jerarquía, delega una parte de su poder en los Príncipes,
intermediarios entre Dios y los homi)res.. . Sabido es que, en Blampierna, Llull subor-
dina lo temporal a lo espiritual. Lo temporal tiene por función el ejercicio de los po-
deres militar, judicial y administrativo. Lo espiritual está fundamentado sobre el co-
n o c i m i e n t o integral; tiene por misión conservar y enseñar la doctrina recibida de Dios.
Los reyes y los Príncipes son los delegados del Papa y de la potestad moral, espiritual,
que les ba sido confiada en lo que afecta a la dirección de los pueblos y a la acción en
general» (Lull Champion Universel de l'Unilc, par Lispiration el par Tradilion, pág.
139) .


^'iKHüSzowsKi afirma que «no cabe duda ([ue Llull consideraba que el poder del
Papa se extiende, no solamente sobre lo espiritual, sino también sobre lo temporal, y
que tiene dereclio a demandar la subordinación más absoluta del mundo entero. . .
Dios ha dado, según Llull, un signo visible del poder temporal de la Iglesia: la dona-
ción del emperador Constantino a la Iglesia romana» (Itamon Lull el l'idée de la Cité
de Dieu, págs. 406-407 y 409) .


10


la cual viene edificada la ordenación temporal del mismo. Además,
esta distinción en favor de la Santa Sede no es sino consecuencia de
la unidad religiosa entonces imperante en Europa, de la supremacía
del poder espiritual sobre el poder temporal y de las ideas místicas
del autor del Libre de Biaiiquenia.^'^


c) A semejanza de lo que ocurre con la Asamblea General de la
O. N. U., el periodo ordinario de reuniones debía ser anual —mía
vegada L'any—, sin señalar época especial del año; y el lugar de reu-
nión imo previamente señalado o seguro - un Loe segur—, ^p&ro s\n
señalar ciudad, poblado o edificio determinado.


d) Miembros de esta Sociedad debían serlo todas las Naciones
— cada potestad vengues on fossen toles les poleslats—, sm distinción
entre cristianos, infieles y herejes, entre blancos, negros y amarillos,
entre grandes y pequeñas naciones, ni entre potencias orientales y
occidentales; se trata, pues, de una organización internacional, con
espíritu de universalidad, de este espíritu del que se ha visto privada
la O. N. U. basta la admisión de diez y seis países - e n t r e ellos Espa-
ña— el 13 de Diciembre de 1955.


e) La finalidad de esta organización universal era tratar amistad
y corrección de unas naciones a otras —Iradas pan enfre los comu-
nes—, mantener a las comunidades en paz y en concordia —esdeven-
guen les comunes en pau e en concordia —, terminar con las guerras




DOCTRINAS JURÍDICAS INTERNACIONALES 167


" Llull nunca confundió esta asamblea de naciones con los capítulos de obispos,
arzobispos y cardenales, puesto que de éstos trata en el capítulo 89 del ülaurjiícrna, y
les asigna como misión: ordenar y hacer que i s u s vidas sean agradables a Dios», dar
«buen ejemplo a las demás gentes»; y t s e r perfectamente ordenados en este mundo».


liumún UuU y la Sociedad de las Xaciones. pág. 21 .


11


públicas y con aquellas privadas que fueron el azote de todos los
países europeos de la Edad Media. Su competencia no difiere, pues,
de la principal asignada a la Asamblea general de la O. N. U.: toda
cuestión relativa al mantenimiento de la paz y la seguridad inter-
nac ional . "


f) A las naciones contraventoras o que no se avinieren a las
resoluciones capitulares se les debe imponer sanción pecuniaria - e
puniment de moneda fos en aquells qui no voldrían estar a dita deis
definidors del capital—. En opinión del P . ANDRÉS DE PALMA DE M A -
LLORCA, «definidores del capítulo serían aquellos miembros que inte-
grasen el consejo internacional, y que, al mismo tiempo que asesora-
sen al Presidente del capítulo, ejercieran el poder coercitivo en orden
a la indisciplina y al incumplimiento de las resoluciones dictadas por
ellos mismos».'- No especifica el te.xto luliano ni cuántos ni cuáles
deben ser estos definidores; pero, de su atenta lectura, resulta inequí-
voco que éstos no pueden ser los enviados ni del Romano Pontífice
ni de los Cardenales, sino tan sólo los representantes legítimos de las
comunidades o naciones asambleístas; la distinta misión encomendada
a unos y a otros aparece bien definida: la de los primeros —los envia-
dos— es investigar y dar cuenta al Papa o a los Cardenales del estado
de las comunidades, mientras que la de los segundos —los legítimos
representantes— es tratar paz y amistad entre las naciones represen-
tadas e imponer sanción pecuniaria a aquéllas que no se aviniesen a
las definiciones adoptadas por la asamblea. Y, finalmente, merece un
breve comentario el hecho, a primera vista extraño, de que Llull pro-
pugnara el castigo con multas. Según el insigne Maestro, el no acep-
tar o no obedecer alguno de los acuerdos de la asamblea lleva apare-
jada la imposición de una sanción, de un castigo —puniment—, que
reviste todo el carácter de una multa -puniment de moneda — ; no se
trata, por tanto, de una restitución, compensación o reparación,
puesto que la multa mira tan sólo a las infracciones consabidas. Con
esto nos da a entender el Beato que no encontraba eficaz la
sanción espiritual, la excomunión tan utilizada basta entonces, debi-




l 6 8 RAFAEL BAUZA Y BAUZA


" Las Doctrinas Políticas en la Cataluña Medieval, págs. 97-98 .
ItuDOLF UnuMMF.R, Zuc Daticrung Von Ramón Llulls <Libre de Blanquernaj,


Estudios Lulianos, I , 1957, 2 5 7 - 2 6 0 . - S . GARCÍAS PALOU, El tLiber de quinqué sapienti-
busí del Blo. Ramón Llull en sus relaciones con la fecha de composición del <Libre de
Blanquerna», Estudios Lulianos, I , 377-384 .


12


do, sin duda, a que en sus correrías había notado que la fe menos
ardiente hacía a los hombres poco sensibles a esta sanción.


Después de estas breves notas a tan interesante texto luliano, nos
creemos obligados a declarar que Ramón Llull, en pleno siglo XIII ,
adelantándose a todos los autores de proyectos paciíicadorcs a base
de una organización internacional y sin tener muy en cuenta el siste-
ma doctrinal propio de la Edad Media, vislumbró y ofreció al mundo
el armazón de una verdadera Sociedad de ¡Naciones con espíritu de
universalidad, basada en el principio de la igualdad soberana de todos
sus miembros, encargada de procurar una paz estable y duradera
entre todos los países del orbe conocido y con facultad para imponer
sanciones pecuniarias a las naciones contra^•cntoras. Como dice el
Catedrático ELÍAS DE TEJADA , «salvo en este punto —que la convocato-
ria y presidencia de la asamblea quede a cargo del p a p a - la concep-
ción luliana es la misma de las actuales Sociedades de Naciones u
Organización de las Naciones Unidas; si no hubiese existido la ruptu-
ra religiosa de la Reforma lo serían hasta en este último detalle».'^


Comparando la concepción luliana con la de Pedro Dubois acerca
de la Sociedad internacional, debemos afirmar cpie la idea de Llull es
más completa que la del escritor francés y anterior a la de éste: lo
primero, porque el Doctor Iluminado es más detallista, porque no
pensaba en una posición de hegemonía por parte de ningún Estado
temporal, y porque la asamblea era casi puramente civil y no la mitad
civil y mitad religiosa; y, lo segundo, porque el Blanqiierna data del
año 1283, ' * mientras que el opúsculo de Dubois se calcula que fué
escrito unos veintidós años después. Además, ¿ N O es mucha coinci-
dencia que la obra de Dubois lleve por título I M O muy parecido a
otro opúsculo de Llull y que aquél predique también una nueva cru-
zada para la recuperación de los Santos Lugares de Palestina?; ¿no
hace pensar esto que el abogado normando podía conocer los libros
de Llull y sobre ellos exponer su teoría de sociedad internacional?


Finalmente, la plantilla de verdadera Sociedad de Naciones imagi-
nada y prevista por el autor del Blanquerna N O tuvo resonancia alguna




bOCTHINAS JURÍDICAS INTERNACIONALES 169


" Como dice ELIAS DE TEJADA «tampoco son demérito - paia el mal lorquín-
que sus voces cayeran en el desierto de las cortes romanas v francesas, perdidas entre
la indiferencia de un Bonifacio VIH y el pagano egoísmo de Guillem de iVogaret. Por-
que él estaba por encima de todos, bien arraigado en el fecundo suelo de su patria,
pero con la frente en las alturas ilusionadas de los cielos» (Obra citada, pág. 1 0 8 ) .


Desde los tiempos más remotos los jefes de pueblos o villas sometieron sus
diferencias a jueces por ellos escogidos, al igual de que si se tratara de alguna dispula
privada; pero se trata de hechos esporádicos y de dudosa interpretación, por lo que la
explicación de la conducta de los pueblos primitivos, en términos del moderno Derecho
internacional, debe recibirse con desconfianza (M. CHARLES CALVO: Le Droit Inlernatio-
nal, t. III, pág. 4 3 2 . — A . ROLIN: Le Droit Moderne de la Cuerre, l. I, pág. 6 7 . —
A . NnsSBAUM: Historia del Deredio Liternacionol. págs. 1 - 2 ) .


-algunos iusinternacionalistas afirman que el tratado celebrado, hacia el año 3 1 0 0
(a. de J . C ) , entre Eannatum, señor de la ciudad-estado I.agash (Mesopotamia), y los
hombres de Umma, otra ciudad-estado de la misma región, contenía ya una cláusula
de arbitraje relativa a señalamiento de los límites fronterizos entre ambas comunida-
des; no obstante, este hecho es negado por otros tratadistas (autor y obra últimamente
citados, págs. 2 - 3 ) .


13


en aquella época; mas, no por ello se debe privar a Ramón Llull del
mérito a que se ha hecho acreedor, por haber ofrecido al mundo el
primer proyecto ideológico, digno de mención, de sociedad interna-
cional; por haber explanado el proyecto más completo de la antigüe-
dad y de la Edad Media; y por no haber sido pocos los tratadistas
posteriores que han coincidido con los conceptos lulianos, si bien,
perfeccionados y expuestos con mayor envergadura, como lógica con-
secuencia de la evolución de los tiempos y de la cultura.'"'


I I


ARBITRAJE ÍNTERINACIONAL


1) Notas kisto ricas.
A pesar de que se remonte a la época prehistórica el origen de


esta forma pacífica, sin duda la mejor y la más eficaz de resoLer las
diferencias surgidas entre los pueblos, es en la Edad Antigua en don-
de están los verdaderos precursores de esta importante institución
jurídico-internacional." ' Grecia practico el arbitraje ocasional, y aun
el permanente, pero solamente entre griegos y no entre éstos y los
bárbaros, es decir, los no griegos, con quienes vivían en un estado
de hostilidad latente; además, de ordinario, el ARBITRO era una tercera




170 RAFAEL BAUZA Y BAUZA


" G. Mocil: Hisloire Somnuiin; de VArbitraje Pennaneiil, pág. 33 . - \. ÍSU.SSHAUM:
oljra citada, págs. 10-11.


Entre los griegos el arbitraje tomó considerable importancia, pues, cuando alguna
diferencia surgía entre dos villas o Gindades-Estados, era llevada ante un triliunal que,
frecuentemente, con su sentencia evitaba la guerra o, ¡lor lo menos, proponía una so-
lución (M. CnAiiLES CALVO: obra citada, págs. 432-4.34. - A. ROI.IN: obra citada, pág. 67 ) .


" G. Mocil: obra citada, pág. 35 . — . V . ROLIN: obra citada, pág. 68 .
M. CHARLES CALVO enseña que los romanos no declaraban ninguna guerra sin la


previa intervención de los fecialcs, cuya misión principal, según Plutarco, era no per-
mitir las lioslilidades antes de agotarse todas las esperanzas de obtener un arbitraje;
que, una vez establecida su dominación sobre otros pueblos, éstos llamaron a aquéllos
para que procedieran como arbitros en sus disputas; y <pie, algunas veces, hasta impu-
sieron el arbitraje sobre los sometidos para llevarlos a la conciliación (obra citada,
págs. 433-434) .


M. CHARLES CALVO: obra citada, pág. 43-1. - A. ROLIN: obra citada, pág. 68 .
C MOCH: obra citada, pág. 35 . — M. CHARLES CALVO: obra citada, págs.


434 -435 .—A. Roi.iN: obra citada, pág. 68 . —.\. .NUSSBAU.M: oi)ra citada, pág. 3 1 .
Las Pandectas francesas — alirina .Mocii en el lugar citado - señalan un centenar


de casos de arbitrajes ocasionales celebrados en Italia iliirante el siglo XIl l .
También en esta época reaparecieron los tratados de arbitrajes permanentes, ci-


tándose como más importantes los siguientes. Acaso el más antiguo sea el tratado de
alianza signado entre Genova v Venecia en 1238: caso de que surgiera alguna diferen-
cia entre estas Municipalidades, que no pudiese ser fácilmente allanada por ellas, debía
ser resuelta, mediante arbitraje, por el Romano Pontífice. Un ejem])lo destacado, es
el acuerdo arbitral de 1343 entre el rey Vi aldemar de Uinaniarca y el rey Magnus de
Suecia: veinticuatro Obispos y caballeros - d o c e por cada parle— serían los arbitros y
conciliadores. Y se puede también citar el tratado de Frigburgo, concluido en 1516
entre Francisco I y los Cantones suizos, conocido bajo el nombre de paz perpetua: las
diferencias que surgiesen entre los subditos del Rey y los cantones serían allanadas


Ciudad-Estado en vez de una persona, con cuya práctica se sugiere
un concepto político de arbi tra je . " Roma, tan esencialmente guerre-
ra, más de una vez apeló al arbitraje (MI S U S relaciones exteriores:
pero, puede afirmarse que no reconoció más derecho que el del más
fuerte.'^ Y, hasta entre los mismos pueblos bárbaros el arbitraje estu-
vo en vigor.


En la Edad Media hubo un sorprendente número de arbitrajes,
tanto entre los pequeños Estados como entre los grandes, y no sólo
en asuntos de derecho privado, s i n o en materias que hov considera-
mos como propias del Derecho internacional, como por ejemplo: las
fronteras. Particularmente, en Italia, dividida en \ arias Ciudades-Esta-
dos — Genova, Venecia, Pisa, Milán, Florencia; tan conocidas y ama-
das por Llull—, el arbitraje estuvo en plena floración. '" «Sin embargo


14




DOCTRINAS JURÍDICAS INTERNACIONALES 171


por cuatro hombres de bien, dos nombrados por cada una de las partes, y, en caso de
desavenencia, podría elegirse un tercer hombre prudente v no sospechoso de país veci-
no ( G . Mocn: obra citada, págs. 3 6 - 3 7 . - A. NUSSBAUM: obra citada, pág. 3 2 ) .


Obra citada, pág. 3 2 .
'̂•̂ G . Moca; obra citada, pág. 3.">. - M. CHARLES CALVO: obra citada, pág. 4 3 5 .


Este iiltimo tratadista cita, como ejemplos, los siguientes: en 1 2 4 4 , el emperador
Federico II eligió al Parlamento de París para juzgar sus diferencias con el papa Ino-
cencio IV; en 1 2 9 8 , el papa Bonifacio VIH fué elegido arbitro por Felipe el Hermoso
y Eduardo I; en el siglo X V , el papa León X actuó como arbitro entre la repiibhca de
Venecia v el emperador Maximiliano I; v de todos es conocido el arbitraje del papa
Alejandro VI, en 1 4 9 3 , entre España y Portugal.


L . LEDERMANN: Les Precurseurs de iOrgaiiisation Inlernationiile, págs. 4 0 - 4 2 . -
G . Mocn: obra citada, pág. 3 9 , nota 1 . - . V . NUSSBAUM: obra citada, pág. 5 0 .


15


— aí'inim N U S S B A U M - / ' el iccurrir a medios jurídicos (arbitraje u otros)
para resolver las disputas, fué una rara excepción en la Edad Media»:
«el espíritu turbulento de aquella época» hacía que «las reclamacio-
nes contra los extranjeros se llevaran a cabo en gran escala por medios
violentos, en forma de represalias».


Un acontecimiento de aquella época digno de ser destacado por su
posible influencia sobre Llull, que hizo perder a los arbitrajes su ca-
rácter de espontaneidad, fue la dominación religiosa y moral del Obis-
po de Roma: éste enseñaba que había recibido del cielo el poder de
hacer cesar las enemistades entre los pueblos e intentaba imponer
este poder a los príncipes reinantes: no obstante, no faltan ejemplos de
arbitrajes libremente consentidos y de Príncipes seculares. Parlamen-
tos, villas y aun simples particulares que actuaron como arbitros.


Finalmente, los iusinternacionalistas señalan al citado PEDRO D U -
BOIS como el más antiguo de los teóricos del arbitraje internacional
permanente. Este legista francés, en su De Recupera/lorie Terrae
Sanctae, enseña que las disputas entre los miembros del concile (asam-
blea general de todos los Prelados y Príncipes seculares) debían resol-
verse por tribunales arbitrales formados por tres Prelados y tres
Príncipes seculares por cada una de las partes. Al parecer, estos arbi-
tros tenían que ser elegidos —no está claro por q u i e n - de entre xma
lista formada por el concilio.-''


2) Doctrina luliana.


En el libro IV de Blanquerna, intitulado «Del Estado Apostólico»




172 KA KAEL BAUZA Y BAUZA


'^* Blanquerna, lil)ro IV, caps. 78-80.
Blanquerna, libro IV, cap. 95 , epígrafes 1 y 2. Ed. cit. , 366-367.
On, necesaria cosa es ordenar missatges qui vagen per lo nión ais princeps e


que tracten coni nostres frares pusquen anar preycar la páranla de Déu per tot lo món
(Blanquerna, libro IV, cap. 95 , epígrafe 2. Ed . cit., 366-367) .


-'' En la obra tardíamente conocida, Consolatio l'enelorum el totius Genlius de-
sulalae, escrita con motivo de la derrota que los genoveses infligieron a sus viejos riva-
les los venecianos en el famoso combate naval de 8 de Septiembre de 1298 , el Biena-
venturado Maestro, después de tratar de consolar a los venecianos, dice que éstos
«delien abandonar todo pensamiento de venganza y de desquite y entrevistarse con
los genoveses para concertar lo más pronto posible una paz justa», «pues, nada puede
haber tan honroso para éstos, vencedores esta vez, como una paz magnánima».


«ítem, es necessitat que trametam missatges continuamcnt a les comunes, e
com puscam tractar pau per Lombardía e Toscana e Venecia, e que tractem con si
puscan teñir justicia e caritat de una comuna a altra» (Blanquerna, libro IV, cap. 95 ,
epígrafe 2. Ed . cit., págs, citadas).


Los buenos oficios consisten en la acción de una o varias Potencias amigas con el
fin de ayudar las negociaciones entre los Estados en conflicto; pudiendo ser ofrecidos
espontáneamente o solicitados.


La mediación da lugar a una acción más intensa por parte del tercer Estado que
la ejercitada en el caso de simples buenos oficios, porque el Estado mediador toma
parte directa en las negociaciones y, si es necesario, las dirige. También puede ser
ofrecida o solicitada.


porque Llull trata en él del apostólico señorío que reside en el Santo
Padre y Cardenales para dirigir y conservar en buen estado a todo el
mundo, aparece la idea sublime de trabajar por la paz y de tratar de
conseguir la concordia entre las comunidades políticas mediante ne-
gociaciones diplomáticas, buenos oficios, mediación y arbitraje prepa-
rado y obligatorio.


En dicbo libro, Llull considera que el Santo Padre debe ejercer
una influencia universal, puesto que a él le compete la ordenación de
todo el mundo; y, a este fin, imagina una división ideal del orbe en
doce partes y una clasificación del Colegio cardenalicio en
quince Cardenales, valiéndose, para esta última, de la nomenclatura
del Gloria in excelsis Deo.'^^ Conforme a este plan, el Cardenal 7w
,wlus altissimus Jesuchriste, que tenía la altísima tarea de tratar como
se podría conseguir «paz y concordia entre los pueblos que están en
gran discordia»,^'' debía'-'' «destinar mensajeros que vayan por el
mundo a los Príncipes y traten con ellos del modo como nuestros
misioneros puedan ir seguramente por todo el orbe a predicar la pa-
labra de Dios»'-" —negociaciones diplomáticas — , así como también'-"


16




DOCTRINAS JURÍDICAS INTERNACIONALES 173


•̂" En aqucll temps s'csdevenc que .ij . revs crestians niolt nobles e nioll poilei'o-
ses havien gran guerra conirast, e eren se arremits de batalla, l.o cardenal ab lelres
de l'apostoli ana ais . i j . revs per co que'ls pacilicas... .Aytant coni [loc s'esfor(;a lo car-
denal com pogucs metre pau enfre'ls . i j . reys, e . . . lo cardenal anii ais .ij . reys qui
eren luny de Roma, e dona dons e joyes. . . Tant plac aquell ordenanient ais . i j . reys e
tant hac cascú gran coratge de fer d'armes, que ambdós s'avengren que lus fet me-
tessen en poder de l'apostoli (Blanquerna, cap. 8 f , epígrafes 3-5 . Ed. cit. , 304-305) .


«enviar continuamente mensajeros a las Repúblicas para poder tratar
paz entre la Lombardía, Toscana y Venecia, procurando que se trate
justicia y caridad entre una y otra República» —buenos oficios y
mediación — .


He aquí, someramente indicados, tres de los cuatro medios pací-
ficos propuestos por Ramón Llull para ahogar en germen todas las
discordias y conflictos que puedan surgir entre los distintos Estados;
el cuarto, el arbitraje internacional, es el más importante v el más
ampliamente expuesto por el enciclopedista medieval. Mas, como
en el capítulo anterior demostramos que un mérito importantísimo
de nuestro sabio medioeval, Ramón Llull, es el de haber sido el pri-
mer escritor que concebió la idea del arbitraje internacional perma-
nente y obligatorio, basado en una organización política del numdo,
aquí nos limitaremos a probar ([ue el insigne mallorquín no despreció
en absoluto el arbitraje ocasional, sino que señaló su gran utilidad
para resolver toda clase de diferencias, surgidas entre los pueblos y
entre la Iglesia y el Estado.


En el Blanquerna, Llull refiere dos interesantísimos casos prácticos
de arbitraje ocasional: uno entre dos reyes y otro entre un rey y un
arzobispo. En el primero nos dice que,"^ al no poder lograr el carde-
nal Et in térra pax honiinibus bonae voluntatis paz ni tregua entre dos
reyes cristianos que estaban en guerra entre sí, intervino el papa con
cuatro cardenales, consiguiendo, después de visitar a aquellos reyes,
que éstos dejaran sus desavenencias a la resolución del Pontífice; y,
en el segundo, después de intervenir, el Sumo Pontífice, se «sometió
la disputa a dos hombres entendidos y. siguiendo su voluntad, se
consiguió paz y amistad entre el rey y el arzobispo».


Estos dos pasajes son un claro exponente de que el pensamiento
luliano, en el terreno particular del arbitraje internacional ocasional,
encaja perfectamente en las ideas de los tiempos medioevales. De
acuerdo con éstas y con las ideas místicas del autor del Blanquerna,


17




174 HAFAEL BAUZA Y BAUZA


18


el Romano Pontífice es considerado como la autoridad suprema en
materia de arbitraje internacional ocasional: a él se debe recurrir
para todo caso de arreglo pacífico; después, el Papa resolverá por sí la
disputa o designará, con intervención de las partes interesadas, los
peritos que deban hacerlo.


RAFAEL BAUZA Y BAUZA


( Continuará)




EL «LLIBRE DEL ORDE DE CAA^\LLERIA> DE RA-
MÓN LLULL Y EL <DE LAUDE NOVAE MILITIAE»


DE SAN BERNARDO


RELACIÓN DE AMBOS CON EL .MILES CIIRISTIANUS> MEDIE\ AL


No es el miles christiauus como institución lo ([ue aquí interesa,
sino más bien cómo se llegó a esa institución v bacia dónde se partió


a dónde se llegó desde ella. Interesa como pimto de llegada y como
punto de partida. Desde este ángulo, es claro que la obra de R. Llull
V el librito de S. Bernardo, que voy a encarar con aquélla, no intere-
san tanto como códigos de la milicia medieval cuanto como testigos
de dos metas logradas en el largo proceso de doma y cristianización
del espíritu guerrero, emprendidas por la Iglesia en los siglos medios.


Erdmann^ ba escrito la historia de la evolución de la idea de la
guerra en el mundo cristiano, de la postura adoptada respecto de ella
por la Iglesia y de los esfuerzos de ésta para corregir sus desviaciones
y encauzar sus fuerzas a menudo desbocadas: En el Viejo Testamento
la guerra no presentaba problema doctrinal, pues, constituyendo el
pueblo hebreo un estado teocrático, defendiendo al estado, se defen-
día a la religión y a Dios: la guerra era santa. En el Nuevo cambian
las cosas, puesto que la religión de Cristo es sobrenacional y misio-
nera y a la que, además, se llega por comicc ión . libremente, y no
por la fuerza de las armas. Cristo hizo el elogio de los pacíficos y en
los primeros siglos se llega a condenar la guerra como ilícita.- Pero
con la venida del Medioevo y la entrada de los «bárbaros» en la Igle-
sia, ésta hubo de ponerse en contacto con la poderosa belicosidad de
los germanos que hacían del heroísmo guerrero un ideal y que se


' üie Entst.ehuití!: des Kreiizzuggedankens. Stuttgart 1935.
' Ln misma aclitud adoptada por S. Agustín contra los Donatistas se sitúa en


ese ambiente, pues el obispo no apela a la guerra, defendiéndola, sino que pide la
intervención de la fuerza pública sencillamente.


1




176 ANTONIO O L I V E B , C. R .


Cf. G. .SciiNÜREii, Kirche und kultur im MiitAaUcr, Paderborn 1927-29, 1. III
c. 6 (uso y cito a continuación la trad. francesa de Castella, L'Eglise el la Civilisalion
au Moren Age, Paris 1933-38, II, 374-406) .


* SciiNÜREn II, 375 .


^ A. ÜUMAS, L'Eglise au pouvoir des laiijues (en llistoire de l'Eglise Fliclie-
Martin, 7 ) , Paris 1940, 244-48.


" A. DuMAS, L'Eglise... p. 312-13 . Recuérdese que en el siglo IX la Iglesia pro-
clamaba una guerra santa, bellUní contra paganos in tutela Ecclesiae (contra Árabes y
Normandos), [)roclamando León IV i m a quasi-cruzada contra los árabes; que los Oto-
nes explotaron esa idea en sus luchas contra los eslavos y que, ya en el siglo X I , León
IX no dudó en ponerse al frente de sus ejércitos contra los Normandos.


' DUMAS, L'Eglise... p. 244-48 y 312-13 .


daban a él con i i n ardor que no llegaba a extinguir el agua del
bautismo.


La anarquía provocada por la decadencia del poder real en Fran-
cia dejó al país a la completa merced de la fuerza brutal de la clase
militar. ' Fuerza brutal, sin bridas, que favorecía el mismo sistema
feudal, pues el servicio militar había llegado a ser privilegio de la
clase rica, prefiriendo los menos ricos ponerse bajo la dependencia
de aquélla para soslayar la carga del servicio militar, toda vez que el
armarse caballero y el mantener aquel rango se iban haciendo cada
vez más costosos desde que nadie se batía ya sino a caballo. Así des-
de el siglo IX. Y como nadie se iba tampoco a la guerra sino a gru-
pas de su caballo, el militar, el guerrero, se llamó pronto chevalier,
caballero. Y así el término latino miles toma un sentido nuevo en la
lengua de la Edad media; no debe traducirse por soldado. Designa-
ba, al contrario, en la época, al guerrero que combate a caballo, al
caballero.^


Y la institución llegó a ser poderosa y sumamente peligrosa, hasta
el punto de administrar cada uno la justicia por su mano y de poner
en vigor la ley y moral del más fuerte. El arrojo militar de los germa-
nos era avasallador. Los mismos eclesiásticos, obispos'' y abades,
debiendo prestar, como señores feudales que eran, el servicio de la
militia, mantenían sus milites'' yendo a la guerra con ellos.


Estos caballeros pertenecen exteriormente a la Iglesia. Son cre-
yentes, a su manera, pero firmemente creyentes; hacen sus regalos o
fundan conventos e iglesias, observan la cuaresma, honran las reli-
(piias. detestan a los paganos, mahometanos o judíos que sean; quic-




EL «LLIBRE DEL ORDE DE CAVALLERIA» 177


" SCHNÜRER I I , 380 .


» SciiNÜRER I I , 384-92 ; DuMAs, L'Eglise... ]>. 487-88 , 498-500 .
' » SCHNÍIREH I I , 379 .


" SCHNÜRER I I , 380 -81 .


'•^ La Clievalerie, París 1884, p. 6. Para los diferentes aspectos de la Caballería
medieval véase M. SANCHIS GUARNER, L'ideal cavnileresc definit per Ramón Llull. en
Esludios Lulianos 2 (1958) 38-45 .


'3 Policraticus, 6: ML 194 596 .


rcn asegurarse las oraciones de los monjes,* llevan en el puño de su
espada el deber de defender a la Iglesia: gladius pro Ecclesia.


La Iglesia tomó a pechos, cordialmente, la cristianización interior
del miles y el encauzamiento de sus inagotables energías. De dos
maneras principalmente: Negativa una, frenando esos arranques béli-
cos: La treuga Dei, florecida en el sínodo de Charroux (989), que
imponía la paz en tiempos determinados, paz que se defendía incluso
por la fuerza, paz armada" que no obtuvo siempre los resultados que
pretendía. La otra, positiva, encaminando a un fin noble esas ener-
gías, encuadrando, en lo posible, en el ideal cristiano esas fuerzas,
penetrando y elevando moralmente el ambiente de la Caballería,
resultando de ello una nobilitación del ideal moral del caballero en
Francia, primero, que impuso luego su ejemplo a todo el Occidente;
de tal manera que ese movimiento forma un capítulo memorable en
la historia de la misión civilizadora de la Iglesia en Occidente. '"


La empresa de ennoblecer el espíritu rudo y duro de los caballe-
ros se mostró sumamente difícil a la Iglesia. Su vida religiosa se va
profundizando con descorazonadora lentitud; sus arraigadas costum-
bres de arbitrariedades, de atropellos y opresión ceden con dificul-
t a d . " A pesar de todo y gracias a constancia y paciencia, el caballero
cambió, se cristianizó. Y los resultados fueron de monta: el caballero
llegó a penetrarse de un profundo sentimiento religioso y de una
grande magnanimidad, ennobleció su profesión haciéndose el tutor
de todos los desvalidos, desfacedor de todos los entuertos; se hizo lo
(|uc hoy llamamos «un perfecto caballero» con todo su cortejo de
virtudes y de caballerosidad. Había nacido el miles cliristianus, la
más bella de las instituciones inventadas por la Iglesia para domar la
belicosidad germana, ha dicho Gautier;'^ «instituida por Dios», pudo
afirmar, en este sentido, Juan de Salisbury.'' '


La admisión al rango de caballero se rodeó de simbolismo religio-




178 ANTONIO OLIVEH, C. R.


" SniMMiKn II, .'392-93. Hay diversos sacraiiieiitales para la inslitución y eiiiio-
blocimiento del m/Yc?. En el s. XI se va imponiendo el icri'/Zí/m dado por la Iglesia a
nn príncipe o soldados para que, bajo su egida, fiu;ran protegidos y lograran la victoria.


ScnNÜiiEii II, .395; SANCIIIS GUAUNEH, L'iilcul camilcresc dejiíútper Ramón Llull,
en Esludios Lulianos 2 (1958) .50-55.


ScHNÜnEn II, 39.3-94; DUMAS, L'Eglise... p. 501-03 . V no se olvide que tuvo
gran parte en la reforma de la Iglesia en los tiempos de .Alejandro II y Gregorio VIL


SO. lleno de sentido, que recordaba al novel caballero, las obligacio-
nes morales de su alcurnia y le señalaba los Uniiles que debía ponerse
al baccr la guerra. Una vez aprendido el arle del manejo de las armas
y del vivir distinguido, cortesano, el candidato era admitido con un
solemne acto al rango de caballero y adquiría el derecho de llevar
sus propias armas. Era una antigua tradición que la Iglesia rodeaba
ahora de sugestivas ceremonias religiosas: consagraba las armas y el
caballero. La oraciiín que se decía al ceñir la espada, define todo el
ideal eclesiástico del miles: «Escuchadnos. Señor, en nuestras oracio-
nes v bendecid con la mano de vuestra majestad esta espada con la
que ha de ceñirse vuestro servidor a defensa y protecci(>n de las igle-
sias, las \ indas, los huérfanos y todos los sier\os de Dios contra la
crueldad de los paganos, para temor de todos aquellos ipie le tienden
acechanzas»."


La defensa de la Iglesia, de las viudas, de los huérfanos, de los
desamparados, las buenas numeras, el dominio de sí mismo, la gene-
rosidad, la magnaiiiniidad... He aquí el ancho campo abierto y asigna-
do por la Iglesia a la inflamable belicosidad del rudo caballero antiguo
hecho ya miles clirisliamis. De boy en adelante, éste será el caballero
y éste será su ideal v su officiiim.


\ su honor. La honradez del caballero, los méritos contraídos en
sus luchas en pro de la Iglesia v de los necesitados hicieron que se le
rodeara de atención, admiración y respeto. La idea del honor sufrió
una larga metamorfosis: ahora, en su nueva concepción, significa el
lazo establecido entre el honor exterior y la dignidad interior; la
idea de fidelidad, hdelidad feudal —cuyo antagónico es la felonía—,
hubo gran parte en la del bonor.^'^


Pero el proceso no paró aquí. La institución del ntiles chistianiis
tiene una importancia decisi\a en la historia de la Edad inedia: fue
ella la que hizo [)osil)le la grande empresa guerrera de la Iglesia me-
dieval: las c r u z a d a s . L a cruzada contra los moros en E s p a ñ a , " la




E L « L L I B R E DEL ORDE DE C A V A L L E R I A » 1 7 9


I. CARCÍA RÁMii.A, Inocencio IIIy la cruzada de las .Varas de Tolosa, en Revis-
la (le arrhivos, l)ii)lioteras y RNN.seos 31 (1927) 455-64.


P. Ai.PIIANNKRV, L í 7 Chrétienlé et Vidée de croisade. Les premieres croisndes,
Paris 1954; P. R o r s s E T , L'idée de croisade chez les chroniqueurs d'Occident ( = .\ Con-
gressii inlernaz. scienze storiche, Roma -t-11 scttemlire 1955: Rclazicjui III) Firenze
19.55, 547-63 .


'•' I I . PissARi), Lu giierre .triiiile en pays rhrélien. Paris 1912: nii libro Táctica de
propaganda y motivos literarios en /ÍÍS cartas atitiheréticiis de Iiioceneio IJL Roma
1957, 163-68.


Cf. F. KKMPF, ¡'npsitum und Kaisertuin bei Innocenz III., Roma 1954, 280-313;
mi Táctica de propaganda... p. 1 3 5 - 4 4 .


Táctica de propaganda... p. 166-67.
'•̂ Cf. RoissuT, L'idée de croisade (cit. en nota IS) p. 5()1-63; M. \'II.I,KV, L ' / r / ' v


de croisade rJiez les Juristes du Moyen-Age ( = X Conirresso interna/., seienze stnriclie,
Roma 4-11 setiembre 1955 : Rclazioni III) Firenze 1955, 56' ' -74.


C . MARTIM, L'imperatore C la crociatn ( = X Congresso.. . , Riassimli V I I ) Fi-
renze 1955, 243-45 ; no todas las alirmaeiones de Marlini pueden aceptarse sin reparos,
con lodo, es bueno constatar <]nc en el Medioevo se lojír(') por camino inverso lo (pie
en el \ . Testamento: la guerra santa, la cruzada, dio al pa])ado un poder indiscutible
V, si bien resulta inace])talile hablar del papa como de un teiícrala, es lo cierto (pie
éste lleg(') a ser el dueño de UN mundo dominado por una Vi ellanscbauung espiritua-
lística.


K.EMPF, Tapsttiim und Kaiserluní... p. 3 0 2 y .304.
Ello se logró con largo esfuerzo v con el escándalo de muchos: cf. F. C i t i o n .


cruzada contra los infieles en Oriente.'* la cruzada contra los herejes
en el Sur de Francia. ' ' ' I.a grande y poderesa idea de Christianilns'-'^
con sus ejércitos - d e cuyo enrolamiento es idea-fuerza el miles cliris-
tianiis — ^^ a las órdenes del papâ "̂ fue la que e.xtrajo todas las posibi-
lidades y llevó hasta la plena evolución al miles, al mismo tiempo
que suministraba al papado una fuente inagotable de energías al ser-
vicio de la fe."'"' Precisamente, la idea de Christianitas, en la pluma
de los papas del s. XII v XTII tiene sabor de cristianismo de frontera,
[)ues suelen usarla los pontífices o los soberanos en relación con los
príncipes o territorios en lucha con los infieles o cismáticos,'"' v en
ese ambiente de frontera, en las tierras de -cruzada, donde se dan la
mano Christianitas v miles christianiis. alcanzó éste su suprema meta
va en el s. .\11: las Ordenes militares, los conventos-fortaleza de los
monjes-cruzados, de los caballeros-monjes. La conjugación de miles
y chrislianus había sido larga y difícil, pero, una vez lograda, no paró
aquí el proceso, y en las Ordenes militares ya no era miles y chrislia-
nus lo que se conjugaba, sino miles y monachus.-''




180 ANTONIO OLIVER, C. R.


L'Ordre de Calatrm-n ( = Comiiiission d'llistoirc do l'Ordrc de Citeau.x, IV) Pari.s
1955, 33-34 .


G . SEGUÍ, La influencia cisterciense en el B. R. LluU, en Estudios Lulianos 1
(1957) 351-70 .


De laude novae mililiae, \\: ML 182 937 B. Goinparcse con el diálogo entre
Raimundo de Fitero v el rev Sancho III: GUTTON, L'Ordre de Calalrava... p. 35 .


" De laude novae mililiae, I: ML 182 921 B y C .
" De laude novae mililiae, V: ML 182 927 CD.


Su uso normal, tan explotado luego, en Episl. 256: ML 182 't63D-4b4A y üe


Pero no ha de creerse que con la llegada de la nueva institución
feneciera la primera; el miles christiamis y las Ordenes militares
coexistieron largo tiempo. Ahí están los dos trataditos de S. Bernardo
y de Ramón Llull que lo dicen bien a las claras, pues están cronoló-
gicamente invertidos; el de S. Bernardo, datablc poco después de
1130, es el elogio de los caballeros regulares Templarios: el de Llull ,
escrito más de 140 años después (1275?). lo es del miles christianus.
El cotejo de ambas obras resulta interesante para el conocimiento de
las ideas de Llull y para la historia de la Caballería, de la que adrede
he querido recordar antes las bases esenciales.


Lo primero (¡IHÍ llama la atención, es que Llull ignora absoluta-
mente el De laude novae mililiae, él, que tan a menudo bebe en el
abad y en la escuela cisterciente;-'' lo segundo, que el nudiorquín pinta
y elogia un ideal caballeresco decididamente independiente y desen-
tendido de la ulterior e^•olución, ya lograda siglo y medio antes, del
caballero cristiano hacia el caballero monje.


En efecto: el pensar de S. Bernardo se centra todo en este hermo-
so texto: «Ita denique miro quodam ac singulari modo ccrnuntur et
agnis mitiores, et leonibus ferociores, ut pene dubiteni quid potius
censeam appellandos. monachos vidclicct an milites: nisi quod ulrum-
fjue forsan congruentius nominarim, quibus neutrum deesse cognos-
citur, nec monachi mansuetudo. nec militis fortitudo. De qua re quid
dicendum, nisi quod a Domino factum est istud et est mirabile in ocu-
lis nostrisFi'"


Los subrayados son míos, e indican que esa admirable conjugación
de nmnje y soldarlo es, a los ojos del cisterciense, obra de Dios. Este
novum militiae genus et saeculis inexpeitum,"^ cuyos soldados-monjes
viven en fortalezas-conventos,^" ha encontrado de la guerra la forma
perfecta: estos guerreros manejan dos espadas, la del cuerpo y la del
alma -curiosísima fórmula del dúo gladii en S. Bernardo- , ' ' " son




EL « L L I B H E DEL ORDE DE CAVALLERIA» 181


Considerat. IV, 3: ML 182 776 BC. No a.-ií el gUulius ulerque fidelluní ilcl Di- laude. 111:
.ML 182 925 A.


" De laude novae müitiae, I: ML 182 922 A.
»2 Dt laude nuvae mililiae, I: .MI. 182 921C-922A.


De laude nuvae militiae. III: ML 182 924 A.
i N o n enim sine causa gladiuní portat: Rom. 13 4; De laude, ibid.
I Petr . 2 14 que tan a menudo se aplicará a la espada de los soberanos: De


laude, ibid.
Son términos de cruzada, cf. Episí. 256: ML 182 463 CD.


" Terminología feudal alquilada a la idea del deber del vasallo de defender a su
señor y paráfrasis de Rom. 13 4.


De laude novae militiae. III, \, IX : ML 182 924 B y D, 025 A (christianorum
lides), 929 A, 932 A (universus lidelis populus).


De laude..., IV: ML 182 927 A.
" Insiste en el detalle S. Bernardo: De laude.... II v I\ ; ML 182 023 C v


926 C V D.
' De laude..., IlL ML 182 924 C.


*• De laude..., III: ML 182 924 CD.
" De laude..., Ill y IV: ML 182 925 C y 927 A,
" Epiít. 2 5 6 : ML 1 8 2 4 6 4 D - 4 6 5 A .


guerreros del cuerpo (̂ /níYííei'J y del alma (inonachij y así resultan
imbatibles: «impavidus profecto miles et omni ex parte securus, qui
ut C o r p u s ferri, sic animum fidei lorica induitur. Utrisque nimirum
munitus armis, nec daemonem timet nec hominem». '" Eso es lo que
se logi-a «cum uterque homo suo quisque gladio potenter accingitur
(los tres términos son militares), suo cingulo nobiliter insignitur»"^
(alusión a l a profesión religiosa). Esos guerreros son milites Christi,^^
cuya espada tiene una misión bien definida:^' «ad vindictam malefac-
torum,laudem vero bonorum»,^*defendiendo con ella l a causa común,
general, de la Iglesia y de los cristianos,'"' «Christi vindex'*' et defensor
christianorum». La idea de Christianitas, de jiopulus diristianiis, se
pone en relación continua'* con esa milicia de frontera, q u e no espe-
r a la victoria sino del Señor de los e j é r c i t o s , n o presumiendo de sus
fuerzas; y que estando formada por caballeros monjes, huye del fasto
de los caballeros seglares, evitando el lujo de los vestidos, el esplen-
dor de las armas, las opulentas gualdrapas de los caballos.*° Por todo
ello, le es posible a S. Bernardo tejer el elogio de la guerra,^' de la
cruzada*^ y de la nueva milicia, ' ' ' que, sin embargo, n o es cosa para
é l , como declara . "


En cambio, Ramón Llull fue y s i g u e siendo un caballero, de cuer-




182 ANTONIO OLIVER, C. R.


•'̂ T . CAUIIHIÍAS AHTAU, L'esjjcril c(n'allcifsr en Lit ¡¡lüdiicció ¡id-tiaim, l'aliiiii de
Mallurca 1934; J . H . PROBST, Le />'. Ilumon Lull, cJievulier par liérñlilú cí piir vucalion,
Palma de Mallorca 1914. Para todo lo (jue sigue véase el e\ccl('nle estudio de SANCIUS
GLAUNKU, L'ideal cavulleresc dejinil per Itamon LluU. eu Estudios Lulianos 2 (1958 ;
37-02 .


De laude..., 1 y II: .ML 182 922 C y 923 lilJ, donde liega a decir: c(,)uis igitur
linis l'ructusve saecularis huius. non dico mililiae. sed nialiliaey>, les recrimina la fas-
tuosidad de sus vestidos y armaduras que llama muliehria ornamenta.


Lo dice duramente todo el ca[). 112 del Libre de Conlemplació: OUL, IV, -Ma-
llorca 1910, p. 57-03 , donde distingue dos clases de calialleros: de este mundo y dcj
otro siglo v donde alirma: dos homens qui mes de guerres e mes de trel)alls meten en
lo juun veein que son cavallers: car cavallers, .Senyer, aiu;ien los lioniens e despoblen
les ciutats e Is castells, e talen los arbres e les plantes, e desmariden les fembres, e
roben los camins. E dones, Senyer, ¿qui es en lo mon qui tant de mal fassa com cava-
llers':'» (p. 60 ) ; «los cavallers son sags del diable», «los pijors bomens del mon» (p. 60) .


.Adviértase que S. Bernardo llama así a los caballeros no regulares en el De
laude..., I , I I : ML 182 922 C, 923 ti: el cap. 11 se titula Ue mililia saeculari. V no debe
llamar a engaño el que Llull titule su libro Del Orde de Cin-alleria: Orde = Ordo no es
Orden religiosa, sino estamento; el concepto comenzó a desarrollarse en el siglo X I :
E. UKLARÍIELLE, La pietíi populare nel secólo .XI ( = X Congresso... cit. en nota 22)
309-10 .


El Libre del Orde de Cacalleria puede verse en (JUL (Obres Kamon Llull), I ,
Mallorca 1906; ed. castellana en BATI.I.OIÍI-CAI.DI'.NTEV, liuinón Llull. Obras literarias,
.Madrid, B. A . C , 1948, p. 105-41. Doy sólo la cila interna. El texto citado, 11 19
(Cav.), 20 , 22, 23 .


Cav. I I 23 . Véanse otras deliniciones en L. de Contemplado, cap. 112; OUL,
I V , Mallorca 1910, p. 57 1 , 60 15 , 62 28 .


" La idea del honor del caballero invade lodo el libro. ¡Cf. Prólogo 7, 8 , 11 , 12;
I 6, 7; I I 6, 7; I V 11 ; V 19; V I I 1, 3 , 4 , 9; ContempL, 112: OUL, I V , 02 27.


Cav. i 1 4 .


po y de espíritu.'^ Y teje el elogio decidido del caballero secular, al
que Bernardo dedica unas consideraciones asaz duras."* Es el rniies
christianus, la caballería secular — tjue veía bastante decaída en su
s i g l o - " la que el Maestro quiere re valorizar, c:onio dice claramente
el título de la perdida traducción latina Liber ini/iliae saecularis.'^


El caballero que Llull suena, es el miles c/iristianus del s. XI y XII
que be descrito ya: «olTici de cavaller es inantenir vídues, óríeiis,
bomens despoderats»,'•' y «traydors, ladres, robadors, deueii esser
encalcats per los cavallers, car eiiaxí com destral és lela per destruir
los arbres, enaxí cavaller ba son olTici per destruir los inals bomens».^"


Ser caballero es olicio de suma nobleza,''' sumamente agradable a
Dios,''- pues el caballero es el defensor de su señor,''-' mantenedor de


8




EL « L L I B H E DEL ORDE DE CAVALLEUIA> 183


" Cíie. II 8, 12, 16: V 11.
" (Vil. 1 1 .
" Coc. 1 5 . 10: II, 9.


Cae. II 2.
" C«i'. III 1 , 3 ; VI 1 .
6« Cae. II 11 , 16, 18; III -t, 10; VI 1 -21 .


Cae. 111 20.
«^» Cav. V 2.


Caí'. V -i. Cotejos e i U r c clero y caliallería son frecuentes: Caw I 10, 13, l 4 ;
II 4 ; III H ; VI 3. ContempL, 112: ÜRL, IV, 62 29 .


Caí.-. II 2 .
Cav. II 4 .


" Caí;. VII 7.
«¡̂ CHI'. V 16. Cf. VI 20.
«" Cw. I I I 1 0 .


la caridad'''' y de la justicia,'''' servidor de la causa de la fe,"'' corazón
lleno de nobleza y de magnanimidad^'' acompañado de nutrido cortejo
de virtudes,''* debelador de los vicios;'''* su espada, que tiene forma
de cruz, debe vencer y destruir los enemigos de la cruz, vencedor
con ella, como Cristo.


Es la más alta dignidad después de la de los clérigos.''^ Estos de-
fienden y dilatan a la Iglesia con la predicación; aquéllos con la espa-
da."- Por lo que la mayor amistad del mundo debería ser entre clé-
rigo y caballero."'


Pero, así como S. Bernardo gusta y elogia la unión de clérigo y
caballero en una misma persona, Llull no alude nunca, antes huye,
esa conjugación; y mientras el abad insiste, como vimos, en la senci-
llez de los monjes militares, Llull quiere que el caballero honre su
cuerpo en ir bien montado, lúcidauíente vestido y arreado y servido
de buenas personas."' Debe guardar y conservar sus bienes y riquezas,
para (jue le puedan bastar al ohcio de caballería,"'' que no puede man-
tenerse sin el arnés que corresponde al caballero, sin honrados hechos
y sin los grandes gastos que convienen al oficio de caballería."" Es
claro que Llull trata del caballero secular. Y mayor es la oposición
a S. Bernardo y a su ideal del caballero, cuando Llull afirma en re-
dondo (jue los fracasos de las cruzadas se deben a que Tierra Santa
no debe conquistarse por la espada, por el caballero, sino por la pre-
dicación, por el religioso; que ha ido ya tanto caballero y tanto prín-
cipe a Tierra de Ultramar, que si a Dios agradase la manera, mil




184 ANTONIO OLIVER, C. K.


" L. de Contemplado, cap. 112: ORL, IV, 58-59 lU, 11, 12.
«8 Ibid., 59 12. La misma idea en Blanquerna, 8Ü 1 : ORL, LX, 295 .
8« Caí: III 13 .
'» L . í/e Cofifem/j/acio, cap. 112: ORL, IV, 60 16.
" Cav. II 33 .
" Cav. II 35 .
" L. de Contemplado, cap. 112: ORL, I V , Ol 22, 23 .
'* Recuérdese la grave situación en que se vio S. Raymundu de Fitero con sus


superiores cistercienses, a causa de IQ fundación de la Orden de Calatrava, hacia la
mitad del s. X I I . Con sudores se logró que Citeu.x aceptara a aquellos caballeros «no
como familiares, sino como hermanos», incorporación que elogió luego Alejandro 111
en bula de 25 septiembre 1164: F . GUTTON, L'Ordre de Calatrava, Paris 19.55, p. 33 -34 .


veces podría aquélla estar conquistada.°' No son pues caballeros
armados de espada —como los que hemos visto alabar a S. Bernar-
d o - , sino misioneros armados de l'e y de amor, dispuestos al marti-
rio, los que han de arrebatar a los infieles aquel Santo Sepulcro del
Señor.es


Por otra parte, el Doctor iluminado coincide con el melifluo cuan-
do fustiga sin compasión la frivolidad o la huera ostentación del
caballero que cuida orgullosaniente su exterior sin dar honor a la
institución,^" que es codicioso y robador,'" lasci\o,' ' olvidadizo di; su
deber de tutor de la paz y la justicia, '" y habrá de sostener, al último
día, el tremendo juicio de su felonía al Señor . ' '


Y cabe ahora la doble pregunta que nos llevará a sacar las con-
secuencias de este estudio: ¿Desconoce Llull el JJe hiude novae iniH-
tiaey En caso negativo, ¿por qué prescinde eiitoiiees sistenuiticameu-
te de él?


Ya a priori resulta muy difícil sospechar ([ue Llull ignore la obra
de S. Bernardo que corría desde bacía siglo y medio y que en sus
tiempos había significado la justificación de uii;i institución mirada
por muchos como extremadamente arriesgada al militarizar los mon-
jes, o mejor, al monaquizar los soldados:' ' pero las últimas coinci-
dencias apuntadas parecen sugerir esta respuesta: es muy posible que
Llull ignore a sabiendas el tratado de S. Bernardo, y ello por los
siguientes motivos, visibles desde la historia del /nilex chrisíianus:
Llull trata de la primera etapa cristiana de la caballería. Bernardo,
del último logro de ella; al primero interesa el caballero, al segundo
el caballero-monje; Bernardo elogia una instituciiui en relación con
la Christianitas, milicia de frontera; mientras Llull suena en un eijui-


10




EL « L L I B R E DEL ORDE DE CAVALLERIA» 185


" L. de Contemplado, cap. 112: ORL, IX, 62 28 .
" Cae. I 5 ; II 12; V 19; V I H .


Cf. notas 67 y 68 . El caballero bien nacido deberá sin duda saber defender la
fe con su espada cuando sea preciso (Blanquerna - L i b r e de -Vve -Maria— 64 5 v 16:
ORL, I.X, 225 y 229) , pero debe hacerlo por la fe y dispuesto a morir por ella: Caw
VI 3.


Para Llidl la paz interior tiene lin misional así como el poder del brazo secidar:
Arbre de Sdencia, 11: Del arbre apostolical I: ORL, .\II, 5 .


En el Liber de fine la espada principal de conquista es la predicación y la disputa:
Liber de fine, ed. R. .Moya, Palma de Mallorca 1665, p. 57-58


Liber de fine, ed. Moya, p. 83 , 84 , 87, 88 . 89 . 90 , 91 .


po de Continente, de tierra adentro, defensor de la Ecclesia.''^ De
ahí las estridentes oposiciones: los caballeros de Bernardo, austeros,-
pobres, ascetas, caballos sin gualdrapa: son religiosos. Los caballeros
de Llull, nobles, ricos, elegantes, mantenedores del rango que corres-
ponde a su estado: son seglares. Y las diferentes atribuciones: aque-
llos, defensores de frontera, ensanchadores de los límites de la Cris-
tiandad, misioneros de espada; éstos, respondiendo a toda la táctica
misional de Llull que distingue cuidadosamente clérigos y soldados,
serán guardadores de la paz interior, '" defensores de la Iglesisa desde
dentro, representantes de los valores del cristianismo en medio del
pueblo cristiano, creyendo, amando, siendo, muy diferentes de los
clérigos misioneros que, segi'iii la mente del fundador de Miramar,
son los étnicos capaces de empujar con é.xito siempre más allá las
fronteras del cristianismo y de ganar por la fe las tierras de infieles,
las cuales —Llull está muy convencido — "" siguen esclavas por sobra
de guerreros y por falta de misioneros.


En el siglo XIII coexistían el miles rhtistianus y las Ordenes mili-
tares, como coexistían en el campo del derecho la escuela dualista y
la monista; pero el caballero regular no podía en manera alguna sus-
tituir al secular. Llull desea revitalizar a la milicia secular que man-
tenga en vigor pujante las fuerzas internas de la Iglesia, y ésta unida,
pacificada, creyente, pueda con éxito, con ejemplos y con misio-
neros llenos de vida, sin temor a enemigos internos, misionar a los
infieles. De ahí que no aparezca nunca en el tratado de Llull la idea
de Christianitas —corriente en otros de sus escritos-'** tan frecuente
en el de S. Bernardo. Bernardo escribe ilusionado con las cruzadas
recién estrenadas. Llull lo hace bajo la impresión de desastre de las


11




186 ANTOMO OLIVEK. C. It.


( . T u z a d a s ya terminadas. Ambos son testimonio de la poderosa vitali-
dad de la institución que inspiró sus libros y tantas empresas y reali-
dades grandes de los siglos medios: el r/iilcji cliristianiis.


.\.\T0.NI0 Ol .lVEH. C. R.


12




¿ F U É R A M Ó N L L U L L E L P R I M E R O E N U S A R L A S


E X P R E S I O N E S « T E O L O G Í A POSl^l'h A> Y « T E Ó L O G O


POSITÍ\ 0 > ?


Como se sabe, la teología positiva surgió de unas circunstancias
históricas, que reclamaban un estudio más detenido de las fuentes del
pensamiento cristiano, con la finalidad primaria de estudiar en ellas
a los grandes dogmas. Se la llamó positiva, para diferenciar el método,
adoptado en ella, de aquél tradicionalnieiite usado por los grandes
escolásticos del s. XIII y de la nueva edad de oro de la teología
(s. XVI ) , que era claramente, aunque no exclusivamente, especulativo.


No fué sólo la lucha con el protestantismo, la que motivó dicha
nueva tendencia metodológico-teológica, sino que también influyó en
su adopción el humanismo, que exigía unas formas literarias nuis
bellas y de corte más clásico. Por lo cual, puede decirse que la teolo-
gía positiva es fruto de una doble reacción, suscitada contra dos de-
fectos que padecía la ciencia divina:' un desmesurado apartamiento
de las fuentes del pensamiento revelado y una nuiy basta manera de
escribir las páginas teológicas." El uso exagerado de la especulación
teológica había distanciado a los teólogos, de las fuentes; y la conve-
niencia de una terminología propia (la escolástica) les privaba de la
belleza de las páginas escritas por los grandes Santos Padres. Por lo


' Preparan también esta nueva orientación de Xa teología los grandes maestros
de la escuela salmantina, por la importancia que, en el desarrollo de su temario teoló-
gico, concedieron al elemento positivo, sobre todo el dominico Melchor Cano (-¡-1500),
cuyo tratado De locis theologicis libri XII puede ser considerado como la preparación
inmediata y el primer monumento de la teologia positiva, |)orque en él expone las
Cuentes de la ilemostración teológica, insistiendo, de manera particular, en el valor
del elemento histórico (M. GRAIÍMANN, Historia de la teología católica. Madrid,
1940, 238) .


'•^ .K. Sror.z-ll. KKI.I.KR, O. S . 11.. Maintale theologiae dogmntirae. Friburgi lirisgo-
viae, 1941, 87.


1




188 GAUCÍAS PALOU


* Ni Petau, ni Thomassin pudieron reaUzar su amplio propósito de escribir, po-
sitivamente, todos los tratados teológicos. El primero únicamente compuso los De Dea
uno et trino. De crealione y De Incarnatione, y dejó una serie de opúsculos sobre la
Gracia, los Sacramentos y la Iglesia. El segundo dejó acabados los De Deo uno y De
Incarnatione; e ilustró, también positivamente, en varios opúsculos, las cuestiones De
prolegomenis theotogiae. De 'I'rinitale y De Conciliis {(ÍBABMANN, ob. cit. , edic. cit. , 2 4 4 ) .


* Clypeus theologine thomisticae. I Disp. ])roem. I, I.
'•' Ibidem.


° De theologicis discipíinis, I (ed. Véneta, 1776) , 2.


2.


cual, se imponía el retorno a las fuentes de la doctrina revelada y a
los escritos patrísticos, sobre todo griegos.


En realidad, las prinu'ras obras teológicas, que responden" a dicha
exigencia histórica, pertenecen, prácticamente, al s. XVII : la titulada
Dogmata theologica del jesuíta Denys Petan (-¡- 1652); las del orato-
riano Jean Morin (•¡- 16.59) Coiiuiiciilar'uis de disciplina in administra-
lione sacranienli poenileniiue y J)e sacris lirriesiae ordinalionibus; la
del también oratoriano Louis Thomassin 1695) üogniaía theologi-
ca; y las de los agustinianos Xoris ( f 1704). Belelli ( f 1742) y Berti
('¡- 1760) que cultivaron, primordiahnente, la doctrina acerca de la
Gracia.''


Para delinir la importancia del lugar que corresponde a Ramón
Llull en la historia de, las expresiones teología positiva y teólogo posi-
tivo, interesa conocer la fórmula precisa del concepto que aquellos
primeros teólogos - l lamados positivos— se formaron de la tendencia
teológica por ellos patrocinada; y ello, con el fin de poder comprobar
si la terminología usada por el Doctor mallorquín fteología positiva,
teólogo positivo) responde a idéntica o parecida signilicación de las
mismas expresiones, adoptadas por diihos teólogos, a partir del siglo
XVII .


El francés Conet (-j- 1681), por ejemplo, entendía por teología
¡jositiva aquélla (Cjnae fusiori stylo et modo oratorio sacras Litteras et
mysteria fidei exporiit>;' y la distinguía de la escolástica <(jiiae, según
él, artificiosa melhodo et syllogistice reriini dívínariim notitiam
tradíti/' De parigual manera, el citado Berti escribía que <Positivam
(theologiam) eam aliquí dícunt, quae, non servatís díalectícaepraecep-
tis, fusiori quodam dicendi genere, divínain Scrípluraní fideique pro-
ponít mysteria^.'^


Hoy día, las palabras teología positiva tienen un sentido diverso




LAS E X P R E S I O N E S «TEOLOGÍA POSITIVA» Y «TEÓLOGO POSITIVO» 189


' Tlieulogiae dogmaticar manualv. I, 1933, 3.
* PAUL nr, WOOGIIT, iMoinc béncHictin, Les .^oiirce.i ile la docliiiic c/irélieiinc


d'apres les ihéologiens du XIV' siccle et le debut du XV', Bnigcs, 195-i, 25-1.
" «Sicut crgo Deus in princi])iu per niiríuuluin fccit frunicntuní et alia de térra


nascentia ad alinientuin hominuní sine cultore et seniinibus, ita sine humana iloctrina
mirabiliter fecit corda prophetarum el apostolorum necnon el evangelistarum, fecun-
da salutaribus seminibus; unde accipimus quidquid salubriter in agricultura Dei ad


3


del que les atribuían los primeros teólogos positivos. Así F . Diekamp,
p. e., entiende por teología positiva aquélla que tinquirít quaenarn
e.x veritatibus revelatis in Sacra Scriplura, in scríptis sanctorum Pa-
trum, in definitionibus Ecclesiae, in Liturgia, in praxi ecciesiastica
contineantur>.'' Pero, como saka a la vista, lo mismo el primitivo
concepto de la teologia positiva que el moderno se basan en la pre-
ponderancia absoluta del dato positivo.


Ramón Llull, según veremos más adelante, se sirvió de las expre-
siones teología positiva y teólogo positivo; y no, precisamente, en el
sentido en que las usan los modernos, sino bajo la significación en
que las tomaron los primeros teólogos positivos de los siglos XVII y
XVIII .


Conviene dejar bien asentado que dicha reacción hacia lo positivo
no puede significar que anteriormente se prescindiera de la Sagrada
Escritura. Al contrario, en la teología del s. XIV se descubre una
postura básica y unánime. Los teólogos de aquel siglo de la muerte
del Bto. Ramón Llull, fieles a la tradición de los siglos XII y XIII,
consideran a la Sagrada Escritura la fuente por antonomasia de la
doctrina cristiana; v se sirven de los símbolos de la fe, de los textos
conciliares y de las páginas patrísticas para formular el contenido de
la revelación, explicarla y sacar coiickisiones. Es más. Hay quehacer
notar que, en la mente de aquellos teólogos, dichos testimonios no
constituyen una nueva fuente teológica, sino una explicación y pro-
longación de la Sagrada Escritura. Es decir que, para ellos, Escritura
y Tradición venían a ser una sola fuente.*'


Este es, por oira parte, el espíritu genérico de la teología de los
siglos XII y XIl l .


Hasta para San Anselmo (-f 1109), uno de los más caracterizados
teólogos especulativos de todos los tiempos, la teología no consiste
sino en aclarar, por medio de la razón, la fe, bebida en las Sagradas
Escrituras," porque éstas constituyen la fuente de donde dimana toda




190 GABCÍAS PALOU


aliinentuin aiiimarum .scniinainu.s... > (De ciiiicordiii ¡iiafucicnliat Dci el liberi iirbUrii.
q. 3 , c. (.. P . L. , 158, .528).


«.N'ihil utilitcr ad salutciu .^piriliiali-in piacdioariiii.';, (|iiod sacra scri|iliira Spi-
riliis saiicti miraculo fccuiidala non pruliilcrit, aiil iiitra s e cuiilincalr, (Ibidem).


" .S. (;.\ncÍAS PAI.OI', SIIII An.ieliii') de Canterbury y el Beato Ramón Llull, Eslu-
dion Lulianos. I , 1957, 83-84 .


IIENKICI GOETIIAI.S A (ÍANDAVO, .'<umma in tres partes ¡iraecijtiias digeslu, 3 v i i .
I i í i n c i i c s ¡II folio. Torrara, líi43-4().


Sumina. MAGISTRI G K a A H n i BONONIENSIS ORIIIMS K a A r a i M IÍKATI: MAHII; MI. .MONTI-.
GARMF.I.I, H n i f r c s , 1954, edil. I ' . De Vooghi.


'•' P . DI; V'oociir, O . .S. B . , La niéthode tliéologii/ae d'apri's llenri de (land el
Gérard de Rologne, Reclierclies de llii'ologle ancicnne et miMÜévale, . X X I I I , 1956, 61 .


'•' Ibidem.
.\ nuestro modesto juicio, sin embargo, los t e m a s t r a t a d o s por Enriíjue de Gante


la verdad .salutífera.'" Y R a i i u H ) Llull, eontinuador indiseudblc de la
especiilaeión aiiselriiiana, por medio de s u s célebres razones necesa-
rias, (expresa a los apfilogistas (pie. e i i s u s discusiones con los i n f i e -
les, las asienten sobre el sentido de la doctrina revelada."


L a s cuestiones metodobjgicas preocuparon muy poco, en general,
a los (eiílogos escolásticos. .Más bien que elaborar una teoría, practi-
caron la teología. Sin embargo, del estudio de sus disertaciones puede
deducirse, fácilmente, cuáles eran los principios que las regían. Por
otra parte, por raziín de aquella omisiiín, se explica (pie echemos de
menos, a u n en las páginas de los grandes maestros medievales, temas,
conceptos, divisiones etc. que ellos no ignoraban.


Según el benedictino D e Yooght, cabe señalar dos ex(;epeiones: el
profesor de la facultad de Teología de la Universidad de París y ca-
nónigo de Tournai, Enrique de Cante (-f 1293) y el carmelita Gerardo
de Bolonia (-j- 1317), quienes, en s u s respceti\as Sarnas.^'- estudian
las cuestiones de la naturaleza, método, objeto v fin de la teología,
sin aportar, empero, ideas nuevas, s i n o dando, únicamente, a la
concepción reinante del trabajo teológico, su expresión teórica ade-
cuada.'"


Menos tiene que sorprender el echar de menos las expresiones
theologia positiva y llieologiis positivas en los escritos de S a n Buena-
ventura, ^̂ gr., Santo Tomás de Aquiíio. Juan D u i í s Escoto etc . ,
que no hallarlas en las páginas de los dos expresados sumistas;
precisamente, porque el canónigo de Tournai v el carmelita se pro-
pusieron escribir sendas obras especializadas de mi-todología teológica
o de introducción al estudio de la teología."




LAS EXPRESIONES «TEOLOGÍA POSITIVA» V «TEÓLOGO POSITIVO» 191


y (Gerardo de liolunia, en su.̂ respectivas Sumas, nii s(ni, propiamente iiablando, por
lo menos en su casi totalidad, de carácter metodológico, sino, en realidad, cuestio-
nes de introducción al estudio de la teología. Son, con escasas diferencias, los temas
desarrollados por Santo Tomás de Aquino, San Buenaventura v sus coetáneos, en sus
respectivos comentarios al prólogo escrito por Pedro Lombardo (-¡- 1160) a su obra
fSentenliarum libri quatuor>.


Es más. Incluso Santo Tomás de Aquino, en su Summa, jilantea y desarrolla diez
de estos temas de introducción a la teología: (Irum praeter nlias scieiUias doctrimí
iheíilogica sit necessária.-l'lrum sacra doctrina sil scientia.-l'lrum sil una scientia, vel
¡dures. -iJtrum sil speculaliva, vel practica. - IJtrum sil dignior aliis scientiis. - Ulrum sil
sapientia.- Ütrum Deus sit subieclum huius scientiae. - Itrutn sil argumentativa. - Utrum
uti debeat methaphoricis. vel symbolicis locutionibus.-Vtriim Sacra Scriplura sub una
Hilera habeat piares sensus (1 . " p., q. 1, arlic. 1-10).


La principal diferencia que existe, bajo este respecto, entre los dos sumistas Enri-
que de Cante y Gerardo de Bolonia, y aquellos expresados teólogos, no es sino que
éstos desarrollaron ilichos temas en las páginas de unas obras destinadas al estudio del
cuestionario teológico integral; mientras que el canónigo de Tournai y el carmelita
compusieron sendos tratados para su exclusivo estudio.


He aquí una parte del índice de los ternas desarrollados por Gerardo: Ulrum theo-
logia sil scientia.-Utrum theologia sit sapiencia.-I truní theologia sil sciencia una.-
Utrum tlieologia sitprinia scienciarum. - Ulrum theologia sit prima scienciarum.-Utrum
theologia sit sciencia subaltérnala. - Utrum omncs sciencie alie ordinantur ad islam ote-
(Ed. cit., 485 ss.) , temas conocidos, ciertamente, por quien haya hojeado los comenta-
rios de los grandes teólogos de los .-¿s. XIll y XIV al referido prólogo, escrito por el
obispo parisiense a su expresada obra.


Como prueba a favor de nuestro modesto sentir - a p u n t a d o a n t e s - baste aducir
<pic de las 36 cuestiones, que se tratan en la Suinina de (ierardo de Bolonia, sólo
ocho merecen el nombre de metodológicas: Utrum modus huius sciencie debeat esse
uni/ormis uel multiformis.-l'lrum modus studendi hanc scienciam debeat esse argiimen-
latiuus.-Ltrum hec sciencia debeat loipii sennoiu- claro uel obscuro. - Ulrum hec sciencia
debeat toqui modo composilo et ornato.- Ulrum hec sciencia debeul pluribus modis expo-
ni.-Utrum hec ciencia sil uhinimque pluribus modis e.xponenda.-Utrum a quolibet
homine sit expouenda.-Utrum quelibct e.rposicio sil indifferenter exponenda [VA. cit.,
486-487) .


De parigual manera que Ramón Llull. (S. G a r c í a s P a i . o i , ¡lacia la localización
del punto de emanación del espíritu de la teología luliana. Estudios Lulianos, II, 1958,
72-73) .


P. D E VooiiGT, art. cit . , bl.


Ambos se plantearon el tema de la Icoíogía como ciencia, resol-
viéndolo de manera opuesta (Enrique en sentido afirmativo''' y Gerar-
do negativamente), a pesar de que éste, en su Siimma, es tributario
de la de aquél.'® Para el profesor parisiense, la teología es ciencia,




192 GARCÍAS PALOU


A. 6, i|. I, rcs|). .'i, |i. 108-.
(.). 1. a. I, K H . .-it.. pá;:. 27,3, nn. 27-23.
Liltrr /iiíniíiílaniin (¡fnionstnitianuni. lili. 1. rap. \ \ l \ . ed. Salzingrr, toni.


II, .Mdgunliac. 1722. ful. 7 , rol. 1." - l'"i\. 1!. . X i r k i i i a . O. ('., Lo ilnrtrina del Dador
Itiiininado Ufa/o Ramón IJull satire la ilcmo.<:lración de to.i dnscmas, juzgada a ta luz de
ta Ilisíoria )• de la Sagrada Teología, .̂ l̂iulia .Monufirapliii-a. 1, l'iiliiiao iialcarium.
19-17 , - Ku. I J e m t o M h n d í a , O. F. /:;/ lomo ¡i las razom-s necesarias déla Apo-
logética luliana. .Madrid, 19.')0, 31-9.3.


Ed. .Salzingcr, N , .Moguntiac, 1722, fol. 1 .
'•" Edic. Salzingcr, II, 3 .
" Ed. Salzingcr, II, 1-3.


Ed. Salzingcr, IV, Moguntiac, 1729-1-2.
" Ed. Siilziiigcr, W, ."), col. 2."
" Panertds de Ramón. CCEI .XXVI, ni . Olircs de llamón l.lull. XI\'. Mallorca,


1923, 301 , 11. 11. Disjiutatio /•^rcniitae et Raymundi super aliqu¡l>us dubiis i/uaestioni-
bus .SententiarumMagistri J'i'tri iMuibardi, l.ili. I, cj. I, edil. .Salzingcr, IV, Moguntiac.
1729, fol. 3, col. 2, 11. 6.


porque 'procedit r.i principlis per ,se tiotissiniis et certisshnis in siui
veritate el eiiaui fideli cerliindine fidei^En cambio, no lo es, segiíti
el carmelita, porque • (Jiianliim ad ihealogiam nohis in sacra scriplura
Iradilani. illa, c/uae srripiu sunt ut credanlur. no videntur esse de-
inonslralive et nota i.^'^ Pero, ni aun estas disquisiciones, inspiraron a
los dos sumistas las e^Ipresiones teología positiva y teólogo positivo.


Ramón Llull escribió sobre temas de introducción a la teología.
Re vi(') obligado a hacerlo, por razón de su prop(')sito de servirse del
método especulativo r¡ue había concebido, siguiendo a San Anselmo
•̂ a Ricardo de San A'íctor.'-' \o escribiii una Sununa metodológica,


como Enrique de Ganle v Gerarlo de Bolonia: pero compuso su Liber
principiorum theologiae, cuyo contenido se resume en el prólogo de
algunas de sus obras: Liber de Sancto Spiritu.-" Liber de quinqué
sapientibus,-' Liber de quatuordecim artirulis Sacrosanctae Romanae
Catholicae Fidei.-'- Dispulalio Eremitae et Raymundi super aliquibus
diibiis quaestionibus Senlentiarum Magislri Pelri Lombardi,'" Liber
super psalmum *• Quirumque vuli». siver liber tarlari et christiani...^'
De lo cual, se infiere (pie, entre los temas de introducción a la teolo-
gía, el del método fué uno de los (pie más le iiiteres() desarrollar; y
esto, por el motivo antes apuntado.


Gerardo de Rolonia. lo mismo ([iie el Blo. Ramiui Llull,-' ' se pro-
pone la cuestión "L.iruui modus Iradendi hanc scienciam debeat esse




L A S E X P R E S I O N E S < ' T E 0 l . 0 r . Í A P O S I T I V A » Y « T E Ó I . O O O P O S I T I V O » 193


2" K(l. i-il.. 4 H .
" Il.idoni.


Proverhi.i de lldiiioii. rap. 27(), pil. cit. 301 , n. 2.
M.-D. C I I E M , O. 1'. , t.d llirrilosir lili diiuzü'iiir .lirrlc. Ffiidcs de Pliilompliip


iiirdirvalc, X L V , P a r i s , 19.37, 32') s s .
•'" «Quoniam crgn sacra Scriplura csl de crcdüjili ul cr<Mliliilo. el liic ost de c r c -


ililiili, ut faclii inlelligii)ili, hace dclcrniinatii) distraliil. Naui (|uiid cri-diinus, dchclur
auclorilali, el quod intclligiimis, ralioiii. Iliuc csl (piud... alius iihhIu-^ i-crliludinis est
in sacra Scriplura, el alius in hoc lii)ro...3 (In I Senlenliaruni. P r o o e n i . . q. II, coulus.,
n. 4 ; edil. L. V. I, Parisiis, 1 3 9 4 , 18) . - Otras veces. U divide en sindiólica, propia y
mística (T. SzABÓ, O. F . M., De .S'S. Trinitulc in rn-íiliiri.i refiilnenie. Ilomae, 1955 ,
178, 189) .


M.-l) . (jiivNi', O. P., Iji lliéologie (•iiiiiiiie .•ícieiK-ie lili \íl/e .lii-ilv, l?ililiotlici|uc
llioiniste X . W I I I . París, 1957. 43 s s . - M . (;»AI>MANN, De llieiilogin ni est scieiilia argn-
ineiiiativa seciiiidiini ttheiliim Miigiiiini el S. 'Hioniniii iiiuiniitis (Angelicuní, XIV ,
1937, 39 ss.) .


nrpumenlatiiiiis?"'^^ A n i v a pregunta responde «(jiiocl argitmenlacionis
mnrhis est ciiiple.r. IJniis per niiclorilatem. nller per racioncm. Et per
rarionein sirniliter diiplex. fe/ per racionem prnhabiiem ve/ per demnns-
trarinnem.-'' Y. a pesar de la exeelente oportunidad rpie s e le brinda-
ba, aquí, para el uso de la expresión teolofcln /jositivn. la echamos de
menos en el texto del artículo, lo mismf» que en el resto de la Siimmo.


Ramón Llull. al contrario, emplea el término positiva, para expre-
sar uno de los aspectos de la teología. Según él. la ciencia divina es
po.iitivn y demostrativo. Positiva, en cuanto está per vo/iintals. porque
consiste en la aceptación, por la inteligencia, bajo el imperio de la
voluntad, de las verdades reveladas por Dios: < T/ieo/ogia positiva esta
per voluntat. e demostrativa per entenimeni^.'^^


Esta teología, que el B ( o . TJIUII llama positiva, no es otra (]ue las
primitivas sacra pagina v sacra doctrina de los autores del s. XIL las
cuales, históricamente hablando, no se identificaban con la i?icra fe.^"
FJ Doctor mallorquín, en efecto, no enseiía que dicha teología posi-
tiva sea la misma fe. sino que tes fundada per fe'. o sea algo distinto
de ella. Es decir, la teología basada en el testimonio.


Por otra parle, creemos (fue Ramón LlulL por medio de la expre-
sión teología positiva, quería significar lo m i s m o que San Buenaven-
tura (*¡- 1274) con los términos t/ieologia divina.El Seráfico, cierta-
mente, la distinguía de la ralionatis v de la .ivmbolica. —las cuales,
en el siglo XTII, significaban otros dos métodos heterogéneos-:"^ de




194 GARCÍAS PALOU


'̂̂ Sin embargo, la teología ralionali.^ de .San Huenaventnra v la nrguinentalivn de
San Alberto el Grande no coiniiden eon la (letiioslraliva del Bto. Llull (S. GAncÍAS P A -
I.OI', linciii til lo<yiliziiriiiii del piiiilD ilr rminiiicióii ilrl cspirilii ríe la teología luliana.
r e v . c-il. 7-1-7.5). - J . VI." A i . o , \ ? ( i . C. .VI. La teología como ciencia, RK/I", V, 1945, .32 ."̂ s.


/ ; o ) 7 ( - V í a / N H - n / . i-a|i. 75 , ed. Obres de Ramón Llliill, I, .Mallorca, 19í)6, 135,
nn. 4 - 5 .


lista ex|)resión ten (¡uanl Í'.SJ significa, claramente, una modalidad y no una
realidad distinta de otra realidad. La otra modalidad se describe más abajo: t Theolo-
gia... .íf! cavé a philo.^ophia^.


En el caso de (|ue la teología positiva y la argumentativa fuesen, en la mente de
Ramón Llull, ilos teologías realmente distintas y no dos asjieclos o dos modalidades
diferentes de una sola teología, no hubiera escrito ningima de dichas dos expresiones,
sino ([ue hubiera formulado su jiensamiento de una manera parecida a la siguiente:
fIJna theologia es fundada per fe... I/allra se cové a Philosophia.. >


8


parigual manera ([ue el Beato mallorquín la diferenciaba de la demos-
íralivn o argiimentaliva


Bamón Llull no enseña que la teología se di\ ida en positiva y
demostrativa: sino que la teología es positiva y demostrativa, para dar
a entender que dicbos dos aspectos positivo y demostrativo integran la
única teología.


Estos conceptos de teología positiva y argumetilativa son los que
explica a su hijo, en la Doctrina pueril (compuesta alrededor de 1278),
pero sin ser\irse aun de aquel término (positiva), que no usaría sino
dieciocho años después en los Proverbis de Kamon.


El pasaje de aquel tratado luhano define, por otra parte, clara-
mente, la concepci(')n unitaria — v no binaria — , de la teología en la
mente de Ramón Llull. en el sentido de (pie. según él mismo, la teo-
logía positiva y la argumentativa no son dos teologías distintas, sino
dos aspectos diferentes de una sola teología. «Theologia, escribe, en
quant es fundada per fe, esta en les páranles deis sanis homens qui
han escrites e di tes páranles de Déu e de les surs obres... Per so car
Déus ha donada natura e proprietats a les creatures qni .wn, que natu-
ralment lo signifiquen e'l demoslren al humanal enteniment, per as.sh
Teologia se cové o la Philosophia. qui es sciencia natural qui per ne-
cessáries rahons demostró a Déu e ses óbrese.


Ramón Llull no habla de dos teologías; sino di- «theologia
en quant es fundada per / e s , hi cual, al propio tiempo, «se cové a
Philo.tophias. Es decir, de dos modalidades diferentes, expresadas,
ciertamente, por los términos «en quant es^.'''^




LAS EXPRESIONES « T E Ü I . O O Í A POSITrVA» Y « T E ( ) L 0 G 0 P O S I T I V O ' 195


«Uti'aquc tlicülogia, pusiliva i'l scliolaslica, i-sl una caiirriitpic essentialilor.
.solo accidcntali quodam modo proccdendi diversa,.. > (I, 172? , ') ss.).


cFIinc liahes theologiam positivam et seholasticam non difierre Ínter se essen-
tialiter et penes ohiectum: Ídem enim hahent, sed aceldeiilaliler lanlum pones diver-
sam melhodum...» (I, prooem., 2 ) .


••" F R . EPIIHKM LoNr.PRÉ, O. V. M , Le B. Rayniond Lalle el ¡iaymond Martí, O. P..
Dollet! de la Societat .Vrqueologica Luliana, \XI\ ' , Ciulat de Mallorca, 1933, 2(i9-271.


«Narratur quod quidam^Christianus religiosus, bene in arábico lilteratus, ivit
Tunicium disputandum cum rege, qui rex Miraniamoli v o c a b a U u ' . ¡lie vero frater pro-
bavit ei per mores ct exenipla (|uod lex Mahometi erat errónea ct falsa;. . . Tune ait
ille frater: «Fides christianorum non potest p r o b a r i , sed eccc symbolum In arábico
expositum, ci'edas ipsum». Hoc dixit lile frater, (pila l l c c l littcratus essct c t moralls,
positivas tantum erat et non cum ralionihus prohativus' (Liber de acquisitione lerrae
sanctae. d, III, p. I, ed. Longpré, Criterion, Barcelona, 1927, 277-277 \


El Beato mallorquín, en el siglo XUI, formulaba la eoncepción
unitaria de la teología, que euatro siglos después sostendrían dos ca-
racterizados teólogos pertenecientes a los inicios de la teología posi-
tiva: el Cardenal Vincenzo L. Gotti (-j- 1742), ' ' ' en su Theologia scho-
lasl.ica dogmática, y el V. Charles Rene Billuarl. O. P. (-¡- 1757) en su
conocida Sumnta S. Thomae hodiernis academiarum moribus accom-
inodata.'*^


Además, Ramón Llull no sólo empleó el término positiva, para
aplicarlo a la teología, sino que llanuiba positivos a los teólogos que
cultivaban aquella referida manera de exponer las doctrinas reveladas.


Refiriéndose, seguramente, al dominico Ramón Martí, su <'oetá-
neo y autor del Pugio fidei," lo llama positivo f^positivas>). porque,
en una disputa religiosa, no esgrimió) razones de orden especulativo:
pues, a pesar de ser hombre letrado v bueno, no era «cii/n rationibiis
proba livns > .'^'^


Finalmente, resta por consignar que. según se deduce de lo ante-
riormente expuesto, al concepto que Ramón Llull se había formado
de la theologia positiva responde, ecpiivalentemente, —aunque no
idénticamente (cosa nada extraña, si consideramos la distancia de
cuatro siglos) — , el que expresaban, ])or medio de aquellos dos mis-
mos términos, los primeros teólogos positivos de los siglos XVH y
XVIIL


RAMÓN L L U L L ( f 1315?) GONET ( f 1681)


<'íltcologra, en (/uanf rs fundada per <'theolagia... diriditnr in po.titivain.
fe. r.ilá en le.': páranles delx sanl.': honienx i¡iiae fu.<:iiiri s/r/y ci modo oratorio sarro.';




196 GARCÍAS PALOU


qui han pscriles p ditrs páranles de Déu P Lilleras el mysteria fidei cxponil; et scho-
dp les sues obres... Per so car Déus ha do- lasticant, quae artificiosa uiellwdo et syllo-
nada natura e propiciáis a les creatures gisticp rerum divinarum notttianí Iradili
qui son. que naturalmcnt lo sig/iifiquen r I
demoslren al humanal enteniment, per
assó Teologia se cové a la Philosophia. (¡ni
es sciencia natural qui jier necessáries
rahons demostró a Déu e a sps óbrese.''-'


La teoloíiía positiva, srnúii Ramón Llull . basada en la fe, se basa
en los testimonios de la Sagrada Escritura: mientras que la arguineii-
taliva se elabora con las razones espectilativas. sacadas de la naturale-
za demostrativa de las criaturas.


E n el siglo XIlí , v con casi cuatro siglos de antelacii'in al uso de
las expresiones «theologia positiva:» y «theologiis positivits», en los
tratados de teología, por los primeros teólogos positivos de los siglos
W T l y W l l l , Ramón Llull escribía que «Theologia positiva esl.ii per
volunlal3'^ y llanmba «posiiivus»porque no era «ciim raliouibus
probativiisi al dominico Ramón Martí.


S. GARCÍAS PALOU, PURO.


Doctrina Pueril. In;;. c i l . , cil. c i t .
•"' (Jlyppus iheologiae ihouiislicap, liig. cit .
•" Proverbis de Ramón, hig . c i l . , ce], c i t .
" Liber de acquisitione terrae sanctae, liig. c i l . , ci l . cit .





I<:L PVCÍh'ISMO LULIAXO


1. EL PACIFISMO LULIAXO \ EL PENSAMIENTO MODERNO


Aproxiniándonos al místico Ramón Llull, corresponde abordar el
inquietante tema de la concordia y la discordia entre los pueblos,
sobre el cual se explicó cA Doctor Iluminado con acentos de innega-
ble actualidad o, si se prefiere, de magistral perennidad, según inten-
tará probarse seguidanu-nte.


A este respecto, es algo que llanuí poderosamente la atención el
hecho de (|ue la mayor parte de las mentes cultas más ilustres hayan
disertado, con mayor o menor extensión, en estos últimos tiempos,
acerca de las exigencias morales implicadas por la paz. El conjunto
de algunas de estas opiniones ha sido incorporado a la obra
«Pro-Paz» de Greta Sch\\arcz. a la cual se referirán miu.'has de las
citas ulteriores.'


Ante todo, la primera e.xigeiicia condicionante de una paz estable
es la creencia en su posibilidad, unida al deseo de su vigencia. De
ahí el íntimo sentido que presentan los siguientes asertos del Papa
Pío X I : «Rezamos por la paz. La queremos. La bendecimos. ) nuestros
anhelos se resumen en esta sagrada palabra: paz. paz. paz>.- Y anhe-
los similares eran los manifestados por el Beato Ramón Llull en su
obrita «Súplica para la conversión de los infieles:> o «Pelillo pro con-
versione injideliiim>.'^ dirigida al enérgico Obispo de Roma Bonifacio
VIII, en la que sus inquietudes pacificadoras revisten hermosos acen-
tos pontificalistas.


En segundo lugar, una vez bien penetrada, en nuestro interior, la
creencia de la posibilidad de la paz, se impone alejar de nosotros


' El subtítulo (le esta obra es el siguiente: Culliua iiiotlcniíi en Europa. Opinio-
nes de las mejores mentes europeas .'íohre el prohieiita d'- la piiz (liaicelona. l'>i>.~);.


- Pro-Paz: |). i « .
'•' Edic. ciít . ; Haicclona, l'Ki').




198 I 'i ;iiMÍ\ Dlí l'liMKNKl'A


* Pro-Paz; pp. 1 0 7 - 1 0 8 .


^ Cf. JUAN MAUIIA GULABKRT: ICt optimismo ilid ¡¡itato Raimundo Lulio (Barcelona,
1 9 0 4 ) .


" Pro-Paz;\>.24-[.
' Cf. Libro de tos mil provcrinns de Ramón. 1 4 , 1 y 4 ; p. 76 de la excelente ver-


siiín ca,stellana de esta olira, realizada por el culto pid)licista v maestro de lulistas
Francisco Sureda Blanes (ed. Es|)asa: Madrid, 1 9 3 3 ) .


" Contra esto y aquello (ed. Renacimiento; Madrid, 1 9 2 1 ) , p. 1 4 .


todo pesimismo, suscribiendo estas bellas opiniones de Alberto Eins-
tein: (No escasean los profetas (pie proclaman el inminente colapso de
la civilización occidental. Vo. sin embaro-o. no me asocio a estos pesi-
mistas. A despeclio de todas las indiraciones en contrario, creo en un
futuro mejor... Los historiadores del jutiiro (¡ue estudien la crisis que
hoy aqueja al mundo, considerarán que ésta es sintomática de una do-
lencia social producida e.veliisivamenle por el avance demasiado rápido
de La civilización. La liumanidad. luego de rebasar su enfermedad in-
Jantil, continuará avanzando hacia la meta que tiene señalada> .'^ Un
optimismo semejante es el cpuí respiran los escritos lulianos, donde
tal actitud baila incluso resonancias nu^talísicas, aunque siempre co-
medidas y ortodoxas, según se ha mostrado en monografía reciente.' '


Una tercera condición para jierpetuar la paz, es el imbuir en las
almas infantiles, por medio del cotidiano (piehacer educativo, sincera
estima e íntimo afecto luu-ia la misma. Según ba estudiado muy bien
el insigne pedagogo Pablo Natorp, «si se quiere educar en un espíritu
opuesto a la violencia, es preciso practicar la no violencia», por cuanto
<es por el amor que se educa para el amon.^ V a este efecto, se im-
pone reconocer que un importante inconveniente radica en el orgu-
llo, por su enemistad con la concordia, según sostiene nuestro Llull,
quien asegura, no solamente (jue «el hombre orgulloso nunca goza de
paz», sino además (jue «el orgullo no quiere paz».'


En cuarto t(;rmino, precisa convencerse de que el pacilismo tiene
uno de sus peores enemigos en el patriotismo exagerado, en lo que
Ünamuno denominaba «patriotería», calilicándola como «una especie
de enj'erniedad del patriotismo» Sobre este peligro, ha escrito con
gran acierto el eximio biólogo Juan üriesch: «El que es partidario del
falso patriotismo, que debería llamarse, simplificando la e.vpresión,
chovinismo o nacionalismo, cava la tumba en la cual se hundirá toda
la cultura y~ toda La moral. Si este patriotismo, que es un pecado y no




I:L PACUTSMO LULIANO 199


" Pro-Paz; p. 2ñO.
Pro-Paz: p. 263 .


" Liber Proverbiorum. 1. 3, c. 53 , n. 20; p. 111 del vul. 6." de las líeali Rainniii-
ill Lulli. Dorloris llluuiiiiali el Dorloris Opera (Maguncia. 1737) : In cluii-iíale muí est
liellum et iu crudelilale UDU est pa.\ .


••' Pro-Paz; j). 50 .
" Pro-Paz: p. 256 .


3


nira cosa, no es vencido prontamente en Europa, la decadencia de Oc-
cidente será algo irreparable en un próximo futuro» De acuerdo con
este mismo pensamiento, sostuvo el esclarecido prohombre de
la escuela de Lovaina, el Cardenal Denis .1. Mercier: e / ? / amor a la
nación, que se designa con el nombre de nacionalismo, tiene sus límites.
A'o .ujlamente es justo re.ipetar los derechos de las demás naciones, sino
que se debe subordinar a los derechos superiores de la hiinianidad • .^'^
V ( íu esta misma línea de elevada orientación teorética luíllase situado
el Doctor Iluminado, uno de los primeros jialadines del internaciona-
lismo pacifista, (¡ue \ ieiie a reputar al patriotismo hijiertrofiado, hoy
tan en uso a lo largo y lo ancho de casi todas las naciones, como
contrario a la caridad y favorecedor del encruelecimiento, para luego
concluir que «en caridad no hay guerra y en crueldad no hay paz».^^


Otro peligro que amenaza de continuo la i'ruición de la paz v cuya
elusión bien puede considerarse como el quinto requisito para la
misma, es la consideración de que la aparición de las guerras es una
inevitable constante histórica, ante la cual la actitud más halagüeña
posible es la de sojuzgamiciito. Esto lo ha expresado con bellas, aun-
que engañosas, frases nuestro Eugenio d"Ors, al sostener lo siguiente:
«La siempre amenazadora guerra, lu siempre amenazadora revolución,
son inevitablemente conslanles, deben ser inevitablemente sojuzgadas,
como es constante y como debe ser sojuzgada la pura bestialidady> .^^
Frente a esta generalizada y perniciosa creencia, conviene imbuir en
los cerebros humanos la tesis que se le contrapone y que el conocido
filósofo Juan V ailiinger ha resumido, con preeisuín v concisión, me-
diante estos vocablos: La paz eterna... no es una utopía, sino la rea-
lización de un objetivo perfectamente factible: .^^ Tan factible es. a
juicio tie Llull, este objetivo ideal de la paciücación iná.xima. que fija
en s u prosecución la Hnalidad del elevado estamento medieval tle la
caballería, al definir al caballero como «e/ hombre que procura la paz
por la fuerza».




200 FKn.MIN n n unMENKTA


En sexto lugar, presentando estrecha relación con el peligro para
la paz acabado de exponer, s e halla el (jue radica en la desconfianza
de algunos ante la Innnanidad, seni¡miento (jue el jirestigioso jjsicó-
logo Pedro Janet ha descrito con estos t('rminos: 'iLos pueblos se en-
cuentran todavía, en su mayor parle, en el nivel inferior en que no
e.visle más que la tiomiiiación por la fuerza. Llegarán ciertamente,
poco a poco, al eslddio superior de la justicia y de la colaboración;
pero ese ideal constituye todavía, para muclios, un ideal remoto'^.^''
Aunque resulta iiniegable (jue esta opini(jn encierra una parte de ver-
dad, no menos innegable parece ser la peligrosidad que enviuíhe el
recelar intensamente de la humanidad, en cuanto se icliere al endere-
zamiento por los senderos de la colaboraci(')ii y de la justicia. V la
j)arte de verdad incluida eu la opinión transcrita no es otra s i n o la
consideración áv (jue la paz es fruto natuial del buen gobierno, co-
rrespondiendo ( u i mayor grado de concordia a los países mejor admi-
nistrados, en lo cual inlluyen, a no dudarlo, los avances culturales; o
sea que, en síntesis, empleando el símil del «.árbol imperial», tan caro
a la pluma luliana, para significar la goberiiaci('in política, «el Jrulo del
árbol imperial es la paz de las gentes^>.^*'


Una S('ptiina exigencia de la pacificación entre los j)ueblos viene
a concretarse en la instauraciiiii de u n poder internacional supremo,
cuya misión ha señalado el conocido psicoanalista Segismundo Freud,
al afirmar lo siguiente: «.\o es posible evitar con seguridad la guerra
sino en el caso de que los humanos se entiendan para instituir una po-
tencia central a cuyas decisiones se abandotiarían en todos los conflic-
tos de intereses».^'^ Guiados por esta misma convicción, han procedi-
do, sin duda, los instauradores tanto de la Sociedad de iXaciones de
Ginebra, como la Organización de Naciones Unidas de Lake Succes,
aun cuando sus realizaciones no han respondido plenamente a las
elevadas miras de sus propósitos. Y una con\"icción análoga ha espo-
leado a cuantos internacionalistas han propugnado el arbitraje amis-


Líber J'rofcrbionim, i. 3, c. 75 , ii. 1 : p. 121 iIüI vol. cit.: «Homo, qui procura!
|)accni per v inu.


Pro-Paz; p. 289 .
Arbre de .-ieíencia, 7, 7; j). 329 del vol. 1 1 . " de la edición crítica Obres origináis


del lllumínal üocUir Mestre Ramón Lull (Palma de Mallorca, 1925) : «lo fruyl del Arljre
Im|)erial es pau de genis».


" Pro-Paz; p. 122.




VL l'ACIl'ISMO LULIANO 201


toso, cual medio eficaz para dirimir desavenencias, sin que degeneren
en contiendas Ijélicas. figurando a la c a b e z a di; tales internacionalis-
tas precisamente nuestro Llull, el j n - i m e r o e n i M l i e n q D o <]ue se pro-
nunció en tal sentido, s e g ú n mostró c o n a c o p i o d e ai 'gumentos el
docto lulisla Fr. Miguel Caldente/. 'i\ O. H.'*"


Finalmente, como octava y ú l t i m a e x i g e n c i a i m p l i c a d a por el pa-
cifismo, en su vertiente t i l i c a , ¡niede sefiularsc l a imperiosa necesidad
de propagar el espíritu de concordia entre los bombres, necesidad
que ha diseñado el aplaudido lileíato II. C. Wells, c o n su habitual
claridad: «Ij/ia ¡iinn'iisa la rea - e s c r i b e - incumbe a lodos los
(¡ue forjan •)• cambian la opinión ¡JÚblica: la de levantar un ¡nievo es-
píritu en el corazón de los hombres, un nuevo sueño en su imaginación;
el espíritu de asociación propagado a lodos los hombres, el sueño de un
mundo libre de la obsesión de la guerra-.^^ Este «ensueño» del con-
temporáneo Vi'ells fué ya «soñado» por el medieval Llull, el cual, en
su autobiografía n o N c l a d a «Rlanrjuerna". p ; i r e c c haber sabido com-
prender, hasta lo más recóndito, e l íntimo sentido de aquellos dos
pasajes evangélicos, aparentemente antagónicos, según los cuales
mientras Nuestro Señor Jesucristo, p i n - un lado, llama bienaventura-
dos a los pacíficos (Alt. 5, 9) , \ icne a reconocer, por otra parte, que
El no ha venido a traer la paz. sino la espada (¡Nlt. 10, .SO), con afir-
maciones que no sólo pueden ser consideradas como compatibles, por
quienes se percatan de su significado trascendente, sino que incluso
vienen a complementarse una a otra, dado q u e todos los seres huma-
nos, para m e r e c e r ser llamados ])acííicos y bienaventurados en el
orden espiritual, han tenido con anterioridad que luchai- denonada-
mentc contra las inclinaciones inferiores de su propia naturaleza y las
«le sus prójimos; debiendo advertirse ( j t i e la pacificación propugnada
antailo por Llull, es algo muy distinto d e l ajiaciguamiento hogaño
desprestigiado, y poco ha tan en boga, pues mientras el segundo exi-
ge concesiones a los enemigos del espíritu, l a primera sólo requiere
buena voluntad para evitar eficientemente las tormentas que obstacu-
lizan la felicidad del género humano, \ iniendo a ser la paz, por todo
ello, el fruto sazonado y proporcional al rendimiento en la contienda
por el progreso de la cultura.""


Cf. [AI ¡LUZ Y EL IIRBIINIJF ¡IILFRIIIIRIIIIUIL 011 L'IIINÚII L.LULL (eil . \'crilail v \ ida:


.Madrid, 1943) .
>" l'ro-Paz: y.-ÁW.




202 i'i;i!MÍ,\ DE UHMESETA


1. EL PACIFISMO LULIANO Y LA TRADICIÓN HISPÁNICA


Como suplemento di? todo lo expuesto, me ba parecido conve-
niente recordar aquí algunas teorías ilustres de escritores ibéricos que
han destacado vigorosamente la importancia que la paz reviste para
el bienestar de la humanidad. A este efecto, y para no extenderme en
demasía, voy a limitarme a la consideración de las doctrinas de pen-
sadores tan insignes como Séneca y Gracián que bien pueden ser
juzgados como representantes esclarecidos d(! lo antiguo y lo moderno,
en el clasicismo hispánico, y entre los cuales cabe situar a Ramón
Llull, como peldaño entrelazante de sus doctrinas y nuiximo expo-
nente del pacifismo medieval en nuestras latitudes.


En primer lugar, conviene rememorar que Lucio Anneo Séneca
— el gran filósofo nacido en Córdoba y cuya vida transcurrió casi
totalmente en Roma, donde fué preceptor de príncipes y patricios —
fué uno de los primeros paladines del sano pacifismo, que se funda
en el reconocimiento de las perversas raíces de donde derivan los
anhelos bélicos. Tales raíces son, según Séneca, fundamentalmente


-" Un magistral onlace entre estas dos realidades, lueha por la civilización y íilo-
sol'ía de la paz, puede verse en la obra de MALKICE BI.ONDEI., Li/tíe ¡mur In c'wilisation
el philnsophie de In pai.v (París, 1939) .


Les nnlinns contre la pnix (París, 1933) , p. 16: «Pour que la societé interna-
tionale connaisse demain la paix, il faut et il sufíit qu'elle y croie».


Liber Proverbiara ni. 1. 3, c. .53, n. 1: p. 111 del vol. cit.: «Pax est particípalío
bonorum sine labore».


En resumen: para compendiar en una sola las ocho exigencias
acabadas de enumerar como condiciones de la paz, podría emplearse
a(juella apreciación emitida por Jaime Landícrt cuando asevera en su
obra <;Lííó' naciones contra la paz»: '^Para que la sociedad internacio-
nal conozca mañana la paz, es condición necesaria y suficiente que crea
en etla».-^ V una buena manera de robusteciír esta creencia, es aclarar
la idea adecuada (|ue debe tenerse de la paz. confundida muchas
veces ora con el silencio de los oprimidos, ora con la tolerancia ilimi-
tada de espontaneidades libertinas, para e\ itar lo cual nada más útil
f[ue recordar la clásica definición luliana siguiente: 'Paz es la parti-
cipación de bienes sin intranquilidad» .--




Kí. PACIFISMO l .RI . IAM) '2()''>


Para las citas, emplearé la edición titulada «Obras Completas: Discurso pre-
vio, traducción, argumentos y notas de Lorenzo Riberi (ed. M. .\guilar: Madrid, 1943) .


" De la Ira, 1. 1 , c . 2 («Obras», p. 4 ) .
•-'^ De la clemencia, 1. 1 , c. 26 («Obras», |). 192) .
•» ' De la ira. I. 3 , c. 33 («Obras», p. 50) .


Cartas a Lucilio, ap. 15, e|). 94 («Obras», p. ;~)95). .
2» Cartas a Lucilio, ap. 15, ep. 95 («Obras:>, p. 6Ü4).
-° Para las citas, empleo la edición de sus (.Olu-ii-. Cumplclas- |iri'paraila j)or


E. Correa Calderón (ed. .\1. Aguilar; .Madrid. 1944) .


dos: la ira y la codicia.- ' Acerca de la primera, redactó expresamente
una obra rotulada «De ¿a ircti. donde examina s u s perniciosos el'ecfos
y emite reflexiones tan acertadas cual la sinuiente: 'Repara cómo de
las más nobles ciudades apenas se rastrea el lugar de su asiento: la ira
las derrocó'^.'-^ Otro tratado suyo, el ( [ i i e s e titula .De la clemencia»,
viene a completar magníficamente al anterior, moslrando cómo las
personas clementes son las ([ue practican lo contrario de las airadas y
manifestando apreciaciones tan herniosas como acpiellas segtin la cual
«salvar pueblos enteros es un poder iliviiu): matar en masa e indistin-
tamente es el poder del incendio r de la ruina».--' Por otro lado, acer-
ca de la codicia se expresa con no menos decisiíin. aseverando que
«es en derredor del dinero que se hace el eslruendo mayor» y que «se
encruelecen los reyes y saquean )• derriban ciudades construidas con
prolija colaboración de siglos para hurgar el oro y la plata en sus ce-
nizas»,-'' y llegando incluso a sostener lo siguiente: «.Muchos son los
que ante si empujan ejércitos y acosan gravemente a los enemigos en
fuga y que arriban al mar grande, ensangrentados con la matanza de
naciones enteras; mas estos mismos, para vencer al enemigo, tuvieron
que ser vencidos por la codicia».'' En suma, la justeza de estas disqui-
siciones bien puede atiibuirse a la circunstancia de ([ue. en Séneca,
el pacilismo social se asentaba sobre los sólidos cimienlos de un na-
turalismo humanista, que él mismo nos explica con t i M i n i n o s inequí-
vocos: «La naturaleza nos creó parientes, sacándonos del mismo origen
y destinándonos al mismo jin. /'Jila nos infundió el amor mutuo, y nos
hizo sociables. L'lla estableció lo justo y lo injusto. Por decreto suyo
es más de compadecer el que daña que el dañado. Por mandamiento
suyo, todas las manos han de alargarse a (pilen necesite ayuda».~^


En segundo término, entre los muchos autores ibéricos modernos
que se han enrolado en las filas del pacirismo. \ú\ a concretarme a la
egregia figura de Baltasar Graciáii, en cuyos escritos"' s e hallan repe-




204 l'KliMÍN DK L'UMK.NKTA


Agudeza y arle de ingenia, t. 1 , (I. 2Ü (íOfn'u.ss, p. 111.")).
•" Oráculo manual y arle de lii ¡¡rndencia, («Oljras; , p.
'•2 El Comulgaloriü, Vó (f(Jljrus->, ji. 863 ) .


tidanicnte valoraciouos encomi;lstica.s do \o que él denomina «/a
abundancia de la paz y sua delicias f .^'^ Fji su precioso librito «Orácu-
lo Manual y Arte de Prudenciay, ([ue \ lene a ser una colección de
trescu'ntas máximas de la más excelsa sabiduría, expone la siguiente
disquisición sobre nuestro tema: <>-Hombre de gran paz. hombre de
mucha vida. Para vivir, dejar vivir. \o sólo viven los pacíficos, sino
que reinan. Hase de oír y ver. pero callar. IA día sin pleito hace la
nocíie soñolienta. I ivir mucho y vivir con giislo. es vivir ¡jor dos y /rulo
de la paz».'^^ Con estas rellexioiies concuerdan otras muchas distri-
buidas por Gracián en sus di\ ersas obras, entre las cuales \o\ a se-
leccionar una más. la siguiente: «es de sabios amar la ¡aiz


Por iiltimo. entre Séneca y Gracián, dentro de una iiiisiiia direc-
triz especulativa en la (pie militan, hov como aver. otros muchos es-
píritus hispanos de acrisolada sensil)ilid;id. emerge la hercúlea ligura
de Ramón Llull. de quien cabe recordar, junto a los perfiles va deli-
neados de su pacilismo, el comienzo del cajiílulo consagrado a la paz
en su obra «..Blu/njuer/ia». donde se muestra el eficiente proselitismo
cristiano que suele acompañar a lodo anhelo geiuiinamenle pacifica-
dor, con estas palabras: «Eligió para sí el Obispo lilanipierna el oficio
de pacificación, porque los que se ejerrilaráu en él. serán llamados
hijos de Dios: y por esta razón quiso el Obispo lener esle cargo y re-
servar la tercera parle de sus rentas, para emplearla en pacificar a los
que estaban en riñas }' ein^mistades. I iniendo un día el obispo líe can-
tar vísperas en la catedral, donde ¡¡ara el ma\-or decoro de la misma
iglesia concurría lodos los días u las horas y a cantar misa, aconteció
que muchos judíos acudieron a él, quejándose de los cristianos que en
la víspera de Pascua de Resurrección les habían apedreado y herido
nialamenle a dos de ellos. Mucho discurrió el obispo en la querella que
le habían dado los judíos conlra los cristianos. \-pensó que la enemis-
tad y mala voluntad que ha)- entre judíos y crislia/ujs cesarían, si tu-
viesen lodos una misma fe y creencia, por lo cual determinó ir, todos
los sábados, a la sinagoga a disputar con los judíos y a predicarlos,
para que se hiciesen cristianos, para alabar }• bendecir a Auesiro Señor
./esu^risto, y que tuviesen paz r amistad con los cristianos. Por esle




EL PACIFISMO LULIANO 2 0 . 5


r/ifc/io. .se logró qiifí muchos judíos vc/iían a bautizarse v recibir la fe
de los cristianos».^^


Al concluir, cúmpleme reconocer í|iie podríii haber aducido aipií
otras muchas explicaciones lulianas conexas con las analizadas, v
aclarar ( j i i e . no lo he hec'ho. sólo ha sido e n méritos de brevedad.
Por esta causa, no \ov a diferir por más tiempo el momento de ter-
minar y, ])ara hacerlo, m e permitiré recordar la principal raíz d(' los
aciertos de nuestro Llull. (jue —a m i juicio— es precisamente su ad-
mirable dinamismo, rebosante de amor a D i o s v al prójimo, cuva
esencia nos ha sido descrita maiíislralmcnte por el ilustre lulista Sal-
vador Calmes, con estos términos: ' Ramó/i Llull es muy hijo del siglo
XÍJJ, de aquella centuria aventurera y peregrinante, deseosa de ganan-
cias y gloria... Íai fuente inagotable de donde brotaban tantas ener-
gías, la combustión interna y vital que las alimentaba, era el amor,
su pasión dominante, avasalladora e irrefrenable, que le empujaba
fataj e intensamente, con alientos incesantes y siempre renovados».-^^


;L LXTEHCONEXIOJN ENTRE EUCARISTÍA Y PAZ


EN LA ÉTICA Y LA ESTÉTICA FRANCISCANAS


El antecedente remólo más autorizado que existe de la intercone-
xión franciscana entre Eucaristía y paz. reside en los sagrados evange-
lios, donde hallamos frecuentes alusiones a los espíritus eucarístico y
[)aciTico —aun jireseindiendo de los lugares especialmente dedicados
a narrarla consagracic'm sacramental — : baste mentar los versículos
en que. por una parte, se bahía del ««pan vivoy («Pañis vivus>: Jo . 6,
-ti y 51) o «pan de vida» («J\inis vitae»: Jo . 6. 35 y -t8). como "pan
de Dios» («Pañis /)ei »:,](>. 6. .3-t) v «pan descendido del cielo» («Pañis
de coelo descendens»: Jo . 6, 50) . v aquellos otros en (pie. por su lado,
se presenta la paz como ligada a la bienaventuranza («Beatipacifici»:
Mt. 5. 9 ) , la encarnacit'm («In Ierra pa.v liominibus bonae voliintatis»:
Le. 2. 14), la promesa redentora («Pacem relinquo vobis, pacem meam


lll„tiiiiicn,„. 3, 75; |i. 379 de la ed. (.\ladi-id, 1948) .
•^' Diiinnii.uiir de llamón LluU (.Mallorca, 1935), |). 4 : «Ramón Lull es ben bé lili


del seglc XIl l : d'a(juella ccntin-ia aventurera i rodamón, apa.ssionada de guany i de
gloria...»




206 F K H M Í N I ) F Un.MIiNIíT.V


•'^ llnniil. 2-1.
Ciither. -i.
Cita(l(j |)c)r l.siDHi) (ioMÁ: L'i /•^iii-ari.slid y In \'¡dii crlslidiui (ed. (liisiillcrns: Har-


ccloiia, 1 9 4 0 ) , I. 1 , |). 1 4 4 .
De dvilnle Dei. 19, 1 3 .
7 V . iii Irli. 2 0 , 1 3 : 'ísarraiiiciiliiiii pií.-lalis... sigtiuiii i i i i i l a l i s . . . viiiciiliim


(•ar¡lali,s».
•"' «Cil)us graiidiuní, cilms vialiiidiii): cf. IsiDHd (JOMÁ, vid , cil . , p. 1 3 2 .
•" «Pharniacuin i i i i n i u r t a l i t a l i s í : el'. I.sinuo COMA, c s l . cil . , I. 2 , p. 3 0 1 .


«Pañis angcluruin»: cf. ISIDHO (ÍOMÁ, est. cil . , t. 1 , ]>. 1 7 9 .


do vobis»: Jo . 14, 17) y la resurrección («Pa.v vobis»: Le. 2 4 , 2 6 ) ,
junto a los cuales cabría alinear otros unidlos versículos, tanto del
Nuevo Testamento, cmno el r|ue impetra «danos hoy nuestro pan su-
persiibstancial» («. Paneni nostrnni supersubsiantialeni da nobis hodic»:
1 Petr. 2, 2 ) , como del Testamento Viejo, cual aquel otro que nos
habla de «un pan substancioso, elaborado con la flor de trigo, y un
vino regalado-' (Deut. '.VI. 14). Otros antecedentes más próximos
(•abría entresacarlos de la patrística antigua, como San Jerónimo,
cuando aludía a la paz bajo acepcnm soleriológica, al suscribir (juc
«el bocado de esle Cuerpo es fuerza de nuestra alma, nervio del espíri-
tu, vínculo de confianza, fundamento, esperanza, salvación»o con
San Cirilo, cuando apellirlaba «cristíferos» a los comulgantes, basán-
dose en que, como tales, habían de aduar agradecida y pacíficamen-
te, según hizo Cristo siempre durante sus años de predicación;'*'' e
incluso entre los primeros escolásticos, como Pedro Lombardo, quien
\aloraba el alimento eucarístico cual «medicina de la diaria debi-
lidad»


Sin embargo, el antecedente más directo y el más digno de ser
traído a colaciiin aquí es el agustiniano. Sabido es que San Agustín
es el hontanar cimero en donde se ha nutrido constantemente la
ininterrumpida trailicii'm del pensamiento franciscano. Pues bien, al
impar Obispo de I lipona debemos páginas memorables vertidas sobre
temas tanto concernientes a la paz, cuales las repetidamente citadas
de su tratado sobre «La ciudad de Dios»,^*^ como referentes a la Euca-
ristía, a la (pie adjetiva, entr(í otros calificativos, con los epítetos si-
guientes: sacranumto de [liedad, signo de unidad y vínculo de cari-
dad;^'' alimento de los grandes y alimento de los viatores; '" medicina
de inmortalidad;" y, vn suma, pan de ángeles'- y pan de inteli-
gencia.'^


10




F,L PACIFISMO LULIANO 207


Con tan aucustos precedentes, nada es de extrañar que eJ francis-
canismo, con matices originales muy estimables - sobre todo para la
estética y la ética — , se mostrara desde un principio y a la vez. si se
permite la expresión, pacificante y eucaristizante. Acerca del pacifis-
mo franciscano, nada procede agregar aquí a lo miicbo ya escrito: de
ahí que cuanto siga, girará preferentemente en torno de la uncicin eu-
carística de algunos autores de la orden franciscana.


Ya en la clásica biografía escrita |)or Tomás de Colano para rela-
tar las prodigiosas hazañas de San Francisco, se nos habla extensa-
mente de los fervores eucarísticos del excelso fundador." en concor-
dancia con varios de los párrafos de los propios escritos suyos, como
aquel lugar de sus «.Ivisos» donde asegura que «fjuieti tiene el espíriln
del Señor, que inora en sus ji el es, recibe el Sanlísimo cuerpo y sangre
del Señor» o como aquel otro en que nos asesora para «posponiendo
todos los cuidados r afanes, recibir el cuerpo y sangre de Nuestro
Señor ,/esucristo en su santa comunión».^^


Junto a estos asertos autógrafos de San Francisco, cabría alinear
otras muchas obras redactadas por religiosos franciscanos de todas
las épocas, como las «Meditaciones devotísimas del amor de Dios» del
inspirado Fray Diego de Eslella. donde dedica cuatro meditaciones
íntegras a reflexionar sobre nuestro sacramento. ' ' o como la «Escla-
vitud mariana» del sublime Fray Juan de los Angeles, que canta las
excelencias del «acompañar al Sacramento de la Eucaristía, ya en
procesiones, ya cuando le llevan a los enfermos».^^ o como tantos y
tantos más, entre los cuales me limitaré a recordar brevemente —para


«Paiiií; inl('lli'i.'lii>-: Isiinio COMA, liig. i'il.
" I irla de Sioi Francisco de Asís, c. 1 5 2 (ccl. líAC: ^<Í/Í Francisca de Asis;


Madrid, 1945) , |i. 505 : «Ardía de amor en sus entrañas liacia el sacramento del cuerpo
del Señor, sintiéndose oprimido por el estupor v anonadado al considerar tan estima-
l)le dignación v tan ardientísima caridad.. . .Vcoslunihralia decir: Si [nc saliese al en-
cuentro a la vez nn santo bajado del cielo o un pobrecillo sacerdote, primero saludaría
al sacerdote, y correría primero a besar sus manos, y diría: aguarda, San Lorenzo,
por(pie las manos de i'Ste han tocado el Verbo de la Vida \' tienen algo m:ís que
humanos.


Avisos espiriUiales, 1: p. 40 del vol. cil.


'"' CnrUis, 5 : p. 61 del vol. cil.


" .Místicos franciscanos españoles. X.'.i (ed. liAt;: Mailrid, 1 9 4 9 ) , pp. 1 3 9 - 1 . 5 0 :
med. 30 , 3 1 , 32 y 33 .


Vol. cit., p. 701 ; c. O del est. cit.


11




208 FEtiMÍ.N' IlE UHMENF/I\


//( IV Seiil., A. 12, p. 2, a. I. q.


Obras literarias de Ramón Llull, (ed. BAC; Madrid, 1948) , p. 1060.


12


roiirlilir— J i u c x o s pasajes de los dos máximos expolíenles del misli-
cismo iVaneiscaiiisla. San I5iiena\ eiitura \- Kanujii Llull: el primero,
es aijuel liigar de los comenliirios del Dorior Seráiico a las (Senlcii-
cias» (le Pedro Lombardo, donde sostiene (|iie Eiicarislía enardece
el fuego de la raridad v el seiíniuli) v lillimo. son unos versos del
Dorior llimiinado cioiide, ron s u bi('\ctlad rararterístira. es señalada
la ineí'abilidad de ia roiinin-uniiiii ínsita i;n la ronuiniihi, al soste-
ner rpie'"'


•da virlal de aquell .sagraineni
lio la ¡)ol dir lioine viven! >.


Fi:nMÍ.\ nii LIHMKNKTA


HarLolima




L O S F O N D O S M A N U S C R I T O S L U L I A N O S D E


M A L L O R C A


Ya e n vida de Ramón Llull fueron formándose tres focos de irra-
diación luliana: París, Genova y Mallorca. Así nos lo afirma la <li(a
coetánea i: «Divulgati quidcni sunt libri sui per universum, sed in tribus
locis fecit eos precipue congregari, videlicel in monasterio carthusiano-
rurn Parisius et apud quemdam nobilem civitatis Janue et apud que/n-
dam nobilem civitatis Maioricarum»


En su testamento, otorgado en Mallorca el 26 de abril de 131.3,
habla de estos tres centros. En el mismo encarga a su yerno Pedro de
Sentmenat, el noble a que se refiere la Vita, que mande al Monasterio
de la Real <ununi coffre meum cum libris qui ibi sunt queni habeo in
hospicio dicli Petri de Sanctoniinato>.~


De aquellos códices del cofre de la Real, así como de los manus-
critos legados por el Maestro a las diferentes iglesias y conventos de
ia Ciudad y Reino de Mallorca se fueron sacando copias. La trans-
cripción de manuscritos muchas veces n o era remunerada, s i n o que el
copista la hacía movido por un fervor proselitista. Ramón Llull, es-
pecialmente cuando su vida iba ya declinando, procuró, por todos
los medios, la propagación de sus obras. Ningún escritor medieval
supo, como el, conquistarse, de una manera tan maravillosa y pronta,
la afición de los pueblos. Ramón Llull fue ya antes de su muerte ad-
mirado y amado por los doctos y la gente sencilla y vulgar. Nicolás
Aymericli, el célebre inquisidor general del Reino de la Corona de
.A.ragón y el más grande enemigo que ha tenido el Lulismo e n todos
los siglos, se queja, a fines del siglo .\IV, de que muchas veces se ve


' (;AIFFIF.H, B . I)F,. Vita benti R. L., cii ,\nalecta Bollancliana, 48 (1930) 175.
- BoFAHui.L Y SAN.S, FnANCisco, El testnmentn de R. L. y la Escuela Luliaua en


llarcelona, en Memorias de la R. A. de B. L. de B. , 5 (1896) 435-78. O, SKCFÍ. El cená-
culo del B. R. L., A S T 15 (1942) 75 -92 .


1




210 LORENZO PÉREZ MARTÍNEZ


•' CAnni;iiA.s .\KTAI; T . Y J . , Historia de la Filosofía española. Filosofía cristiana de
los siglos Xm al XV. Tomo I I (Madrid, 1 9 4 3 ) 3 2 8 , ,1 RUBIO, .Votes sobre la transmissió
manuscrita de Vopus lullia, en Franciscalia, B. 1 9 2 8 , pp. 3 3 5 - 4 8 . .A. GOTTHON, L'edició
maguntina de R. L. B . 1 9 1 5 , pp. 7 1 - 4 . Véase un inventario de la Escuela Luliana de
Barcelona fechado en 1488 en BOFARUI.I., oh. cit. y reproducido por Pedro Blanco Soto,
en Estudios de Bibliografía Luliana, Madrid 1 9 1 6 , pp. 6 8 - 7 6 .


•* RÁ.MÓN DE ALÓS, LOS catálogos lulianos, B. 1 9 1 8 , p. 5 5 . (lAKnEnAS, oh. cit. y
CusTURKK, Disertaciones históricas del culto inmemorial del B. R. L... Mallorca. 1 7 0 0 ,
passim.


obligado a luchar y litigar no sólo contra los sabios de la Universidad,
sino también contra el vulgo de la calle. Por eso, no es de admirar
que las copias de las obras lulianas se multiplicaran de una manera
tan rápida.


Los fondos manuscritos lulianos de Mallorca han sufrido muchos
cambios desde el siglo XIV. Unos han desaparecido completamente,
otros han emigrado a diversos países, y no pocos existen en la misma
Mallorca, recogidos en bibliotecas públicas y privadas. Quede para
otra ocasión hacer la historia completa de la transmisión del Opus
luliano en la isla de Mallorca. Aquí apuntaremos tan sólo unos pocos
datos.


En el mismo siglo XIV, una gran parte de los manuscritos mallor-
quines pasan a Barcelona, ya que a la Ciudad condal se trasladan
varios descendientes del Beato por línea femenina. Este fondo fué
creciendo, dado el interés que siempre demostró por las doctrinas
lulianas la familia del Maestro. .'Vsí nos lo demuestran, por ejemplo,
los (esfuerzos que hicieron aquellos descendientes para reivindicar la
fama de su glorioso pariente de las calumnias del inquisidor Eyme-
rich. Aún en el siglo XVl l l , este fondo era importantísimo, pues la
Condesa de la Manresana, descendiente de Bamón Llull , mandó al
Elector Palatino valiosos nuuniscritos para la edición de las Opera
latina de Maguncia. '


Xo pocos fueron los manuscritos que inandaron los Jurados de
Mallorca al Cardenal Cisneros y a Felipe II, grandes admiradores y
devotos del Doctor iluminado. El célebre Cardenal llegó a reunir en
su biblioteca particular un copioso fondo de manuscritos e impresos
lulianos en catalán, latín y castellano. Su apoyo decidido a los estu-
dios lulianos y el conocimiento profundo que de las obras del Beato
poseía, le convierten en el introductor del Lulismo en Castilla y, por
lo tanto, en la Casa de Austria.'




LOS FONDOS MANUSCRITOS LULIANOS 211


Sabemos que Felipe II, en 1583, pedía al Dr. Mugo Berard, Procu-
rador real de Mallorca. le mandase los libros lulianos, cuyo catálogo
había confeccionado Antonio Bellver, profesor de Arle luliana en
Mallorca, canónigo de la Catedral y autor de varias obras lulistas. Los
.lurados de Mallorca cumplieron el encargo del Rey. Conocemos los
nombres de varios lulistas insignes que colaboraron en la copia de los
manuscritos mandados al Monarca. Casi todos los códices solicitados
por Felipe II se encuentran actualmente en la Biblioteca del Monaste-
rio de El Escorial.' '


Varias son las partidas de manuscritos que, con destino al e.xamen
de la ortodo.xia doctrinal de R. L. , se numdaron a Roma. La primera
de que tenemos noticia data de 1591 y constaba, scgíín los datos que
poseemos, de doce códices, de los cuales algunos se conservan en la
Riblioteca Vaticana,''


Más tarde, un decreto de la Congregación del índice de 16 de julio
de 1594 mandaba que todos los escritos referentes al Maestro, tanto
obras suyas originales como cualesquiera escritos en pro o en contra
del Doctor Iluminado, fueran mandados a Roma. Este es el decreto
preparatorio de las Letras Compulsoriales despachadas el 4 de marzo
de 1595 . '


En esta remesa no fué ningima obra original del Maestro,*


Años más tarde, en 1612. escribió el Cardenal Arisoni a los .fura-
dos pidiéndoles copia de los 20 libros de los cuales se suponían se
habían sacado los errores inventados por Evmerich." La ida a Roma
del nuevo postulador Fr. ,Tuan Riera, O. F. AI., fué aprovechada por


^ CAIIRERAS, OII. cit , 2.5ÍÍ v 263.


" Una lista muy deficiente de las oliras que se mandaron se encuenlra en el
ms. 'i5, f. 308 , del .\rchivo de la Causa Pía Uuliana de Palma de Mallorca.


' El decreto de 1594 ha sido editado por J . Pou .MARTÍ, Sobre la doctrina y mito
del n. R. L. , en .Archivo Ibero Americano, 16 (1921) 18. X.af Letras Compulsoriales
incluyen esle decrelo. Una copia casi completa de las Letras, en CCSTIREH, p. 324
nota 47.


« Arch. de la Causa Pía Luliana (CPL), ms. -il, f. 1.34 v. Cfr. el ms 55 , f. 63 ,
del mismo archivo,


'•' CiisTURER, 336 : Ai.HiTiis, /)c inscoiitantia in fide. Roma, 168-t, n. 151; Analecla
Juris Pontificii, I I , n. 17, col. 2470. Roma, 1858. .IOSEP M . " Pon, Per la glorificado del
¡i. Ramón Lull en d segle Xll], en Miscelánea Luliana, B. 1935, pp. 109-29.




212 LOBENZO PÉREZ MABTINEZ


ALBITIUS, ibidem. CUSTURER, 136 noto 12. Véanse los Extraordinaris del 1 de
diciembre de 1616 , del Archivo Histórico del Reino de Mallorca.


" Tales como los mss. 10036 , 10275 y 10734 del fondo Vat. lat. de la Biblioteca
Apostólica Vaticana.


En este convento residieron, entre otros, los postuladores, Fr, Lucas Wadding,
célebre analista de la orden franciscana; Fr . Antonio Busquéis y F"r. .luán Riera, todos
ellos franciscanos. Este último murió en el mismo convento en el año 1633.


'3 Boletín de la Soc. Arq. Luliana, 24 (1932) 99-108 . Sobre el P. Hernández y su
actuación en Roma, véase nuestro estudio en Est. Lulianos 2 (1958) 83 -105 .


los Jurados para mandar aquellos veinte libros, repartidos en siete
códices mayores en lengua catalana, y otros cinco más pequeños en
lengua latina. Sucedía esto en el año de 1617. ' " A esta remesa perte-
necen sin duda alguna varios manuscritos conservados en la Bibliote-
ca Vat i cana . " En estos manuscritos puede leerse el certificado del
notario del Gran y General Consejo declarando que aquel códice per-
tenece al Archivo del Reino de Mallorca. Aún en impresos de la mis-
ma Biblioteca no es raro encontrar esta certificación, agravada muchas
veces —y esto sucede tanto en los manuscritos como en los impre-
sos—, con la obligación, por parte de los censores romanos, de devol-
ver dichos códices a las autoridades mallorquínas, una vez que se haya
llevado a cabo el examen de la ortodoxia. Tal obligación no se ha
cumplido nunca, y así se explica la formación del gran fondo luliano
de la Biblioteca Vaticana.


Los manuscritos que se conservan en el Convento de San Isidoro
de la misma Ciudad de Roma, hoy regido por franciscanos irlandeses,
tienen un origen parecido al de la Biblioteca Vaticana. S. Isidoro y,
durante algún tiempo, el convento de Ara coeli, fueron habitualmen-
te la residencia donde se hospedaban los postuladores de la Causa del
Beato, quienes subvencionados por el gobierno de Mallorca primero,
y después por la Causa Pía Luliana, iban a la Ciudad eterna para de-
fender la ortodoxia doctrinal de Ramón Llull y llevar a cabo el pro-
ceso de beatificación.'^ También en los códices de San Isidoro se en-
cuentra muchas veces la certificación a que antes aludíamos. Fr. José
Hernández', O. F . M., postulador, hizo por los años 1688-90 un catá-
logo, publicado por Salvador Galmés, aunque sin nombre de autor.
No todos los manuscritos descritos por el P. Hernández se conservan
actualmente en San Isidoro. Dos de los más importantes se encuentran
afortunadamente hoy en la Causa Pía Luliana (ms. 51 y 55) , segura-
mente traídos aquí por el mismo P. Hernández.




LOS FONDOS JIANUSCBITOS LULIANOS 21."i


» CAHREBAS, II, 327.


'» BSAL, 9 (1902) 3 4 7 - 5 0 .
" ID., 1886 , n.» 27, p. 6 .
" GoTTBON, A., El Catáleg de la Biblioteca lul-liana del Convent deis franciscans


de Mallorca. ButlI. B. C, 6 (1920-22) 146
" Notes per un catáleg d'alguns códexs lullians de les biblioteques de Palma, eu


EUC, 17, p. 166-183 .
Inventad de manuscrits lullians de .Mallorca, segons notes de Jeroni liosselló


en E F , 47 (1935) 69-86 .
" Fondos manuscritos lulianos de Bibliotecas de .Mallorca, en Bibliotecononiía,


correspondiente a julio-septiembre. Barcelona, 1944. Trae la bibliografía de todos los
trabajos relativos al tema hechos con anterioridad.


" . N o r m a s d e c a t a l o g a c i ó n .


De una obra que ya ha sido reseñada, no transcribimos mas que el título, si no


Finalmente, sabemos que no pocos manuscritos fueron llevados a
Alemania en el siglo XVIII , para que sirvieran de base a la edición
de Maguncia ."


Los fondos actuales de manuscritos lulianos en Mallorca no son,
ciertamente, del todo desconocidos. Ya D. Pedro A. Sancho, a prin-
cipios de este siglo, daba a conocer el importante lote de manuscritos
regalados a la Sociedad Arqueológica Luliana por los herederos del
que fué gran lulista D. Jerónimo Rosselló.'^ Y mucho antes, en 1886,
un anónimo escondido bajo la inicial LL, que seguramente debía ser
D. Gabriel Llabrés, publicaba un sucinto catálogo de manuscritos
lulianos que se guardaban en la Biblioteca del Colegio de Nuestra
Señora de la Sapiencia." '


En estos últimos tiempos han investigado y dado a conocer algu-
nos fondos Got t ron , " M. Obrador,'* Ramón d'Alós Moner, '" Pedro
Bohigas.^" Pero todos estos estudios, aunque muy beneméritos, no
agotan la materia, como hemos podido comprobar nosotros mismos.
Aún algunos fondos ni siquiera se mencionan. Además, dichos autores
solamente estudian las obras del Maestro. Nada dicen de los manus-
critos relativos a la Historia del Lulismo, tan importantes por más de
un concepto.


Nuestro intento es formar un inventario, completo, aunque breve,
de todos los manuscritos que, de una manera u otra, se refieran al Lu-
lismo. Por eso es que damos poca importancia a las introducciones.
Creemos que la Historia del Lulismo detallada y completa, debe es-
cribirse después de este trabajo previo de inventario.-'




214 T.OIiENZO l'KHKZ MAIÍTIM-:/


1. - CAUSA PÍA LULIANA


La Causa Pía Luliana nació por un acuerdo del Gran y General
Consejo de ^Mallorca el día dos de junio d(í 161Ü. lín aquella l'ecluí
todos los jurados, de común acuerdo, nombraron a catorce personas
que debían entender en los asuntos lulianos. El deber principal que
competía a aquella comisión, era buscar cualesquiera papeles y obje-
tos relativos al culto y a la doctrina del Beato, aun(jue nuis especial-
mente al culto: o sea todo lo C[ue se reliriera al proceso de beatifica-
ción: <íperque en noni del dit Jlegne pugnen, com dit es, inquirir y
cercar toles y qualsevols scriptnres fahenis per la santedal, vida y mi-
racles del dit doctor Lulh-."


trae ninguna variante distinta de la ohra a la que remilinios al lectur. Si no se dice lo
contrario, la obra se entiende (]ue es de t a m a ñ o folio y está en buen estado. La des-
cripción externa e interna del códice es más am|ilia cuando éste es anterior al XVL
La bibliografía que traen .\vinvó y (>arreras no la repetimos y, por esto, remitimos a
ellos o ios completamos. Al final, irá un índice de títulos do obras, im:ij)its y onomático.


.Abreviaturas más usadas:
Avinyó = .-VVINVÓ, J . , Lex obres aiitenlii/iies del lieni liuinón l^lull. Hepertori biblio-


grafic. B . 1 9 . 3 5 .


Carreras = CARUEC.AS ARTAI . TOMÁS V .loAgcÍN. Ilisloria de la Filosofía española,


flisloria de ln Filosofia cristiana de los siglos XIll al XI . Tomo 1 ( 1 9 3 9 ) y 11 ( 1 9 4 3 ) .
Custurer = CUSTUREB. J . , Disertaciones históricas del culto inmemorial del B. Jlar-


niiindo Lullio... Mallorca, 1 7 0 0 .
Glorieux = GLORIEUX. P . , liépertoire des Mattres eu Théologie ou XIII siécle. II


(Paris, 1 9 3 3 ) .


H L F = LITTRÉ, E-1IAUHEA, B , en Histoirc Litteraire de la France, XXLX (París,
1 8 8 5 ) 1 - 3 8 6 .


Longpré = LONGPRÉ, E , Itarmond Lull, en Dictionaire de Théologie (¡atholicpie,
IX (París, 1 9 2 6 ) col. 1 0 7 1 - 1 1 4 1 .


Mag = Maguncia, Opera oniiiia Beati Raymundi Lulli. 1 7 2 1 - 1 7 4 2 .
üttaviano = OTTAVIA.NO, C , L'ars compendiosa de Ramón Lull avec une elude sur


la bibliographie et le fond ambrosieii de Liille. én Etudes de Philosophie médievale
1 2 ( 1 9 3 0 ) .


Pasqual = PASCUAL, A., / indiciae Lullianae, 4 vol. .Wiñón, 1 7 7 8 .
ORL = Obres de liamón Llull., I -XXl , (Palma de Mallorca, 1 9 0 1 - 1 9 3 6 ) .
RU = ELIES ROGENT V ESTANISLAU DURAN, Bibliografia de les impressions Lullia-


nes, B . 1 9 2 7 .
Thorndike =- THORNUIKE, LVNN., .i llislory of magic and experimental Science.


New York, 1 9 3 4 .
-•' Documento inédito conservado en el Proceso de llealificación hoy en el Archi-




LOS FONDOS MANUSCRITOS LULIAiNOS 215


vo de la Curia Diocesana de Mallorca. Una copia en el Archivo Vaticano y otra en le
de San Isidoro. Dejamos para más adelante hacer i m a historia completa de esta Junta.


Con todo, en el siglo XVÍI, al menos en su primera mitad, la
Causa Pía Luliana estuvo muy unida a los Jurados y por sí sola muy
poca cosa hacía. De hecho, la Causa Pía se ha desenvuelto siempre
muy unida a las autoridades civiles, primero al Gran y General Con-
sejo, y, después del Decreto de nueva planta a principios del XVIIL
al Ayuntamiento de Palma de Mallorca. Entre sus catorce miembros
figuraban siempre varios sacerdotes, y muchas veces el presidente de
la asamblea era igualmente un sacerdote, un canónigo por regla gene-
ral. Pero la asociación dependía, directamente, de la autoridad civil,
quien nombraba a los miembros cuando había vacantes, y disponía
todo lo concerniente al culto del Beato.


A fines del XVIII , cuando las autoridades civiles, no sé si vencidas
por la l'uriosa guerra antilulista, que se movió en Mallorca durante la
segunda mitad del XVII l , o por las órdenes que recibía de Madrid,
dirigidas a hacer desaparecer la Causa, se desentendieron algo del
funcionamiento de aquella organización. La Causa llevó una vida
lánguida, y aún llegó a desaparecer por completo. En 1845 volvió a
reorganizarse. Se redactó y publicó un nuevo reglamento y, durante
unos años, llevó una vida próspera. Lo demuestran los balances de
tesorería y las actas de sus juntas. Después, a fines del siglo pasado,
vuelve a languidecer.


Durante el pontificado del Dr. Miralles hubo un conato de restau-
ración, pero tan deficiente, que hoy puede decirse que prácticamente
no existe.


Uno de los fines principales de la Causa Pía era la conservación
de los papeles y demás concernientes a la Causa de beatificación y
canonización del Beato. Para conseguir esto, procuraban sus miem-
bros sacar copia, casi siempre certificada, de todos los papeles que se
tramitaban en todas las curias tanto eclesiásticas como civiles. Esto
mismo exigían los protectores, nombre que se daba a los miembros
de la asociación o junta, a los postuladores en Roma. Así se compren-
de que en Mallorca se conserven copias de las traducciones al italiano
de los procesos ordinarios de beatificación llevados a cabo en el Tri-
bunal eclesiástico de Mallorca. Igualmente, en el Archivo de la Causa
Pía se conservan otros manuscritos italianos certificados.




216 L O R E N Z O l ' K R E Z J L \ R T Í M : Z


8


Todos estos papeles relativos al Doctor Iluminado, fueran o no
manuscritos, se conservaban en un arca de tres llaves. Periódicamen-
te, eran revisados todos aquellos papeles. Igualmente, el dinero o los
justificantes de los censos eran conservados en esta arca. Las tres lla-
ves estaban en poder del presidente de la Junta, del secretario y de
uno de los protectores, y no podía abrirse, si no había un número de-
terminado de protectores.


El arca sufrió varios traslados en el transcurso del tiempo, moti-
vados siempre por temores de robos o sabotajes, tales como los que
sucedieron durante el dcsdicbado y célebre pontificado del Obispo
D. Juan Díaz de la Guerra (1772-77). Los lugares de refugio, en tales
casos, fueron el Convento de San Francisco, el Cabildo de la Catedral
y, en último caso, el Ayuntamiento de Palma. El lugar de reunión de
los protectores, así como la sede del arca, fué regularmente el Colegio
de Nuestra Señora de la Sapiencia. Tanto de estos traslados como de
los temores que se tenían de que acjuellos preciosos fondos fueran
robados se hacen eco las .Vetas del .\yuntamiento, de donde están
sacadas todas estas notas.


Sea fruto de estos traslados o bien de otras causas, lo cierto es que
algunos maiuiscritos de la Causa Pía se han perdido. Otros manuscri-
tos, no sabemos por qué razones, han peregrinado a otras bibliotecas.
Tal sucede con documentos que hoy se encuentran en el Convento
de San Francisco, en la Biblioteca Provincial y otros lugares de Palma.


Fué el Excmo. y Bdmo. Arzobispo Dr. D. José Aliralles (1930-1947)
quien, en una visita pastoral al Colegio de Ntra. Sra. de la Sapiencia,
ordenó que los fondos manuscritos lulianos de la Causa Pía, así como
todos los impresos, pasaran al Archivo de la Curia Diocesana. El tras-
lado se hizo rápidamente y mal. Los manuscritos e impresos, no todos
como ya hemos dicho antes, se trasladaron a unos aposentos del Pala-
cio Episcopal, en espera de su catalogación que no llegaba nunca.
Parece que antiguamente algunos legajos habían sido atacados por la
humedad y, al pasar al Palacio Episcopal, debieron perderse. Tal su-
cede, por ejemplo, con el Tratado de La música compuesto en Latín
por eL R. Sr. Luis lleydeL, discípuLo de Salzingcr, traducido aL espa-
ñoL por el P. M. D. Antonio Raymundo Pascual, cisterciense. Este
manuscrito, interesante por muchos conceptos, existía en el Archivo
de la Causa Pía a fines del siglo pasado, y, de no encontrarse hoy en
la Biblioteca del Colegio de Ntra. Sra. de la Sapiencia, creemos que




LOS FONDOS MANUSClillOS LULIANOS 217


-•' Les doctrines lulianes en lo Congrés Universitari Cátala B. 1904 , p. 8 9 .
' " JUAN MÜNTANER, Registre de l'.írca i papers del B. Ramón Lull, en Bol. Soc.


.\rt[. Luí. 24 (1932-33) 342.


debió perderse durante el traslado de que acabamos de hablar.-"
En 1747 se verificó un registro o inventario de los papeles de la


Causa Pía contenidos en el arca. Todos aquellos papeles y códices
han aparecido en el fondo actual.- ' ,


Cuando, en 1954, iniciamos nuestras tareas en el Archivo Dioce-
sano, uno de nuestros primeros cuidados fué salvar, en lo posible, y
catalogar los fondos de la Causa Pía. Además de los manuscritos que,
a continuación, se reseñan, se encuentran actualmente en el Archivo
casi toda la edición de las FincUciae LulLianae del P. Pascual, y bas-
tantes ejemplares de la Vida de Sor Ana María del Santísimo Sacra-
mento, de las Opera parva, impresas en Mallorca en el siglo
XVIIL e t c . .


C Ó D I C E S


1 . - O B R A S DE RA.MÓN LLULL. S. XVIIL 186 ff. Tamaño folio. 29
líneas de texto. A partir del f. 99, está escrito por otra mano.
Contiene:


1. — AnBon P H i L o s ü P i i i A E DESIDER.WAE. Inc. f. 2: «Solus erarn in
quodam viridario...» Expl. f. 55: «...et de secretis naturae cum ipso
notitiam poteris liaberey. Finita. . . Deo gratias. Ed. Mag. VI (1737).
Bibl. Avinyó, 44 ; Glorieux, ay; Carreras, 202; HLF. 42; Longpré,
5/6; Ottaviano, 46 .


2 . — ARBOR SCIENTIAE LOGICALIS. Inc. «Lógica est ars et scíentia in
qua veruní et falsuni...» Expl. (93) «...sedplures cum haec fallada
proveniant secundum multa». Deo gratias. Ed. varias veces. Cfr. RD.
Bibl. Avinyó, 94; Glorieux, cw; Carreras, Apocripha, XII , 37.


3. - LECTURA ARTIS SEU BREVIS PRACTICA TABULAE GENER.\LIS. Inc. f.


99. fEst autern ista lectura ad declarandum arteni...» Expl. f. 145
«...etsicut dedimus exemplum de ista quaestione et in suis terminis seu
litteris sic potest fieri et intelligi in aliis». Sit ergo benedictus.. . Fini-
vit. . . Januae. . . die prima februarii... 1303. Ed. Mag. V (1729). Bibl .
Avinyó, 95; Glorieux, de; Carr. 43 .




218 f.ORENZO PÉREZ MARTÍNEZ


10


4. — LÍBER DE EXPERIENTIA BEALITATIS ARTIS OENERALIS . Inc. f. 148.


«Quoniain e.vperiineiitum esL fundainentuin supra quod...» Expl. 1'.
185 V. «...de deiuoiislratione per aequiparantianj feci ununí librum per
quem Jiunt tales demonstraliones». Si i i i aliquo.. . in Monte Pessulano
auno MCCCVill i l i e n s e noveniljris... Deo g r a t i a s . Inédito. Biljl. Avi-
nyó, 130: Glorieux, ed; Car. 5 ? .


2 . - O B R A S APÓCRIFAS. S. XVl l l . 310 (T. La primera obra no perte-
nece a este códice. Fué añadida poco después dtí escrita la obra
alquímica que reseñamos en segundo término.


5. — LIBRO DE LA DISPI IA DE EL SEGLAR V DK EL .IACOBITA. Inc. I'. 1.


'Jesucristo glorioso en quien consisten imidas las perfecciones y noble-
za del universo creado'', l íxpl. f. 54 «...y assi en la bendición divina,
recibiéndola el uno del otro se apartó solo y peregrinó el canonista».
Es el llamado LIIÍHO DE LA CONCEPCIÓN VIRGINAL, lid. en latín, Sevilla,
1491 y Valencia, 1518. En castellano, Bruselas, 1664, traducido por
.Vlonso de Zepeda. Cfr. R ü , 16, 66, 2.50. Bibl. Car. X l l , 44.


6. — LÍBER SECRETORUM N.vriRAE SRt; QUINTAIÍ ESSENTIAE. Inc. f. 61 .


<Contristalus eral Rayniundus...» Expl. f. 305 «...ut traliatur a cor-
poribus sais primordialis materia quod jieri non potest absqiie dissolu-
tione eorum». Mucbas ediciones. Cfr. R l ) . Bibl. Glorieux, Ic; Thorn-
dike, IV, 648 y sig.


3 . - O B R A S DEL BEATO. S. XVl l l . 223 IT. Tamaño folio. Ene. de
pergamino. Buen estado. 31 líneas de texto. Los fol. 87-90,
213-223 en blanco.


7. - ARS EX PIIILOSOPUIAE PUINCIPIIS . Inc. f. 2. «JJeus. in quo e.v-
cellentia suprema veritatis et amoris...» De prologo. «Cum int.endamus
artem valde compendiosam coinponere...» Obra conocida vulgarmente
con el título de LIRER PRINCIPIORUM PIIILOSOPUIAE . Ed. Mag. J (1721).
Bibl. Avinyó, 7; Carreras, 15: Glorieux, i.


8. — DK p R i N c i P i i s ET GRADIBUS MEDICINAE. ínc. f. 91 . Falta parte
del principio. Empieza: ««e arteni compendiosam reddereni proli-
xam...» Expl. f. 160 «Quoniam vero de theologiaeprincipiis aliqnalem
tradere notitiam nec non naturae ac juris oportel opus est scientiae
/nedicinalis iniíia peijinire ad effectum perduct.a patrocinio et gratia




LOS BOlNDÜS MANUSCrUIOS LULIANOS 219


11


Crcatom». Amon. Ed. Mag. 1 (1721). Bibl. Avinyó, 9: Carreras, 4 :
Glorieux, 1.


9. — L n t K H DK LKVITATK ET P O N O E I i O S n A T K ELEMK.NT0HUM. l u C . f. 161


'<.4d rcquisilionem luedicoriiin civ'üalis Acapolilaiuip ¡stiirn Iraclaliirn
feciinu.i, in quo...» Expl. f. 189 </:'/ .sunt griidatae a/iae coniple.xione.s
sed quia frigiditas regenerat in ea flegnia. recipit ab ea majorem gene-
rationein quam aliquis aliorum liumorum». Ed. Mallorca, 1752. Bibl.
Avinyó, .58; Glorieux, bj; Carreras, 0 .


10. — ARS MEDICINAE. Ine-. 1'. 191 «Ars ista hac inlentione cornpila-
1(1 est ut medicas sub compendiosa speculatione scientiam medicinae
artijicialiterpossit acquirere...» Expl. f. 212. Incompleto. Sólo anun-
cia la cuestión cuarta: «quornodo generatur febris et nota quod non
remanet nisi». Ed. Mallorca. 1752. Bibl. Avinvó. 29: Glorieux. al:
Carreras, 5 .


4 . - O B R A S DE R. L . S. XVl í . 458 pp. más U ff. en blanco. Tamaño
l'ol. Ene. perg.


11. - C o M P E N D i u M ARTIS DKMOSTi!.\TIVAE. Inc. «Quoniom omuis
scientia est de universalibns ut per nniversalia...» Expl. «...adversas
reprobantium slimulos et ma.vime lulelam et defensionem Domini nos-
tri Jesucliristi». Amen. Ed. Mag. 111 (1722). Bibl. Avinyó, 24; Glorieux,
y; Carreras, 21 .


5 . - O B R A S DE R. L . S. XVl l l , med. 179 IT. E n e . perg.


12. — DECLARATIO RAYMUNDI PER MODUM DIALOGI EDITA CONTRA ALI-


QUOHUM PIIILOSOPIIORUM ET KOHUM SK(,)U.\T1UM OPINIONES ERRÓNEAS ET DAM-


NATAS A VENERAUILI P . DOMINO EPISCOI'O PAIUSIENSI. I n c . í. 2. «In quadain
sylva iu.vta Parisios stabat Raymundus...» Expl. í. 80v «...Et Deus
Pater, Deus Filius el Deus Spiritus Sánelas de hac commendatione in
die iudicii lestimonium facient». Amen. Ed. por Otto Keicber. Muns-
ter. 1909. Bibl. Avinyó, 67; Glorieux, bu; Carreras, 180.


13. — LÍBER CONTRADICTIONIS. I n c . I". 81 . «.Iccidit quod Raymundista
et Averroysta diu disputarent...» Expl. í. 97 «...et tune videbitur quis
habebit veritatem». Ed. Mallorca. 1746. Bibl. Avinvó, 1.59; Glorieux.
fe; Carreras, 186.




220 LOBEN'ZO PÉREZ MARTÍNEZ


12


14. — LÍBER DE SIGNIFICATIONE. Inc. f. 101. ^Signifiicatio est ens cid
propriepertinet significare...» Expl. f. 169 v.° «eo qida omnes libri
procedunt per significationein...» Monte Pcssulano mense februarii
auno MCCCIII. Inédito. Bibl. Avinyó, 102; Glorieux, ah; Carreras, 44.


6 . - O B R A S DE R. L . S. XVIIL 208 ff. Encuademación de pergami-
no. Ff. 194-208, en blanco.


15. — LÍBER CHAOS. Inc. f. 2 «Klemenlalis figura in duas figuras
dividitur, sicut in textu Artis patet». Expl. f. 61 «Si per T Artis regu-
lae dirigantur >. índex rubricarum, quae in hac prima elementali figu-
ra continentur. Ed. Mag. III (1722). Bibl. Avinyó, 13; Glorieux, s;
Carreras, 18. Esta obra es parte de la LECTURA SUPER FIGURAS ARTIS
DEMONSTRATIVAE. Cfr. Avinyó, 21 ; Glo. x; Car. 20.


16. — PRINCIPIA P H i L O S O P i i i A E COMPLEXA . Inc. f. 62 «Cumphilosophia
sit effectus primae causae et sit instrumentum et speculum cum gao
horno habeat...» Expl. f. 193. Termina: «De principiis, consequentiis
et quaestionibus generis, speciei et individui...» Quaestio utrum species
sit ens compositum. Inédito. Bibl . Avinyó, 81 ; Glorieux, ci; Car. 3.


7 . - O B R A S DE R. L . S. XVIIL 248 fL Ene. perg.


17. - L Í B E R DE VENATIONE SUBSTANTIAE, ACCIDENTIS ET COMPOSITI. Inc.


i'. 4 . «Quoniam lógica est scientia diffiícilis...» Expl. f. 104 «...ut in
practicando intellectus sit habituatus ad venandum vel ad invenien-
dum...» Ad laudem... apud Montem Pessulanum in mense februarii
Í M C C C V I I . . . et Virginis gloriosae Matris ejus Mariae. Inédito. Bibl.
Avinyó, 132; Glor. dw; Car. 51 .


18. — AHS COMPENDIOSA INVENIENDI VERITATEM. Inc. f. 106. «Haec ars
dividitur in quinqué figuras...» Expl. f. 162 v.° <...sic aqua accedit
plus in glacie ad suam simplicitatem quam ad alianí speciem». Ed.
Mag. I (1721). Bibl. Avinyó, 1; Glor. a; Car. 13.


19. - D E PRINCIPIIS TIIEOLOCIAE . Inc. f. 165. «Theologia estscientia
de Deo...» Expl. f. 245 «...ac otnnium principiorum regulam obliga-
tum». Peractae sunt. . . et humana mirifice sunt unitae. Amen. Ed.
Mag. I (1721). B. 1493? RD, 21 . Bibl. Avinyó, 6; Glor. i; Car. 72.




LOS FONDOS MANUSCBITOS LULIANOS 221


13


8 . - O B R A S DE R. L . S. XVIII . 182 ff. Ene. perg.


20. — LÍBER DE D E O . Inc. f. 2. «Cum sit finis principalis propter
quem...» Expl. f. 46 «...quoniam in hoc mundo ipsum non tenent or-
natum, cognitum et amatum». Explicit l iber. . . in civitate Majoricariiiii
in mensc deceinbris.. . millesimo tercentesimo. De practica cum qua
debemus modum solvendi. Index quaestionum libri de Deo. Ed. Mag.
VI (1737). Bibl. Avinyó, 83; Glor. en; Car. 93.


21 . — LÍBER DE IIOMINE. Inc. f. 49. «Cum sit decens quod homo .•iciat
quid». Expl. f. 144 «...quod deviatum fuerat a fine propter quem crea-
tus fuerati. Explicit . . . in civitate Majoricarum armo... MCCC. Deo
gratias. Ed. Mag. VI (1737). Bibl. Avinyó, 86; Glor. em: Car. 37.


22. — L I B E B DE LUMINE . Inc. f. 147 (Quoniam intellectus multipli-
cat species attrahendo... Expl. f. 180 (...et regulis constituta et modum
artis teneat generalis». Ad honorem... in Monte Pessulano mensi
novembris millesimo tertio.. . Amen. Deo gratias. Ed. Mallorca, 1752.
Bibl. Avinyó, 98: Glor. cy; Carreras, 10.


9 . - O B R A S DE R. L . S. XVIII . 512 pp. numeradas. 6 ff. de índices
al final. Ene. perg.


23. — L L I B R E DE DEMOSTRACIONS QUI ES UNA HRANCIIA DE LA ART DE ATRO-


BAR VERITAT. Inc. f. Deus glorios, alt, excellent sobre tots. . . Del pro-
lech. (Com renteniment huma sia meynspreat...» E.xpl. f. re conegul
nostre Senyor Jesuchrist que es ver hom e Deus». Amen. Incompleto.
Faltan los números 314-319 del último capítulo, ff. 507-510. Ed. por
S. Galmés, Obres. . . VX (Mallorca, 1930). Vibl. Avinyó, 5 ; Carre-
ras, 73.


1 0 . - O B R A S DE R. L . S. XVII ex. 240 fL ene. perg.


24. — L I B E B BLANQUERNE . Inc. Domine Deus glorióse in essentia
unus trinusque in personis... Prologus cum divisione opens. «Ad simi-
litudinem quinqué vulneriim quae Deus...» Expl. «serviendum et de
ómnibus gratias sine fine agendum». Amen. Inédito. Al final de la
obra hay una nota que dice: «Finis huic traductioni iinponitur die 9
mensís julii anni reparatae salutis 1694». , y al final del libro cuarto:
«Explicit hujus libri 4 interpretatio die 1 4 maii anni a Christo nato
1694». Bibl. Avinyó, 31 ; Glorieux, ak; Carreras, 226.




222 LORENZO PÉREZ MARTÍNEZ


14


n . - O B R A S DE R. L. S. XVIII. 31? IT. Ene. perg.


25. — LiRER DE SIGMITCATIONE. Ine. R. 2. «.signijicalio est ens cuipro-
prie pertinel...» Expl. f. 6o. V. «...De r/iKíesfionihiis secnndae regulae
de Á...> KA laudeiii... qui nitiltum generalis esl eo quia est de signi-
ficationibus... in ¡Monte Pcssulano mense i'ebruarii anuo MCCCIII. . .
Cfr. n. 1 4 .


26. - LÍBER DE EXPEHIE.NriA MEAi.rr.vns AKTIS (¡K.NKRALIS. Fi'. 70-102.
Cfr. n. 4 .


27. — LiHER DE NATiR .v. I i i c . f. 10-5. «J)eus cutu Ina... Ciiin natura


sil valde genérale rjuid et sine ipsa quae sunt... Expl. f. 1 l.l v." «...se-
cundum processum qui sequitur in novem quaestionibus hujus libri».
Finivit in civitate Famagustae anuo Domini L301. . . Ed. Mallorca,
1744. Bibl. Avinyó. 89; Glorieux, cq: Carreras, 9.


28. — LiBEB DE QUAESTIONE VALDE ALTA KV PROFUNDA. IllC. f. 119.


«Accidit quod circa Parisios Jidelis el in/idelis... Expl. f. 139. «...et lu
nos meas improba!iones improbasli». Ad laudem... Parisiis mense
augusti anno MCCCXl . . . Inédito. Bibl. Avinyó. 167: Glorieux, fo;
Carreras, 195.


29. — LiRER DE EFFICIKNTE ET EFFECTU. l u C . i'. 141 «PorisUs RaVUlun-
dus et Averroysta disputabant...» Expl. f. 1.53 v. «...ut ab ipsa dare-
lur judicium super his quae di.vernnl». Liber. . . Parisiis... mense maii
anno. . . Domini MCCCXl . . . Ed. Mallorca, 1745. Bibl. Avinyó, 1.36:
Glorieux, ew: Carreras, 191.


30. - LÍBER DE DISPUTATIONE IINTELLECICS ET KIDKI. Inc. f. 155. «Tlieo-
logorum studia ianua sibi cupientium aperire...» Expl. f. 179. «...el
etiain fides conjiletur si aliqua contra hoc quod credit di.cit se gralia
dispulalionis illa di.visse». Ed. Mag. ÍV (1729). Barc. 1512 . 'B ib l .
Avinyó, 97; Glorieux. ex; Carreras. 95,


3 1 . — L Í B E R DE .MK.MORiA D E I . Inc. f. 180. «(Juoniam de divina me-
moria non habemus lanlaní notitiam...» Expl. f. 185 v '(...et lalis
scientia valde alta el profunda et anima per ipsam valde iucunda». Ad
laudem... in civitate Messinae mense martii anno MCCCXIII . . . inédi-
to. Bibl. Avinyó, 226; Glorieux, bu; Carreras, 168.


32. — LÍBER DE CONVENIENTIIS (,)tiAs HABKNT FIDES ET INTELLECTUS I.\


ORIECTO. Inc. Deus cum tua sapientia... «Liber isle dividitur in tres




LOS FONDOS MANUSCRITOS LULIANOS 223


partes». Expl. f. 191 'i...sicut dixit Christus: qaaerite el dubitur vobis,
qui habet aures audicndi audiat». Ad honorem... Monte Pessulano
i n e n s e martii anno MCCC VIH... Si auteni erravi... Ed. Mag. IV (1729).
Bibl. Avinyó, 133; Glorieux, ei; Carreras, VIO.


33. — L i i i K R F A c i L i s s c i E N T i A K . luc. f. 195. " ]Jauifesluin esl (piad
unum oppositum cognoscilurper reliquuui...» Expl. f. 203 «...ad fa-
cienduin scientiam de bis quae dicta non suní». Ad laiideni... Parisiis
mcnse junii MCCCVr. Ed. Mag. IV (1729). Bibl. Avinyó, l i ó : Glo-
rieux, fi; Carreras, 120.


34. — Q u A K S T I O N E S FACTAK SUI'MA LHiHUM FACU.IS SCIENTLVK. l l l C . 1. 204.
«Quoniam liber facilis scientiae est ramusculus Artis genera lis...»
E.xpl. f. 210 «...a similitudinibus Dei et vade ad quintum paragra-
phum, cap Perfectionis». Ad laudem... Parisiis... Ed. Mag. IV (1729).
Bibl. Avinyó, 117; Glorieux. fk; Carreras, 121.


35. — LIRER DE DEO IGNOTO i ; r DE MUNDO IGNOTO. Inc. 1'. 211. «Ad os-


lendendum perquem modus Deus est ignotas et notus...» Expl. 1'. 225
«...paradisum et infernum esse». Ad laudem... Parisiis mcnse junii
anno MCCXI. Inédito. Bibl. Avinyó, 164: Glorieux, fl; Carreras. 192.


36. - LÍBER DE FALLACIIS. Inc. f. 226. «Per islas falladas possunt
convenire...» Expl. f. 230 «...contra sanctam Jideni catholicam . Iné-
dito. Bibl. Avinyó, 155; Glorieux, ee; Carreras. 181.


37. — LÍBER DE CONGRUO A o n u c r o AD NECESSAIUAM p i i o n A r i o N K M . Inc. I'.
231 . «Questió utrum illud (piod est congruum...» Expl. í. 2.33 «...per
principia Artis generalis tenendo modum Ipsius:. Inédito. Bibl. Avi-
nyó, 74; Glorieux, by; Carreras, 90.


38. - LÍBER DE T u i N i r . v r E ET INCAÍINATIOM:. Inc. I'. 235. «Quoniam
Judei credunt esse in veritate...» Expl. f. 277 «...de demonstralloneper
aequiparantiam et sic de libro Incarnationis' (sermón 51) . Sigue e s t a
nota: «P. Fr. Josephus Hernández lector bis jubilatus. Sancti Oflicii
qualificalor ac olim in Curia Romana syndicus pro Causa Lulli e t o l o
regno baleárico destinatus, correctum et ennnendatum a meiidis ini-
pressoruní et scriptoruiii i i o t i s marginalibus ornatuní et copioso indi-
ce locupletatum, orbi Iliterario proponit». Inédito. Bibl. Avinyó,
189; Glorieux, ib; Carreras, 126. Sobre Fr. J . Hernández, cl 'r . EL 2
(1958) 83-105.


15




224 tOHEíVZO P É R E Z MARTIIVEZ


39. — LÍBER PER QUEM QUISQUE POTEST DISCERNERE QUAE L E X MELIOR,


MAJOR, CLARiOR AC v E R i O R i i A R E A T U B . Inc. f. 285. «Quoníam pleñque
Christicolae laici...» ExpL f. 290 «...accusahit enim quos rogavit circa
praesens negotium». Explevit . . . in civitatc Majoricana... mense februa-
ri i . . . Inédito. Bibl. Avinyó, 190; Glorieux, ge; Carreras, 139.


40 . — LÍBER AD PROBANDUM QUALITER JUDEI SUNT IN ERRORE . La misma
obra que se reseña en el número 38, pero sólo llega hasta el sermón
19 inclusive. Expl. f. 312 «...bona alicujus hominis boni dicendo quod
non est bonusy>. Inédito. Bibl. Avinyó, 113; Carreras, 102.


1 2 . - O B R A S DE R. L . S. XVIIL La numeración antigua es de 29 fL
y 547 pp. ; la nuestra, de 298 ff. Ene. perg.


41 . — ARS BREVIS DE PRAEDic.VRIONE. Inc. f. 1. «Cum ars major prae-
dicationis...» Expl. f, 18. «...et qui habet eam scire ad ipsam magnam
affectionem habeat». Finivit . . . in civitate Majoricarum... MCCCXII . . .
mense februarii. Inédito, Bibl. Avinyó, 181; Glorieux, gf; Carre-
ras, 131.


42. — L i B E B DE p R A E D i c A T i o N E . I l l C . f. 21 . «Quouiam praedicatio est
officium altissimum...» Expl. f. 293. «...servitium et honorem et
quantum potui ad tuum honorem et servitium applicavi». Finivit Ray-
niundus... in Monte Pessulano in mense decembris anno MCCCIV.
Al final hay un índice analítico. Inédito. Bibl. Avinyó, 107: Glorieux,
dj; Carreras, 97.


1 3 . - 0 B R A S D E R. L . S. XVl-XVII . Cada una de las obras de este
códice pertenece a una mano distinta. En algunos folios la tinta
ha atacado bastante el papel. En el f. 2: «Ex libris D. Gabrielis
Maura, Pbri .» . En el L 136: Leggcnda super universalia omnia:


Percipe quod sequitur, primoque ligamina mentis
Omnia rejicies, consona quippe loquar


Si commune negas, patitur natura generatim
Si commune negas, munio sancta ruit.


Si commune negas, respublica corruit omnis.
Haec tria si capis, multa videbis uno.


43 . — LÍBER DE BENEDICTA TU IN MULIERIBUS . Inc. f. 3 . Entre otras
palabras en las qualcs la Reyna del Cielo y de la tierra mucho se ale-


16




LOS FONDOS MANUSCRITOS LULIANOS 225


17


gró... Expl. f. 23 . En unidad del Santo Espíritu per infinita saecula
saeculorum. Amen. Tabla de las cosas particulares y notables destc
libro de Benedicta Tu . . . F. 21 v.": «Sabbato, 13 dec. 1727». Ed.
Mallorca, 1739. Bibl. Rogent, 316; Avinyó, 172; Gl. ka. Hoy parece
probado que es una obra apócrifa. Cfr. Galmés, S . , Est. Romanics 1
(1947-8) 75-88. S a l v a , B . , Sobre la autenticidad... P . 1946. 95 pp.


44 . — L Í B E R DE PATER .NOSTER. Inc. L 26. «Cum Jesús Christus sit
generalior persona quam alia, cum in ípso sit injuñeta divina natura...»
Expl. f. 35. Incompleto. <...suum vídere, audire, gustare, loquí, pal-
pare, imagínarí, cum memorare, intelligere et amare quae...» Inédito.
Bibl. Avinyó, 185; Gl. gd; Car 135.


45. - LÍBER DE PRAEDICATONE. Inc. 1'. 39. «Quoniam praedicatio est
officium altissimum, arduissimum et nobilíssimum eo quia est de ente
nobilissímo subjective...» Expl. f. 127. «...per posterius et de talibus
cogitationibus et deprecationibus debet praedicator suos auditores ins-
truere et firmíter informare». F. 124-125 v . Tabula. Inédito. Bibl.
Avinyó, 107; Gl. dj; Car. 197.


1 4 . - O B R A S DE R. L. S . XVIII. 697 pp. Numeración antigua. Fol.
Ene. de pergam. Los últimos folios algo atacados por la humedad.


46. — LÍBER QUAESTIONUM QUAE PER ARTEM DEMONSTRATIVAM SIVE INVEN-


T i v A M SOLVUNTUR. I U C . « Quacstíones pLurimas e.v pluribus et diversis
materiís sumptas ad praesens opus adducere laboramus, ut demus viaai
ad doctrinam applicandi... Expl. «Explíciunt quaesliones quae per
artem...» et hoc etiam ad honorem Dominae nostrae gloriosae Virgi-
nisMariae. Amen. Deo gratias. Al final hay un índice analítico. Iné-
dito. Bibl. Avinyó, 39; Gl. ar; Car. 27.


1 5 . - 0 B R A S DE R. L . S . XVIII. 427 ff. 18 de índice. Los últimos
folios atacados por la humedad. Hermosa letra. Creemos que este
ejemplar sirvió para la edición del Blanquerna en castellano, que
se publicó en Palma en 1749. Nos mueve a creerlo así, entre otras
cosas, el que se encuentre entre sus páginas una prueba de im-
prenta de la edición castellana.


47. — L Í B E R BLANQUERNAE . Prologus cum divisione operis. nc . «Ad
simílitudinem quinqué vulnerum quae Deus Dominus noster Jesuchrís-
tus...» F . 431 Índex. Bibl. Avinyó, 31 .




226 LORENZO PÉREZ MARTÍNEZ


18


1 6 . - O B R A S DE R. L. S. XVTI. 120 ff. A dos columnas. La columna
de la izquierda contiene el texto mallorquín y la otra la traduc-
ción al latín. La encuademación muy estropeada.


48. — (2-55). LIRER DE CENTII.M NO.VUNIBUS D E I . Inc. Coni los sarroyiis
rnteiicn provar llur lig esser donada per Dea... Caní sarraceni probare
conentur snaní legeni a Deo dataní fin'.Hse... Al final: Explicit transla-
tio ista die sabbati 28 octobris SS. Apostolis Simoni et Judae. . . inter-
prete Fr. Ludovico Coll anno reparatae salutis 1690. Ed. en catalán:
•leroni Rosselló, Obras Rimadas de Ramón Llull. Palma de Mallorca,
1859. Inédito en latín. Bibl. Avinyó, 33; Gl. an; Car. 236. Sobre el
traductor P . Coll, véase a Carreras, II, 277, 282.


49 . — (52-98) . La misma obra que la anterior corregida.


50. - (102-118). LECTURA CO.MPENDIOSA SUPER ARTEM INVEMENDI VERI-
TATEM Inc. «Circa quod sciendum esl: quod per S intelligitur anima
rationalis cujus species in hac arte sunl...» Al final de la distinción
segunda hay una nota que dice: «In originali a quo istud exemplar
desumptum est apparet columna in albis in qua indicatur aliquid
tcxtus deficere. Mibi videtur quod in re nihil déficit»: Esta obra es
un compendio o síntesis de la Ars rnajor o Ars inveniendi veritatem
publicada en el tomo I de la Maguntina. Cfr. Avinyó, 1; Car. 13. Di-
visión de la obra: F . 102 Distinctio prima. De figuris. Cap. prinium.
De figura S. F. 108 v.° Dist. 2. De deffinitionibus terminorum figura-
rum. F . 116. Disti. 3 . De modo exponendi authoritates Sacrae Serip-
turae. Caput unicum. De sensibus Sacrae Scripturae. F . 118. Index
titulorum hujus libri.


LORENZO PÉREZ MARTÍNEZ, PBRÜ.


( Continuará)




B I B L I O G R A F Í A O


I


SECCIÓN DE OBHAS MEDIEVALÍSTICAS


P. SALVADOR DE LES BORGES, O . F. M . CAP.: flrnau de Uilanova moralista.
Premi Jaume Serra i Húnter, 1956.—Barcelona, Instituí d'Estudis Catalans,
1957. 124 págs.


Hem lamentat, mes d'una vegada, l'escassesa d'arnaldistes a casa nostra
en els darrers anys. Saludem avui amb goig al caputxí P. Salvador de les
Borges, qui en la seva monografía premiada se'ns mostra, a mes d'un arnal-
dista madur, un nou valor de la cultura catalana per la perfecció del seu
estil i la solidesa de la seva preparació doctrinal. Sobta de bell antuvi que
un estudi aprofundit de les doctrines moráis d'Arnau de Vilanova s'hagi
pogut escriure abans que els textes espirituals básics de rinquiet metge-
reformador hagin vist la llum. El P. Salvador de les Borges ha salvat volen-
terós robstacle mitjan(;ant la consulta, no tant sois de les obres ja publica-
des, ans així mateix de les inéditas. L'escorcoll resulta així no gens mancat.
Val a dir que una empresa de tanta envergadura, avalada encara amb el
maneig d'una abundosa i adient bibliografía, requena el mestratge d'un altre
arnaldiá expertíssim, que posseís els secrets d'un autor tan complexa i poc
conegut. Aquest ha estat al P. Batllori, qui apadrina la monografía a guisa
de tesi doctoral a l'Universitat Gregoriana de Roma. Mestre i dei.xeble
podan restar satisfets de Tobra acomplida.


L'afany moralitzador constituaix un tret definitori en la parsonalitat
d'Arnau de Vilanova. D'aquí l'encert del tema acotat per a astudi, tant mes
qua inexplicablement havia estat descurat fins ara. Per al degut tractament,
Tautor assenyala tres aspactas ben acusats an Arnau, deis quals flueix aquell
afany: el medie, al raligiós i el polític. El mes abundós és el filó medie, que
motiva els tres primers capítols; mentre els capítols quart i quint escateixen
la doctrina moral qua brolla deis altres dos aspectes.


Par a entrar- an materia, l'autor estableix el carácter rigurosament cien-
tífic de la medicina arnaldiana, no sempre proclamat pels demés autors de
l'Edat Mitja, així com el parentiu que en el pensamant d'Arnau Higa la
medicina amb la teología peí fet que, si Tuna procura la sanitat del eos,
l'altra procura la da l'ánima. D'on en deriven peí metge clars imperatius
moráis. Bastaría amb llegir les Medícat/onís parafaoíae secundum instin-


( * ) i \ . (le la H. - Dejaiiui.'; para el próximu minierd el segiiiidd liolriin ile ratiiilios
liiUsticoSj correspoiidieiile al corriente año 1958,




228 ESTUDIOS LULIANOS


ctum veritatis aeternae per a adonar-se amb quina convicció Arnau es
lliurá a la tasca de posar-Ios de manifest. De com hi reeixí, n'és bona prova
que, encara avui, Arnau de Vilanova és considerat una autoritat de primer
ordre en deontologia médica. El P. Salvador de íes Borges no es limita a
estabÜr eis principis generáis de la moral médica d'Arnau, ans s'endinza en
el tractament de punts específics, tais com les mentides professionals, els
honoraris, rexercici de la professió pels metges jueus i les oblfgacions i
drets del pacient.


Al marge de la deontologia, es plantegen encara problemas moráis deli-
cadíssims per rao del mutu influx entre I anima i el eos, que desemboca
naturalment en una medicina de les passions. Els mes delicats es refereixen
a l'exercici de la fundó reproductora. Arnau ha tractat el tema des de tots
els punts de vista, i el P. Salvador de les Borges no s'está de seguir-lo d'a
prop per a destriar-ne la postura moral. Mes coneguda, en canvi, és l'actitut
d'Arnau sobre el dejuni i l'abstinéncia, i la defensa que feu de la regla de la
Cartoixa a propósit de la prohibició de menjar carn.


L'estudi de les supersticions obre pas a un capítol del mes alt interés.
Arnau, que havia exposat al seu diocesá una doctrina teológica impecable
en el De improbatione niaíeficiorum i aconsellá prudentment a Frederic III
de Sicilia que bandejés les practiques supersticioses del seu regne, en l'exer-
cici de la professió feu concessions a l'ambient, i proposá eventualment
reméis de carácter mágic o astrológic, i ádhuc qualque fórmula fetillera, de
difícil justificació a la llum deis principis racionáis en els qué inspira la seva
doctrina médica.


La reforma social assajada per Arnau en els anys darrers de la seva vida
motiva un bon capítol, dcns de doctrina, en el que l'autor, a base d'esprémer
els documents, posa per una banda els deures moráis de l'estament clerical
- - des del Papa, passant pels bisbes, a la clericia secular i ais Ordres reli-
giosos—; i per l'altra banda, descriu la reforma deis laics amb una proposta
de les normes generáis de vida cristiana i de les especiáis per al rei a guar-
dar en la seva persona, en la seva casa i en la seva actuació de governant.
Aquest rei, a qui Arnau s'adrega, és Frederic 111, de Sicilia; i de mes a mes,
en el desig, el seu germá mes gran J a u m e II, rei de Catalunya-Aragó; a
ambdos els havia proclamat públicament capdavanters de la reforma.


La unitat que relliga els tres aspectes parcials assenyalats, és el francis-
canisme. Per a Arpau, la caritat envers Déu i els homes actiía com principi
fecund que engendra les virtuts moráis; ¡ rimitació del Crist es converteix
en el mot d'ordre que orienta la reforma social. El P. Salvador de les Borges
pot cloure així el seu estudi amb un balanQ de resultats ben positius.


Formular retrets a una obra tan brillant i tan densa resultaría pueril. Cal
sempre objectar que les fonts no han estat prou espremudes i resten encara
coses a dir. Tant se val. Així, peí meu gust, el capítol sobre deontologia
médica hauria guanyat molt amb un estudi mes a fons de les Medicationis
parabolae. En canvi, cree sobreres les escasses cites del Régimen sanítatís
extens, per tractar-se d'una obra manifestament apócrifa. Per altra banda,
si bé l'autor coneix i cita els treballs de Diepgen, no els aprofita poc ni molt
per a parlar-nos de l'alquímia d'Arnau. Passem per alt l'hipótesi, massa
gratuita, de l'estirp jueva d'Arnau, que recull d'altri en el Próleg. Malgrat
aquests petits defectes, el P. Salvador de les Borges ens ha donat una con-
tribució magnífica al coneixement de la personalitat del gran metge visionari.
No dubtem en qualificar el seu treball de veritable monjoia de la literatura




BIBLIOGBAFIA 229


arnaldiana, sobretot ara en que el P. Batllori acaba de mostrar documen-
talment la connexió ideológica entre la croada de Ramón Llull i l'empresa
reformadora d'Arnau de Vilanova.


J . CARRERAS ARTAU
Barcelona


ANTONIO OLIVER, C . R . , Táctica de propaganda y motivos literarios en
las cartas antiheréticas de Inocencio IU. Roma, Regnum Dei, 1957, XIV
1- 2 0 6 p.


Pese a su carácter eminentemente técnico, esta obra, redactada por un
especialista y robustecida por una extensa y minuciosa documentación, des-
pertará un vivo interés en el estudioso de la Edad Media desde el doble
ángulo de la historia eclesiástica y del latín medieval. El análisis del sistema
de propaganda desplegado, en el vértice del medioevo, por este «Augusto del
papado» que fue Inocencio III, no puede carecer de actualidad en unos
tiempos en que el vocablo «propaganda» ha adquirido, por encima de su
mismo desprestigio, un valor tan complejo y rico de sentidos. El P. Antonio
Oliver, un joven investigador formado en la mejor escuela, hunde sus ante-
nas en este raro fenómeno del arte publicista, para explicarnos gran parte
de la realidad de los éxitos logrados por Inocencio III, como habilísimo
dueño de la diplomacia y del «aura popularis». Debe de ser éste el punto
más original de su tesis; su argumentación nos ha parecido, en todo momen-
to, sólida y perspicaz. No debe olvidarse, a este respecto, que el autor sólo
persigue, en los documentos estudiados, la táctica de propaganda y los
motivos literarios del pontífice, no otros fines religiosos o políticos. La per-
sonalidad de Inocencio III no puede quedar, por tanto, deformada, sino sólo
iluminada en la única vertiente de su arte y actuación publicista.


Antonio Oliver ha dividido su materia, según la misma índole del episto-
lario inocenciano, en dos partes. La primera, que comprende siete capítulos,
responde en general al mismo título de la obra. Después de exponer el
estado de la herejía reflejado por el mismo epistolario y de dar una ojeada
panorámica sobre la correspondencia antiherética del pontífice, el autor
estudia sus encíclicas y cartas gemelas, la correspondencia con los legados,
los obispos y comisionados, con el rey, los nobles y el pueblo, con los
mismos herejes, fautores y conniventes. Inocencio III tiene, como fácilmente
demuestra el P. Oliver, un pensar bíblico; de aquí que resulta un suplicio el
intento de desmenuzar y determinar los textos, que a menudo van conden-
sados en una sola palabra. La importancia de es^as consideraciones aumenta
al tratar de las «figuras» bíblicas que dan al discurso inocenciano un relieve
impresionante. El estudio de estas figuras usadas por el pontífice en sus
cartas antiheréticas, ocupa la segunda parte de la obra, dividida en cinco
capítulos, correspondientes al concepto de «Ecclesia universalis» y sus figu-
ras: sponsa, vestís ínconsuíiíis; al poder de la Iglesia y del papa, a través
de sus figuras Melchisedech y gíadíus, a la herejía y los herejes, simboliza-
dos por cáncer, pestis, morbus, fevmentum; a la trilogía zizania, vulpes,
lupus; en fin, a las figuras antropomorfas.


Inocencio, que organizó y disciplinó su cancillería, no sólo vigilaba de
cerca su actividad, mas imprimía directamente a los documentos su propio
estilo de esmerado cultivador de un humanismo clásico. Sobre estos moti-




230 ESTUDIOS LULIANOS


VOS literarios, como certeramente apunta el mismo P. Antonio Oliver, podría
tejerse un interesante estudio estilístico que analizara la adjetivación, los
epítetos los adverbios, los sustantivos abstractos, los valores semánticos, las
aliteraciones, el «cursus». Sentimos que el mismo investigador no haya
afrontado, ya en esta ocasión, dicho estudio que formaría sin duda un magní-
fico capítulo en los dominios, cada vez más amplios, del latín medieval.
Que él mismo reúne las condiciones necesarias para realizarlo, lo demues-
tran sus abundantes y exactas observacionee gramaticales o lingüísticas
diseminadas a lo largo dal volumen y el único examen que, a título de
muestra, nos ofrece del «cursus» inocenciano en un párrafo epistolar (pág. 60),
como recurso literario encaminado a incitar la acción en una campaña de
propaganda.


La obra, presidida siempre por un elevado rigor crítico, va precedida de
un abundante repertorio bibliográfico relacionado, si no con el tema, dada
su absoluta novedad, con las concepciones religiosas y políticas del papa y
con la herejía de su tiempo. Un apéndice registra los nombres de los here-
jes mencionados en las cartas de Inocencio III. El volumen concluye con
un índice de personas, lugares y cosas, y con una tabla de las cartas anti-
heréticas del pontífice, estudiadas o citadas en el texto. A pesar de las mu-
chas dificultades de orden tipográfico que se han debido superar, el libro
tiene una presentación digna. Las erratas, inevitables en una obra de esta
naturaleza, son muy escasas (por ej. pág. 180, n. 17, el-imieare por e-limi-
nare), insignificantes y de fácil rectificación.


M I G U E L D O L ?
UNIVCNIDACL DE VALENCIA


M.-D. C H E N U , O . P . , La Théologie com me science au XIII' siécle
(Bibliothéque thomiste, XXXIII) Troisiéme edition r. et a., Paris, J . Vrin,
1957, 111 p.


El ensayo, publicado por el dominico P. Chenu en 1927, en la revista
/archives d'Histoíre doctrinal et Uittéraire du moyen age (II, 31 ss.) ha
llegado a constituir, en el campo de la teología medieval, una obra impor-
tante, cuya tercera edición revela el interés que ha despertado entre los
cultivadores de dicha especialidad.


El P. Chenu, gran conocedor de la teología de los siglos XII y XIII, se
propone demostrar que el Doctor de Aquino es el verdadero creador de la
teología como ciencia, porque fué él quien, por medio de la aplicación de la
teoría de la subalternación de las ciencias, elevó la sacra doctrina al rango
de ciencia en el sentido aristotélico. Para él, dicha teoría es la pieza técnica
de una elaboración epistemológica apta para justificar el uso científico de la
especulación en teología.


El trabajo del medievalista dominicano pregona una gran originalidad
del Angélico. Sin embargo -é l no lo desconoce— su hermano en religión
P. Cuervo y el franciscano P. Pergamo han sacado, como resultado de sus
investigaciones, unas conclusiones que desvirtúan, al parecer, los asertos
del P. Chenu.


El P. Cuervo (La teologia como ciencia y la sistematización teológica
según San fílberto Magno, La Ciencia Tomista, XXIV, 1932, 173 ss.) atri-
buye trascendente originalidad al maestro del Doctor de Aquino; y el P. Per-




BIBLIOGRAFÍA 23Í¡


gamo, O. F. M. (Archivum Franciscanum Historicum, XXIX, 1936, 3 - 54;
308-364) afirma que «Procuí dubio, permulta principia, quae ab ipso
(S. Thoma) clarius in Summa Theologica evolvuntur, jam ab Odone Rigal-
di posita erant. Proinde aristoteUcann scientiae notionem Magistri fran-
ciscani multo tempore quam communiter putatur et opera eorum hucus-
que inédita monstrabant, non solum novevunt, sed etiam sacrae theologiae
in Universitate parisiensi aptare conati sunt».


Esto no obstante, el P. Chenu, años después de la publicación de dichos
dos trabajos científicos, con todo el brío de su pluma maestra en historia de
la teología del s. XIII, escribía: «Nous reprendons done en substance la
conclusión de la premiére édition, mais non sans de sensibles nuances:
'Saint Thomas le premier a su — e íosé poser nettement le principe
d'une intégrale application du mécanisme et des procedes de la sc/ence
au donné revelé, constituant par la une discipline organique oü... on tra-
vai//e selon toutes les exigences et les lois de la "demonstratio' aristoté-
licienne» (Art. cit., Archiv. d'hist. d. et 1 . du m. a., 3 3 ) .


Dos de los aspectos más interesantes de la obra del insigne dominico
francés son la evocación del clima espiritual e intelectual en el que se fragua
el proceso metodológico en teología, y la descripción de las dudas y de la
oposición, suscitadas por la aplicación de la noción aristotélica de ciencia a
la sacra doctrina. Y aquí es donde echamos de menos, en la obra que rese-
ñamos y consideramos capital, una referencia, por lo menos, a la postura
adoptada por Ramón Llull, que significa y representa una tendencia muy
interesante en el ambiente histórico-intelectual de aquel glorioso siglo XIII.


S. G A R C Í A S P A L O U


G I L B E R T O DI T O U R N A I , De modo addiscendi. Introduzione e testo inédito
a cura di E. Bonifacio (Publicazioni del Pontificio Ateneo Salesiano, 1.—Tes-
ti e studi sul pensiero medioevale), Torino, 1 9 5 3 .


Esta obra nos ofrece el texto crítico, basado en el estudio de los cinco
manuscritos que han llegado hasta nosotros, del interesante tratado pedagó-
gico de Gilberto de Tournai De modo addiscendi. Gilberto de Tournai,
nacido a principios del siglo XIII, forma parte de la escuela franciscana, a
cuya Orden perteneció. Fué Maestro de Teología en París y escritor y pre-
dicador fecundo y apreciado. Su prestigio era grande, como io demuestran
sus relaciones con grandes personajes de la corte francesa, entre ellos el
mismo Rey San Luis, a cuya demanda escribió un libro sobre los deberes
de los reyes, intitulado Eruditio regum et principum. Hasta la presente
publicación de E. Bonifacio, esta última obra era la única de la cual poseía-
mos una edición moderna. Fué publicada en efecto por De Poorter en el
vol. IX de la colección «Les Philosophes belges».


El editor antepone a la edición una introducción muy preciosa y deta-
llada sobre Gilberto de Tournai, su producción literaria en general y el De
modo addiscendi en particular. De ella se deduce que este tratado forma
parte de una obra mucho más amplia y todavía inédita, el Rudínientum
doctrina. Esta obra ingente, verdadera enciclopedia de la pedagogía medie-
val, trata en sus cuatro partes 1) de la sabiduría, como el fin principal para
el que ha sido creada el alma humana; 2) de la causa agente de esta sabi-
duría: Dios, los ángeles, Cristo y los hombres por El elegidos y delegados,




•232 l íSTlDIOS l A L l A N O S


como son l o s apóstoles y sus sucesores; 3) de la causa formal de la sabidu-
ría o de su adquisición; 4) de las diversas materias de la enseñanza medie-
val. Como se ve, el tratado De modo addíscendí se incluye en la tercera
parte de esta vasta enciclopedia pedagógica. Gilberto de Tournai nos ofrece
en él una especie de metodología pedagógica general, en la que se trata de
la preparación interior y ambiental del alumno, de la figura y acción del
maestro y finalmente de ÍÓS diversas etapas que conducen al discípulo hasta
la adquisición de la sabiduría. A este fin expone Gilberto las disposiciones
requeridas para el estudio y el modo d e ejercitar las cuatro facultades que
colaboran en la difícil labor del aprender: los sentidos, el ingenio, la memo-
ria y la razón.


Gilberto de Tournai muestra una visión del mundo y del saber eminen-
temente pedagógica. El Rudimentum doctrinae y en su gi-ado e l De modo
addiscendi nos ofrecen la sistematización d e esta concepción dentro de la
línea platónico-agustiniana propia d e la escuela franciscana. Gilberto no es
un pensador original, sino más bien un compilador y vulgarizador. Un aná-
lisis exacto de sus obras muestra que el autor había casi siempre en boca
ajena. Su tratado está plagado d e citas que Gilberto ha sacado de la lectura
personal y de un sabio uso de los abundantes florilegios medievales. De
a q u í proceden las analogías del De m o d o addiscendi con una obra similar
de Vicente de Beauvais, el tratado De eruditione íiíiorum nobilium.


El tratado de Gilberto constituye, sin duda alguna, una preciosa fuente
para el estudio del pensamiento pedagógico del siglo XIII. Agradecemos por
ello a l editor el trabajo que h a tomado sobre si al p r e p a r a r el t e x t o crítico
de e s t a obra, avalorado en nuestro c a s o con una introducción tan sabia y
certera como la suya. En el estadio actual d e la investigación medievalística,
la necesidad d e buenas ediciones d e los pensadores y escritores de e s t a
época fecunda se hace cada vez más urgente. Por eso, no alabaremos jamás
debidamente ese tiabajo, al parecer tan humilde, p e r o fundamental e indis-
pensable, que t o d a edición crítica supone y que solamente es c a p a z de
justipreciar, en su verdadero valor, quien alguna vez h a puesto en ello sus
manos.


E. C o L O M E R , S. I.


Facultades Ponlificias


de Filosofía y Teología


San Cugal (Barcelona)


I v A N GOBRY, Saint Frangois d'flssise et l'esprit {ranciscain. («Maitres
spiritueis», 10). Paris, Éditions du Seuil, 1957. 192 págs., 17'7 cm.


A partir del movimiento cultural franciscano que despertó, entre otras
c o s a s , el séptimo centenario del nacimiento del Poverelío ( 1 8 8 2 ) y la famosa
encíclica conmemorativa «Auspicato concessum», de León X I I I , la bibliogra-
fía de San Francisco de Asís sigue aumentando más y más en número y
calidad. Sin embargo, no poseíamos todavía un trabajo de síntesis histórica
e ideológica como el que n o s ofrecen las «Éditions du Seuil» en s u ya notable
colección «Maitres spirituels», que recoge, con acertadas reproducciones
artísticas y escogidos textos literarios antiguos, el perfil de las más grandes
figuras de la espiritualidad de todos los tiempos, dentro y fuera del cris-
tianismo.




liliiLIOGnAFÍA 233


Teniendo constantemente a la vista los resultados obtenidos a través de
los estudios histórico-críticos, cuyo elenco se da al final del volumen, Ivan
Gobry ha elaborado con amor una triple exposición que, a pesar de los
reducidos límites a que debía sujetarse, por las características de la edición,
no defrauda al lector más exigente. Da, en primer lugar, una suscinta bio-
grafía de Francisco de Asís con la descripción analítica de sus etapas más
importantes, debidamente enmarcadas en el medio ambiente social, político
y religioso del siglo XIII: Nacimiento, juventud y conversión en Asís; funda-
ción de la Orden de Frailes Menores, con los vaivenes internos que jalonan
su rápida difusión europea; establecimiento, en estrecha colaboración con
Santa Clara de Asís, de la segunda Orden, llamada de las «damas pobres»,
e inicios de la Tercera, también conocida por Orden de Penitencia; sinsa-
bores de los últimos años, a causa de las disensiones internas por la pobre-
za, y muerte del Santo.


En la segunda parte, dedica al autor un estudio a las estructuras básicas
del espíritu franciscano. Con ser estos capítulos, en sus líneas generales, la
aportación quizás más original, no pretende ciertamente definir en ellos las
notas esenciales de la espiritualidad franciscana. Sencillamente describe sus
características más notables y las ilumina oportunamente con palabras y
ejemplos de Francisco y sus frailes; lo que confiere sin duda un tono muy
sugestivo a la narración. Señalamos, por su especial interés, los capítulos
que tratan de la infancia espiritual, que en modo alguno cabe confundir con
un infantilismo irrisorio; del espíritu de pobreza, que si exige una expropia-
ción física es porque antes impone la expropiación mental; de la alegría,
que confiere la conciencia de nuestra filiación divina; finalmente, del espíritu
cósmico de San Francisco, que le hace descubrir espontáneamente la ima-
gen de Dios en la creación y llamar hermanas a todas las cosas.


También a los herederos del espíritu de Francisco concede el autor una
atención especial, porque, como justamente observa, es a través de ellos
que descubrimos los rasgos de la personalidad del Fundador, más que en
los manuscritos y antiguos conventos e iglesias. A este propósito, sigue el
desarrollo de las Ordenes Franciscanas, hasta describir su situación actual,
deteniéndose en algunos de sus miembros que, como San Antonio de Padua,
San Buenaventura, Ramón Llull, Juan Duns Scot y otros muchos, por su
santidad y por sus escritos, han sido en su época pujantes retoños del
árbol franciscano.


Un libro, en resumen, que por su pulcritud tipográfica y esmerada ela-
boración histórico-literaria merecerá sin duda los plácemes de todos, parti-
cularmente, de los no iniciados en los estudios franciscanos.


P. S A L V A D O R D E L E S B O R G E S


C o l e g i o d e T e o l o g í a d e l o s PP. Capuchinos.


Barcelona


O C K H A M : P H I L O S O P H I C A L W R I T I N G S , selección editada y traducida al inglés
por Philotheus Boehner, O . F. M. (Thomas Nelson & Sons, Edimburgo,
1957), pp. 1x-l54, 21s.


Hablando del «hombre de buena elección», Gracián nos dijo que el serlo
«supone, demás de lo extremado del gusto, una adecuada comprensión de
todas las circunstancias». Por ambas partes, ¿quién más capaz para llevar a




2 3 4 R.STUNIOS HÍLIANOS


cabo la dura labor de seleccionar una antología representativa de los escri-
tos filosóficos de Guillermo de Occam que el Padre Boehner, q. e. p. d.?
La muerte le llegó antes de que pudiera terminar la corrección de las prue-
bas, en 1955. Pero la edición ha sido cuidadosamente vigilada por R. Kli-
bansky, y queda como un verdadero monumento a los esfuerzos de su
compilator para ayudarnos a una clara comprensión del pensamiento del
Venerabilis Inceptor.


No se la ha de juzgar como una antología culquiera, porque el P. Boehner
tuvo que empezar por establecer textos «críticos» (aunque él nos diga, mo-
destamente, que son más bien tan sólo «textos s e g i . T o s » ) antes desque pudie-
ra pasar al seleccionamiento de extractos representrjtivos. Estos están
recogidos en once capítulos. El primero, «El concepto del conocimiento como
ciencia», viene del Prólogo al Expositio super vüi libros Physicorum. Los
problemas epistemológicos (11) vienen sobre todo de la Summa totius fogi-
cae, de la cual se derivan todos los «Problemas lógicos» (111), como también
«La teoría de suppositio» (IV), «La Verdad» (V), «Operaciones inferenciales»
(VI), y «Ser, esencia y existencia» (Vil). «La posibilidad de una teología natu-
ral» (VIH) se estudia en los Quodlibeta, la Ordinatio D. 11, y la tercera Re-
portatio, y las pruebas de la existencia de Dios (IX) vienen principalmente
de las Quaesííones in lib. ¡ Physicorum, mientras que los dos últimos capí-
tulos (X: «La causalidad y el preconocimiento divinos»; XI: «Física y ética»)
reúnen extractos de varias obras.


La selección va acompañada de una excelente introducción sobre la vida
y los escritos de Occam, y la traducción inglesa viene a ser útilísima para
llegar a comprender un latín que, si n o peca de oscuro, por lo menos da la
impresión de oscuridad por lo dificultoso que es, dada la gran complejidad
de la terminología técnica que manejaba el Inceptor con tanta y tan lógica
facilidad. Como traductor y antologista, el P. Boehner merece todos nues-
tros elogios. En cuanto a su labor de editor —a primera vista impecable
la podremos juzgar mejor a medida que se vayan publicando los textos
íntegros, con todas sus variantes, en la edición que él preparaba, y que ahora
será llevada a cabo. Dios mediante, por el Franciscan Institute.


R. D. F. P R I N O - M I L L
OSLORJ


M . M A R T I N S , S. J . , O Penitencial de Martim Pérez em medievo-portu-
gués. IntroduQao, ¡eitura e notas, Lisboa 1957, 58 p. 24 cm. (Separata de
Lusitania Sacra 2 (1957).


El P. Martins, buen medievalista portugués, da una cuidada edición del
penitencial de Martín Pérez, según el Cód. Ale. CCLXXIV a/2l3, de la Bibl.
Nac. de Lisboa, compilado en el s. XV.


La excelente introducción da el justo relieve a esas pequeñas obras que
contenían algunas normas para los confesores y determinaban la penitencia
a imponer por cada uno de los pecados, y que eran los Penitenciales.


Al lado de las «tasas» de tremenda dureza de esos Penitenciales, el
P. Martins hace notar el gran valor educativo de esos libros que andaban
no sólo en manos de los clérigos, sino aún en las de los legos de más alta
formación, interesados en el arte de vivir según la conciencia y la ley. Valor
educativo no sólo espiritual, al atacar los pecados y la abundancia de su-




lilliLTOGllAFlA 235


persticiones (p. 14-15), sino también urbano, al bajar a detalles de buena
educación como éste: no se coma groseramente abriendo mucho la boca o
sorbiendo con los labios, como los brutos, o virtiendo los manjares o el vino
sobre sí o sobre la mesa, o metiendo en e! plato toda la mano o todos los
dedos torpemente o devolviendo el pan mordisqueado... (p. 33).


Entre los abundantes Penitenciales, el autor destaca el de Martín Pérez
—el jurista del s. XIV— tan caro al rey D. Duarte, anotando cuidadosa-
mente las influencias pasivas (p. 13-14) y activas ( p . 12) así como la libertad
y generosidad evangélicas de que hace g a l a Martín Pérez p a r a con los pe-
cadores contritos (p. 24-25).


La Introducción y las notas del P. Martins dan al Penitencial del jurista
medieval el marco y el relieve precisos.


ANTONIO OLIVER, C. R.
H s e o l a s t i c a d o d e l o s P P , T c a t i n o s


P a l m a de M a l l o r c a


I I


B I B L I O G H A F U C I K N T Í I I C A G E N E R A L


G i u L i o BoNAFEDE, Gíobertí e la Critica. G. Mori e Figli. Palermo. 1950.
Pág. 290.


Tarea no fácil y en extremo comprometedora la emprendida por el Autor
de estas páginas: orientar a los estudiosos en la imponente producción lite-
raria sobre Gioberti, cuyo verdadero pensamiento yace bajo el polvo, vícti-
ma de la crítica, ligera de los unos, malintencionada y unilateral de los
otros, tergiversadora de todos, si exceptuamos a unos pocos, que, contra la
gran corriente, defienden los auténticos valores del pensamiento giobertiano.


La crítica, efectivamente, nos indica el Autor en el Prefacio y explica
extensamente en su primer capítulo «1 due Gioberti», ha querido establecer
un dualismo entre las obras de Gioberti publicadas y postumas. En las pu-
blicadas, pretende un sector de la crítica, aparece el Gioberti oficial, tal
como quiere presentarse, mientras que el Gioberti auténtico es el de las
postumas. Otros, sin necesidad de recurrir a tal dualismo, mejor diríase
doblez, pretenden que las obras publicadas contienen en germen lo que en
las postumas ha logrado plena madurez: unitarismo en el pensamiento polí-
tico, inmanencia en el pensamiento filosófico-teológico. En resumen, sea la
crítica católica poco avisada, sea la crítica idealista interesada en crearse
un héroe pioniere, diríamos (creyendo interpretar el pensamiento del Autor)
han engendrado contra toda espectativa un Gioberti panteísta e idealista.


La intención del Autor es prevalentemente polémica: quitar valor a la
crítica idealista, que intenta apropiarse un pensamiento decididamente
adverso al idealismo.


En sendos capítulos el Autor somete a crítica las interpretaciones de
B. Spaventa, F. Fiorentino, G. Gentile, G. Saitta y la de algunos católicos.
En otro capítulo trata expresamente la cuestión del panteísmo de Gioberti.




236 K S T U D I O S L I T U A N O S


Siguen dos capítulos que quieren sar más bien constructivos y ofrecemos
los elementos positivos del pensamiento giobertiano, que según el Autor,
enlaza con la genuína tradición platónica agustiniana


Terminaremos haciendo nuestro el voto del Autor deseando que los
estudiosos concentren su atención sobre la figura tan discutida de V. Gio-
berti, en la esperanza de que un día se hará mayor luz también sobre el
Ontologísmo, para con el cual el Autor ostenta una marcada simpatía.


A. P A S C U A L , C. R.


Hscolasticado de los PP. Tcatinos
Palma de Mallorca


Z A R A G Ü E T A , J U A N , Uocabulario ñlosóñco, Madrid, Espasa-Calpe, 1955,
574 págs.


El tema del lenguaje en sus relaciones con la filosofía ha venido intere-
sando, desde hace años, al ilustre «Magister» de esta «Maioricencis Schola
Lullistica» y afamado tratadista de temas filosóficos Dr. Zaragüeta y Ben-
goechea. Antes de escribir, en efecto, la importante y útilísima obra, que
hoy reseñamos, había publicado las tituladas «Coníríbución del lenguaje a
la ñlosoíía de los valores» y «El lenguaje y la Filosofía».


El esclarecido autor no se propuso componer un diccionario filosófico,
integrado por conceptos filosóficos, nombres de filósofos y sistemas del pen-
samiento; sino un 'Uocabulario ñlosóñco», o sea una obra «dedicada a dar
de los términos filosóficos una definición nominal o conceptual, o sea, algo
que exponga su sentido o sus sentidos».


De ahí, la importancia y utilidad del último libro del insigne maestro, en
orden a la «elaboración de ideas "claras y distintas", sin las cuales el pen-
samiento filosófico nace radicalmente viciado y corre enfrascado en discu-
siones interminables».


Esto y no otra cosa - pretende ser el «Uocabulario ñlosóñco» del
Dr. Zaragüeta; y esto es lo que, en indiscutible realidad, es. Mas, como por
el autor de los tres tomos de «Filosofía y vida», la Filosofía «es considerada
como la visión universalista de los problemas todos de la vida humana», no
ha de sorprendernos que el Vocabulario que reseñamos, además de los tér-
minos estrictamente filosóficos, contenga otros «términos fundamentales de
carácter científico, técnico, artístico, psicológico, sociológico, jurídico, polí-
tico, económico, pedagógico, y lingüístico», que le dan, en cierto sentido, el
carácter de un vocabulario de cultura general.


Un gran servicio ha prestado la labor semántica del Dr. Zaragüeta a los
estudiosos y escritores de la Filosofía, por medio de su «Uocabulario Filosó-
ñco», cuyo uso les evitará confusiones, lo mismo que disquisiciones y discu-
siones inútiles.


S. G A R C Í A S P A L O U


F . S. P A N C H E R I , O . F . M . C O N V . , / / pensiero teológico di M. J . Scheeben
e S. Tommaso, Padoa, II Messaggero di S. Antonio, Basílica del Santo, 1956,
XLIX-567.




niBLIOGIlAFÍA 237


Obra sólida, escrita con alto criterio científico y con la prudencia que
crea el ejercicio de la verdadera investigación. Además, con la legítima liber-
tad que reclama la ciencia.


Scheeben, en su obra teológica, ni es un mero discípulo; ni es un comen-
tarista; ni, mucho menos, es un seguidor, a ojos cerrados, del Aquinatense.
El sabio sacerdote alemán estaba dotado de talento y erudición suficientes
para ofrecer una obra de inspiración, estructura y líneas originales.


Scheeben conocía al Angélico, y había digerido su doctrina. Por lo cual,
podía citarle y evocar sus grandes principios Y, por lo mismo, al P. Pan-
cheri le ha sido posible escribir densas páginas con el propósito de mostrar
la influencia del tomismo en la teología de aquél y las diferencias que les
separan.


A nuestro juicio, el mérito principal de la obra del docto franciscano
conventual no es el de su labor de síntesis del pensamiento teológico del
maestro alemán, que expone en seis capítulos: La palabra divina; Fe y teo-
logía; Dios, el que existe y vive por esencia; La Trinidad; Naturaleza y Gra-
cia; el Misterio del pecado; Jesucristo, el Hombre-Dios.


Nosotros subrayamos, por su importancia y por el esfuerzo intelectual
de que dimanan, las líneas de sana crítica de las recias concepciones de
Scheeben, de sus posturas magistrales y de sus visiones geniales, lo mismo
que las páginas de encuadramiento de su teología en su propio marco histó-
rico del s. XIX.


El P. Pancheri es hombre dotado de fino y, a la vez, robusto espíritu
crítico. Además, recorre los caminos de Santo Tomás y de Scheeben, cargado
de un no común bagaje científico que le autoriza para opinar y dictar sus
fallos.


Quien lea la obra — un mérito de claridad de pensamiento y de orden —
sacará una idea luminosa y trasparente del lugar que corresponde al tomis-
mo en la elaboración y formulación del sistema del teólogo de mayor repre-
sentación internacional de cuantos han escrito en lengua alemana.


S. GARCÍAS PALOU


Bibliograíía del P. Miguel Batllori, S. 1. Premessa di G. M. BERTINI.
ARCSAL, Torino 1956. 45 p. 16.° con un retrato del P. B.


El día 8 de junio pasado leía el P. Batllori en Madrid su discurso de
ingreso en la R. A. de la Historia, de la que fuera nombrado académico en
28 del mismo mes de 1957. Premisa lejana de tal distinción, consagración a
un tiempo y reconocimiento de méritos públicos —que la publicación del
folleto conmemoraba, junto con otras dos efemérides coincidentes de la vida
del P. Batllori: el 25.° aniversario de su primera publicación y de su primer
arribo a Roma—, esta densa y copiosa bibliografía es, en su escueta simpli-
cidad, la mejor explicación del relieve adquirido por el nombre del P. Bat-
llori en los últimos cinco lustros, que le han convertido, como resume el
editor - G. M. Bertini, conocido hispanista, filólogo y prof. de literatura,
director en Turín de los «Quaderni Ibero-ñmericani»— en un «avveduto
storico della cultura, un editore di documenti e di opere di prim'ordine, un
critico acuto e multiforme del pensiero, dell'arte e della storia».




'23ü KSTUniOS U I L T A N O S


Para los mallorquines tiene además esta enumeración bibliográfica, de
la que quedan fuera los artículos de prensa sin relación directa con temas
desarrollados críticamente en otros lugares, especial interés, por cuanto de
sus 170 títulos no menos de 49 están directa o indirectamente relacionados
con Mallorca, su historia y su cultura, y 22 de ellos son de tema luliano. Al
P. Batllori debemos, p. e., entre tanto, la valoración exacta del humanismo
clásico del P. Bartolomé Pou, de su misma Compañía, y de la estética de
Costa y Llobera. Y en el campo particular de los estudios lulianos, que dan
nombre a nuestra revista, aportaciones esenciales a la bibliografía y a la
historia de la transmisión de la doctrina luliana y sus ramificaciones euro-
peas, con una serie de títulos que van desde los Recorda de Uuíl i Uilano-
va a Italia, publicado en «Analecta Sacra Tarraconensia» (1934), hasta el
artículo Entorn de l'antil'lulisme de sant Robert BeUarmino aparecido en
el t. I (1957) de E. L.


La figura de Ramón Llull, que comparte con Arnau de Vilanova la ver-
tiente medievalista de la curiosidad y actividad intelectual del P. Batllori, ha
sido llevada por él a congresos, como el Colombiano de Genova (1952), el
XI internacional de filosofia de L.ovaina (1953) y el IV de Historia de la Co-
rona de Aragón (1955). Y consecuencia natural de su fructífera residencia
romana es el estudio especial de la trayectoria lulista en Italia, con la inves-
tigación de sus reliquias literarias y el ensayo de síntesis resultante: El lulis-
mo en Italia (19s3).


Y conste que todo esto no es sino un apunte de cuanto puede entresa-
carse de las fértiles páginas de esta bibliografía, que sigue aumentando en
números y en méritos desde su publicación, y de cuanto debemos todos al
admirado y estimado autor de la Intvoducdón bibliográfíca a los estudios
lulianos (1945) .


JUAN PONS Y MARQUÉS
.\rchivo HisttSrico Jt- Mallorca


P. PÁRENTE, Diccionario de Teología Dogmática, Editorial Litúrgica Es-
pañola, Barcelona, 1955, 387, págs.


Con la colaboración de Antonio Piolanti y Salvatore Garofalo, el Prof.
Pietro Párente ha publicado la tercera edición de su «Dizzionario di Teolo-
gia Dommatica», que es la que ha sido traducida al español por el Rdo.
Francisco Navarro, Pbro.


Es innegable el éxito de las ediciones italianas; y auguramos otro seme-
jante a la edición española. La obra es muy útil; de un contenido doctrinal
claro, científico, breve y preciso; fácilmente manejable; de gran riqueza de
voces antiguas y modernas; de una meritoria adaptación a la mentalidad de
las personas cultas que no han cursado estudios teológicos...


Este Diccionario de Teología Dogmática pretende ser y es, en realidad,
un guía seguro en el campo histórico, filosófico y dogmático, porque sus
autores, como fruto de largos años de magisterio, han sabido condensar, en
las breves líneas de explicación de las voces, claros planteamientos de pro-
blemas y no menos claras y, a la vez, recias soluciones. Además, cada arti-
culito, correspondiente a cada voz, va acompañado de su propia bibliografía,
que la edición española ha enriquecido con la cita de la edición castellana.




BIRLIOGBAFÍA 239


s i l a h a y ; y c o n l a a ñ a d i d u r a d e o b r a s e s p a ñ o l a s m á s a s e q u i b l e s a n u e s t r o s


e s t u d i o s o s .


N o d u d a m o s e n r e c o m e n d a r e s t e D i c c i o n a r i o d e T e o l o g í a D o g m á t i c a


a l o s s a c e r d o t e s y e s t u d i a n t e s d e T e o l o g í a , c o n v e n c i d o s d e q u e l e s a c l a r a r á


m u c h o s c o n c e p t o s , l e s f a c i l i t a r á m u c h o s d a t o s h i s t ó r i c o s , l e s a b r e v i a r á m u -


c h a s b i i s q u e d a s y l e s s i n t e t i z a r á l a r g a s d i s q u i s i c i o n e s t e o l ó g i c a s .


M a s n o p o d e m o s d e j a r d e c o n s i g n a r u n r e p a r o . S i e n d o a s í q u e e n t r e l a s


v o c e s l e e m o s l a s d e S a n A n s e l m o , H u g o d e S a n V í c t o r , R i c a r d o d e S a n


V í c t o r , S a n B u e n a v e n t u r a , S a n A l b e r t o M a g n o — y l a s c o r r e s p o n d i e n t e s a


l o s o t r o s D o c t o r e s m e d i e v a l e s — , ¿ p o r q u é s e o m i t e l a d e R a m ó n L l u l l , c u y a


s i g n i f i c a c i ó n a p o l o g é t i c a , e n l a h i s t o r i a r e l i g i o s a d e l a e d a d m e d i a l a t i n a , e s


t a n i n t e r e s a n t e ?


S . GARCÍAS PALOU


G i u L i o BONAFEDE, L a s c e p s i agostiniana. E s t r a t t o d a g l i A t t i d e l l ' A c c a d e -
m i a d i S c i e z e e L e t t e r e d i P a l e r m o . ( S e r i e I V . V o l . X V , 1 9 5 4 - 1 0 5 5 ( f a s e . 1 1 ) ,


P a r t e 1 1 . P a l e r m o . P r e s s o l ' A c c a d e m i a . 1 9 5 7 . P á g . 2 7 3 - 4 2 4 .


A l a s n u m e r o s a s i n v e s t i g a c i o n e s e v o c a d o r a s d e l 1 6 c e n t e n a r i o d e l n a c i -


m i e n t o d e S . A g u s t í n v i e n e a s u m a r s e e l l a r g o y d e n s o a r t í c u l o d e l P r o f .


B o n a f e d e q u e a h o r a r e c i b i m o s p u b l i c a d o c o m o S e p a r a t a . ( N . B . E s u n e v i -


d e n t e l a p s u s c a l a m i e l q u e s e h a e s c a p a d o a l a u t o r e n l a p r i m e r a l í n e a d e


s u t r a b a j o a l e v o c a r e l 1 6 c e n t e n a r i o d e l a muerte d e S . A g u s t í n ) .
C r e e m o s a c e r t a d o e l c a l i f i c a r a l a d o c t r i n a a g u s t i n i a n a c o m o u n a Scepsis.


S u t ó n i c a f u n d a m e n t a l e s s i n d u d a l a d e u n a b ú s q u e d a s i e m b r e a n h e l a n t e e


i n s a t i s f e c h a d e l a V e r d a d , s i n e l c a r á c t e r p e y o r a t i v o d e d e s c o n f i a n z a d e


e n c o n t r a r l a e m p e r o q u e e n v u e l v e e s t e v o c a b l o e n u n a d e l a s c o r r i e n t e s f i l o -


s ó f i c a s m á s c e r t e r a m e n t e c o m b a t i d a s p o r S . A g u s t í n . Y a a l g u i e n h a p u e s t o


e n r e l i e v e e l c a r á c t e r e s c é p t i c o d e P l a t ó n d e q u i e n S . A g u s t í n h a a s i m i l a d o


p r o f u n d a m e n t e l a m á x i m a d e « i r a l a V e r d a d c o n t o d a e l a l m a » .


« N o l i f o r a s e x i r e , i n t e i p s u m r e d i , i n i n t e r i o r e h o m i n e h a b i t a t v e r i t a s » .


S . A g u s t í n e s t á a l o s a n t í p o d a s d e t o d a c o n c e p c i ó n p o s i t i v í s t i c o - e m p i r í s t i c a


q u e c o n c i b a a l e n t e n d i m i e n t o c o m o p u r a « t a b u l a r a s a » , e n l a c u a l v a y a n


d i b u j á n d o s e p a s i v a m e n t e l o s v a l o r e s s u m i n i s t r a d o s p o r l a e x p e r i e n c i a s e n -


s i b l e . M á s b i e n n u e s t r o i n t e r i o r e s e l p u n t o d e c o n f l u e n c i a d e l o c r e a d o c o n


l a V e r d a d , V e r d a d i n m a n e n t e a l h o m b r e p e r o n o p r o c e d e n t e d e l h o m b r e ,


p o r q u e e s r e g l a y n o r m a d e l a r a z ó n d e l h o m b r e . I n m a n e n c i a q u e a p u n t a


h a c i a l a t r a s c e n d e n c i a .


L a p r e s e n c i a d e D i o s e n e l a l m a e s u n a p r e s e n c i a d e o r d e n i n t u i t i v o ,


i n m e d i a t o , q u e p a r a h a c e r s e c o n s c i e n t e n e c e s i t a d e l a r e f l e x i ó n o c a s i o n a d a


p o r l a e x p e r i e n c i a .


L a d u d a d e l e s c é p t i c o t i e n e u n l í m i t e n a t u r a l i n f r a n q u e a b l e : « s i e n i m


f a l l o r , s u m » . L a a u t o e x p e r i e n c i a , c o n t o d o , e l e n c u e n t r o d e s í m i s m o n o e s e l


e n c u e n t r o d e l a V e r d a d . E n s í m i s m o , p e r o m á s a l l á d e s í m i s m o , e n u n


e s t r a t o m á s p r o f u n d o q u e s u p r o p i a e x i s t e n c i a , e n c o n t r a r á e l h o m b r e a l


M a e s t r o i n t e r i o r , q u i e n , s o b r e l o q u e e s , l e d a r á l a p e r s u a s i ó n d e l o q u e


debe ser. « E t s i t u a m n a t u r a m m u t a b i l e m i n v e n e r i s t r a n s c e n d e e t t e i p s u m . . .
i l l u c e r g o t e n d e u n d e i p s u m r a t i o n i s l u m e n a c c e n d i t u r » . I l u m i n a c i ó n , h a l l a z -


g o d e l a v e r d a d e n s í m i s m o p e r o s u p e r i o r a s í m i s m o : h e a q u í d e f i n i t i v a -




2 4 0 ESTUDIOS LULIANOS


mente superada la duda del escéptico y abierta el alma a los vastos hori-
zontes de la Verdad.


¿Cual es la genuína naturaleza de la iluminación agustiniana? El Autor
opta por la de tipo ontologista dada por Malebranche, previniéndonos que
el Ontologismo debe ser entendido a la luz de los escritos de los ontólogos
y no de los críticos del Ontologismo.


He aquí, esbozado apenas, el hilo conductor de la disertación que comen-
tamos. Cuantos sienten preocupación por problemas humanos tan funda-
mentales como el de la Verdad, del Alma, de Dios, encontrarán en estas
páginas una acertada síntesis de la visión agustiniana de dichos problemas,
la que sin duda se ha conquistado las mayores simpatías a lo largo de la
Historia.


A. PASCUAL, C. R.


M ü L L E R , MARIANUS, O. F. M . , Ñngustia y esperanza: Clave teológica al
laberinto ñlosóñco de nuestro tiempo, Barcelona, Edif. Herder, 1956,
379 págs.


El malogrado franciscano P. Müller, eminente «Magister» de nuestra
«Maioricensis Schola LuUistica- escribió la obra «Die Uerheissung des Her-
zengs» (Promesa del corazón). Pero este título del original, según expresa
el no menos autorizado traductor P. Oltra — también «Magister» de nuestro
Instituto—, no expresa, en castellano su significación real. Por lo cual, la
edición española ha salido con el título «/angustia y esperanza», que res-
ponde mejor al ambiente filosófico de nuestros días. El subtítulo «Clave
teológica al laberinto ñlosóñco de nuestro tiempo» encarna el sentido de
una realidas indiscutible: de este laberinto de sistemas e ¡deas que llega a
aturdimos, y de la clave única que nos abre la puerta para la solución de
los grandes problemas: Dios, la imago Dei, no bajo la significación de una
señal divina que se graba, sino como i m a creación continuada.


En el mundo filosófico palpita una inquietud acuciante y se deja sentir
una falta de esperanza, con la que está vacío el corazón. Se vive en el mero
mundo de las ideas: y con el desquiciamiento de las corrientes del pensa-
miento se acentúa aun más la falta de vida en la Filosofía.


El P. Müller atribuye estos males a la desvitalización de la teología; y
escribe su obra, para colaborar en las trascendentales tareas de hacer sentir
la influencia de la ciencia divina en la vida humana. Cree que la fórmula
anselmiana «Credo ut intelligam» tiene que convertirse en esta otra: «Credo
ut amem».


La teología de nuestros tiempos padece una serie de defectos: demasiado
intelectualismo y falta de servicio a la vida del hombre. Hay que corre.gir-
los; y a ello va enderezada la colección «Laberinto y clave», que constará
de veinte volúmenes, de cuya colección la obra que reseñamos, es el
primero.


El documentado libro del P. Müller (basado en San Agustín, Sto. Tomás
de Aquino, Doctor Seráfico, Duns Escoto) constituye un tratado de teología
antropológica, en el que no faltan citas de destacados pensadores moder-
nos. Es un tratado de teología seráfica, encaminado a corregir la actual ten-
dencia de nuestra teología de hoy, fría por su exagerado intelectualismo.




BIBLIOGRAFÍA 241


Gran servicio prestó al catolicismo el P. Mijller por medio de tan excelente
obra, que quisiéramos ver en las manos de nuestros filósofos modernos, los
cuales hallarán en sus páginas una demostración contundente de la armonía
perfecta que enlaza la altura del pensamiento revelado y su recia vitalidad.


S. GARCÍAS PALOU


HENRY, A. M., O. P . y un grupo de teólogos, Iniciación teológica, Vol. I,
Las fuentes de ¡a Teología: Dios y su creación. - Versión al español de la
obra francesa por los P P . Dominicos del Estudio General de Filosofía de
Caldas de Besaya (Santander). — Edit. Herder, Barcelona, 1957, 765 págs.


Nos hallamos ante una obra excelente, como podía esperarse de los es-
pecialistas que han colaborado en ella; Liegé, Camelot, Dubarle, Paissac,
Dalmais, Sertillanges, Philippe y otros no menos autorizados.


El trabajo responde a la necesidad que han sentido tan ilustres teólogos
de hacer llegar al pueblo las grandes verdades de la teología; y, si la obra se
ha escrito, también, para los estudiantes eclesiásticos, ello no desvirtúa sino
que refuerza aquel propósito de los autores, conocedores de la dificultad
que se experimenta al tener que traducir a la lengua viva las fórmulas teoló-
gicas elaboradas en las cátedras, en el correr de los siglos, a base del latín.


Iniciación teológica no es una simple obra elemental para principiantes,
sino que equidista de los manuales universitarios y de los tradados com-
puestos para especialistas. Se trata, según l a finalidad formulada por el
P. Henry, de una obra que contiene una teología completa y ordenada, y
que, a nuestro juicio, es la mejor que hoy día puede enriquecer l a biblioteca
de los profesionales y escritores de habla española.


Este primer volumen abarca dos libros: En el primero se estudian las
fuentes de la teología (Sagrada Escritura, liturgia, derecho canónico, Padres
de la Iglesia símbolos de la fe, concilios universales, etc.); en el segundo,
siguiéndose el orden de la Suma teológica del .Aquinatense, se estudia la
existencia de Dios, el misterio de l a Trinidad, l a creación, el problema del
mal, los ángeles, el hombre, la providencia etc.


Finalmente, no podemos ocultar que juzgamos la obra útilísima a los
sacerdotes y religiosos consagrados a las tareas del desarrollo de conferen-
de formación religiosa. Por lo cual, hay que agradecer a los PP. Dominicos
de las Caldas de Besaya el gran servicio que han prestado a la cultura reli-
giosa en España y, particularmente, a la empresa de llevar a la intelectua-
lidad de hoy una doctrina teológica de contextura científica, que ofrezca la
máxima seguridad en la línea de la ortodoxia.


S. GARCÍAS PALOU, PERO.




ESTADO ACTUAE [)E LOS TRABAJOS DE LA EDICIÓN CRÍTICA


DE LAS OPEJl-l OMNJA LATINA DEL BEA'IX) RAMÓN LLULL


En Palma rio Mallurca (España), iluianlo, lus días 14 y 1.5 d i ' ooluhre de 1956, se
tiivierun c u n v o r s a o n i n o - ^ entre el donsej" Ao.adémioo de la (;Soliola IjuUistica Mai(»ri-
ronsisj bajo la presidonoia del Hcol( ir . D r . (Jarcias Pabín v el Dr. F. Slotrmiillor, pro-
fesor do la l'nivorsidad de FreiburL' i. líi'- y Magis lc r do In cilaila Sdiola. sobre ol
pru\oolo do niia odioión i-rítioa do las Obra-^ l.alnia'^ del Boat(j Kainón l.lnll. V A \'¿
(lid niisiiHi nios y ano la Sobóla ounl'ería al olladu l'rufcsur Slegmüllor la (líreccitni do
dieba edioión.


El 10 do niivioinliro do, l')o(). la Faoidt.id do TonloL'ía do la l nivorsidail do Froi-
burg solicitaba ia croooióii on la misma l ruNoirnlad do un ooiilrn do in\(^sti<raoii'in lu-
liana, inooiiín (pie íuo a[ir(d)ada por id .'^oiiado do la l iiiNciMilail ol día ~) do' diciombio
lio 1956. Dicho Cientro Inlianu de lnvosilg;\oi/iii ipioil.i oiinslilnídu lo;;íiiiuanionle ol l'.S
do Enero de 1957 pi>r ol Minislorio de ( aillo o In>lrnooii'ui I'iiblioa do ltaileii-\\ lirlleni-
borg en StultgarI. Dnranlo ol año en oiir-o. \ ,i a croarse un piioslo do oolaboradnr
oioiitílioij en oslo Insliliilo l.ulíslion.


I'".l nuovd conlrn ooii ionzó ¡niiioillalanuiilo .i disililuilr \ proparar los Iraliaju-.
I j i ) primor lugar, ol Dr. 1. Sliilir pio[iaró un \t(nnialc I.iilliitniiiii. ipio ouniprondo:
a ) la rolación do ludas las obras del b. llamón Elull aulonlioas, o n n su> inicios


ooin(>lelos. subinioios v oxplicil: así como las diversas roconsionos, Iradiicciniios v edi-
oliinc^ do las inr~itias. los dnor.^ns n i ^ s . on ijiio ^o onitMonon. omi la- foolias \ daln-
prooiMis del liiíTar do nrigoii . Tanti) la <losori|'Oii')n do los i n s , - . i - n i n o la do la- odiciono,-
-o hace a ba-o do una \orilailora autii|isia do los m i s n i u s .


b) L n índico de las obras dudosa.- v os|)uria>, ¡giialinonle con sus inliios v o\|di-
oil. edioiones. mss. locha- v lugar de origen do los mi-nios.


I*ara la proparaonni do oslo Miiiuifili' >v oiiiproiidioron vanos N i a j o ^ . sobro lniln a
l'alina do Malloroa. Harroloiia. \'aloniia. /. .ii-a^oza. I'arís. Knes. Munlili, Inniclun,
Mil.'lii, lioiiia V Nápido-, l ' rulo do oslus viajes do invosligaoión f u i ' ol dosoubriniionlo
lio iiuON'os inanusoril'i- \ ia oonsl il uoniii do una o n l o o o i i ' i n do miorolilins de las obras
del lloalo. fiSla ooloooión ouenla aclualmonle con miorolilins do oouloiiiilo o.xclu-
sivaiMonti Inliaiio.


E n ouanli) a la oilniíni. o-lá on pron-a ol pri inor loni p, proparado por ol Dr. Slolir,
i|Mo ooMipronilo 1 , 1 - Op'^ni Mfxsniívusin 1 .'i 1 .1-1 .'íl 5 : . ii|iiisoiilns 21.'l-25(l, \ la-; OpiTii
'l'iiiiixxinii Kil.'i-I.'il.'i',. n|)iísonliis 25I-2Í!0. 1 , . i ¡iiipro-ión Inó omiliada a ia Impronla
de los Sagrados (lnrazono- do Palma do Mallorca, ipio la lia pre|)araili) a mano v con
sumo esmoro. Acluabnento. so enouontran va liradas 2t)0 páginas, y (esperamos rpio
bien pronto saldrá a luz osle primor lomo.




LA EDICIÓN CRÍTICA DE LAS «OPERA OMNTA LATINA» 243


Rl fcgunHo tomo estará consagrado enteramente al Liber de Praedicnliniie. llama-
do comi'inmente Ar.i Magna Praedicallonis, compuesto por el 11. llamón Llull en Mont-
[)ellier, en diciembre de 1.304. El texto lo prepara el R. P. Abrabam Soria, O. V. -M.,
V se encuentra ya completamente terminada la colación de los diversos manuscritos
con la constitución del texto delinitivo. La tirada |)odrá comenzarse apenas terminada
la impresión del primer tomo.


El tercer toino, a cargo del Dr. II. Riedlinger, abarcará las controversias, (|ue el
I). Rainón Lbdl sostuvo con los .4verroístas de París en los años 1309-1.'!)0. La trans-
cripción está ya terminada, trabajándose actualmente en la colación de los diversos
m s s . en vistas a la constitución del texto definitivo.


El R. P. Hermógenes Marada, O. V. M., tomó a su cargo la edición délas contro-
versias contra los Averroístas, escritas en 1311. La transcripción está igualmente ter-
minada, trabajándose ahora en la constitución del texto definitivo.


El Dr. A. .Madre, ha terminado la transcripción de -t obras lulianas, escritas en
.Montpellier en 130,5. Y el Dr. Bantle, que preparaba la redacción de las obras de Mont-
pellier de 1308, ha tenido que abandonar temporalmente sus trabajos.


Tal es pues, el estado actual de las investigaciones del Instituto. Gracias a Dios, y
con la avuda del Bienaventurado .Maestro, en los dos años de existencia del Instituto
los trabajos han marchado a un ritmo muy satisfactorio, v esperamos, que en los años
venideros no nos fallarán los colaboradores para la preparación de los demás tomos.


Freiburg, 1, LX, 1958.






G R E G O R I A N U M
C o m m e n t a r i i d e r e t h e o l o g i c a e t p h i l o s o p h i c a


e d i t i a p r o f e s s o r i b u s P o n t i f i c a e U n i v e r s i t a t i s G r e g o r i a n a e


Prodit quater in anno
Integrum volumen sexcentqs paginas excedit


S U B N O T A T I O F I E R I P O T E S T
apud Ad ministra lionein Commentarii:


ROMA, PIAZZA DEI.LA PILOTTA, 4 (c. C. pOSt. 1/22326)


Pretiuiii aiiiiuuin: In Italia 2000 L. - Extra 4 . - doU.
P r o fasciciilis singiilis: 750 L. - 1,50 dolí.


. A r t í c u l o s


. N o t o s y C o m e n t a r i o s
. C r í t i c a d e L i b r o s
. í n d i c e d e R e v i s t a s


C O N V I V I U M
E S T U D I O S FILOSÓFICOS
UNIVERSIDAD d e B A í < : C E L O N A


Director: Jaime Bofill Bofill. - Revista Semestral de 2 0 0 págs., como mínimo.
S E C C I O N E S :


Dirección Postal:


Sr. Secretario de CONVIVIUM
ESTUDIOS FILOSÓFICOS


Universidad de Barcelona


BARCELONA (España)


S A P I E N T I A
Revista Tomista de Filosofía


(TRIMESTRAL)


•Director: OCTAVIO N. DERISI
Trabajos monográficos, textos, comentarios y'bibliografía.


Colaboran los mejqres tomistas del país y del extranjero.


Nü.MERO SUELTO: 20 Pesos
SUSCRIPCIÓN ANUAL: 7 0 Pesos
E X T E R I O R , SUSC. ANUAL: 4 DIs.


Dirección: Seminario Mayor «San José», 24, 65 y 66, LA PLATA
_ Repiíblica .argentina


P r e c i o U n e j e m p l a r S u s c r i p c i ó n


E s p a ñ a 60 P t a s . 100 P t a s .


E x t r a n j e r o 2 '40 D ó l a r e s 4 D ó l a r e s




A V G V S T I N V S
PUBLICADA POR LOS PADRES AGUSTINOS R E C O L E T O S


Directores:
V ictorino CAPANAGA
Adlofo M U I S O Z ALONSO


Cea Bermúdez, 59 M A D R I D


REVISTA CALASANCIA!
- i


Pulilicacióii liimestial 1 lispano-Anieniana
dirigida por PP. Escolapios . ¡


Redacción: P. César Aguilera, S. P..
Casa Pompiliana: Sacramento, 7 M A D R I D


C R I S I S
REVISTA ESP.VÑOLA DE ElLOSOFLX


Director: Adolfo Muñoz-Alonso


Apartado de Correos 8.110 M A D R I D


ESTUDIOS FRANCISCANOS
Revista cuatrimestral de ciencias eclesiásticas y franciscanismo publicada por b -


PP. Capuchinos de España^ y América


Se publica en fascículos de 160 páginas


SECRETARIADO DE REDAG(;iÓ.\ Y ADMINISTRACIÓN:


Convento de PP. Capuchinos, Barcelona (Sarria)


SUSCRIPCIÓN ANUAL: España, Portugal, América y Filipinas: 75 ptas.
Otros países: 100 ptas. - .Número suelto: 3 0 ptas. ; retrasado: 40 ptas.




OBRAS MEDIEVALÍSTICAS RESEÑADAS EN ESTE NÚMERO


P. SALVADOR DE LES BORDES, O . F. M . CAP., ñrnau de U'úanovñ moralista
(Barcelona, Insütut d'Estudis catalans).


P. ANTONIO OLIVER, C . R . , Tácííca de propaganda y motivos literarios en
ías carias anfiheréíicas de Inocencio III (Roma, Regnum Dei).


M . D. CHENU, O . P., La Théologie comme science au XIII' siécle (París,
J . Vrin).


GILBERTO DI TOURNAI, De modo addiscendi (Torino, Publicazioni del Pontifi-
cio Ateneo Salesiano).


I v A N GOBRY, Saint Francois d'físsise et l'esprit (ranciscain (París, Éditions
du Seuil).


O c K H A M , Philosophical ÜJritings (Edimburg, Thomas Nelson & Sons).
M . MARTINS, S. J . , O Penitencia/ de Martim Pérez em medievo portugués


(Lisboa, Lusitania Sacra).


ESTUDIOS LULIANOS abarca las siguientes secciones, aunque no
todas deban integrar, necesariamente, cada uno de los números:
ESTUDIOS - NOTAS - TEXTOS - FONDOS MANUSCRITOS LULIANOS
BIBLIOGRAFÍA - MOVIMIENTO CIENTÍFICO-LULIANO - CRÓNICA


Estudios monográñco-doctrinales, monográñco-históricos, critico-compa-
rativos sobre el Beato Ramón Llull y sobre el Lulismo. — Estudios sobre
autores y temas medievales, relacionados con el Beato Ramón Llull y con
el Lulismo, como sistema y como Escuela. — Publicación de documentos


inéditos.


La Direction des ESTUDIOS LULIfINOS recevra avec reconnaissan-
ce tous travaux a publier (sous reserve du jugement par le Comité de
Direction) et tout ouvrage scientifique, particuliérement lullien ou medié-
valistique, á recenser, ainsi que toute proposition d'échange avec de
Revues similaires.


Envoyer les manuscrits, les livres pour compte-rendu et les Revues
d'échange au Directeur:


DR. S. GARCÍAS PALOU, Apartado 17, Palma de Mallorca (España).


£ s t u d í o s TLulíanos
Prec io de la suscripción anual


España, Portugal, América y Filipinas 75 ptas.
Demás países 125 ptas.


Dirigir los pedidos a: Administrador de ESTUDIOS LULIANOS
Apartado 17, Palma de Mallorca (España)


(Con licencia eclesiástica)




UN ACONTECIMIENTO
EN LA HISTORIA DEL LULISMO:


L a edición crítica de


OPERA OMNIA LATINA
del


BTO. RAMÓN L L U L L


(en treinta tomos),


confiada por la MAIORICENSIS SCHOLA LULLISTICA a la direc-
ción del Magister D R . F R I E D R I C H STEGMÜLLER, Profesor ordinario-


público de la Universidad de Freiburg i. Br .


ESTÁ A PUNTO DE SALIR
el VOL. I, que contiene


OPERA MESSANENSIA ET TUNICIANA (1313-1315),
preparado por el


DR. JOHANNES STOHR
Professor de la misma MAIORICENSIS SCHOLA L U L L I S T I C A .


Suscripciones: Apartado 1 7 , P a l m a de Mallorca (España)


D I V U S T H O M A S
COMMENTARIUM DE PHILOSOPHIA E T THEOLOGIA


quater in anno prodiens


DIREGTIO et ADMINISTRATIO: Collegio Alberoni, Piacenza (Italia)


Consociationis annuum pretium:
in Italia lib. 1500; extra Italiam dolí. 4 aut lib. 2500


Unicum exemplar:
in Italia lib. 450; extra Italiam dolí. 1,50 aut lib. 900


IMP. SS. CORAZONES - PAZ, 3 - PALMA DE MALLORCA