Utilizaci�n de las morfolog�as de lapiaz como geoindicadores ecol�gicos en la serra de Tramuntana: Mallorca
ENDINS, n.O 16. 1990. Palma de Mallorca
UTILIZACIÓN DE LAS MORFOLOG~AS
DE LAPIAZ
COMO GEOINDICADORES ECOLÓGICOS
EN LA SERRA DE TRAMUNTANA
(Mallorca)
por Ángel GINÉS*
Resum
Les morfologies de lapiaz, en ésser I'efecte de la dissolució de les roques calcaries sota
el control de diversos factors físico-químics, podrien resultar de gran interes en estudis eco-
Iogics pel fet de proporcionar informació sobre climes passats o presents i de posar en evi-
dencia els processos de deforestació que han sofert els terrenys carstics. La utilització de di-
ferents tipus de lapiaz per avaluar algunes característiques ecologiques significatives ha estat
assajada per primera vegada a la Serra de Tramuntana (Mallorca) amb bastant d'exit.
Els resultats preliminars, obtinguts a partir de 98 localitats distribuides per tota la Serra,
permeten de reconeixer facilment una zonació vertical dels camps de lapiaz en bona concor-
dancia amb la distribució de comunitats vegetals i amb els principals gradients climatics, tals
com la temperatura mitjana i la quantitat de precipitacions. Les dades més concloents han
procedit de l'analisi morfometrica de 2.000 estries de lapiaz, mesurades a 40 localitats distin-
tes: s'ha pogut comprovar que les estries són significativament més llargues a altituds baixes,
coincidint amb climes més calids, mentre que només es troben abundants estries de lapiaz
en aquells terrenys carstics que reben més de 800 mm anuals de pluja.
Abstract
Karren landforms, as an effect of solutional erosion on limestone rocks controlled by a
couple of physico-chemical factors, should have great interest in ecological studies providing
information about past or present climates and yielding evidence of deforestation processes
in karstic areas. A first approach to this use of different karren types to evaluate some ecolo-
gical conditions has been essayed in the northern mountain ridge of Mallorca, named Serra
de Tramuntana.
Preliminary results obtained from 98 locations in the Serra suggest that a vertical zonation
of karren landscapes can be easily established, and they also agree with the distribution of
plant communities as well as with the main climatic gradients, like mean temperature and
amount of precipitations. The most outstanding data have been provided by nearly 2000
morphometrical observations of rillenkarren measured in 40 different locations: they show sig-
nificantly how longer rills appear at lower altitudes on warmer places whilst rills are only found
widespread in karstic outcrops receiving more than 800 mm of annual rainfall.
Introducción
Los campos de lapiaz ocupan considerables ex-
insistentemente sus formas más espectaculares,
tensiones en la Serra de Tramuntana (Mallorca) y
como las que enmarcan el Torrent de Pareis o los co-
constituyen uno de los rasgos más característicos que
nocidos Pixarells de Lluc (PAGENSTECHER, 1867;
intervienen en la configuración de su paisaje. Viajeros
LOZANO, 1884; MARTEL, 1903; PRAESENT, 191 1 ;
del siglo pasado, geólogos y geógrafos ya mencionaron
FALLOT, 1922; DARDER, 1930 y MENSCHING, 1955,
entre otros). Aunque trabajos más recientes han docu-
Federació Balear d'Espeleologia; Laboratori d'Ecologia, Universitat
mentado gráficamente estas morfologías o han vuelto
de les Illes Balears, carretera de Valldemossa km. 7.5, 07071 Palma
a incidir en el alto interés de las formas de lapiaz exis-
de Mallorca.

tentes en la Serra (COLOM, 1975; BOGLI, 1976; GINÉS
et al., 1979; BOGLI, 1980; COLOM, 1982; BAR et al.,
1986), las Únicas aportaciones bibliográficas que pro-
porcionan algunas precisiones sobre la tipología del
lapiaz de la montaña mallorquina corresponden a BAR
(1989) y GINES & GINÉS (1979; 1989).
Considerada en su conjunto, la Serra de Tramun-
tana se comporta como una gran montaña caliza ideal
en la que se manifiestan gradientes altitudinales, plu-
viométricos y termométricos bastante acentuados y
'casi regularmente espaciados a ambos lados de su
máxima cota topográfica (Puig Major, 1.443 metros
s.n.m.), aunque con una ligera asimetría a favor de su
extremo NE. Estas condiciones la hacen especialmente
adecuada para estudiar problemas de zonación alti-
métrica del lapiaz y para intentar cuantificar y correla-
cionar las características morfométricas de estas formas
Figura 1: Situación de las localidades muestreadas para la realiza-
exokársticas con parámetros físico-químicos, climáticos
ción del presente trabajo. En el dibujo se han remarcado
y ambientales en general.
mediante una trama de puntos los terrenos situados por
Los datos procedentes de una reciente tesis doc-
encima de la cota de 500 metros s.n.rn.
toral elaborada por un compañero del Lab. d'Ecologia
(Universitat de les llles Balears) han permitido disponer
La mayor parte de los autores hacen una primera
de una base de mapas climáticos mensuales y anuales
clasificación del Lapiaz distinguiendo entre Lapiaz libre
para cuadrículas UTM de 1 km2,.que facilitan mucho
y Lapiaz cubierto (BAUER, 1962; SWEETING, 1972;
la realización de estudios geoclimáticos y ecológicos
BOGLI, 1980; JENNINGS, 1985; WHITE, 1988); en-
(GUIJARRO, 1986). Con este punto de partida, inicié
tendiendo por lapiaz cubierto aquel que ha sido mode-
hace 2 años una amplia campaña de recolección de
lado bajo el suelo. Este criterio presupone la posibilidad
datos morfométricos en el lapiaz de la Serra de Tra-
de reconocer en el exokarst evidencias de deforesta-
muntana, incluyendo descripciones semicuantitativas
ción, y de pérdida de suelo por erosión, o de corrosión
y mediciones que pudieran ser objeto de tratamiento
biógena asociada a raices de plantas y a procesos
estadístico y análisis factorial. Un primer avance de
bioquímicos potenciados por la actividad de microor-
los resultados obtenidos fue incorporado en una Me-
ganismo~
edáficos.
moria de Investigación presentada en la Universitat de
En el lapiaz expuesto a la intemperie, la cantidad,
les llles Balears hace poco tiempo (GINÉS, 1989). En
duración e intensidad de la lluvia o el régimen de pre-
la actualidad, las localidades de lapiaz muestreadas
cipitaciones propio de cada tipo de clima parecen tener
son 98 y abarcan la mayor parte de la principal cordi-
una importancia decisiva en la conformación, sobre la
llera mallorquina (Figura 1). Ciertamente el excepcional
roca caliza, de unas u otras microformas de corrosión.
desarrollo que alcanza esta clase de morfologías exo-
El componente climático capaz de influir en el desarro-
kársticas en la Serra de Tramuntana merece la reali-
llo del lapiaz se extiende también a la temperatura
zación de estudios detallados, que quizás el presente
existente durante las épocas de lluvias o a la disponi-
trabajo podría estimular en lo sucesivo.
bilidad de aguas de fusión de nieve. También el rocío
y las heladas pueden interferir sobre esta clase de mi-
cromodelados, e incluso la aridez puede provocar in-
Tipologia e interpretación
terferencia~
muy particulares. Las revisiones sobre la
morfogénesis del lapiaz publicadas por SWEETING
ecológica del Lapiaz
(1972), BOGLI (1980), JENNINGS (1985) y FORD &
WlLLlAMS (1989) sugieren o debaten la importancia
Los factores que controlan el desarrollo de las di-
del clima en la formación de las distintas modalidades
versas formas de lapiaz tienen un fuerte significado
de lapiaz.
ecológico que justificaría la puesta a punto de una me-
Aunque sería poco realista ignorar otros condicio-
todología capaz de descifrar la ((información potencial,>
nantes topográficos, litológicos y tectónicos, resulta
que contienen. La presencia de suelo vegetal sobre la
evidente que los factores bioclimáticos juegan un papel
superficie del karst o los efectos de la exposición a la
muy sutil en el micro y mesomodelado de las morfolo-
intemperie (cuando las rocas calizas están desprovistas
gías de lapiaz. La instalación de algas, hongos y Ií-
de él) presentan, en ambos casos, una diversificada
quenes, sobre la roca libre de suelo y expuesta a dife-
trama de interacciones con el entorno, de tal manera
rentes orientaciones, añade otro aspecto geobiológico
que de ello resulta una complicadísima gama de mor-
al problema, tal como lo han demostrado HEINEMANN
fologías difíciles de clasificar de un modo sistemático.
et al. (1977) mediante métodos cuantitativos. Por si

fuera poco, es preciso indicar que hasta los factores
sados en modelos experimentales de escayola y en
hidrodinámicos, responsables de algunas microformas
nuevos datos de campo (FORD & LUNDBERG, 1987;
específicas, dependen indirectamente de la climato-
DZULYNSKI et al., 1988;
FORD & WILLIAMS, 1989)
logía, debido a que las características del aporte hídrico
han ampliado las interpretaciones genéticas de BOGLI
y del flujo del agua están reguladas por la naturaleza
planteando la necesidad de matizar algunos aspectos.
de las precipitaciones y por la intensidad de la lluvia.
Personalmente he optado por elaborar una termi-
De una manera análoga a como lo hacen las aso-
nología en lengua castellana que se adapta a las cir-
ciaciones vegetales, es probable que el conjunto de
cunstancias concretas del estudio del karst mallorquín
morfologías de lo$ campos de lapiaz realice una inte-
y que pretende integrar lo más sustancial de las clasi-
gración de factores climáticos y ambientales paralela
ficaciones disponibles. La Tabla I resume la termino-
a la que realiza la parte viva del ecosistema kárstico.
logía traducida que propongo, indicando los sinónimos
Las asociaciones de micro y mesoformas de lapiaz se-
más usuales en la bibliografía escrita en otros idio-
rían, en ese supuesto, útiles para proporcionar datos
mas. Aunque no es posible exponer aquí las pautas
morfométricos y cuantitativos que podrían solaparse
seguidas en la adopción de estos términos, se ha in-
con la información procedente del estudio semicuanti-
tentado conjugar criterios genéticos con caracteres
tativo de las comunidades vegetales naturales.
morfológicos que fueran suficientemente excluyentes
La variedad de formas de lapiaz es enorme y co-
para cada uno de los tipos de lapiaz seleccionados.
rresponde a la complejidad de las interacciones físico-
La complejidad y diversificación morfológica del
químicas y ecológicas que pueden intervenir en su ge-
lapiaz, junto con el control climático y biológico que
neración. Además de la bibliografía ya citada, ha habido
parece evidenciarse en bastantes casos, podría reforzar
muchos intentos de clasificar desde un punto de vista
la hipótesis antes enunciada de que la presencia de
morfológico y genético la gran diversidad de tipos de
ciertas formas de lapiaz o sus dimensiones, tratadas
lapiaz existentes y de establecer una terminología su-
estadísticamente, son capaces de proporcionar infor-
ficientemente precisa (BOGLI, 1960;
TRIMMEL, 1965;
mación significativa sobre el marco ambiental en el
GEZE, 1973;
PERNA & SAURO, 1978 y MAIRE, 1980,
que se han desarrollado. De hecho, la escala de tiem-
entre otros). La clasificación más aceptada entre los
po en que se pueden formar, es decir entre lo5 y 10'
karstólogos es la de BOGLI (1960),
que lleva implícito
años, permite investigar un rango de edades que van
un cierto contenido genético y que es utilizada frecuen-
desde las últimas fluctuaciones climáticas del Cuater-
temente en la bibliografía internacional con sus términos
nario hasta las intervenciones humanas más recientes
originales alemanes. BAR (1989)
describe con dicha
(pasando por la última glaciación, por las etapas cáli-
terminología los campos de lapiaz de los alrededores
das postglaciales y por los primeros efectos perturba-
de Lluc. Sin embargo otros estudios más recientes ba-
dores ocasionados por la llegada del hombre). Si fuera
LAPIAZ FORMADO POR AGUA QUE IMPACTA
1 Estrías
Rillenkarren
Acanaladuras
Canalillos
Decantation flutes
Canales estriados
Regenrinnenkarren
FLUJO
Canales embudiformes
Rinnenkarren
CANALIZADO
Canales de pared
Wandkarren
LAPIAZ FORMADO POR AGUA
Canales meandriformes
Maanderkarren
QUE CIRCULA
Canales de decantación
Decantation runnels
Escalones
2
Trittkarren
FLUJO
o
Concavidades
SIN CANALIZAR
-i
Cockling patterns
Ondulaciones
.-
$
Solution ripples
n.
td
Rainpits
LAPIAZ FORMADO POR AGUA
I
-I
Cubetas
Karnenice
ESTANCADA
Pocillos
QUIETA
ADHERIDA
I Canalículos
Microrills
Superf. oquerosas
Cavernous weathering
Lapiaz de diaclasas
Kluftkarren
LAPIAZ FORMADO POR AGUA QUE SE INFILTRA
Canales redondeados
Rundkarren
Criptolapiaz
Subsoil karren

posible detectar en las morfologías de lapiaz esas eta-
En realidad sólo cabe hablar estrictamente de La-
pas, es evidente que las perspectivas que ofrecería
piaz desde el momento en que la <<escultura),
de la
este campo de estudio resultan todavía difíciles de
roca es observable. Esto sucede normalmente cuando
imaginar.
el suelo es retirado por erosión, como consecuencia
Además de estos fenómenos de <<inercia
morfoló-
de cambios climáticos desfavorables para la vegeta-
gica,, también se pueden analizar muchas microformas
ción o bajo la presión destructiva de ciertas activida-
(especialmente las de menor tamaño) en un contexto
des humanas: talas, incendios, pastoreo excesivo, etc.
actualista: intentando reconocer en ellas la manifesta-
(SWEETING, 1972; JENNINGS, 1985). La sobreimpo-
ción inmediata de las condiciones bioclimáticas vigentes
sición de microformas de lapiaz libre modificando el
en nuestros días. Si se admite que algunas morfolo-
aspecto original del criptolapiaz, después de haberse
g/as de lapiaz son claramente postglaciales y que su
producido la eliminación artificial del bosque y la con-
mecanismo genético está gobernado por factores ta-
siguiente erosión del suelo, ha sido bien documentada
les como cantidad e intensidad de precipitaciones,
en la costa adriática de Yugoslavia por JAKUCS (1 977)
temperatura del medio, rocío, frecuencia de nevadas,
y GAMS (1987).
aridez, capacidad de colonización por microorganis-
Una vez que la roca queda expuesta a la intem-
mos, incendios, pérdida de suelo por deforestación,
perie se inicia una interesante sucesión colonizadora
etc., se comprenderá cómo el lapiaz reúne todas las
sobre el nuevo sustrato a cargo de algas, hongos y Ií-
condiciones para convertirse en un valioso geoindicador
quenes, que <compite,, con el desarrollo progresivo de
ecológico en los ecosistemas kársticos, si se consigue
microformas de meteorización de origen casi exclusi-
elaborar una metodología adecuada para su interpre-
vamente físico-químico. La acción alterante o protec-
tación.
tora de esos microorganismos ha sido objeto de varios
trabajos (véase VILES, 1984), pudiendo interferir en la
configuración del lapiaz (HEINEMANN et al., 1977).
Lapiaz y Deforestación
Las observaciones realizadas en la Serra de Tra-
muntana confirman que es posible reconocer abun-
En las rocas calizas la interfase roca-aire o roca-
dantes formas de criptolapiaz, más o menos transfor-
suelo es objeto de procesos de meteorización mucho
madas, en la mayoría de sus terrenos karstificados;
más sutiles y singulares que los que caracterizan a
incluso en los más espectaculares. Aun cuando en al-
otras litologías. Ocasionalmente las formas produci-
gunas localidades la sobreimposición de morfologías
das se desarrollan durante milenios y, en el caso del
de lapiaz libre (como estrías y escalones) ha progre-
Lapiaz cubierto, permanecen ocultas bajo la capa de
sado mucho, predominando en el conjunto actual del
materiales edáficos donde la corrosión es muy eficaz
paisaje, es fácil todavía identificar en ellas vestigios de
y generalizada. El término Criptolapiaz, utilizado por
la <<escultura
rocosa)) heredada del tiempo en que la
algunos autores franceses como por ejemplo NICOD,
roca fue modelada por corrosión edáfica. En mayor o
parece ajustarse bien a la realidad, al designar el la-
menor grado este hecho es válido para todo el lapiaz
piaz que se genera por debajo de la superficie del
de la montaña mallorquina, si bien hay varios sectores
suelo. Por esta razón lo he incorporado a la terminolo-
donde el tiempo transcurrido y la elevada tasa de de-
gía que propongo.
sarrollo de lapiaz libre han conseguido borrar casi por
Cuando las morfologías engendradas bajo cubierta
completo las huellas de criptolapiaz.
edáfica sufren una erosión intensa, quedando despro-
Las consecuencias que se derivan del reconoci-
vistas de suelo, las formas subterráneas heredadas
miento de vestigios de lapiaz formado originariamente
van siendo sustituidas por otras que sólo pueden origi-
bajo suelo, en las extensiones calizas de la Serra de
narse al aire libre, sobre roca desnuda, como las que
Tramuntana, plantean un sugestivo problema: ¿en
muestra la Foto 1. Aunque tradicionalmente se ha em-
qué momento o momentos se produjo la deforestación
pleado la palabra Lapiaz para referirse a extensiones
que ha posibilitado la pérdida de suelo y la exhuma-
de roca caliza esculpidas al aire libre por los mecanis-
ción del criptolapiaz? No obstante, es probable que la
mos de corrosión característicos de la karstificación,
realidad haya sido incluso más complicada, ya que no
las canteras y cortes artificiales del terreno permiten
se puede descartar que las tasas de pérdida vertical
observar cómo el esculpido de la roca es incluso más
de suelo en el karst permitan un cierto grado de denu-
enérgico bajo la cobertura edáfica (donde las concen-
dación <<espontánea,, del lapiaz, sin necesidad de que
traciones de CO, son elevadas), produciendo además
ocurra previamente una destrucción catastrófica de la
morfologías específicas de dicho medio (GAMS, 1973).
cubierta vegetal. Por otra parte, aunque la deforesta-
La idea de que un lapiaz oculto (Criptolapiaz).se está
ción artificial acarrea erosión del suelo y promueve el
conformando, bajo la aparente regularidad y homoge-
proceso de formación de campos de lapiaz rocosos, es
neidad del suelo cubierto de vegetación, se ha ido
preciso considerar tanto los efectos incuestionables de
abriendo paso en la moderna bibliografía y ha llegado
incendios (y otras intervenciones humanas) como la po-
a trastocar las interpretaciones anteriores sobre la
sibilidad de crisis ambientales, que hayan podido pro-
evolución del exokarst.
vocar la destrucción natural de la vegetación climácica.

Foto 1: Aspecto típico del lapiaz que predomina en altitudes com-
Foto 2: Conjunto de Pirámides de lapiaz (Spitzkarren) que emergen
prendidas entre 150 y 600 metros s.n.m. Se aprecian buenos
sobre un encinar de los alrededores de Lluc. Los surcos que
ejemplbs de Estrías (Rillenkarren), Canales embudiformes
presentan las Pirámides son Canales embudiformes (Rin-
(Rhnenkarren) y Escalones (Trittkarren).
nenkarren) y Canales de pared (Wandkarren) cuyas anchu-
ras superan 'los 20 centímetros.
Foto 4: Canalillos (Decantation flutes), con anchuras superiores a
Foto 3: Canales embudiformes (Rinnenkarren) con Escalones (Tntt-
los 3 cm, frecuentes en las montañas de la Serra de Tra-
karren) y Estrías (Rillenkanen) vistos desde arriba; en los
muntana Dor encima de los 800 metros s.n.m. Generalmente
campos de lapiaz (Kanenfeld) de Es Castellots (Escorca).
estos ,pequeños surcos muestran un trayecto menos rectilí-
neo que las Estrías de lapiaz y presentan abundantes Con-
cavidades (Cockling patterns) a lo largo de su recorrido,
como sucede en estos Canalillos del Puig de Massanella.
Foto 5: Canaliculos (Microrills), de trayecto sinuoso y anchura que
apenas sobrepasa los 0,6 mm, vistos desde arriba; en un la-
piaz de la Serreta de Cúber (Escorca).

Las estimaciones que se están realizando sobre
cional. Por otra parte, la expresión <<acanaladura,>
es
Abundancia de Criptolapiaz Relicto (A.C.RE.) o sobre
bastante gráfica y puede ser empleada con comodi-
Intensidad de Modificación del Lapiaz al Aire Libre
dad en lengua castellana, pero presenta el inconve-
(I.M.L.A.L.) apenas han sido iniciadas en la Serra de
niente de sugerir quizás más de lo deseable cierta re-
Tramuntana. Por consiguiente los datos disponibles
lación genética con la canalización del agua de lluvia,
son todavía escasos y faltos de suficiente base cuan-
lo que recientes investigaciones han desmentido con-
titativa. Sin embargo las observaciones efectuadas pa-
cluyentemente (véase FORD & LUNDBERG, 1987).
recen sugerir 3 hipótesis, no excluyentes, para expli-
Además en esa misma publicación era descrita una
car la evolución de los campos de lapiaz mallorquines:
nueva morfología de lapiaz, denominada decantation
1 ) Deforestación antropógena, causada directamente
flutes, que podría prestarse a confusión con el Rillen-
por las actividades humanas; 2) Deforestación clima-
karren. Debido a esta ambigüedad he optado por agru-
to-edáfica, como resultado de la acción repetida de cli-
par ambas formas de <<aspecto
acanalado,, con el térmi-
mas periglaciares en lo alto de las montañas durante
no meramente morfológico de Acanaladuras, reservando
las glaciaciones; y 3) Deforestación karstógena, en el
la palabra Estría de lapiaz para el Rillenkarren en sen-
supuesto de que la intensidad de la karstificación Ile-
tido estricto.
gara a producir una pérdida vertical de suelo, a través
La atención especial que se le prestó al lapiaz de
de fisuras ensanchadas, superior a la tasa de edafo-
acanaladuras en las localidades que se iban mues-
génesis local. En este sentido, dos aspectos específi-
treando respondía a cuatro motivos principales: 1) las
cos del karst deberían ser tenidos en cuenta para con-
acanaladuras son las formas de lapiaz más sencillas
siderar la posible validez de estas 2 últimas hipótesis:
desde un punto de vista geométrico y por lo tanto son
a) en rocas calizas muy puras la tasa de producción
fáciles de medir, pudiendo ser sometidas a tratamiento
de suelo es bastante baja; y b) en terrenos fuertemen-
estadístico sin demasiados problemas; 2) sería intere-
te karstificados la pérdida vertical de suelo, a través
sante establecer una diferenciación rigurosa entre
de grietas, puede superar a la pérdida oblicua de suelo
Rillenkarren y Decantation flutes, fundamentada en
en vertientes y laderas.
criterios exclusivamente morfométricos; 3) según algu-
Probablemente la deforestación antropógena po-
nos autores, incluido BOGLI (1980), cabría esperar una
dría ser estudiada con éxito en las montañas que ro-
mayor longitud del surco (Rill) cuanto más cálido fuera
dean Pollenca, mientras que la deforestación climato-
el clima, como consecuencia de los procesos físico-
edáfica habría de ser comprobada en los picos más
químicos implicados en su formación; y 4) si esta tipo--
altos de la cordillera, que coinciden con el llamado
logía elemental presentase diferencias morfométricas
<<piso
culmina1 baleárico,, de vegetación (caracterizado
significativas en distintos lugares de la Serra de Tra-
por la sorprendente carencia de formaciones bosco-
muntana, podría ensayarse su empleo en la caracte-
sas). Por último, la deforestación karstógena debería
rización de las eventuales zonaciones altimétricas que
tomar como punto de referencia los alrededores de
se descubrieran durante el estudio. Lo cierto es que
Lluc, donde magníficas pirámides de lapiaz sobresa-
los resultados obtenidos tras dos años de mediciones
len por encima del bosque de encinas (Foto 2). Habrá
en 50 localidades diferentes han superado las expec-
de ser objetivo de futuras investigaciones el intentar
tativas más optimistas.
evaluar cuál es el papel de cada uno de los procesos
La primera etapa consistió en elaborar una meto-
de deforestaciónlpérdida de suelo en el contexto de
dología de muestre0 adecuada. Se optó por escoger
las diferentes localidades.
estaciones de aproximadamente 50 m2 de superficie.
En ellas se medía la longitud de las 10 estrías más
largas, o de las 20 mayores cuando esta morfología
Observaciones cuantitativas
era abundante. También se medía la anchura del surco
sobre el Lapiaz
(entre cresta y cresta) de 40, 50, 100 o 120 estrías, o
de cualquier otra morfología que pudiera parecerse.
de Acanaladuras
Los resultados obtenidos en las mediciones se resu-
men en el listado de la Tabla II, que a su vez contiene
Al mismo tiempo que se comenzaba la recolección
los datos que han servido de base para la realización
de datos cuantitativos en casi un centenar de localida-
de la Figura 2.
des distribuidas a lo largo de la Serra de Tramuntana
Simultáneamente a la recolección de estas me-
(mediante los cuales se pretendía sistematizar con
didas de longitud y anchura, se anotaban unas esti-
una base numérica la tipología del lapiaz), ya desde
maciones semicuantitativas de las especies vegetales
el primer momento se dedicó una atención especial al
y de las morfologías de lapiaz que acompañaban a las
estudio morfométrico del lapiaz de acanaladuras.
acanaladuras en cada estación o localidad, indicando
El término acanaladuras es la traducción literal de
el grado de predominio de las acanaladuras en cada
lapiaz a cannelures (GEZE, 1973) y equivale al término
campo de lapiaz. Obviamente la ficha de todas las
alemán Rillenkarren (TRIMMEL, 1965; SWEETING,
localidades incluía sus coordenadas UTM, la altitud
1972), ampliamente utilizado en la bibliografía internq-
s.n.m. y los datos de temperatura media y precipita-

ciones anuales extraídos del trabajo de GUIJARRO
de regresión a la nube de puntos que proporcionan las
(1 986).
33 localidades, cuya situación geográfica aproximada
Las mediciones de longitud de las 10 estrías más
queda indicada en la Figura 3, es tan satisfactorio (r2 =
largas (llevadas a cabo en 40 localidades) han propor-
0,8) que la hipótesis que postulaba un mayor alarga-
cionado valores comprendidos entre 10,8 y 46,3 cm,
miento de las estrías de lapiaz ligado al aumento de
aunque ciertamente el valor inferior es arbitrario ya
temperatura se ve claramente reforzada.
que existen estaciones con estrías embrionarias o mal
La importancia del factor temperatura en la longi-
desarrolladas que podrían dar medidas incluso meno-
tud de las estrías probablemente es muy notable. En
res. En el curso de las observaciones se constató en-
la Figura 2 se han utilizado dos símbolos distintos
seguida que en aquellas localidades cuyas precipita-
para significar la ubicación general a macroescala de
ciones no llegan a los 800 mm anuales la presencia
las localidades muestreadas, en la ccsolana, o ccumbríam
' de estrías de lapiaz es sólo esporádica, sin llegar a
de la cordillera: el hexágono indica vertientes <ccáli-
predominar en ningún caso sobre el conjunto del lapiaz.
das,> orientadas hacia el SE, mientras que el círculo
Además, en esas localidades m á s áridas)), las es-
atravesado designa vertientes ccfrescasn orientadas
trías son siempre pequeñas, por más que sus anchu-
hacia el NW. Otra prueba del papel determinante de-
ras se mantengan similares a las anchuras medidas
sempeñado por la temperatura se refiere a la orien-
en localidades más lluviosas (véanse por ejemplo los
tación que presentan a mesoescala los buenos aflora-
datos de CBL, CM1 y ORT, con longitudes que apenas
mientos de estrías, los cuales sólo aparecen en su
superan los 20 cm y anchuras medias de 17 y 15 mm).
óptimo desarrollo en aquellas losas de roca dirigidas
Su distribución geográfica, en la periferia de la Serra
hacia el SE-S-SW, de acuerdo con las observaciones
de Tramuntana, es debida a la disposición de los gra-
de HEINEMANN el al. (1977).
dientes de precipitaciones que delimitan máximos de
Las mediciones de anchura, por el contrario, mos-
lluvia en los núcleos centrales de la alineación monta-
traron una notable constancia en la casi totalidad de
ñosa.
las localidades prospeccionadas. En efecto, los valores
Una vez diescartadas las localidades en cuyo con-
de las medias de anchura oscilan entre 15 y 17 mm,
texto las estrías de lapiaz son raras, y que corres-
en los campos de lapiaz situados a alturas compren-
ponden precisamente a lugares caracterizados por
didas entre 20 y 750 metros s.n.m., en tanto que los
precipitaciones moderadas o escasas, se elaboró una
valores modales se establecen entre 12 y 19 mm. Si
representación gráfica que incluyera los datos de las
estas observaciones se comparan con los datos mor-
33 localidades restantes (Figura 2). En ella puede
fométricos publicados por DUNKERLEY (1979) y con
apreciarse cómo existe una fuerte relación negativa
los reunidos por FORD & LUNDBERG (1987) la con-
entre la altitud de las localidades s.n.m. y la longitud
cordancia resulta evidente. Sólo la localidad QLL y el
media de las estrías más largas. La interpretación de
conjunto de mediciones y observaciones efectuadas
la gráfica parece sencilla, puesto que el gradiente alti-
en las principales montañas, por encima de los 800
tudinal se manifiesta en este caso como un gradiente
metros s.n.m., se distancian de los valores medios
de descenso de temperatura a medida que se remon-
propios del Rillenkarren (véanse los datos de AU2,
ta por las laderas de la Serra de Tramuntana. Si se
MA3, PDA y SA3).
comparan los valores extremos procedentes de VM2 (al-
Las curvas de distribución de frecuencias son
titud: 150 s.n.m.; longitud media estrías = 41,9 cm)
también muy similares en todos los campos de lapiaz
y de PM2 (altitud: 1.190 s.n.m.; longitud media estrías =
situados por debajo de la cota 750 s.n.m. (así sucede
14,4 cm), así como el conjunto de datos intermedios,
con CBL, CMU, CMI, CSH, ORT, PIX, PXE, SCA,
esta tendencia resulta evidente. El ajuste de una recta
S02, SP2, TRC, VMI y VM2), tal como está docu-
Figura 2:
Relación entre la altitud sobre el nivel del mar, en 33 loca-
lidades de la Serra de Trarnuntana (con precipitaciones
superiores a los 800 mm. anuales), y la longitud media de

las 10 estrías de lapiaz (Rillenkarren) más largas de cada
localidad.

O
5
10 km.
lnca
e
Figura 3: Situación de las localidades en que se han efectuado ob-
servaciones morfométricas sobre la longitud máxima de
sus estrías de lapiaz. En el dibujo se incluyen las curvas
de nivel correspondientes a las cotas de 550 y 800 metros
s.n.rn., así como la isoyeta de los 800 mm. anuales de
precipitaciones.
mentado en GINÉS (1989). La distribución de frecuen-
flutes. Estas anomalías se aprecian fácilmente en la
cias de anchura procedente de QLL, localidad ubicada
Figura 4, en la que se compara la distribución de fre-
a 550 metros s.n.m., es la única excepción entre las
cuencias de anchura correspondientes a MA3 (1 .O75
que han sido estudiadas puesto que se registran unas
metros s.n.m.) y CMU (410 metros s.n.m.). En mi opi-
dimensiones mayores que las normales. Este hecho
nión la localidad Coll Font de s'Avenc (MA3) contiene
quizás podría atribuirse a la presencia de una cubierta
una población mixta de Rillenkarren (= Estrías) y de
arbórea de encinar en sus inmediaciones. Algunos in-
Decantation flutes (= Canalillos), difíciles de distinguir
vestigadores han propuesto que la anchura de las
en la práctica. No obstante, el análisis de las curvas
acanaladuras puede guardar cierta relación con el ta-
de distribución de frecuencias, obtenidas a partir de
maño de las gotas que impactan sobre la roca. Si se
los datos pertenecientes a otras 15 localidades, de-
confirmara esta hipótesis, ello explicaría las anchuras
muestran que las poblaciones de estrías típicas (Foto 3)
anómalas que se observan en algunas estaciones de
raramente poseen acanaladuras que sobrepasen los
bosque clareado; sin olvidar que las morfologías de
25 mm. de anchura, lo cual permitiría separar ambas
Rillenkarren (estrías de lapiaz) no son compatibles
clases de acanaladuras sobre una base numérica más
con un bosque denso, por tratarse de formas de lapiaz
objetiva.
libre (Freie Karren) en el sentido de BOGLI (1980).
Probablemente los caracteres diagnósticos de los
Por lo tanto, sólo se han podido detectar anoma-
Canalillos, entendiendo por tales las acanaladuras que
lías en los valores medios de anchura y en las curvas
desde un punto de vista genético corresponden al
de distribución de frecuencias cuando se dan dos si-
concepto de Decantation flutes (FORD & LUNDBERG,
tuaciones fáciles de identificar: a) en localidades influi-
1987; FORD & WILLIAMS, 1989), serían: 1) anchuras
das por la proximidad de árboles, tal como acaba de
medias superiores a los 25 mm; 2) trayecto menos
mencionarse; y b) en localidades emplazadas por en-
rectilíneo que en el caso de las estrías; 3) presencia
cima de los 800 metros s.n.m., donde es difícil distin-
frecuente de concavidades en el interior del surco
guir las estrías de otras microformas muy semejantes
(Foto 4); y 4) nacimiento de la acanaladura general-
atribuibles al tipo de lapiaz denominado decantation
mente en los flancos de la roca y sólo de un modo ex-

Altitud
Longitud máxima de las estrías
Anchura de las estrías en
LOCALIDAD
en metros
en centímetros
milímetros, incluyendo canalillos
Código
Municipio
s.n.m.
media
n
media
n
moda
ALM
Escorca
325
32,5
1 O
ALM
Escorca
325
29,4
20
AU2
Escorca
1 .O00
47
1 O
AU3
Escorca
1 .O20
52,3
6
BDA
Escorca
800
19,3
5
BSC
Escorca
230
42,35
1 O
CBL
Pollenqa
40
16,3
1 O
15,i
50
14
CBU
Bunyola
450
13
5
CDC
Deia
775
21,15
1 O
CDS
Sóller
440
25
1 O
CMU
Escorca
41 O
35,5
1 O
CMU
Escorca
41 O
27,3
25
15,3
1 O0
15
CM1
Andratx
50
14,35
1 O
17,3
1 O0
19
CM2
Andratx
50
15,l
1 O
CM2
Andratx
50
14,13
15
CRM
Fornalutx
61 O
18,9
1 O
CSH
Selva
350
37,2
1 O
CSH
Selva
350
32,8
20
16,15
1 O0
15
F01
Pollenca
110
24,5
1 O
F02
Pollenca
140
21,15
1 O
MA1
Escorca
925
16,65
1 O
MA2
Escorca
1 .O50
21,6
1 O
MA3
Escorca
1 .O75
27,4
12"
25
MA4
Escorca
1.100
14,35
1 O
MDA
Escorca
950
19,5
1 O
MTJ
Escorca
560
27,95
1 O
ORT
Andratx
200
23,65
1 O
15,24
1 O0
14
PAI
Selva
630
34,3
1 O
PA2
Selva
720
26,5
1 O
PA3
Selva
870
20
1 O
PA4
Selva
970
33,2
1 O
PDA
Valldemossa
890
36,l
30
35
PIX
Escorca
490
28
1 O
PIX
Escorca
490
26,15
20
15,9
1 O0
17
PMI
Escorca
970
22,3
1 O
PM2
Escorca
1.190
14,4
10
PSB
Andratx
400
10,8
1 O
PV1
Escorca
725
19,5
1 O
PV2
Escorca
900
15,5
1 O
PV3
Escorca
1 .O00
13,85
1 O
PXE
Escorca
730
19,05
1 O
16,9
100
16
QLL
Escorca
550
23,2
40
22
RDA
Pollenca
31 O
37,35
1 O
SA1
Bunyola
600
24,05
1 O
SA2
Bunyola
750
16,4
1 O
SA3
Bunyola
775
40,3
15
SCA
Selva
380
46,3
1 O
SCA
Selva
380
39,75
20
16,02
120
16
S01
Alaró
325
31,3
1 O
S02
Alaró
320
14,98
1 O0
15
SPl
Escorca
650
30,8
1 O
SP2
Escorca
550
38,15
1 O
SP2
Escorca
550
34,l
20
17,08
120
14
TDC
Escorca
670
27,6
1 O
TRC
Escorca
650
17
1 O0
15
VM1
Pollenca
150
39
1 O
VM1
Pollenca
150
34,25
20
18,38
1 20
15
VM2
Pollenca
150
41,9
1 O
VM2
Pollenca
150
37,65
20
17,06
1 20
12
Tabl

Localidad Anchura en mm.: 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38 39 a40
SCA (380 s.n.m.1
O 0 1 1 6 5 9 1 3 3 1 0 1 0 1 4 9 6 4 7 9 3 2 3 3 1 0 0 0 0 0 0 0 0 0 0 0 0 0 1
MA3 (1.075 s.n.rn.)
O 0 0 0 0 O 1 1 2 5 0 4 1 3 6 2 6 5 1 1 0 5 1 1 3 1 7 8 5 7 1 7 5 1 0 0 1 1 1
Tabla III
cepcional en el ápice de la roca. Para facilitar la com-
cionar un total de 98 estaciones que se extienden des-
paración entre ambos tipos de acanaladuras, la Tabla
de el Cap Andritxol hasta la península de Formentor,
III incluye las medidas procedentes de MA3 y las de
constituyen una base suficiente para poder afirmar
SCA, siendo esta última una localidad típica de estrías
que las morfologías de lapiaz siguen pautas de distri-
de lapiaz.
bución relativamente concéntricas en torno a las mon-
tañas más altas de la Serra de Tramuntana. Las dife-
rencias entre conjuntos de microformas exokársticas
Zonación altitudinal del Lapiaz
son consistentes con esa estructura zonada y los Iími-
tes separadores de zonas probablemente podrán ser
La distribución de los diversos tipos de morfolo-
delimitados con bastante facilidad, utilizando criterios
gias de lapiaz en la Serra de Tramuntana parece su-
cuantitativos, en breve plazo de tiempo; cuando la me-
gerir una clara zonación altitudinal, que ya había sido
todología que está siendo elaborada se afine y con-
planteada en anteriores trabajos (GINÉS & GINÉS,
traste con otras estaciones representativas, ya duran-
1989; GINÉS, 1989). La disposición geográfica de la
te el año próximo. Sin duda hay todavía mucho trabajo
cordillera, relativamente simétrica y con gradientes tér-
por hacer y además numerosas cuestiones permane-
micos y pluviométricos que casi se superponen a las
cen poco resueltas, pero sorprende la claridad con
curvas de nivel, propicia unas condiciones excepcio-
que se manifiestan las distintas bandas zonales, posi-
nales para comprobar esa posible distribución zonada
bilitando así la aplicación de técnicas matemáticas
de las formas de lapiaz y para intentar evaluar los fac-
procedentes del campo de la Ecología numérica.
tores ambientales que puedan incidir en cada contexto
De una manera semicuantitativa y como un avance
geo-ecológico local.
de las evidencias que se han logrado recolectar en el
Los datos que la campaña de observaciones ha
transcurso de estos dos últimos años, estableceré en
permitido reunir hasta la fecha, después de prospec-
las líneas siguientes una propuesta de división zonal,
carretera, Muntanya
Figura 4: Comparación de las distribuciones de frecuencia que pre-
-acanaladuras>>
de MA3 correspondan a Decantation Flutes
sentan las mediciones de acanaladuras obtenidas en la
en el sentido de FORD & LUNDBERG (1987). Las medi-
localidad carretera - Muntanya CMU (anchura media =
das fueron obtenidas y agrupadas en clases de 1
mm,
15 mlm, moda = 1 5 mm) y en la localidad Coll Font de
siendo posteriormente suavizadas durante la realización
s'Avenc - Puig de Massanella MA3 (anchura media =
de la gráfica; los valores que aparecen en ordenadas son,
27,4 mm, moda = 25 mm). Mientras los datos de CMU
por consiguiente, arbitrarios.
pertenecen a típicas estrias de lapiaz, es probable que las


según aparece expresada gráficamente en la Figura 5.
karren) que la caracterizan pertenecen a una herencia
En ella se distinguen 3 franjas principales: una zona
geomorfológica muy difícil de atribuir a los climas
periférica caracterizada por su mayor aridez (zona 1);
postglaciales, por las dimensiones excesivas que po-
una zona intermedia en la que el lapiaz se impone con
seen. Pero es innegable que las formas decimétricas
fuerza dentro del paisaje (zona 2); y una zona supe-
de lapiaz, como los canales de pared y canales embu-
rior, por encima de los 800 metros en la vertiente N
diformes aparecen en gran profusión. Aún mayor valor
pero que puede comenzar a los 1.100 metros de alti-
diagnóstico presentan los canales estriados y escalo-
tud en las laderas S de las montañas (zona 3). Junto
nes, que alcanzan su óptimo en esta zona; así como
con esas tres zonas, donde el lapiaz se muestra bajo
las estrías de lapiaz, cuyas dimensiones van men-
diferentes conjuntos de microformas bien definidas, he
guando a medida que se asciende, pero manteniendo
incorporado dos subzonas extremas que se podrían
(en esta banda zonal) siempre longitudes medias má-
calificar de lapiaz indiferenciado. En ambas subzonas
ximas por encima de 20 cm. La abundancia de cana-
no se reconocen formas elementales de lapiaz aunque
les (embudiformes, estriados y de pared), surcados a
tampoco faltan pequeñas huellas de corrosión; por el
su vez por numerosas estrías, dan un aspecto vertica-
contrario la presencia de una intensa colonización liqué-
lizado a los extensos campos de lapiaz que ocupan
nica parece indicar que los microorganismos rupícolas
esta zona 2, ya que los escalones horizontales que-
son los más importantes agentes de meteorización en
dan ocultos en el, interior de los magníficos canales.
esos terrenos. Atendiendo a este hecho habría motivos
Resulta patente el predominio del lapiaz formado por
suficientes para considerar las dos subzonas como
agua que circula, lo cual puede estar relacionado con
sendos casos particulares de Biokarst (ver VILES,
una excepcional combinación de temperaturas altas y
1 984).
precipitaciones bastante considerables (entre 800 y
La subzona 1' carece de morfologías exokársti-
1 .lo0 mm anuales). Tampoco se puede ignorar la au-
cas destacables, a excepción de lapiaz de diaclasas
sencia de efectos destructivos periglaciares en estas
poco abundante y criptolapiaz de aspecto cavernoso.
altitudes más bien moderadas (entre 150 y 850 metros
En cambio, la superficie de las rocas está, por lo ge-
s.n.m. por término medio).
neral, bien colonizada por Iíquenes xéricos que llegan
La zona 3 corresponde a las partes altas de las
a alcanzar coberturas bastante considerables. Algu-
montañas y viene delimitada por la progresiva extinción
nos pocillos y cubetas muy rudimentarias son las úni-
de las estrías de lapiaz y su sustitución por canalillos
cas microformas elementales que llegan a estar repre-
de mayor anchura y de trayecto algo sinuoso. Parale-
sentadas. Las estrías no se desarrollan bien y apenas
lamente los escalones son reemplazados por concavi-
pueden reconocerse. El extremo SW de la cordillera,
dades y ondulaciones, las cuales en las cotas inferio-
incluyendo la Serra de na Burguesa, pertenecería a
res de esta zona (que va desde los 800 a los 1.200
esta subzona, que probablemente debe estar relacio-
metros s.n.m. aproximadamente) dan un aspecto hori-
nada con la escasez de precipitaciones (por debajo de
zontal al conjunto del lapiaz, debido a que aparecen
500 mm anuales).
dispuestas en tendencias más o menos escalonadas.
La zona 1 comprendería toda una banda periférica
Hacia arriba estas tendencias se vuelven más irregu-
al pie de la alineación montañosa, faltando en la ver-
lares. Los canales pierden verticalidad e importancia,
tiente N del sector que se extiende desde el Puig de
quedando únicamente bien representados los canales
Balitx hasta las estribaciones septentrionales del Puig
de decantación y canales meandriformes junto a esca-
de Ternelles. Está bien representada en la península
sos canales de pared. Se constata un predominio del
de Formentor y en las montañas de la comarca de An-
lapiaz de diaclasas y de las formas generadas por
dratx, donde es posible encontrar pequeños aflora-
agua que circula sin canalizar; sobre todo de las mor-
mientos aislados de estrías de lapiaz y algunos raros
fología~
de decantación (FORD & WILLIAMS, 1989).
canales de pared. Predomina el lapiaz formado por
Las temperaturas más bajas y las precipitaciones su-
agua quieta, habiendo varias localidades muy típicas
periores a los 1.100 mm anuales deben ser las res-
de esta clase de microformas: pocillos en el Mirador
ponsables de estos cambios morfológicos en el lapiaz.
de Es Colomer (Formentor, Pollenca), cubetas en las
Tampoco hay que descartar la acción heredada de cli-
lomas que rodean Sa Trapa (Andratx) y canalículos en
mas periglaciares que hayan arrasado las crestas y
Coves Blanques (Pollenca). Sintomáticamente parece
salientes, aplanando los afloramientos de roca caliza
que las microformas producidas por agua circulante
y potenciando probablemente topografías favorables a
no logran imponerse, mientras que las etched forms
las formas de decantación.
en el sentido de WHlTE (1988) dominan de un modo
La subzona 3' vuelve a ser otra banda de bio-
evidente. Quizás ello podría obedecer a la cantidad
karst donde predomina la colonización de Iíquenes,
moderada de precipitaciones que reciben estos terre-
sobre todo endolíticos, alcanzando coberturas de casi
nos periféricos (entre 500 y 800 mm anuales).
el 100 %. La pobreza de formas de lapiaz es manifiesta,
La zona '2 abarca la totalidad de los campos de
limitándose a lapiaz de diaclasas y a pequeños cana-
lapiaz más espectaculares de la Serra de Tramunta-
les de decantación en las orillas de las losas calcá-
na. En parte, las grandes pirámides de lapiaz (Spitz-
reas. Las cumbres de las principales montañas entra-

rían dentro de esta subzona quizás como resultado
GEZE, B. (1973): ~~Lexique
des termes francais de spéléologie physi-
del efecto de las nubes persistentes y del rocío. En las
que et de karstologie*,. Annales de Spéléologie, 28(1): 1-20.
vertientes orientadas hacia el N y en sectores umbríos
Moulis.
GINÉS, A. (1989): .Morfología kárstica y vegetación en la Serra de
este ambiente morfogenético dominado por los Iíque-
Tramuntana. Primeros datos.>. Memoria de investigación 3.er
nes endollticos puede descender hasta por debajo de
Ciclo, Univ. de les Illes Balears. 86 págs. Palma de Mallorca.
los 700 metros s.n.m., aunque la comunidad liquénica
GINÉS, A,; GINÉS, J.; POMAR, L. & SALVA P.A. (1979): .<La Serra
cambia y aparecen también líquenes epilíticos y cana-
de Trarnuntana~. VI Coloquio de Geografía. Excursión núm. 1.
llculos (Foto 53 que podrían indicar el importante papel
38 págs. Palma de Mallorca.
GINÉS, J. & GINÉS, A. (1979): d'Avenc Fonda (Pollenca, Mallorca).
del rocío en estos rilicroambientes extremos.
Situación y morfología exterior,,. Endins, 5-66:
39-42. Palma de
Evidentemente estas páginas no son otra cosa que
Mallorca.
apuntes provisionales, basados en un largo trabajo de
GINÉS, J. & GINÉS, A. (1989): «El Karst en las Islas Baleares*. in
campo, pero que requieren aún más prospecciones
Durán, J. J. & López-Mariínez, J. Eds. .<El Karst en España>>,
S.E.G. Monografía 4: 163-174. Madrid.
sobre el terreno y todavía mayor tratamiento numérico
GUIJARRO, J.A. (1986): -Contribución a la Bioclimatología de Ba-
a desarrollar en el futuro. Pero lo que se pretendía era
leares*. Tesis Doctoral, Univ. de les Illes Balears. 232 págs. y
sentar las bases de una metodología original que per-
anexos. Palma de Mallorca.
mite interpretar las microformas de lapiaz como autén-
HEINEMANN, U.; KAADEN, K. & PFEFFER, K.-H. (1977): ~ N e u e
As-
ticos geoindicadores ecológicos. Las perspectivas que
pekte zum Phanomen der Rillenkarren*. Abh. Karst;Hohlen-
kunde
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se abren al poder asociar zonas de lapiaz con zonas
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